vudu El Vudú, fuerza mágica para dominar el mundo

Todo eso está bien, pero es solo una pequeñísima parte de esa religión animista que es el Vudú, como más adelante veremos, y la más folclórica. Es algo semejante a cuando nos definen a los españoles como toreros y “bailaores”.

Una religión animista

Para buscar las raíces de esta religión debemos retroceder hasta el siglo XVIII cuando los mercaderes de esclavos llevaban hacia América del norte y del sur y la zona del Caribe a nativos de tribus africanas, en especial “ewes” (procedentes de Guinea, Nigeria, Dahomey y Gabón) y “bantues” (procedentes de Angola, Congo y Mozambique), los cuales llevaron consigo a los dioses de su religión Yoruba.

La religiosidad africana se puede definir con una palabra: Animismo. El animismo es una cosmogonía o concepción del mundo que se basa en la creencia de que toda persona, animal o cosa posee un espíritu o fuerza vital que los “anima” (en latín anima = alma). Esta concepción nos puede parecer, en un principio, primitiva, pero en modo alguno absurda. El animista ve toda la realidad que le rodea como un conjunto de fuerzas interactivas que influyen entre si y sobre él, unas fuerzas que llaman alma, vida, muerte, trabajo, bien, mal…, y no están muy descaminados. El pueblo Dogón, por ejemplo, dice que el mundo fue concebido por una vibración, ¿no nos recuerda eso a la teoría del Big-Bang o a la del Universo en constante expansión?.

Los animistas piensan que existe una fuerza superior que tiene emanaciones en todos los seres del universo y que es necesario conocer e influir en esa fuerza para poder dominar el mundo que nos rodea, eso se consigue mediante amuletos, rituales mágicos o hechizos que conduzcan esa fuerza hacia donde se desee, eso es lo que estudia y trata de conseguir el “Houngan” o sacerdote o la “Mambó” o sacerdotísa.
Otras dos facetas hay que destacar del animismo: el valor que tienen las cosas inanimadas y la creencia en los muertos. El espíritu no muere, aunque hay veces que permanece anclado a su cadáver por causas y motivos diferentes. No existe nada en el universo que no posea espíritu, lo que para un occidental es solo una muñeca de trapo o de cera, para un animista es un objeto lleno de vida y por consiguiente de poder y de virtudes sagradas.

Cuando los esclavos africanos llegaron a sus países de destino (América y el Caribe), no siempre encontraron una buena predisposición por parte de sus amos para poder practicar su religión de origen. Para poder hacerlo adoptaron la cristiana, adaptando sus imágenes y algunos nombres a los de sus ancestrales creencias, naciendo así multitud de nuevas religiones: candomblé, macumba, umbanda, santería. Pero volvamos al tema que nos interesa, el Vudú.

El Vudú se instaló principalmente en Nueva Orleans (EEUU) y en Haití, en este último país hay que tener en cuenta que su población está principalmente compuesta por descendientes de los esclavos de la tribu africana Ewe, y aún está en la mente de todos la figura del presidente Duvalier, más conocido por Papa Doc, que consolidó su poder terrenal con el poder de los espíritus, ya que no solo era presidente de la república, sino Gran Sacerdote Vudú, Tetè Lavè; aún hoy en día su tumba está constantemente custodiada por soldados para evitar que su cadáver sea secuestrado por sus enemigos y lo transformen en un zombi.

También es necesario analizar, aunque sea someramente, la situación socio-cultural que ha tenido y aún tiene la República de Haití. Como todos sabemos es una cultura francófona, en donde hasta hace relativamente poco tiempo se regía por el código napoleónico en el cual se expresaba taxativamente la prohibición de la practica de cualquier religión africana, lo cual producía un efecto contrario al deseado pues los esclavos de origen africano en un acto de rebelión contra los poderes establecidos practicaban con más ardor la religión de sus antepasados, produciendo esto la creación de “ghettos” y adoptando su religión como una válvula de escape a la presión social que padecían. También hay que hacer mención a las clases sociales; solo distinguimos dos tipos, una clase social muy alta que formada por la familia Duvalier, los dirigentes políticos, los profesionales liberales y altos mandos militares, adecuados, en su mayoría, en Francia y que pese a no creer en el Vudú, lo emplean para someter al pueblo, y una clase social baja-baja, con escasa o nula cultura, con unos ingresos mínimos y sin ningún tipo de derechos, aferrada a lo único que le queda para refugiarse: el Vudú.

vudu1 El Vudú, fuerza mágica para dominar el mundo

Cosmogonía

El primer versículo del credo Vudú comienza de esta forma:

“…reconocemos a un solo Dios, creador del universo, fuerza universal absoluta, raíz y sustento de cuanto existe”.

Pero como hemos visto anteriormente de ese Dios único emanan una serie de furezas que “animan” a todos los seres, esas fuerzas o espíritus particulares se denominan “Loas” y pueden ser de naturaleza positiva o negativa, es decir, buenos o malos, por consiguiente el universo está en constante lucha entre esas dos fuerzas, y hay que conseguir que la balanza se incline hacia el lado positivo, eso se consigue mediante sacrificios de animales, ofrendas alimenticias, etc.

Los loas son fuerzas concretas, representan determinados poderes y cada uno proporciona resultados específicos y concretos. Erzulie- Freda es un loa de sexo femenino y le encantan los placeres sexuales y es la más indicada para concedernos “favores” en el terreno amatorio, para ello el Houngan le hará ofrendas de licores. Si lo que se desea lograr es la sanación de una persona, o animal, enfermo se recurrirá a uno de estos loas: Azacca, Locco, Marinette, etc. También existen loas “malos”, como Babakó, Baka, Guede-Masaka, loas “mixtos” como Guede-Z- Aragnée y los loas “bonachones” como Guede-Nimbó, Kalfú, Baleinne, Sirene, Onzoncaire, etc.

De esto se desprende que el éxito de un buen sacerdote vudú radica en saber el quién, el cómo, el cuándo y el qué es conveniente y necesario para cada ocasión concreta, también hay que tener en cuenta que no todos los días son igual de convenientes, Damballá prefiere el jueves y Erzilé, su amante, prefiere el martes.

Antes veíamos como se había adaptado la religión Vudú a las creencias cristianas de la población donde habían llegado los esclavos negros, podemos hacer una correlación entre las dos crencias:

Agwe…………….San Expedito
Azacca……………San Isidoro
Azaka Medé…………San Andrés
Damballa…………San Patricio
Legba………………San Pedro
Ogoun Baland Jo………San José
Ogu Ferraille……….San Jaime
Si Adaman…………..Santa Ana
Ti-Jean Petro……….San Pedro
Yemanyá………….Virgen María

Mitos y ritos del vudú

Vamos a intentar resumir en que consisten los dos grandes mitos del Vudú: la Wanga y el Zombi.
La Wanga representa al enemigo, por ello en su confección hay que incluir algún objeto que haya pertenecido al mismo, o mejor una parte de él (pelo, uña, sangre, diente, etc), el cual se introduce en el muñeco que suele ser de cera o de tela. Es imprescindible que lo haya realizado un houngan u una mambó o la menos, que lo consagré en una ceremonia apropiada. Siguiendo un ritual concreto, se le clavan agujas negras en las partes del cuerpo que se desea dañar y, si lo que desea es su muerte, se clavaran en partes vitales o bien se arroja a un fuego ritual que se ha encendido exprofeso. Se produce una reacción que es denominada magia simpática.

Es preciso señalar que estamos imbuidos en una sociedad que es creyente en estos cultos, tanto por parte del que realiza el sortilegio como por parte del que lo recibe, por eso es también parte de ese ritual el enviar un aviso a la víctima de que se le está haciendo tal sortilegio, ese aviso consiste normalmente en la pata cortada de una gallina adornada con varias plumas negras de la misma, con lo que también se produce un efecto de autosugestión inducida que va a conducir en la mayoría de los casos a que surta efecto real en la víctima el daño que se le causa a la wanga. De todas formas, es curioso señalar, que el sacerdote vudú procurará por todos los medios a su alcance, que la victima se entere de que se le está haciendo un maleficio concreto, poniendole una copia de la Wanga en la puerta de su casa, debajo de la almohada, etc. pero siempre en un lugar visible para el sujeto que padece el hechizo y si ello es posible, visible también para su entorno familiar.

Para hablar de los zombís nada mejor que hacer referencia a la descripción que de ellos nos hace Otto Rene:

“… el hechicero desentierra un muerto, por lo general de pocos días y que aún no esté en avanzado período de descomposición, y obliga al espíritu de otro difunto a tomar posesión de ese cadáver. De esta “composición” artificial surge no un nuevo viviente sino un espíritu desencarnado, que actúa a través del cuerpo muerto como a través de un autómata… Un zombí es un muerto-vivo. Tiene todas las características de un cadáver al que exteriormente se le presta movimiento”.

Hay que hacer la aclaración de que en la religión Vudú se cree que el alma cuando se separa del cuerpo se refugia temporalmente en el agua transformándose en un “petit bon ange” y al año se introduce en una botella especial denominada “Gobí”, pero puede darse el caso de que en el momento de la muerte un hechicero la atrape convirtiéndola en un “gros bon ange”, el cual será empleado para animar un futuro zombi. Los petit bon ange son consultados a menudo por las mambos en determinadas ceremonias, siendo poseídas por ellos y hablando con una voz gangosa y gutural; son entidades buenas.

Ultimos estudios científicos han demostrado que el sacerdote vudú conoce la existencia de un pez de los mares del Japón que en algunas ocasiones aparece por las costas de Haití y que debidamente secado y pulverizado se administra a una persona, la cual cae en un estado catatónico siendo tomada por muerta y enterrada, después solo es preciso que el sacerdote lo desentierre, le administre un antídoto y ya tenemos al zombi, hay que tener en cuenta que el tiempo que ha estado el presunto cadáver en estado catatónico le ha producido una lesión irreversible en el cerebro por falta de la suficiente oxigenación a que ha estado sometido, lo cual conduce a tener una persona con las facultades mentales menguadas.

Quizás de una forma intuitiva el houngan tiene conocimientos de lo que actualmente llamamos catarsis, psicología transpersonal y demás términos semejantes, pues todo el ritual de una ceremonia comienza con el sonar reiterativo de tambores, cánticos monocordes y una atmósfera adecuada, para conseguir que los “fieles” entren en trance y sean cabalgados por los loas adecuados a los fines deseados, hechos, por otro lado, comunes a diferentes culturas y ritos: derviches, pieles rojas, culturas mesoamericánas precolombinas, etc.

De todas formas y citando a Gert Chesi:

“…los dioses vudú no son amigables, no son queridos como en otras religiones. Al mismo tiempo ellos son humanos e inhumanos o no humanos, animales, plantas o piedras. Los son todo. Emplean al hombre para sus fines, como el hombre para los suyos propios. Son físicos y metafísicos, tienen tantos aspectos, que permiten hacer equilibrios consigo mismo. Quien los domina, él mismo es Dios; quien es dominado por ellos, permanece como un utensilio y un balón de juego, es el peón en el celestial tablero de ajedrez vudú que vive en el peligro de ser sacrificado”.