El efecto McCollough o como programar el cerebro para no ver algo que tienes delante

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Instrucciones, consideraciones y advertencias


Por lo advertido en el prefacio, el lector queda autónomamente consciente de tres cosas: 1) que esto no es una broma, 2) que lo anterior no es un enlace sino un subrayado, 3) que no debe realizar el experimento sin pensar bien en las posibles consecuencias durante los próximos días, especialmente si es pintor de cercas, y 4) que soy muy malo en matemáticas. Existe, sin embargo, un “antídoto”, aunque no puedo garantizar su eficacia; ciertas cosas no tienen solución, como no tiene solución el misterio de quién inventó que las pirámides son misteriosas.

A diferencia de una simple afterimage, experiencia en la cual el negativo de la imagen queda grabado en la retina, en el efecto McCollough casi todo parece ocurrir en el cerebro. De hecho, según la versión de la ilusión, existe una transferencia interocular: la exposición de sólo un ojo al estímulo produce el mismo efecto en ambos ojos, más o menos del mismo modo en que se siente también con el oído derecho el ruido de una bomba atómica explotando en el izquierdo. Esto implica que el cambio ocurre en la corteza visual, no en los ojos (al menos en parte, ya que éstos se comunican entre sí mediante el cerebro y podrían sufrir algún cambio físico aún no estudiado y sobre el cual no me hago responsable).

En el efecto McCollough las neuronas se adaptan a un estímulo constante hasta que la respuesta se vuelve automática, como cuando alguien te pregunta cómo estás. Por ejemplo, si se observan durante mucho tiempo barras verticales de color verde, luego de un rato, aunque se vean barras blancas, el cerebro seguirá interpretándolas como verdes porque así aprendió que deben ser las barras verticales. Esa es la razón por la cual no distinguirías a un orangután caminando entre la gente o a una cebra con rayas horizontales, etc.

Las pruebas demostraron que el efecto McCollough óptimo se da tras unos 15 minutos de experimentación, aunque por cuestiones prácticas hice el video de sólo 5′, así que tal vez necesites verlo dos o tres veces para alcanzar la ilusión buscada. No habrá imágenes perturbadoras ni ruidos repentinos; de hecho, es uno de los videos mas aburridos que verás en tu vida: consta de sólo dos imágenes que se alternan continuamente y esta imagen final:

Imagen de prueba del efecto McCollough

Retorna a esta imagen de ajuste luego de mirar el video para ver cuánto tiempo te dura el efecto McCollough. Observa que sólo tiene blanco y negro (es una aclaración estúpida ahora, pero ya me contarás mañana cuando te sientas fuera de la moda entre tus compañeros de celda). Después del experimento deberías ver la misma imagen con extraños colores (tal vez invertidos si dejas la vista demasiado fija en un punto), y ese efecto debería durarte varias horas o incluso días.

No es necesario enfocar ningún punto en particular, sólo soportar todo el video. Tampoco es necesario ampliarlo, pero quizá quieras experimentar con diferentes tamaños y distancias. Eso es todo. Las advertencias están hechas y Cibermitanios no se hace responsable por los posibles percances, aunque acepta elogios hacia su autor y la trascendencia de la mencionada ilusión (esta).

El efecto McCollough




Felicitaciones, ahora sabes lo que se siente tener sinestesia y entre cinco y quince minutos menos de vida.

La adaptación neuronal es mucho más cotidiana, general y vital de lo que pueda parecer y no se limita a la visión: por ejemplo, al apoyar una mano sobre la mesa, inmediatamente sentimos sus cualidades de solidez, textura y temperatura a través del tacto; pero pasados unos segundos, las neuronas se acostumbran paulatinamente hasta que dejan de procesar la información enviada por la mano; el estímulo deja de ser nuevo y los recursos utilizados para procesarlo se liberan para prestar atención a otra cosa. Como probablemente sucede con tu mano sobre el mouse.

Esto, por supuesto, pasa no sólo con los sentidos, sino con todas esas famosas cosas que damos por hechas en nuestra vida cotidiana, cosas que dejamos de pensar porque siempre están ahí (o eso creemos), pero ese es otro tema

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