Según cuenta la leyenda, él mismo alardeó en la taberna del pueblo diciendo que con gusto vendería su alma al diablo por tener más riquezas. Al parecer el diablo lo oyó y se presentó ante él. Jonathan le pidió que una vez al mes llenara de oro todas las botas que tenía en el sótano de su casa y a cambio le daría su alma inmortal. Todo fue bien hasta que a Moulton se le ocurrió agujerear las suelas de las botas y cavar hoyos en el suelo bajo el calzado. Cuando llegó el demonio empezó a meter monedas en las botas, pero no conseguía llenarlas. Cuando se dio cuenta del truco, montó en cólera y para castigarlo incendió la casa de Jonathan, dando el pacto por terminado. Por estos “hechos” se le conoce como el Fausto Yankie. La casa, al parecer, realmente se incendió y nunca se supo el motivo. Fue totalmente reconstruida. Un anexo a la leyenda dice que en realidad el diablo no había olvidado el pacto y cuando Jonathan murió se lo cobró: los hombres que llevaban el ataúd notaron que pesaba demasiado para contener únicamente un cadáver, lo bajaron y lo abrieron. En su interior encontraron un cofre con el sello del diablo lleno de monedas de oro; el último pago por el alma de Jonathan Moulton.

Según cuenta la leyenda, él mismo alardeó en la taberna del pueblo diciendo que con gusto vendería su alma al diablo por tener más riquezas. Al parecer el diablo lo oyó y se presentó ante él. Jonathan le pidió que una vez al mes llenara de oro todas las botas que tenía en el sótano de su casa y a cambio le daría su alma inmortal. Todo fue bien hasta que a Moulton se le ocurrió agujerear las suelas de las botas y cavar hoyos en el suelo bajo el calzado. Cuando llegó el demonio empezó a meter monedas en las botas, pero no conseguía llenarlas. Cuando se dio cuenta del truco, montó en cólera y para castigarlo incendió la casa de Jonathan, dando el pacto por terminado. Por estos “hechos” se le conoce como el Fausto Yankie. La casa, al parecer, realmente se incendió y nunca se supo el motivo. Fue totalmente reconstruida. Un anexo a la leyenda dice que en realidad el diablo no había olvidado el pacto y cuando Jonathan murió se lo cobró: los hombres que llevaban el ataúd notaron que pesaba demasiado para contener únicamente un cadáver, lo bajaron y lo abrieron. En su interior encontraron un cofre con el sello del diablo lleno de monedas de oro; el último pago por el alma de Jonathan Moulton.

Según cuenta la leyenda, él mismo alardeó en la taberna del pueblo diciendo que con gusto vendería su alma al diablo por tener más riquezas. Al parecer el diablo lo oyó y se presentó ante él. Jonathan le pidió que una vez al mes llenara de oro todas las botas que tenía en el sótano de su casa y a cambio le daría su alma inmortal. Todo fue bien hasta que a Moulton se le ocurrió agujerear las suelas de las botas y cavar hoyos en el suelo bajo el calzado. Cuando llegó el demonio empezó a meter monedas en las botas, pero no conseguía llenarlas. Cuando se dio cuenta del truco, montó en cólera y para castigarlo incendió la casa de Jonathan, dando el pacto por terminado. Por estos “hechos” se le conoce como el Fausto Yankie. La casa, al parecer, realmente se incendió y nunca se supo el motivo. Fue totalmente reconstruida. Un anexo a la leyenda dice que en realidad el diablo no había olvidado el pacto y cuando Jonathan murió se lo cobró: los hombres que llevaban el ataúd notaron que pesaba demasiado para contener únicamente un cadáver, lo bajaron y lo abrieron. En su interior encontraron un cofre con el sello del diablo lleno de monedas de oro; el último pago por el alma de Jonathan Moulton.

No es el único suceso extraordinario que se le atribuye. Casado en primeras nupcias con Abigail, con la que tuvo 11 hijos, al quedar viudo volvió a casarse con una mujer llamada Sarah. Moulton regaló a su segunda esposa todas las joyas de la primra y la noche de boda, según cuenta la leyenda, se les apareció el espectro de Abigail reclamando sus pertenencias.

No es el único suceso extraordinario que se le atribuye. Casado en primeras nupcias con Abigail, con la que tuvo 11 hijos, al quedar viudo volvió a casarse con una mujer llamada Sarah. Moulton regaló a su segunda esposa todas las joyas de la primra y la noche de boda, según cuenta la leyenda, se les apareció el espectro de Abigail reclamando sus pertenencias.

No es el único suceso extraordinario que se le atribuye. Casado en primeras nupcias con Abigail, con la que tuvo 11 hijos, al quedar viudo volvió a casarse con una mujer llamada Sarah. Moulton regaló a su segunda esposa todas las joyas de la primra y la noche de boda, según cuenta la leyenda, se les apareció el espectro de Abigail reclamando sus pertenencias.

Según cuenta la leyenda, él mismo alardeó en la taberna del pueblo diciendo que con gusto vendería su alma al diablo por tener más riquezas. Al parecer el diablo lo oyó y se presentó ante él. Jonathan le pidió que una vez al mes llenara de oro todas las botas que tenía en el sótano de su casa y a cambio le daría su alma inmortal. Todo fue bien hasta que a Moulton se le ocurrió agujerear las suelas de las botas y cavar hoyos en el suelo bajo el calzado. Cuando llegó el demonio empezó a meter monedas en las botas, pero no conseguía llenarlas. Cuando se dio cuenta del truco, montó en cólera y para castigarlo incendió la casa de Jonathan, dando el pacto por terminado. Por estos “hechos” se le conoce como el Fausto Yankie. La casa, al parecer, realmente se incendió y nunca se supo el motivo. Fue totalmente reconstruida. Un anexo a la leyenda dice que en realidad el diablo no había olvidado el pacto y cuando Jonathan murió se lo cobró: los hombres que llevaban el ataúd notaron que pesaba demasiado para contener únicamente un cadáver, lo bajaron y lo abrieron. En su interior encontraron un cofre con el sello del diablo lleno de monedas de oro; el último pago por el alma de Jonathan Moulton.

Según cuenta la leyenda, él mismo alardeó en la taberna del pueblo diciendo que con gusto vendería su alma al diablo por tener más riquezas. Al parecer el diablo lo oyó y se presentó ante él. Jonathan le pidió que una vez al mes llenara de oro todas las botas que tenía en el sótano de su casa y a cambio le daría su alma inmortal. Todo fue bien hasta que a Moulton se le ocurrió agujerear las suelas de las botas y cavar hoyos en el suelo bajo el calzado. Cuando llegó el demonio empezó a meter monedas en las botas, pero no conseguía llenarlas. Cuando se dio cuenta del truco, montó en cólera y para castigarlo incendió la casa de Jonathan, dando el pacto por terminado. Por estos “hechos” se le conoce como el Fausto Yankie. La casa, al parecer, realmente se incendió y nunca se supo el motivo. Fue totalmente reconstruida. Un anexo a la leyenda dice que en realidad el diablo no había olvidado el pacto y cuando Jonathan murió se lo cobró: los hombres que llevaban el ataúd notaron que pesaba demasiado para contener únicamente un cadáver, lo bajaron y lo abrieron. En su interior encontraron un cofre con el sello del diablo lleno de monedas de oro; el último pago por el alma de Jonathan Moulton.

Según cuenta la leyenda, él mismo alardeó en la taberna del pueblo diciendo que con gusto vendería su alma al diablo por tener más riquezas. Al parecer el diablo lo oyó y se presentó ante él. Jonathan le pidió que una vez al mes llenara de oro todas las botas que tenía en el sótano de su casa y a cambio le daría su alma inmortal. Todo fue bien hasta que a Moulton se le ocurrió agujerear las suelas de las botas y cavar hoyos en el suelo bajo el calzado. Cuando llegó el demonio empezó a meter monedas en las botas, pero no conseguía llenarlas. Cuando se dio cuenta del truco, montó en cólera y para castigarlo incendió la casa de Jonathan, dando el pacto por terminado. Por estos “hechos” se le conoce como el Fausto Yankie. La casa, al parecer, realmente se incendió y nunca se supo el motivo. Fue totalmente reconstruida. Un anexo a la leyenda dice que en realidad el diablo no había olvidado el pacto y cuando Jonathan murió se lo cobró: los hombres que llevaban el ataúd notaron que pesaba demasiado para contener únicamente un cadáver, lo bajaron y lo abrieron. En su interior encontraron un cofre con el sello del diablo lleno de monedas de oro; el último pago por el alma de Jonathan Moulton.

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