La médium que hablaba con los compositores

La médium que hablaba con los compositores

Kerry Woodward, compositor y director de orquesta británico, es el autor de la primera edición de la ópera de Viktor Ullman «El em

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Kerry Woodward, compositor y director de orquesta británico, es el autor de la primera edición de la ópera de Viktor Ullman «El emperador de la Atlántida», que presenta a partir del viernes 10 de junio el Teatro Real. Para esta edición, Woodward contó, según su propio testimonio, con una «colaboración especial»: la de su propio autor, convocado, asegura, por Rosemary Brown, una pianista y espiritista inglesa que decía estar en contacto con varios de los más grandes compositores de la historia.

Rosemary Brown, nacida el 27 de julio de 1916 en Londres, la ciudad donde también fallecería, el 16 de noviembre de 2001. Según explicó ella misma en uno de los tres libros que publicó, «Unfinished Symphonies: Voices from the Beyond», desde muy pequeña recibía la visita de seres descarnados; entre ellos se le aparecía un anciano con el pelo negro, y que llevaba un traje negro. Aquel anciano le decía que había sido compositor y que volvería cuando la niña fuese mayor para enseñarle música y hacerla famosa. Años más tarde, Rosemary Brown reconocería en un retrato de Franz Liszt al anciano que la visitaba.

Liszt, el pionero

Durante años, según su testimonio, Liszt no volvió a dar señales de vida; Rosemary Brown tomó clases de piano se casó en 1952, tuvo una hija y enviudó en 1961. Pero en 1964, Liszt recuperó el contacto con ella y, cuenta Woodward, «pronto se convirtió en el líder del grupo de una veintena de compositores bien conocidos que incluía a Chopin, Schubert, Beethoven, Bach y Brahms; éstos se le aparecían y le dictaban nuevas composiciones. Liszt había tomado el hábito con 54 años, convirtiéndose en el abad Liszt (de ahí la sotana) y, a pesar de su ocupada vida como compositor y extraordinario pianista, siempre defendió las obras de otros compositores. La tarea de Rosemary, le dijo Liszt después, sería la de tomar nota de nuevas composiciones, estilísticamente reconocibles como obras de estos compositores para probar al mundo escéptico que hay vida –y trabajo– después de la muerte».

Entre las composiciones escritas por Rosemary Brown se encuentran una sonata de cuarenta páginas y doce lieder «dictados» por Schubert, una fantasía-impromptu en tres movimientos que ella atribuyó a Chopin, y dos sinfonías que le dictó el mismo Beethoven. Además de los citados, la nómina de músicos que visitaron a la médium incluía a Rachmaninoff, Grieg, Debussy, Schumann y Mozart.

Métodos de dictado

Rosemary Brown contaba que cada compositor tenía su propia forma de dictarle su música. Liszt controlaba sus manos durante unos pocos compases y ella después transcribía las notas; Chopin le decía las notas y empujaba sus manos hacia las teclas correctas; Schubert intentaba cantar las melodías de sus composiciones y Bach simplemente dictaba las notas. Ella les pedía siempre que hablaran en inglés.

Woodward conoció a Rosemary Brown poco después del estreno en Amsterdam, en 1975, de «El emperador de la Atlántida». Quedaron para hablar de esta ópera y, relata el director de orquesta, «sucedió algo totalmente inesperado. Rosemary lo describe de la siguiente manera: “Mientras Kerry y yo hablábamos me di cuenta que de pie, en una esquina de la habitación, con Liszt junto a él, estaba el espíritu de un hombre. Describí este espíritu a Kerry –tenía el pelo muy corto y los ojos hundidos– y pregunté el nombre al espíritu. Respondió que era Viktor Ullmann. Me pareció que era un nombre que sonaba alemán, pero Liszt intervino para anunciar que mi visitante era ‘de ascendencia eslava’. Viktor hablaba alemán, idioma con el que por entonces yo no estaba familiarizada, por lo que Liszt actuó como traductor. Viktor comenzó a hablar de una ópera que había escrito en un campo de concentración, Terezín, en Checoslovaquia… Viktor dijo que algunos de los guardias habían sido amables con él y le habían pasado trozos de papel de contrabando para que escribiera su ópera… El mismo día que me visitó por primera vez, Kerry tenía la copia original –y única– en su maletín, algo que yo desconocía»».

«Viktor -seguía el relato de Rosemary Brown- comenzó a hablar con gran detalle acerca de la partitura, nombrando las páginas y compases exactos, y citando lo que estaba escrito en cada caso. Pidió que se añadieran una serie de modificaciones y adiciones a la partitura. Kerry anotó lo dicho por Viktor e hizo alteraciones donde se le indicó. ¡Todo esto se hizo sin que yo hubiese siquiera visto la partitura! Viktor agradeció a Kerry su interés por la ópera y todo lo que había hecho para tratar de sacarla adelante. Luego le pidió que fuese a la página 11. Se trataba de un recitativo con acompañamiento de clavecín. Viktor quería que fuese adaptada para flauta, violín y chelo. Luego le pidió a Kerry hacer una sección en la página 21 igual que la de la página 11. A continuación Viktor dijo, «ve a la página 46, a la parte de viola». Aquí el ritmo marcaba una corchea seguida de una semicorchea. Quería que se invirtiesen. Kerry ya había sentido que lo originalmente escrito era incorrecto, y que la corrección sonaba mejor».

Nuevos encuentros

No fue el único «encuentro» entre Ullmann y la médium, que trasladó a Kerry Woodward los deseos del compositor respecto a su partitura; las «charlas» no se limitaron al trabajo, sino que, según el testimonio de Rosemary Brown, en ellas le contó detalles de su estancia en Auschwitz y también de su muerte: «Viktor también relató cómo murió, junto con muchos otros, en un cobertizo sin ventanas, sellado desde el exterior, en el que se infiltró gas venenoso a través de una entrada en el techo (…) En medio de la terrible oscuridad, las víctimas se dieron cuenta gradualmente de que estaban siendo exterminadas. En primer lugar, dijo Viktor, un extraño y violento escalofrío se apoderó de ellos; luego, comenzaron a temblar y toser y ahogarse… Podrían habernos disparado. Hubiera sido más rápido, pero tal vez no querían todo ese lío».

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