El Misterio de las Tétradas de las Lunas de Sangre.

LAS LUNAS DE SANGRE COMENZARON A SURGIR EN EL 2014 Y CONTINUARÁN EN EL 2015, ESTO SE RELACIONA CON MUCHAS PROFECÍAS QUE HABLAN DE ESTOS TIE

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LAS LUNAS DE SANGRE COMENZARON A SURGIR EN EL 2014 Y CONTINUARÁN EN EL 2015, ESTO SE RELACIONA CON MUCHAS PROFECÍAS QUE HABLAN DE ESTOS TIEMPOS FINALES.
Proféticamente hablando, el 2014 y el 2015 son muy significativos, dado que en esos dos años hay tétrada de lunas rojas que coinciden con fiestas judías, es decir, cuatro eclipses lunares seguidos (que hacen ver la luna como cubierta de sangre) y que coinciden con celebraciones que tienen que ver con algún acontecimiento de la salvación en que está relacionado Israel.
Lunas rojas tétradas coincidieron con la expulsión de los judíos de España, y en 1948, cuando éstos volvieron a la Tierra prometida y se refundó el Estado de Israel en Palestina, y también en la guerra de los seis días.
Las lunas rojas tétradas son, en 2014: el 15 de abril, coincidiendo con la pascua judía, y el 8 de octubre, que coincide con la fiesta de los tabernáculos. En 2015, la tercera luna de sangre es el 4 de abril de 2015, coincidiendo otra vez con la pascua, y la cuarta luna el 28 de septiembre, concordando nuevamente con la fiesta de los tabernáculos. En medio, un eclipse total solar coincidente con el inicio del año judío, primero de Nisán (el 20 de marzo de 2015). La coincidencia de lunas rojas tétradas con fiestas judías es verdaderamente excepcional.
Las siete fiestas que celebran los judíos, prescritas por Moisés, son llevadas a su sentido pleno de salvación universal por Jesucristo. Las cuatro primeras fiestas se celebran en primavera, y ya adquirieron su significado salvífico pleno. Las tres restantes se celebran en el otoño, y están aún por adquirir su sentido de compleción mediante tres hechos futuros por parte de Dios.
A la pascua judía en Egipto (Pesach), Jesús le dio su sentido pleno el Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía, en la que celebró su propia Pascua, la entrega voluntaria e incondicional de su vida a los hombres para que obtuviéramos la liberación del pecado y de la muerte: “Ardientemente he deseado comer esta pascua con ustedes antes de padecer, y no la volveré comer hasta que tenga su cumplimiento pleno en el Reino de Dios” (Lc 22, 7).
La fiesta judía de los panes ácimos (Matzot) que se celebra el sábado siguiente de la Pascua, adquirió su sentido pleno con el entierro de Jesucristo y su descanso en el sepulcro, el Sábado Santo.
La tercera fiesta, llamada de los primeros frutos (Bikkurim), que se celebra al día siguiente del shabat, encontró su plenitud salvífica el Domingo de Resurrección, ofreciendo Jesucristo el fruto de la redención a todos los hombres.
La fiesta de la cosecha (Shevuot), que celebran los judíos a los cincuenta días de la fiesta de los primeros frutos, se iluminó divinamente con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, enviado por Jesucristo a los discípulos cincuenta días después de su Resurrección.
Están todavía por adquirir su sentido pleno las tres fiestas judías que se celebran en el otoño.
La primera de ellas es la fiesta de las trompetas (Rosh Hashana), la cual adquirirá su sentido pleno con el “Rapto de los santos” o “Arrebato de los Fieles” descrito por San Pablo.
El Arrebato, o Rapto de los fieles, es la traslación física, acompañada de un proceso de transformación, de quienes ya hayan alcanzado su plena santificación en Cristo. El Rapto es simultáneo al gran terremoto en que resucitarán los difuntos santos del Nuevo Testamento.
El Rapto y resurrección de los santos son acontecimientos profetizados por San Pablo: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel y al son de la trompeta, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos para siempre con el Señor” (I Tes 4, 16).
Y añade: “No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene el último toque de trompeta. Porque sonará la trompeta y los muertos serán resucitados para no volver a morir y nosotros seremos transformados” (I Cor 15, 51).
Nótese el énfasis de San Pablo, “Porque sonará la trompeta”, y su relación con la fiesta judía de las trompetas, la cual adquirirá entonces su sentido salvífico pleno, el del aviso a la humanidad de que se acerca el Retorno glorioso de Jesucristo.
Quienes hayan muerto en santidad volverán a la vida, al igual que sucedió el Viernes Santo en el momento en que murió Jesucristo, cuando “se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron” (Mt 27, 52). Éstos, nos dice el Evangelio, se aparecieron en Jerusalén a muchas personas durante los cuarenta días que Jesús estuvo resucitado entre los suyos. Se trata de los santos del Antiguo Testamento. Ahora, resucitarán los santos del Nuevo Testamento.
La resurrección de los santos para reinar con Cristo en el mundo recibe en las Escrituras el nombre de “primera resurrección”. Una segunda resurrección sucederá, mil años después, “para el resto de los muertos”, incluidos los condenados (Ap 20: 5-6).
La sexta fiesta judía que faltará por ser sublimada por Dios, posterior a la fiesta de las trompetas, será la del “día de la expiación” (Yom Kipur), que corresponderá a la Gran Tribulación (el “grande y terrible “Día del Señor”) que culminará con la segunda venida de Cristo o “Parusía”.

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