ATLANTIDA RUINAS BAJO LAS AGUAS CANARIAS

Investigaciones geológicas muestran que hace unos 11.000 años, durante el fin de la última glaciación, Lanzarote, Fuerteventura y otros islotes confor

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Investigaciones geológicas muestran que hace unos 11.000 años, durante el fin de la última glaciación, Lanzarote, Fuerteventura y otros islotes conformaban una sola isla de más de 200 km de longitud y una superficie superior a los 5000 km2, orientada paralelamente a la costa africana y donde pudo desarrollarse una desconocida civilización. el hallazgo durante los últimos tiempos de numerosas estructuras artificiales sumergidas cerca de las costas canarias constituiría una prueba de la existencia de ese desconocido pueblo…

Nadie salía de su asombro. Decenas de personas habían acudido al Centro Polidimensional El Almacén, hoy Centro Insular de Cultura, para escuchar a los submarinistas Pippo Cappellano, Salvatore Braca y Walter de Walderstein relatando sus aventuras submarinas en las Islas Caicos, en pleno Caribe. Como en toda España, la sociedad lanzaroteña intentaba recuperar la normalidad tras el intento de golpe de estado el 23 de febrero de 1981, de manera que en aquella sala posiblemente se había concentrado más gente que en todo Arrecife. El genial y recordado artista César Manrique, alma de aquel centro y motor de la actividad cultural de la isla, hizo de maestro de ceremonias, compartiendo con el público el desconcierto generado por aquella bomba informativa que soltaron sin previo aviso los buzos italianos: habían descubierto las ruinas de una ciudad ciclópea bajo las aguas de Lanzarote.
El equipo de la misión Alyan-Mondo Sommerso ilustró su asombrosa información con varias diapositivas de lo que parecían ser estructuras escalonadas, muros en ruinas y calzadas formadas por grandes lozas, que reposaban a escasos metros de profundidad en la costa de Lanzarote. Aquello fue el comienzo de un auténtico affaire informativo que relacionó para siempre a Canarias con la mítica Atlántida, generando una controversia que a fecha de hoy sigue más vigente que nunca.
Por aquellas fechas, el popular escritor estadounidense Charles Berlitz andaba enfrascado en las tareas de documentación de su famoso La Atlántida, el octavo continente, un libro en el que hacía hincapié en la importancia que el deshielo ejerció sobre la configuración de los litorales de numerosas regiones del planeta al final de la última Era Glaciar. Berlitz no escatimó en reseñas sobre Canarias, navegó por sus aguas en yate e incluso mencionó en las páginas de su libro el descubrimiento de los italianos capitaneados por Cappellano. Aquella visión de una Atlántida ribereña, afectada paulatina e inexorablemente por la subida del nivel de las aguas y la consiguiente alteración de su orografía y ecosistemas, triunfó de tal modo entre los aficionados y especialistas, que investigadores llegados de América, Europa y Asia mostraron su apoyo unánime a tal posibilidad. En aquel contexto, agencias de prensa tan importantes como EFE ofrecieron una amplia cobertura de los hallazgos, con titulares tan llamativos como  Las Islas Canarias fueron los picos más altos de la Atlántida.
ESCALERAS, MUROS Y EDIFICIOS
El hallazgo de las estructuras submarinas en febrero de 1981 en Lanzarote se debió exclusivamente a la casualidad, según ha mantenido siempre el veterano submarinista y documentalista Pippo Cappellano. Por aquellas fechas, él y sus compañeros se encontraban enfrascados en una investigación en el Triángulo de las Bermudas, con la expedición Alyan-Mondo Sommerso. En una parada técnica en Lanzarote, decidieron que intentarían batir el récord de submarinismo en la gruta volcánica conocida curiosamente como Túnel de la Atlántida, en Los Jameos del Agua, de modo que se quedaron en la isla unos días más, realizando inmersiones en diferentes puntos de la costa.
Inesperadamente, a unos 22 metros de profundidad y a varias decenas de metros de la línea de costa, en la inmediaciones de la zona conocida como La Pechiguera, se dieron de bruces con un espectáculo inesperado. «Decidimos bucear en un punto elegido al azar –recordaba Cappellano en una entrevista con el investigador Adriano Forgione–. Justo ahí, debajo del agua, había una serie de paredes formadas por la superposición de bloques que tenían formas triangulares y regulares. Formas perfectas que sólo podían haber sido trabajadas por el hombre. Éstas eran estructuras que no tenían nada en común con los restos arqueológicos que se atribuyen a los guanches (aborígenes de Canarias). Las construcciones contaban con una regularidad absoluta. Se trataba de los restos de edificios divididos en habitaciones» 
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