El Misterio en el Cerro de los Santos de Montealegre del Castillo

La bibliografía es unánime al considerar el inicio de esta historia el 28 de junio de 1860, con el informe que Juan de Dios Aguado y Alarcón envía a l

DISCO SOLAR RAMAYAH (LICANCABUR, CHILE)
La Leyenda Del Pedraforca
Yoga, Budismo, Anticristo, ESCLAVITUD SEXUAL: SECTAS NUEVA ERA

La bibliografía es unánime al considerar el inicio de esta historia el 28 de junio de 1860, con el informe que Juan de Dios Aguado y Alarcón envía a la Real Academia de San Fernando, acompañado de una serie de dibujos ilustrativos del descubrimiento de 18 estatuas mutiladas y abundancia de restos arquitectónicos, mosaicos, cerámicas, una inscripción etc., en el lugar del Cerro de los Santos.
Vista general, actual del Cerro de los Santos.
Desde entonces, los hallazgos se multiplican hasta el punto de que el grueso de la estatuaria ibérica corresponde a descubrimientos habidos en esta etapa.

A tenor de la repercusión científica en la cadencia de las esculturas: tras el Cerro de los Santos, el Llano de la Consolación (1891),(1891) esfinges de Agost (1893), grifo de Redován, esfinges de Salobral y león de Bocairente (hacia 1896), Dama de Elche (1897), relieves de Osuna al comienzo de este siglo (1903)… se podría establecer en la historiografía de la escultura mayor un antes y un después del busto de la Dama de Elche.

La división, sin embargo, no puede ser tajante porque desde el punto de vista numérico y bibliográfico el Cerro de los Santos llena toda una historia no superada por ningún otro descubrimiento.

 Es más, el ingente número de esculturas humanas de este emblemático yacimiento empalideció el hallazgo de pequeños bronces, terracotas y escultura animal procedentes de este u otros lugares, y aunque la dama ilicitana fue un elemento decisivo en la formulación de la teoría artística de la escultura ibérica, los primeros balbuceos en el campo científico estaban ya cuajando.

Para el análisis crítico de lo acaecido contamos con una extensa bibliografía que incluye la apreciable fuente de la “historia de la historia”, permitiendo adoptar una estructura más libre articulada en cinco epígrafes: 1. Los hechos; 2. Los hombres; 3. La difusión de los hallazgos; 4. Las ideas; 5. El marco jurídico e institucional.
Bicha de Balazote
1. LOS HECHOS

Aunque los hechos son harto conocidos se impone un somero recordatorio de los mismos, vertebrados a tal fin en tres puntos: a) el coleccionismo; b) los problemas de autenticidad; c) las excavaciones.

a) El coleccionismo.
Es la mayor lacra, fomentada por intelectuales, eruditos, alta burguesía e incluso por las instituciones. Si en la etapa anterior privaba atesorar inscripciones y monedas, en los decenios finales del s.XIX entra la fiebre de coleccionar estatuas.
El detonante es el Cerro de los Santos. Tras la indiferencia oficial y el escaso eco científico, en 1871 concurre una casuistica triple: la avidez del funesto Juan Vicente y Amat; la difusión del descubrimiento en la Memoria de los Padres Escolapios de Yecla; la compra de las estatuas por el Museo Arqueológico Nacional.
Lejos de cualquier control la rapiña hizo presa de la escultura de Yecla/Montealegre. El negocio de las antigüedades auténticas y falsas, procedentes del Cerro, adquiridas en Yecla, Montealegre, Almansa y de no se sabe dónde atrae a todo tipo de compradores. Entre 1871 y 1885, Vicente y Amat es el vendedor más reputado y el MAN uno de los mejores clientes. En este tráfico entran en liza A. Engel y P. Paris, comisionados por el gobierno francés; desde 1891 recorren Levante y Andalucía a la caza y acoso de antigüedades. Su mayor triunfo es la compra, por 4000 francos, de la Dama de Elche; una vez cerrado el trato por P. Paris (18 de agosto de 1897) la “Carmen de España” será la joya del Louvre. Esculturas del LLano de la Consolación, esfinges de Agost y Salobral, el grifo de Redován y otras muchas piezas también pasaron a Francia, y tal era el poder del dinero que cuando Rodríguez de Berlanga escribe sobre uno de los relieves prerromanos de Osuna, Engel negocia su compra para el Louvre y monopoliza las excavaciones tras adquirir los terrenos .
Esfinge de Agost
b) Autenticidad “versus” falsedad.
En este apartado han de considerarse dos cuestiones: a) la autenticidad de la escultura ibérica puesta en duda por los investigadores franceses; b) Juan Vicente y Amat como falsario.
Con el doble propósito de exhibir novedades y captar comentarios científicos, moldes y piezas reales (torpemente seleccionadas con falsificaciones incluidas) formaron parte de los lotes enviados a las Exposiciones Universales de Viena (1873) y París (1878). El veredicto de Longperier, conservador del Louvre, fue tajante: las esculturas del Cerro de los Santos eran falsas. La cuestión es un “bis” de Altamira (hasta interviene, con distinto papel, el prehistoriador Emilio Cartailhac). Todo presupone, pese al error español, que más que el rigor científico se imponía la prepotencia del chauvinismo francés y la animadversión hacia España.
Afortunadamente, León Heuzey, en 1888, contempla las esculturas del Cerro en nuestro Museo Nacional. Su atinado juicio sobre estilo y cronología es una especie de “mea culpa” convertido en bandera defensora de la autenticidad. El descubrimiento de la Dama de Elche, en circunstancias ajenas a toda sospecha y en clima abonado, ratificará, en el plano internacional, la existencia de la más singular “civilización” del occidente europeo: la cultura ibérica.
El coleccionismo de los siglos XVIII y XIX fue campo trillado para las falsificaciones y la escultura ibérica fue una fácil presa. El toque de alarma parte de las inscripciones grabadas en la estatuaria del Cerro. El escolapio Tomás Saez (“Las antigüedades del Cerro de los Santos”. RABM, 8, 1873, 317-319) denuncia errores de procedencia en los registros del MAN. La llamada cayó en el vacío, pero el epigrafista M. Rodríguez de Barlanga habla sin remilgos de falsedades en 1881 (Los bronces de Lacusta, Bonanza y Aljustrel, Málaga) y el investigador alemán E. Hübner, reticente desde la Exposición de Viena, se pronuncia abiertamente sobre la existencia de fraudes en La Arqueología en España (Barcelona, 1888).
Engel por su parte, tras muchas indagaciones, señala directamente a Juan Vicente y Amat como falsario y hace lo imposible por descubrir una verdad que nunca se ha aclarado. El infatigable Ramón Mélida lidió en la contienda con minuciosa objetividad (RABM, 1903-1905) intentando deslindar lo auténtico y lo falso, pero con excesivo comedimiento sobre las actuaciones del Museo, sin que lleguemos a entender por qué no existió por parte de los arqueólogos españoles una voluntad firme de desentrañar el enredo mientras el inculpado gozaba de vida y salud. Aunque sobre el “affaire” Amat han corrido ríos de tinta no se ha despejado la incógnita a cerca de si le movió únicamente la codicia o fue víctima a su vez de otro u otros que han permanecido en el anonimato. La realidad, sin coincidencia en el expurgo, es la presencia de piezas falsas desde la primera compra del Museo y la manipulación de algunas obras genuinas .
c) Las Excavaciones.
Muchos de los hallazgos (especialmente bronces y escultura zoomorfa de piedra) son fortuitos. Las referencias, con especial énfasis en la plástica “mayor” pueden hallarse, hasta la fecha de edición (1903), en la documentada obra de P. París (Essai). Obviamente no existió un plan sistemático de intervenciones y las excavaciones practicadas en aquellos años son un apéndice de la actividad coleccionista porque contexto y estratigrafía apenas traspasan el nivel de infraponer lo ibérico a las ruinas romanas.
En el Cerro de los Santos, después de la zanja abierta por Amat (a mi juicio es erróneo considerar el hecho como primera excavación) se realizaron tres campañas : 
– La primera, a finales de 1870, con anuencia del propietario Marqués de Valparaíso, está en manos del administrador de la finca. La colaboración del Padre Lasalde (junto a los PP. M. Gómez y T. Sáez del Colegio de los Escolapios de Yecla) fue decisiva en los planteamientos, modélicos para la época. El trabajo se complementó con la prospección del entorno, indagando sobre restos reutilizados y recogiendo información verbal. Además Lasalde consultó directamente el Archivo del Conde de Montealegre a la búsqueda de noticias más antiguas.
De esta excavación procede la conocida Gran Dama Oferente(adquirida por Vives), con indicación del lugar del hallazgo, así como la identificación del templo y una serie de dependencias anexas junto a esculturas humanas y animales en piedra, exvotos de bronce (numerosos los que representan bóvidos), cerámicas e incluso armas. La información histórica era prioritaria para los religiosos y así se desprende de las dos primeras publicaciones aparecidas con escaso intervalo de tiempo a comienzos de 1871: Memoria sobre las notables excavaciones hechas en el Cerro de los Santos publicadas por los PP. Escolapios de Yecla, Madrid (obra colectiva de 71 páginas, fundamentales para comprender las circunstancias de los primeros hallazgos) y “Primeros pobladores de España” firmada por C. Laxalde (sic) en La Ilustración de Madrid, núm. 29 y 30 .
Dama Oferente del Cerro de los Santos.
– La segunda (1872), a instancias del MAN y previo acuerdo de condiciones con el Marqués de Valparaíso, fue supervisada por el Facultativo P. Savirón. La finalidad, la recogida de materiales, aunque con resultados poco halagüeños. Savirón publicó esta campaña, ilustrada con dibujo del sitio, planta del templo y buen número de láminas, en una serie de artículos titulados “Noticia de varias excavaciones del Cerro de los Santos” (RABM, 1875, nº 8, 10, 12, 14 y 15).
– El acopio de escultura, una vez más, incita a las instituciones oficiales y en 1878 la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Albacete realiza excavaciones y exhuma, entre otros materiales, un busto fragmentado y acéfalo con una magnífica inscripción (el conjunto engrosará posteriormente los fondos del Museo provincial).
– Finalmente, en 1891, A. Engel, comisionado por Francia comprueba personalmente el Cerro y verifica las referencias. Demuele el dique de contención de riadas, recupera los fragmentos reutilizados y recoge cuantos restos de estatuas aparecen a lo largo de dos kilómetros, expandidos por las aguas. El objetivo, en principio, es científico, pero la escultura, aunque sea en fragmentos es el acicate añadido (“Rapports sur une mission archeologique en Espagne (1891)” en Nouvelles Archives des Missions Scientifiques et litteraires, 1892, 111-219).
En el cercano lugar del LLano de la Consolación en el mismo término de Montealegre del Castillo, donde a decir de los campesinos las piedras se recogían “como si fueran patatas”, Ismael Pastor, médico de Novelda, Pascual Serrano, maestro de Bonete y el cura José González en diferentes “dúos” practican excavaciones en 1891, 1892 y 1893. El motivo partía del afán por conocer la historia local, pero no existieron escrúpulos para vender los hallazgos (restos arquitectónicos y zoomorfos y dama sedente).
Los investigadores franceses vuelven a escena: Engel en 1891 anduvo 3 días de rebuscas, abandonadas por mal tiempo y P. París junto a Serrano insiste en excavaciones (1899), reemprendidas años después (1914) en colaboración con Julián Zuazo. Fruto de los trabajos de Serrano es la publicación ” La plaine de la Consolation et la ville ibèrique d’Ello” (Bullletin Hispanique, Revue des Studes Anciennes, Burdeos, vol. I, 1899)
El descubrimiento casual de un busto femenino en la Alcudia de Elche en 1897 brinda nuevas oportunidades. En represalia por la compra de la Dama el permiso estuvo vetado a Engel y Paris, aunque este último hizo algunas incursiones en 1898 ( hallazgo del torso de un guerrero) y al cambiar el terreno de propietario se autoriza la excavación de 1905, dirigida por Albertini (“Fouilles d’Elche”, Bulletin Hispanique, 1906 y 1907). Los trabajos se abandonaron ante la convicción de que estaba agotado el yacimiento y revueltos los niveles. Pese a testimoniar por primera vez la existencia de una cerámica pintada con temática humana, la novedad no colmó las espectativas de los representantes de Francia.
En Osuna (Sevilla), J. Figueroa y A. Martín hallaron una cabeza de toro en rebuscas de 1874; los hallazgos se sucedieron en 1902, momento en que interviene Engel adquiriendo el terreno. En colaboración con Paris excavan intensamente durante 1903, exhumando materiales arquitectónicos ibéricos (moldura, cornisa, capiteles, frisos con relieves…) reutilizados en la fortificación romana o entre ruinas infrapuestas a los niveles romanos (“Une forteresse ibérique à Osuna. (Fouilles de 1903), Nouvelles Archives des Missions scientiphiques et litteraires, XIII, 1906)
Otras excavaciones también proporcionaron esculturas, pero los hechos son más accidentales (p.e. dama sedente y esfinge en Villaricos: L. Siret, “Villaricos y Herrerías”, Bol.de la R. A. de la Historia, XIV, 1906) y reiteran episodios semejantes.
Evidentemente no se trata de esbozar biografías sino de penetrar en la formación y profesionalidad de quienes fueron protagonistas de los sucesos o contribuyeron bibliográficamente con mayor intensidad.
Entre los aficionados, ajenos al aparato oficial:
Juan de Dios Aguado y Alarcón, auténtico descubridor del yacimiento del Cerro de los Santos. La personalidad de este vecino de Corral Rubio, primer informante no está clara. Es obvio que era un hombre culto, dotado de facultades artísticas pues dibujó “in situ” todo un cuaderno de apuntes sobre las esculturas (que pasó al cura Serrano y pudo manejar P. París). No tuvo ningún afán de protagonismo y sólo cuando la bibliografía del Cerro comienza a menudear y se atribuye la autoría del hallazgo a V. Juan y Amat escribe dos artículos con el título “El Cerro de los Santos. Una aclaración” (Revista de Historia Latina, Barcelona,II 1.875 y III 1.876) puntualizando su participación y la comunicación a la Academia.
Carlos Lasalde, el gran protagonista del Cerro de los Santos. Religioso calasancio del Colegio de los Padres Escolapios de Yeclaes buen representante de los clérigos cultos y eruditos. Cultivó múltiples materias y cayó también en la tentación del coleccionismo (monedas). Se comprometió voluntariamente en la exacavación del Cerro, utilizando incluso la fotografía como instrumento documental. Destaca por su tolerancia, minuciosidad y visión integradora, llevando la teoría de muchas lecturas sobre excavaciones y fuentes clásicas al terreno de campo.
Autor prolífico de enfoque divulgativo y pedagógico su obra histórica, tendente a la egiptofilia y obsesionado por la epigrafía, fue motivo de discusiones y polémicas. Dentro de sus extensa obra de muy variada temática (López Azorin, 1994, passim) un buen número de publicaciones (de 1871 a 1893) se encauza hacia la integración del Cerro de los Santos en el contexto de los bastetanos, artífices de las esculturas. Destacan la mencionada Memoria de los PP. Escolapios, el artículo ya citado de 1871, escrito con el propósito de suscitar la atención de los entendidos, y “Las Antigüedades bastitanas” (Rev. Calasancia, XXII, 1893) último de esta serie, rescatado por López Azorin, para fortuna de la bibliografía.
Receptivo de carácter y con enorme sensibilidad por el patrimonio histórico, se mantuvo al margen de la arqueología oficial, nunca publicó en las series académicas y declinó el honor de la Cruz de Carlos III ofrecida en 1871 instancias del Museo Arqueológico Nacional.
Vicente Juan y Amat, chamarilero y falsificador, conocido como “el relojero de Yecla”. Era un pobre pícaro que llegó a autodenominarse “celebre arqueólogo”. Sabía todos los oficios y ninguno, tenía buenas manos y ejerció de afinador de pianos, “sacamuelas” y curandero. Astuto y falaz se creció con el protagonismo en las estauas del Cerro y las ventas ( entre 1871 y 1885) al MAN, cándido ante sus dobleces. Paradojas de esta historia, la irónica donación de una soberbia escultura falsa a la primera Comisión del Museo y los ajustes de precio en ventas posteriores le valieron las encomiendas de Isabel la Católica y de Carlos III .
Sin preparación adecuada y lego en materia de arte y arqueología (“humilde artesano”, según los Escolapios) desde noviembre de 1870 volcó toda su actividad en las antigüedades rebuscando y comprando en la comarca y a vendedores de Barcelona o Valencia a la vez que adquiría, no se sabe cómo, ciertas habilidades en esculpir y pintar. Murió loco y desamparado en la Casa de la Misericordia de Alicante, lugar en que Engel lo localizó en 1891 cuando por boca del desdichado quiso llegar a la verdad del fraude.
Pascual Serrano Gómez, Profesor de Instrucción Pública de Bonete y excavador del LLano de la Consolación (coleccionista local y obsesionado por la identificación de Ello). En colaboración con el cura D. Antonio José González, párroco de Montealegre y aficionado a la arqueología emprende las primeras excavaciones en 1.891 en un intento de emular la fama alcanzada por el Cerro de los Santos. Mantuvo amistad con Aguado, descubridor del Cerro, con Engel y París y también con el numismático Antonio Vives cuya intervención fue decisiva para que las esculturas de la campaña de 1897 pasaran a la Academia de la Historia ( y de allí al MAN).
Entre los profesionales, vinculados a instituciones gubernamentales, destacan:
José Amador de los Ríos y Serrano, reconocido erudito , fue el único académico que dio respuesta científica al informe de Aguado y Alarcón publicando por primera vez la noticia bajo el título “Algunas consideraciones sobre la estatuaria durante la monarquía visigoda” (El Arte en España, I, Madrid, 1862 y II,1863) ilustrando con litografías de P. Aznar los hallazgos del Cerro. Fue Académico de la Real Academia de la Historia, Catedrático de Historia Crítica de la Literatura Española y segundo director del Museo Arqueológico Nacional. Bibliografía y hechos evidencian su exacervado nacionalismo. Por su talante conservador (Diputado en la legislatura 1863-64), adicto a la monarquía isabelina, sufrió un atentado político en los agitados días de la Revolución de septiembre de 1868, presentando la dimisión como Director del MAN cuando no había cumplido ni siquiera un año de mandato. Privado de su Cátedra y caído en desgracia política, murió en 1878.
Juan de Dios de la Rada y Delgado, gran gestor y erudito. A decir de Marcos Pous (Museo, 62) fue el arqueólogo más prestigiado y conocido de su tiempo. Formado en Derecho, desempeñó las Cátedras de Arqueología, Epigrafía y Numismática en la Escuela Superior de Diplomática en la que también ostentó la Dirección. Tanto en esta Escuela como en sus actuaciones como Facultativo o Director del Museo se caracterizó por ser un hombre metódico, tremendamente activo y eficiente con gran iniciativa. Formó parte de la Fragata Arapiles, viajó por Oriente, Egipto, Grecia y Palestina e impulsó las Comisiones del MAN, la redacción de los Catálogos… y cofundó la espléndida serie Museo Español de Antigüedades, de la que también fue Director (de un total de XI números publicó 41 artículos).
Compartió con Amador de los Ríos afinidades políticas monárquico -conservadoras y entre los numerosos cargos públicos, siempre de carácter directivo figura el de Senador del Reino. Comisionado por el Museo para adquirir estatuas del Cerro de los Santos redactó con Malibrán el correspondiente informe (1871) y eligió como Discurso de Ingreso a la Real Academia de la Historia (27 de junio de 1875) el tema Antigüedades del Cerro de los Santos en el término de Montealegre (incluyendo esculturas auténticas y falsas) . El discurso vuelve a publicarse íntegro con el título “Antigüedades del Cerro de los Santos, en término de Montealegre, conocido vulgarmente bajo la denominación de antigüedades de Yecla” en Museo Español de Antigüedades, VI, 1.875 y en la misma revista (VII,1.876) dedica otro artículo titulado “Nuevas esculturas procedentes del Cerro de los Santos en término de Montealegre del Castillo adquiridas por el Museo Arqueológico Nacional”.
Paulino Savirón y Esteban, Pintor y grabador, Ayudante de segundo grado del MAN, colaboró con Rada en la ordenación de los fondos y junto con el Facultativo D. Juan Arturo Malibrán, oficial de primer grado (nombrado por el gobierno durante la revolución de septiembre de 1868 y cesado en 1874 con la Restauración) formó parte de la primera Comisión enviada al Cerro de los Santos. Asimismo participó en otras dos comisiones y dirigió las excavaciones de 1871. Al conocer que Rada preparaba su discurso sobre las esculturas del Museo y ante la falta de dinero para editar la memoria optó por publicar los artículos ya mencionados, en RABM, revista en la que había aparecido también ” Estatua de piedra procedente del Cerro de los Santos, en la provincia de Albacete” ( III, 12, 1.873 ) con un dibujo del propio autor sobre la Dama del Cerro.
Pedro Ibarra y Ruiz. Arqueólogo y cronista ilicitano. Cursó Bellas Artes en Barcelona y se diplomó en Archivos, Bibliotecas y Antigüedades (1.891).Destacó y ejerció de periodista pero también actuó de Facultativo de la Comisión de Monumentos de Alicante, impulsó la creación del Museo provincial y cofundó en 1.890 la Sociedad Arqueológica Ilicitana de la que también fue director. Entre sus honores cuentan ser correspondiente de la Academia de Historia española, del Instituto Imperial de Berlín y el título de Cronista honorario de Elche, en reconocimiento a su labor local, prolongada hasta bien entrado el siglo XX.
Dio noticia de los hallazgos de Agost, acaecidos en 1.893 (“Descubrimiento en Agost, las esfinges icositanas”, El Liberal, Alicante, 1894) y publicó una Historia de Elche (Alicante, 1895). Con todo, su nombre está indisolublemente unido al hallazgo casual de la Dama de Elche minuciosamente registrado en Memoria histórico descriptiva del descubrimiento verificado en la zona de la Alcudia en la tarde del 4 de agosto de 1897, que depositó en el Instituto General y Técnico de Alicante. Con rapidez (10 de agosto) comunicó el hallazgo a la Academia de la Historia y a investigadores españoles y extranjeros, difundiendo la noticia en Inglaterra, Francia y Alemania. Pese a todas sus instancias ninguna institución española hizo sombra a la oferta del Louvre para adquirir el busto de “la Dama”, propiedad de sus sobrinos la familia Campello. A raíz del hallazgo desplegó una gran labor de información periodística, extendiendo el nombre de Elche por semanarios y revistas. Ante las injustas acusaciones sobre su mediación en la venta de la estatua se defiende públicamente y aclara los hechos en el periódico madrileño El País, (8 de noviembre de 1897) y en un artículo titulado “Sobre arte español” (respuesta a una carta de Montemar, publicada en el Heraldo de Madrid, con fecha 27 de octubre del mismo año).
Su orgullo local se patentiza en su escrito “Illici. Nuevo hallazgo” (Rev. Asoc. Art. y Arq. Barcelonesa, 11, 1989) con detallado balance de la repercusión bibliográfica del busto de Elche entre los investigadores extranjeros. A finales de ese año y en la misma Revista (núm.16) aparece “Últimos descubrimientos arqueológicos llevados a cabo en el emplazamiento de la antigua Illici”, y en 1908 ” Un altre toro iberic á Elx” en Anuari de l’Instiut d’Estudis Catalans, III, 1908.
Algo que llama la atención es la no publicación de la Memoria de Ibarra y la ausencia de sus artículos relativos a la Dama en los medios oficiales de Madrid ¿fue una velada represalia por el “exilio” de la escultura?.
José Ramón Mélida y Alinari. A mi juicio es el español más señero de esta historia y representa la madurez y el futuro de nuestra arqueología. Inicia su andadura profesional en los años de la república (1876) como aspirante sin sueldo del MAN. Desde 1.881 es funcionario, Jefe de la Sección de Prehistoria y Arqueología y más tarde Director de la institución (1916).
Estrechamente vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y al Ateneo, llegó a ser Profesor de Arqueología en la Universidad (1912). Viajó a París, Atenas, Turquía y El Cairo en delegaciones españolas. Formado sólidamente en arqueología oriental y clásica, empezó como orientalista y logró una insólita divulgación de la cultura egipcia a través de sus novelas (la de mayor éxito Sortilegio de Karnak, 1880, escrita en colaboración con Isidoro López) (Almela en Historia, 131-134). Su interés por lo ibérico se incrementa a partir del descubrimiento de la Dama de Elche, ocupándose indistintamente de la escultura de piedra y de los pequeños bronces: el primer artículo “Antigüedades de Yecla” (Bol. de la Institución Libre de Enseñanza, VI) se publica en 1882 y en 1897/98 se ocupa indistintamente de los bronces (RABM,I,4) y del busto descubierto en Elche (el mismo título en tres revistas diferentes). Los bronces siguen centrando su atención en 1899 (“Idolos ibéricos encontrados en la sierra de Ubeda (Linares)” RABM III, 2) y 1900 (“Coleción de bronces antiguos de don Antonio Vives” RABM IV, 1, 2 y 3). De 1900 data también el clásico artículo “El jinete ibérico” (Bol. Soc. Esp. de Excurs. VIII). De todos sus trabajos sobre el tema (no agotados en esta reseña) el de mayor enjundia es el ya citado sobre la autenticidad de las estatuas del Cerro (1903 a 1905) y el hecho de que su Discurso de recepción como académico de número de la Real Academia de la Historia (8 de diciembre de 1.906) verse sobre Iberia Arqueológica anterromana. Paradójicamente, él que siempre clamó contra los “arqueólogos de Gabinete”, se inicia tardiamente en la arqueología de campo y ninguno de estos trabajos se corresponde con yacimientos ibéricos.
El primer investigador extranjero que entra en esta pequeña historia es alemán:
Emile Hübner, Epigrafista y Catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Berlin. Fue enviado España en 1.860 por la Academia de Ciencias de su país, con instrucciones de Mommsen para estudiar y recoger las inscripciones romanas. Con su perspicacia y conocimientos valoró tempranamente los “ídolos” de bronce mencionados ya en su obra Die Antiken Bildwerke in Madrid (Berlin, 1862, sin ninguna ilustración) y en dos comunicaciones presentadas a la Academia de Ciencias de Berlín en 1.864 (Archäologischer Anzeiger, 1864 y 1865). A su vez insiste en la necesidad de hacer un estudio de estas pequeñas esculturas en la obra ya citada en relación con elCerro de los Santos (Arqueología de España, Barcelona, 1.888, meritoriamente galardonada con el Premio Martorell). Se ocupó de la Dama de Elche en el artículo “Die Büste von Ilici” (Jahrbuch des Kaiserlich Deutschen Archaeologischen Instituts 1898). Pero Hübner fue ante todo un investigador hipercrítico y positivista y aunque no siempre estuvo en posesión de la verdad, su nombre está unido a la denuncia/sospecha de falsedad en las inscripciones de la estatuaria del Cerro de los Santos.
Investigadores franceses de mayor relevancia:
León Heuzey, Conservador del Departamento de Antigüedades Orientales del Louvre, es un hombre clave en el reconocimiento de la autenticidad de la escultura ibérica. Por su gestión e instancias, A. Engel y P. París fueron enviados a España en misión oficial, y a través de la correspondencia con estos investigadores (que le consideraron siempre como maestro) estuvo informado de la marcha de los descubrimientos. Dedicó a la escultura ibérica cinco de los artículos más precoces y atinados, publicados en diversas revistas: “Statues espagnoles de style gréco-phenicien. Question d’authenticité” (Comptes Rendues de l’Academie des Inscriptions et Belles Lettres, Paris, 1.890 y Revue d’Assyriologie et d’ Archeologie Orientale, II, París,1891 y Bulletin de Correspondence Hellénique, XV, 1891); “A propos des statues du Cerro de los Santos” (CRAI, 1897); “Le buste d’Elche” (Revue Encyclopedique, VII, 1.897), “Le buste d’Elche et la mission de M. P. París en Espagne” (CRAI, 1.897) y “Le taureau chaldéen a tète humaine”, Monuments et Memoires Piot, París 1899 .
Arthur Engel, a decir de P. Paris el pionero que descubrió las tierras españolas. Miembro de la Escuela Francesa de Atenas, se trasladó a España en 1889, Comisionado por el Ministerio de Instrucción Pública de Francia. Los viajes por todo el territorio español y la búsqueda y compra de antigüedades, pronto le hicieron intuir la potencialidad y personalidad de una cultura indígena y la necesidad de crear una sede en nuestro territorio, en donde los investigadores franceses podrían adquirir su gloria y consolidarse frente a los investigadores alemanes.
Minucioso en sus anotaciones, dibujos y fotografías, en el Informe de 1.891 remitido a Francia describe un vívido panorama sobre el estado de la arqueología en España y en concreto sobre las vicisitudes de los nuevos descubrimientos. En tándem con París, siempre en la línea organizadora y pragmática, desarrolla toda una estrategia para intervenir en los yacimientos más prometedores. Entre sus muchas empresas cuenta la adquisición de esculturas ibéricas del Cerro (y las excavaciones de 1891), LLano de la Consolación, esfinges y toro procedente de Agost, el grifo y la cabeza de toro de Redovan, esfinges de Salobral… Su bibliografía en relación con el tema es muy sumaria, limitada al cumplimiento de su misión: “Rapport sur une mission archeologique en Espagne (1891, Nouvelles Archives des Missions Scientiphiques et Litteraires, III, 1.892; “Nouvelles et correspondence sur L’Espagne et sur Portugal”, Revue Archéologique, 29, Paris, 1896 y lo mencionado sobre Osuna. Siempre se esforzó por mantener una relación fructífera con los estudiosos españoles.
Pierre Paris. El Napoleón de la arqueología española y un gran hispanista. Vino a España en 1895 comisionado por la Academie des Inscriptions et Belles Lettres y desde esta fecha hasta su muerte en Madrid, en 1.921 su actividad se centra plenamente a la arqueología española. Su nombre está estrechamente vinculado a la compra de la “Dama de Elche”, narrada fielmente en la correspondiente parte de Promenades Archéologiques en Espagne (París, 1910).
Soñó con conquistar España pero al igual que Engel de “conquistador” pasó a conquistado y a su pluma debemos su sueño de escribir una historia de arte español indígena, plasmado en la obra Essai…, un auténtico clásico de la arqueología española, galardonada con el premio Martorel de 1902 a la mejor obra original de arqueología española.
Entre otros escritos cabe citar: “Sculptures du Cerro de los Santos”, Bulletin Hispanique, 1901; “Bronzes spagnols de style gréco-asiatique”, Revue Archéologique, XXXII, 1898; “Buste espagnol de style greco-asiatique decouvert a Elche”, Monum. et memoires Piot, IV, 1989; “Le Buste d’Elche au Musée du Louvre”, Revue de l’Art Ancien et Moderne, III, 1898; “Dame d’Elche au Musée du Louvre”, Revue Philomatique de Burdeaux et du Sud-Ouest, 1899, “Antiquités iberiques du Salobral”. Bulletin Hispanique VIII, 1906, culminando su obra en esta etapa con los vívidos relatos de Promenades archéologiques en Espagne (París, 1910) dedicados a Altamira,Cerro de los Santos, Elche, Carmona, Osuna, Numancia y Tarragona.
Fundador de la Casa de Velázquez (1928) y Profesor de Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Burdeos, dirigió el Bulletin Hispanique desde su fundación (1899) y en 1.910 fue nombrado Director de la Ecole des Hautes Etudes Hispaniques de la Universidad Burdeos.
Eugene Albertini, otro gran hispanista. Llegó a España en 1905 como respuesta a las numerosas peticiones de “refuerzos humanos” solicitados por Engel y colaboró con P. París en las excavaciones de Elche, encargándose de su publicación. También dedicó alguno de sus trabajos a las esculturas del Cerro de los Santos (Bull. Hispanique, XIV, 1912).
El único nombre inglés relacionado con el tema es Horace Sandars, Ingeniero de minas de Jaén. Por su profesión conocía bien el territorio jienense y en esta línea publica “Pre-roman bronze offerings from Despeñaperros in the Sierra Morena, Spain, Archaeologia, 60-61, 1906, reafirmando el carácter de exvotos de los pequeños bronces con una llamada de atención sobre los restos de fundición de cobre hallados en la cueva.
El estrato social más bajo permanecía al margen (las estadísticas estiman que durante el siglo XIX, el 70 % de los españoles eran analfabetos) pero el localismo podía arrastrar a los arrebatos más fervientes y masivos como el suscitado por la Dama de Elche, exhibida en un balcón y proclamada ” Reina Mora”.
Como contrapunto, el Museo Arqueológico Nacional, fiel al criterio educativo del museo, intenta crear un clima de interés cultural por medio de la exhibición de sus fondos. El lote del Cerro de los Santos será expuesto en el Casino de la Reina (Gabinete de Yecla) desde la inauguración (1871); desde 1895, en la sede actual, esculturas y bronce ibéricos, ocuparán un lugar de honor en la Sala de Protohistoria, salvando las polémicas de catalogación (posiblemente por iniciativa de Mélida). La edición y difusión de un magno catálogo del Museo (1882), en el que se recogen los exvotos de bronce y las esculturas de piedra del Cerro de los Santos, así como la organización de conferencias, entran en esta línea de acercamiento al público.
Para la proyección internacional de los hallazgos se utiliza un doble cauce: la presencia en las Exposiciones Universales de Viena y París y la especial atención en las visitas de personajes extranjeros, sea por mera coyunta (Emperador del Brasil, embajador inglés…) o por invitación expresa para valorar “in situ” los hallazgos (Hübner y Heuzey entre otros).
Con evidente cometido de cauce científico han de considerarse los artículos en revistas especializadas o en medios dirigidos a los círculos culturales más en boga. En cualquier caso la bibliografía española, salvo Mélida, puede calificarse de mediocre y apenas rebasa el ámbito nacional (a excepción de F. Riaño: “Antiquities of Yecla” The Atheneum Journal of Literature, Science and Fine Arts, Londres, 1872, y P. Serrano sobre el LLano de La Consolación en Bulletin Hispanique).
El mayor brillo científico corre a cargo de investigadores extranjeros. Dejando a un lado anecdóticas comentarios como los del profesor húngaro, E. Henszlmann y las semejanzas con esculturas rusas, la cota de mayor nivel científico y mejores criterios en cuanto se refiere a la escultura de piedra la alcanzan los investigadores franceses en los que calaron hondamente los hallazgo del Cerro de los Santos y sobre todo el descubrimiento de Elche ( añádase a lo anterior, entre otros, Cartailhac, 1886, sobre el Cerro, y Lalo, 1897; Jamot, 1898; Reinach, 1899 y Jullian, 1903 sobre el busto de Elche) .
Abolida la censura, a partir de la revolución liberal de 1868 se puso de moda en España, favorecida por la libertada de Asociaciones, la difusión y divulgación cultural, plasmada en revistas, semanarios y periódicos, abiertos a discusión y polémica de los intelectuales de la clase media. En estos cauces, sin alcanzar la virulencia desatada por la obra de Darwin y la postura de los recién estrenados prehistoriadores españoles, confluye un cúmulo ingente de escritores y artículos de dispar valor, susceptibles de encasillar en tres categorías:
a) los intelectuales preocupados por la difusión de los hallazgos y la defensa de sus teorías. En este caso son legión, a la cabeza de los cuales están los arqueólogos profesionales o los simples humanistas como el Padre Lasalde que con un afán adoctrinador sobre la historia difunde infatigablemente los hallazgos del Cerro en publicaciones tan diversas como La Ilustración de Madrid, El Liceo, El Semanario Murciano, La Ciencia Cristiana y muy especialmente Revista Calasancia. En este apartado se encasilla buena parte de la labor periodística de Ibarra y de escritores tan dispares como F. Dánvila y Collado con una serie de artículos sobre el Cerro de los Santos en El Tiempo (Madrid,1874), a veces con cabeceras tan sugestivas como “El Tesoro de Montealegre. Apuntes sobre la Antigüedad delCerro de los Santos” (Las Provincias, 1874) o tratando explícitamente el tema religioso, caso de Salvador Sampere (“Contribución al estudio de la religión ibérica”, Revista de Ciencias Históricas I, Gerona, 1880) y Joaquín Costa y Martínez con el título “subrrealista” de “Paraiso y Purgatorio de las almas según los iberos” (Bol. de la Inst. Libre de Enseñanza, XII, Madrid, 1881) o el más ajustado a las tendencias actuales en “Antigüedades ibéricas, tribus, ciudades y aldeas” (El Archivo, VI, Valencia, 1892).
b) los cronistas locales cuyo sentimiento patriótico llena de erudición semanarios de alcance nacional o provincial. Los hallazgos del Cerro son recogidos tempranamente (1865) por Jiménez Rubio, Cronista de Yecla, aunque en este apartado de difusión local Ibarra se lleva la palma.
c) escritores en general que incorporan las novedades a la más variada literatura: los aspectos etnológicos son tratados por F. Aznar en Indumentaria española. Documentos para su estudio desde la época visigoda hasta nuestros días (Madrid, 1878) y F. Dánvila en el libro Trajes y armas de los españoles desde los tiempos prehistoricos hasta los primeros años del siglo XIX (Madrid, 1877). El eminente escritor y filósofo Marcelino Menéndez Pelayo dedica uno de sus capítulos al Cerro de los Santos en el vol. I de la Historia de los Heterodoxos Españoles (1880) y el filósofo anticlerical, José Martínez Ruiz, Azorín, periodista y ante todo escritor vinculado familiarmente a Yecla y alumno del Padre Lasalde refleja en las estampas de La voluntad (1902) y Confesiones de un pequeño filósofo (1904) las vivencias sobre Yecla, impregnadas de la mella anímica que en el espíritu sensible de un adolescente causaron las viejas estatuas y las tierras que conocieron la gloria de una antigua civilización desconocida. 
Pero el auténtico valor está en la incorporación de los nuevos hallazgos a las síntesis histórico/artísticas: Rodrigo Amador de los Ríos publica en 1889 los Catálogos Provinciales de Murcia y Albacete (serie España, sus monumentos y su arte. Su naturaleza y su historia). Rada junto a Vilanova es autor de la obra” Geología y Protohistoria Ibérica” (Historia General de España bajo la dirección de D. Antonio Cánovas, vol I, 1890) y Mélida pergeña un estado de la cuestión en “La arqueología ibérica e hispano-romana en 1896” (RABM,I, 1, 1897). A ellas hay que unir las síntesis ya citadas de Hübner y Paris además de las reseñas o recopilaciones por autores extranjeros tales como Siret (1908), Philipon (1909), Dechelette (1909) y Reinach (1910).
En las actuaciones y primeras publicaciones acerca de las esculturas del Cerro, los resabios diciochescos prevalecen junto a las matrices ideológicas que imprimen las coordenadas del pensamiento en el siglo XIX. A saber:
a) la conciencia patriótica, a veces con apasionado localismo, explicable por razones históricas, con la paradoja de una mezcla ambigua de autoafirmación orgullosa y acomplejada frente a la enconada postura del exterior hacia España, y de exaltación de las propias raíces frente a las tendencias centralizadoras del gobierno.
b) el idealismo que, en términos generales, hace mella en todos los intelectuales, comprometidos en dar una imagen renovada del estudio de las antigüedades . 
Lógicamente en una etapa de profundas tensiones políticas, se dejan sentir las ideologías, mediatizadas por la formación y la diferencia generacional de los investigadores. Esta es la clave para entender la interpretación de Amador de los Ríos sobre el Cerro de los Santos. En unos años en que se tambalea el trono isabelino, el escritor monárquico halla un nuevo argumento para ensalzar la legitimidad de la monarquía española enraizada con la realeza visigoda, en línea con escritos anteriores (estudio del tesoro de Guarrazar) y, en última instancia, en comunión con el espíritu de la Corona Gótica de Saavedra Fajardo (s. XVII). En tal sentido el templo no podía ser sino un “martyrium” hispano-bizantino y, lejos de cualquier crítica, Las Etimologías le ayudan a identificar, por la vestimenta y símbolos de las nuevas esculturas, los mártires que cimentan la génesis de España unida al cristianismo .
Sincrónicamente a la controversia de los hallazgos del Cerro de los Santos, Vilanova y Casiano del Prado sembraban en España el germen de la Prehistoria como ciencia pero la estatuaria no se despega de la hipervaloración del arte y de las inscripciones, unida al difusionismo de las grandes civilizaciones orientales cuyas novedades, a decir verdad, tampoco calaban excesivamente. En esta vertiente, el discurso de Rada hace alarde de unos conocimientos heteróclitos, autorizados por sus viajes a Egipto y Oriente . Clasifica de grecoegipcio el templo “in antis” del Cerro y lo explica como observatorio al sol, servido por sacerdotes egipcios practicantes de la magia caldea.
La explicación difusionista es compartida por españoles y extranjeros. Los escritos de Lasalde tienen Egipto como punto focal , otros, se inclinarán más por los fenicios, los cartagineses o los griegos, pero la diferencia de los escritores españoles frente a los autores galos, está en considerar lo ibérico en un sentido cercano al de la aculturación: el protagonismo es de los indígenas e indígenas son los pueblos mencionados por los clásicos. Tomando como norte las estatuas se construirá un proceso anterior al mundo romano en relación con las colonizaciones, a veces con juicios tan premonitorios como los de Sampere, resaltando el peso de lo griego en unos márgenes ceñidos entre los siglos VI y I.
En efecto, en la primera generación, prevalece la llamada por B. Bandinelli arqueología filológica. Las fuentes textuales son el referente para delimitar geográficamente áreas étnicas, discutir sobre la Bastetania o sobre la identificación de Elo, Herna u otras ciudades antiguas.
Obviamente, ante una cultura recién descubierta cuya teoría se cimentaba en autores clásicos o en cuanto se estaba diciendo sobre la moneda, la escritura y pocos restos más, las interpretaciones eran prematuras. De esta precariedad fue consciente Lasalde cuando en 1971 se aproxima al lugar templario, aplicando el orden como método: categorías por recurrencia de elementos complementarios y agrupaciones por caracteres estéticos de evolución lineal, pero sin olvidar la estratigrafía y el resto de los hallazgos, preocupándose por integrar el Cerro en un panorama más amplio, con especial atención a los itinerarios romanos.
Desde el punto de vista iconográfico se rebasa la celtomanía. La vena heliolátrica, fomentada por los fraudes de Amat, engancha a Savirón y obsesionará, bajo distinto ropaje, a Ibarra asimilando el busto de Elche a Apolo y las ruedas a los atributos solares. Pero aislando estos extremos, sacerdotes, sacerdotisas y exvotos son identificaciones acuñadas que han funcionado hasta nuestros días.
Mélida, genuino representante del pensamiento idealista/ krausiano de la Institución Libre de Enseñanza, significa la ruptura, el relevo generacional e intelectual. En la labor del Museo y en su irrupción literaria, la procedencia y el contexto son las claves para abordar la cultura. Prioriza las costumbres y los yacimientos al mero análisis artístico: la crítica y la analogía son parte de un método integrador e histórico en el que tienen tanta relevancia la cerámica como las esculturas de piedra y bronce, formal y estilísticamente emparentadas. La cultura ibérica nace de la conjunción de relaciones entre indígenas y colonizadores y se desarrolla con su propia identidad hasta integrarse en el mundo romano. Los bronces pueden representar divinidades clásicas y orientales (Venus, Minerva, Polux…) pero siempre bajo el prima indígena, escondiendo tal vez a Neto o a Neta su paredra y dando al jinete ibérico unas connotaciones simbólicas plenas de vigencia.
Mélida, ciertamente, asimiló y transcendió la enseñanza de la escuela francesa, fiel al método winckelmanniano en los criterios artísticos y al difusionismo de Oriente. Heuzey, Jullian u otros dentro de sus preocupaciones sobre si la dama de Elche era un busto o una parte de escultura entera, valoraron más el matiz indígena y el influjo fenicio que el propio Paris quien sentía una especial fascinación por la escultura griega. El título de su gran obra (Ensayo de arte y de industria de España primitiva), la estructura del libro y la dedicación compartimentada y desequilibrada de cada uno de los temas, hablan por sí mismo. Su criterio está en el preámbulo: un arqueólogo debe ser erudito y artista.
La declaración de intenciones, en el prólogo, “rehabilitar la civilización ibérica, marginada injustamente en todo los libros de arte, ignorada por todos los arqueólogos extranjeros”. El propio autor pretende hacer una síntesis pero es honesto cuando se refiere al Inventario de un Corpus provisional de antigüedades ibéricas, dudando de que se pueda conseguir mucho más careciendo de las fuentes escritas. El desprecio por los bronces, monstruos nacidos del detestable gusto indígena, es evidente, como también lo es el acertado juicio en los paralelos clásicos de las más bellas esculturas humanas y de ciertos ejemplares zoomorfos cuyo interés se corresponde con la menor o mayor analogía con la estatuaria griega (la distancia es equivalente a las diferencias entre el Acheloos griego y la versión indígena de la bicha de Balazote). Lástima que observaciones como la hipótesis funeraria de la cavidad de Elche o datos funcionales como la “esfinge” hallada en La Mata de la Estrella, al Norte de Bonete, encima de una tumba (p. 123), hayan pasado tan de puntillas.
Hay concordancia unánime entre extranjeros y españoles al considerar la estatuaria como auténtico reflejo de la etnia de Murcia. Llamar Carmen a la Dama de Elche (una española que según Reinach podía haber conocido Temístocles) va más allá del tópico. Es hablar de “retratos”, de expresiones individualizadas, de población civil en palabras de Paris, de las gentes ibéricas en boca de los españoles, de los paisanos de Yecla en los relatos de Azorin.
Los investigadores franceses aparentan un trato respetuoso y cordial con instituciones y españoles en general, pero en sus escritos públicos o privados (correspondencia a Heuzey) dan rienda suelta a la imagen de una España sumida en la miseria, la desolación y el desorden, enorgullecidos de su prepotencia intelectual y de la estructura de su organización.
A los arqueólogos y aficionados españoles les duele la presencia de los investigadores extranjeros, pero sobre todo les duele España. Sin una recia formación en el mundo clásico, sus anhelos de europeizarse son compatibles con el sentimiento general de la generación del 98, apuestan por una intrahistoria, por conocer a las gentes en la realidad de su vida antes que por la quimérica belleza de las formas artísticas.
Es todo un síntoma: tras la intensa dedicación de Paris, tras tanto escarceo nacional y tanta curiosidad extranjera, la investigación y el interés por la escultura ibérica entran en crisis. La etapa pionera, en cuanto estudio particularizado de la escultura de piedra, se cierra abriendo un profundo hiatus.
¿Cómo se explican y justifican los hechos?
A veces se ha escrito que exisía un vacío legal, pero no es exactamente cierto puesto que la Real Cédula de 6 de junio de 1803, puntualiza disposiciones anteriores y encarga de la recolección y conservación de los monumentos antiguos a la Academia de la Historia la Historia. Además un Real Decreto de 1827 prohíbe la exportación de obras de arte. Asimismo, la Real Orden de 1844 remodela la plataforma institucional, y en cuanto atañe a este artículo, las Comisiones de Monumentos Históricos, adscritas a la Real Academia de la Historia y servidas por funcionarios, se responsabilizaban de la antigüedades y de la formación de Museos y colecciones provinciales, funciones que no margina la Ley de Instrucción Pública de 1857 (“Ley Moyano”) auténtica impulsora de la creación del Museo Arqueológico Nacional (R.D. de 20 de marzo de 1867).
Las líneas y los criterios eran menos ambiguos de lo que generalmente juzgamos y como ha señalado Marcos Pous (Museo, 26-27) la filosofía del Decreto fundacional del Museo Arqueológico Nacional es todo un modelo. Por otra parte, la Escuela Superior de Diplomática desde 1958 forma expresamente a los “rescatadores de monumentos”, los Anticuarios, denominados arqueólogos desde finales del siglo.
La causa es la inoperancia, inmersa en una grave crisis política y económica, y la pasividad del ambiente, amén de la contradicción entre el derecho ilimitado a la propiedad privada y disposición libre de bienes (mantenida desde la Constitución de Cádiz de 1812 hasta la de 1876) frente a las normas dictadas en materia de patrimonio artístico/histórico, en donde encajan los yacimientos y la arqueología en general .
Las instancias del gobierno no hacían mella en las instituciones o en los particulares; a la inversa, las peticiones de los facultativos eran desoídas por el gobierno. En suma, la Arqueología se cifraba en el coleccionismo, consintiendo que las excavaciones recayeran plenamente en iniciativas privadas. Acuerdos económicos con los propietarios y financiación de los trabajos eran las únicas condiciones que debían respetarse para poseer los materiales.
Este panorama político y cultural que explica los hechos sucedidos antes y después del hallazgo del Cerro de los Santos está magistralmente plasmado por Francisco María Tubino con motivo de la creación del Museo Arqueológico Nacional: el atraso intelectual y la indiferencia de los políticos y de la Administración habían convertido el campo del arte, en todas las provincias, en un mercado y en artículo de exportación al alcance de quien más ofreciera, incluidos traficantes, todo tipo de coleccionistas y los agentes de los Museos extranjeros (Revista de Bellas Artes, 125, 1867). Abundando en esta situación, los informes de Engel y los escritos de Pierre Paris no hacen sino traslucir la percepción del dramático desorden propicio para los intereses de los comisionados extranjeros.
Con el correr del tiempo el ambiente tiende a despejarse. La intervención y el contacto con los investigadores franceses hará virar el rumbo. Desde finales de siglo, en la Universidad de Burdeos, funciona el Bulletin Hispanique y la Ecole des Hautes Etudes Hispaniques, precursora del Insitituto francés en España (1913). La arqueología española es consciente de que debe organizarse. La actuación extranjera es un modelo a seguir pero también una competencia poco deseable en el terreno propio. Tras clausurar la Escuela Superior de Diplomática (1899), se crea la Cátedra de Arqueología en la Universidad de Madrid (1990) y diez años más tarde la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma. Las metas culminarán con la Ley 7 de julio de 1911 sobre Excavaciones y Conservación de Antigüedades y el funcionamiento de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades.

from otra realidad

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