La Alquimia De La Guerra Perpetua, Para Una Perpetua Evolución

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La Alquimia De La Guerra Perpetua, Para Una Perpetua Evolución Grabado Sumerio, Donde Aparece Inanna (Isthar), Quizás Haciendo Apología Al Sometimiento De Un Pueblo El corazón central de esta doctrina es la afirmación de que el hombre está evolucionando gradualmente hacia una gran “apoteosis”. A lo largo de los años, la religión del hombre que … Sigue leyendo La Alquimia De La Guerra Perpetua, Para Una Perpetua Evolución

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La Alquimia De La Guerra Perpetua, Para Una Perpetua Evolución

Grabado Sumerio, Donde Aparece Inanna (Isthar), Quizás Haciendo Apología Al Sometimiento De Un Pueblo

El corazón central de esta doctrina es la afirmación de que el hombre está evolucionando gradualmente hacia una gran “apoteosis”.

A lo largo de los años, la religión del hombre que evoluciona hacia la “perfección” ha sido reciclada bajo numerosos nombres y denominaciones.

El Darwinismo no ha sido más que un tramo más en este continuo ideario “sin fisuras”; y la guerra, uno de los principales facilitadores de la supuesta “evolución” del hombre.

En su libro Evolución y Ética, Sir Arthur Keith escribió:

En palabras de Sir Arthur Keith, “Hitler buscó conscientemente llevar a la práctica, en Alemania, la teoría de la evolución”.

Y agrega acerca de Hitler, y de la teoría de la evolución: “Si la guerra, como sostengo, es la condición (necesaria) establecida por el evolucionismo, entonces éste a “enloquecido”, llegando a tal grado de ferocidad que frustra el papel que debe cumplir en la vida… No hay ninguna manera de sacarse la guerra de encima, excepto una: desembarazar al ser humano de las imposiciones que le establece la teoría de la evolución”.

Por lo tanto, Keith estableció la centralidad de la guerra con el desarrollo evolutivo. Jacques Barzun reitera elocuentemente esta afirmación:

“Darwin no inventó la imagen maquiavélica de que el mundo es el campo de juego del león y el zorro, y que esto se había transformado en una ciencia política. . . La guerra se convirtió en el símbolo, la imagen, la incitación, la razón, y el lenguaje de todos los seres humanos en el planeta. Nadie que no ha vadeado una parte considerable de la literatura del período entre 1870-1914 tiene otra concepción diferente a que se trata de una llamada larga de sangre. . .”

“Sólo en la desigualdad propia del estado civil podemos lograr civilización y cultura, a pesar de que dicha desigualdad resulte tan ingrata. Incluso la propia guerra, que representa el mayor de los males, constituye al mismo tiempo el medio para el establecimiento de la cultura y que se alcance el destino final del ser humano (Antropología Práctica, Pag. 127; traducción desde Kant, 1990, p. 78).”

En otras palabras, para Kant la “desigualdad” de la sociedad se hace necesaria para la superación y civilización de los pueblos, donde como ya decíamos los más poderosos,” las Elites” pueden emplear los medios que sean necesarios (inclusive la guerra) en la realización del “gran proyecto” de la especie humana.

“¡Agradezcamos, pues, a la Naturaleza por la insociabilidad, por la envidiosa vanidad competitiva, por el insaciable afán de posesión y poder! […] Sin eso todas las excelentes disposiciones [Naturanlagen ] de la humanidad estarían eternamente dormidas y carentes de desarrollo [unentwickelt ]. El hombre quiere concordia; pero la Naturaleza, que sabe mejor lo que es bueno para su género, quiere discordia (IaG AA 08, 021; traducción desde Kant, 2004a, p. 22).”

De hecho, el darwinismo alteró totalmente la ciencia política, ya que las preguntas de la gobernanza y la administración de los asuntos humanos asumieron un marco evolutivo, la clase dominante adquirió una participación más activa en la ingeniería de los conflictos mundiales; no sólo las guerras de “desecho” contra “poblaciones sobrantes”, satisfaciendo así los preceptos maltusianas del darwinismo, sino también promulgando más tangiblemente el marco de la dialéctica intrínseco a la teoría evolutiva.

Este marco es hegeliano, en donde el organismo (tesis) entra en conflicto con la naturaleza (antítesis), resultando en una especie mejorada (síntesis),llevándonos de a poco a una supuesta culminación del “proceso evolutivo”.

La élite, a través de la guerra perpetua, sintetiza armoniosamente de manera más rápida y tangible, la función alquímica de la guerra.

Con los años, las diversas dictaduras científicas (Capitalismo, Socialismo, Nacional Socialismo, Fascismo, Comunismo, etc.) del mundo han asumido trayectorias convergentes, al hacer la guerra unas con otras, estas dictaduras científicas sintetizan de forma simultánea y el nacimiento de nuevos regímenes autoritarios.

¿Por qué? En realidad, estas dictaduras científicas han sido poco más que variantes de un mismo sistema de sociedad totalitario, por lo tanto, los conflictos aparentes entre estos regímenes de sociedad que compiten realmente representan fases incrementales en un proceso de integración, de coalición.

La síntesis hegeliana final está destinada a ser una dictadura científica global.

Guerra es parte integral de la escritura de la evolución de la élite, lo que facilita la convergencia dialéctica de las muchas dictaduras científicas que cubren el globo.

La síntesis hegeliana de varias dictaduras científicas del mundo en un gobierno mundial estipula guerra continua, y a su vez, dicho conflicto perpetuo requiere la fabricación de los adversarios para participar en escaramuzas fraudulentas.

En resumen, la guerra es una herramienta de la alquimia, en la cual hay todo un proceso de metalurgia en donde la síntesis, la física, el ocultismo, y varios otros campos de estudio, los “alquimistas” del nuevo orden mundial se apoyan para lograr su objetivo, la transmutación del hombre mismo.

Las fuerzas oscuras, se han adueñado del mundo, ayudadas por sus cohortes de gobernantes, magistrados, prelados, generales y policías.

Y con esta operación, la derecha pasa a ser izquierda, la izquierda pasa a ser derecha, al bien se le llama mal y al mal se le llama bien. Su predominio en las ciudades se manifiesta, entre otros signos, en las innumerables avenidas, calles y plazas dedicadas a militares de carrera, es decir a asesinos profesionales, muertos todos, por supuesto, en la cama, porque no hay nada ocultista, sin un toque grotesco que es como la rúbrica del Príncipe de las tinieblas.

La guerra, mal absoluto, es fatalmente objeto de un culto siniestro. Es la misa negra celebrada a la luz del día por Mammón, y los ídolos salpicados de sangre, ante los cuales se obliga a arrodillarse a las multitudes engañadas, se llaman: Patria, Sacrificio, Heroísmo, Honor.

Hoy en día, la élite mundial del poder dirige sus esfuerzos hacia un mismo fin común, pero a través de la síntesis de las potencias mundiales en su lugar.

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