Las armas secretas de Hitler

Las impresionantes armas de huracanes de Hitler De ciencia ficción. Quizás estas sean las palabras que mejor definan el súper armamento que los&n

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Las impresionantes armas de huracanes de Hitler

De ciencia ficción. Quizás estas sean las palabras que mejor definan el súper armamento que los científicos nazis trataron de crear durante toda la Segunda Guerra Mundial y que, de haberse fabricado varios meses antes, podría haber inclinado la balanza del lado de Hitler. Desde cañones que trataban de usar la energía de los elementos naturales para acabar con los enemigos del Führer hasta máquinas con tecnología punta y en las cuáles está basado una gran parte del armamento actual. Los nazis, dedicaron durante años gran parte de sus recursos a tratar de fabricar armas que les dieran la victoria sin apenas sufrir bajas en el campo de batalla.
Todos los expertos en armamento del III Reich han destacado un hecho evidente: si la investigación se hubiese adelantado tan sólo un año, el resultado de la contienda podía haber sido muy distinto. Sin embargo, el propio sistema nazi propició también el derrumbe final del Régimen bajo el peso de los abultados y multimillonarios gastos destinados a las revolucionarias ‘armas maravillosas’. Y es que, el desarrollo de estas armas revolucionarias también costó una auténtica fortuna a los seguidores de Hitler, aún cuando algunas no podían fabricarse más que en la imaginación. Sin embargo, tampoco se puede negar que, gracias a estos «sueños», Alemania se adelantó varios años a la capacidad tecnológica de su época. De entre todos los inventos que los nazis idearon para la guerra, los que más destacan por su originalidad son las denominadas «armas limpias», llamadas así debido a que utilizaban la energía del medio ambiente para funcionar.
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El cañon de viento
La primera de ellas es el «cañón de viento», un artefacto ideado para lanzar rayos de aire.«Diseñado en Stuttgart durante la guerra, era un tipo de arma que podía emitir un flujo pulsante de aire comprimido. Feo y grotesco en apariencia,estaba construido con un gran cañon curvo con un codo en forma de giba.
Este cañón funcionaba presuntamente con oxígeno e hidrógeno en proporciones moleculares, los cuales, al unirse, creaban una mezcla mortal que se podía llegar a disparar. Lanzaba, tras una violenta detonación, un proyectil ‘de viento’, una especie de golpe de aire comprimido y vapor de agua que tenía un efecto similar al de una granada.Al parecer, y según determina el escritor: «Las pruebas se realizaron en Hillersleben, y se logró destruir planchas de madera de 2,5 centímetros de grosor a 183 metros de distancia».Un prototipo de este cañón fue instalado sobre un puente sobre el río Elba para su protección, pero nunca fue utilizado.
El cañón sónico
Otra «arma limpia», fue el «cañón sónico», creado en los años 40 por el doctor Richard Wallauschek.
Estaba formada por dos reflectores parabólicos conectados por varios tubos que formaban una cámara de disparo. A través de los tubos entraba en la cámara una mezcla de oxígeno y metano que era detonada de forma cíclica», explica el experto.«Las ondas de sonido producidas por los explosivos, por reflexión, generaban una onda de choque de gran intensidad que creaba un rayo sónico de enorme amplitud.La nota aguda que enviaba superaba los 1.000 milibares a casi 50 metros.A esta distancia, medio minuto de exposición mataría a cualquiera que se encontrara cerca, y a 250 metros seguiría produciendo un dolor insoportable», determina Lesta.A pesar de que el «cañón sónico» podría haber revolucionado el mundo armamentístico de la II Guerra Mundial, finalmente no se llegó a utilizar debido a su gran tamaño (pues, al parecer, una de sus piezas medía más de tres metros).
Sin embargo, algunos documentos afirman que llegó a probarse contra animales.
Las denominadas “armas maravillosas” no pudieron ser utilizadas en combate por falta de tiempo
El arma vórtice
El «arma vórtice» buscaba crear torbellinos para derribar aviones.
El tercer artefacto con el que se hicieron pruebas fue la conocida como «arma vórtice», el cual tenía la finalidad de crear torbellinos para derribar a los aviones aliados.
«Se construyó en el Instituto Experimental de Lofer, en el Tirol austríaco. Diseñada por el doctor Zippermeyer, tenía como base un mortero de gran calibre que se hundía en el suelo y disparaba proyectiles cargados de carbón pulverizado y un explosivo de acción lenta».
Al parecer, el objetivo que se buscaba con este curioso invento era derribar a los aeroplanos enemigos en el momento en que explotase la mezcla. Este revolucionario artefacto, sin embargo, no surtió efecto en sus primeras pruebas, por lo que se intentó mejorar.Se llegó a la conclusión de que se podrían producir oscuros y enormes torbellinos a base de polvo de carbón con la potencia suficiente para romper las alas y la estructura de los aviones aliados. El alcance del arma se cifró en unos 150 metros.
Según parece, este original cañón no llegó a utilizarse nunca como tal, pero sí algunas armas basadas en el viento.
Los ingenieros alemanes eran arriesgados en sus diseños
El cañón solar
Dentro del armamento climatológico, destacó el «cañón solar», el cual utilizaba la energía de este astro para lanzar un gigantesco rayo de calor sobre los aviones enemigos. Los bocetos iníciales mostraban un gigantesco reflector que, a modo de espejo, debía captar una gran cantidad de rayos solares focalizándolos en una zona determinada.
Sin embargo, y a pesar de que presuntamente se construyó un modelo inicial de este aparato, tampoco se llegó a utilizar en combate debido a que el prototipo fue robado por los americanos casi al final de la guerra. Nunca se volvió a saber nada más acerca del mismo.
La bomba endotérmica
Finalmente, la última de estas curiosas armas fue la llamada«bomba endotérmica». «Se trataba de explosivos que serían lanzados por aviones de gran radio de acción y con capacidad para, al detonar, crear una zona de intenso frío que congelaría en un radio de un kilómetro toda forma de vida de manera temporal. Es uno de los ingenios de los que menos información se dispone.
La gran pregunta a este respecto es por qué los nazis no llegaron nunca a usar armas como el cañón sónico o el cañón de aire. Bueno, el primero de ellos era demasiado voluminoso -uno de sus reflectores medía unos tres metros de largo- pero hay rumores, no confirmados documentalmente, de pruebas con animales en las cuales se demostró que era letal a doscientos cincuenta metros de distancia y bajo una exposición sónica de treinta segundos. Pero claro, ¿podrían estas armas, de haberse usado en masa, haber costado la derrota a los aliados? Si hubieran sido fabricadas en masa en los ya castigados subterráneos de las montañas de Turingia, o en otras localidades europeas como el lago Garda italiano, sí. Sin ningún tipo de duda. Actualmente muchos historiadores militares están de acuerdo en que la guerra habría cambiado totalmente su rumbo si hubiera durado cuatro o seis meses más.
Alguno de sus prototipos incluían diseños circulares similares a ovnis
Lo más interesante de todo es que es que el regimen alemán no administraba las partidas destinadas a ciencia de la manera en que se hacía en occidente. Su modo de incentivar la investigación y el desarrollo no era ortodoxo, y en los casos en que la misma coincidía con su deformada ideología, se derrochaba una gran cantidad de dinero y energía. Como ejemplo, el departamento de arqueología de la Ahnenerbe invirtió más dinero en expediciones e investigaciones por todo el planeta que los americanos en el desarrollo de la bomba atómica.
A todo ello, hay que sumar el hecho de que el irracional «establishment» nazi generó un caldo de cultivo creativo en el que se promocionaron ideas y conceptos de todo tipo. Algunos de ellos, sobre todo en el campo de la ingeniería, serían casi imposibles de subvencionar en cualquiera de los estados democráticos aliados, pues rayaban lo delirante y la ciencia ficción. Sin embargo, un buen puñado de esos alocados proyectos prosperaron y de hecho, más de tres millones de patentes industriales, médicas y tecnológicas alemanas fueron incautadas o robadas como botín de guerra por los aliados

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