La increíble maldición del coche de James Dean: Little Bastard

Todos conocemos a James Dean, un afamado actor de Holywood que perdió su vida el 30 de septiembre de 1955 en un accidente de tráfico a la escasa eda

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Todos conocemos a James Dean, un afamado actor de Holywood que perdió su vida el 30 de septiembre de 1955 en un accidente de tráfico a la escasa edad de 24 años. El vehículo en el que viajaba se trataba de un Porsche modelo 550 Spyder, motor Volskwagen 4 cilindros con 1498 cm3 que desarrollaba una potencia de 137cv, al que el bautizó con el nombre de Little Bastard (el pequeño bastardo). Un coche cuya fabricación solo fueron 90 unidades de las cuales solo 78 las vendieron al público.
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Las huellas marcadas sobre el asfalto del cruce entre las rutas 41 y 46 de la localidad californiana de Cholame, son casi tan fuertes como la impronta de James Dean tras su corta, rutilante y meteórica carrera cinematográfica. Tan sólo tres películas y una extensa y dramática frenada bastaron para que el rubio sex symbol de Hollywood de los años ’50 quedara eternizado para todos los tiempos como una de las más grandes leyendas jamás conocidas.

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Nada parecía detener a James Dean, nada. Era pura energía, movimiento y pasión. “Al este del Edén”, “Rebelde sin causa” y, finalmente “Gigante” lo dejaron para siempre joven a través de la pantalla grande y el Porsche 555 Spyder de edición limitada, lo llevó directamente a su destino trágico, casi sin dejarlo pestañear.

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Dean era un loco de la velocidad y así las cosas supo comprarse un Porsche Speedster 356 con sus primeros consistentes dólares tras su primer film. A ese auto, luego lo sucedió el famoso 555 Spyder al cual, él mismo –y dado lo complicado e indócil que resultaba manejarlo- había bautizado como “Little Bastard” o “Pequeño Bastardo”.

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Lo hizo suyo el 21 de septiembre de 1955, entusiasmado por su aspecto sin igual, sus 110 CV de potencia, sus escasos 550 kilogramos de peso total y la excitante posibilidad de llegar como si nada a los 225 km/h. A pesar de esa pasión desenfrenada por el vértigo y la velocidad, hacía apenas una semana había sido el protagonista de un anuncio destinado a crear conciencia por las altas velocidades en ruta. Así era Dean, extremo, de un lado al otro. Así vivió y así encontraría la muerte. Viajando al límite y… poniendo un pie un poco más allá.

El 29 de septiembre, tal vez como presintiendo algo extraño o si se quiere, algo sobrenatural que ni él mismo pudiera llegar a controlar, pasó por la casa de su gran amiga Elizabeth Taylor para dejarle su gato… y que ella lo cuidara en su lugar. ¿Sabía o presentía algo extraño James Dean?

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Al día siguiente, Dean tras haber completado su trabajo para la película “Gigante” se dirigió rumbo a Paso de Robles, en California, con la idea de disputar una carrera con su reciente adquisición. Viajaba en compañía de su amigo Bill Hickman, su mecánico Rolf Wuetherich y el fotógrafo Sandford Roth, quienes viajaban en otro auto. Dean y su amigo iban en su Ranchera remolcando al Porsche 555 Spyder.

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Pero las ganas de James Dean de manejar y disfrutar ese autazo no pudieron esperar a llegar a destino. Quiso manejarlo allí mismo, en esa ruta que, finalmente, le jugaría una mala pasada. Una jugada final y definitiva. Por esas vueltas de la vida (o el destino), un joven llamado Donald Turnupseed, de 23 años de edad (uno menos que Dean) circulaba en dirección contraria al legendario sex symbol de Hollywood, manejando su Ford Custom Tudor Coupé, cuando por razones inexplicables, los autos se cruzaron, Dean intentó esquivarlo pero en vano. Los 89 km/h. a los que circulaba (permitidos en esa ruta) no le dejaron frenar su Porsche que finalmente pegó contra un tristemente célebre poste a la vera del camino.

El auto maldito, el “Little Bastard”, quedó arruinado, casi deshecho, hecho una sombra de lo que era. James Dean cumplía lamentablemente una famosa frase que alguna vez había pronunciado acerca de vivir en velocidad, y perder la vida a una edad temprana y con un buen cuerpo.

Dean entraba en una leyenda y su auto daba inicio a otra… El auto maldito. Dicen que el dinero con el que compró su Porsche, estaba destinado a comprar una casa para irse a vivir junto a su exnovia, la misteriosa Maila Nurmui, conocida como “Vampira” y afecta a la magia negra… No pocos creyeron que ella era la responsable de un “trabajo” contra Dean y de allí en más una interminable seguidilla de tragedias asociadas al auto del accidente, siguieron incrementando esa creencia…

Un drama tras otro…

George Barkuis recogió los restos del Porsche 550 en su camión y perdió la vida cuando el coche se le vino encima al descargarlo. Poco después el señor George Barris obtuvo los restos de lo que quedaba del vehículo por 2500 dólares, lo llevaron a sus instalaciones y al bajarlo uno de sus mecánicos perdió las dos piernas debido a que el capot se soltó y le amputó sus dos extremidades.

En octubre de 1956 las sospechas que tenía Barris se confirmaron cuando Troy Mc Henry el propietario del motor del Porsche 550 perdió la vida tras usarlo por primera vez en una carrera. También otro de sus clientes William Eschrid al que le vendió una transmisión, estuvo de perder la vida cuando se le quedó bloqueada la caja de cambios.

Los neumáticos fueron vendidos a un joven que semanas mas tarde si vio implicado en un accidente por la deformación de uno de ellos. No contento con esto, este mismo chico después de una carrera, intentó robar el volante del coche de Barris (el antiguo coche de James Dean) y se cortó una de sus extremidades intentando desmontarlo.

Barris seguidamente cedió los restos del coche a la policía de tráfico de California, la cual hizo una campaña de prevención de accidentes. Justo poco antes de retirar el coche misteriosamente se prendió fuego en el garaje de Barris con el resultado de que el resto de vehículos sufrieron las consecuencias del incendio mientras que “Little Bastard” resultó intacto.

Cuando la policía se llevó el coche para exponerlo en Sacramento, cayó del stand y le rompió a un adolescente la cadera. De camino a la exposición de Las Salinas, el camión en el que le trasladaban patinó provocando un accidente en el que el conductor del camión perdió la vida.

Expuesto en Miami, Florida, en 1958 también en un congreso sobre seguridad vial, lo cargaron en un camión para llevarlo a Los Ángeles a otro evento del mismo calado. El coche misteriosamente nunca llegó a su destino, con el desconocimiento total del paradero de Little Bastard.

El mecánico y acompañante Rolf Weutherich perdía la vida en 1981 en un accidente de automovilismo en Alemania cuando conducía  por una autopista.

Si la maldición existió o no, eso quedará a la libre interpretación de cada uno. Sin embargo, sobran las razones para creer que el diablo metió la cola y que el sobrenombre de aquel fantástico Porsche 555 Spyder… bien puesto estaba.

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