Ellen Austin, la goleta fantasma



Son muchas las historias extrañas que rodean a los barcos y sus travesías desde la noche de los tiempos, pero el destino final de la goleta Ellen Austin es una de las más inquietantes y a su vez menos conocidas. A finales del siglo XIX, se encontró en alta mar con otra embarcación cuya tripulación había desaparecido. Fue el comienzo de una tragedia marcada por lo insólito…

Las jarcias crujen, el bauprés sube y baja con cadencia melancólica mientras gotitas de agua se adhieren aquí y allá. Los nudos se estremecen, las maderas rechinan como si fueran mandíbulas preocupadas. Las dos goletas navegan. Una junto a la otra, de tal forma que las tripulaciones se ven en todo momento, casi pueden tocarse, podrían hablar entre ellas. Pero no lo hacen. Sus ojos están aterrorizados, sus rostros tensos. Labios de cera, bien prietos. Sudor salado en mitad del océano. La niebla empieza a caer y comienza a difuminarse el nombre de una de las goletas. Ellen Austin, pone. La otra, aparentemente más antigua, no tiene identificación alguna. Los marineros se santiguan. 

Algo está a punto de pasar.

ELLEN AUSTIN
El 20 de diciembre de 1880 una goleta de tres mástiles que lleva por nombre Ellen Austinparte desde Londres en dirección a Nueva York. Era un gran barco, con 210 pies de largo y casi dos toneladas de peso, capaz de transportar en cada travesía entre Europa y América una carga que podía estimarse en más de dos millones y medio de libras, principalmente en algodón y telas inglesas, aunque no era infrecuente que aprovechase para transportar a algunos pasajeros. Una más, con todo, de las embarcaciones que en aquellos años surcaban el Atlántico de Gran Bretaña a la costa oriental de los Estados Unidos en una ruta comercial extremadamente intensa, un viaje que podía durar unos tres meses. Pero aquel iba a ser especial. El último para la Ellen Austin.

Al frente de la goleta estaba el capitán Baker, que había llegado al mando de la embarcación después de que la misma fuera objeto de varios episodios polémicos que no habían dejado en demasiado buen lugar a sus anteriores encargados. Así que la Ellen Austinera, por así decirlo, una figura popular, aunque no por su imagen favorable precisamente. Algunas semanas después de salir de Londres, en una zona situada ligeramente al norte del Mar de los Sargazos, la Ellen Austinvisualiza otra goleta, también de tres mástiles, que sigue un curso errático. Resulta imposible identificar al barco, porque el nombre parece haber sido arrancado del casco. Baker decide variar su rumbo para acercarse e intenta hacer señales para comunicarse. Nada, pasan hasta dos días sin respuesta. Aquella misteriosa embarcación parece estar abandonada en mitad del océano. Así que Baker no se lo piensa, y decide abordarla.

Pese a los gritos de los marineros de la Ellen Austin, nadie responde desde la goleta misteriosa. Aún más extraño, el barco parece en perfecto estado, con todo su mobiliario en orden y la carga –madera fina, sobre todo caoba y cedro– intacta. No existían vías de agua ni desperfecto alguno en el casco, únicamente la placa del nombre había sido arrancada. Eso sí, no se hallaron enseres personales ni instrumentos de navegación, y el aspecto que daba el conjunto era de abandono desde hacía bastante tiempo.

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Las jarcias crujen, el bauprés sube y baja con cadencia melancólica mientras gotitas de agua se adhieren aquí y allá. Los nudos se estremecen, las maderas rechinan como si fueran mandíbulas preocupadas. Las dos goletas navegan. Una junto a la otra, de tal forma que las tripulaciones se ven en todo momento, casi pueden tocarse, podrían hablar entre ellas. Pero no lo hacen. Sus ojos están aterrorizados, sus rostros tensos. Labios de cera, bien prietos. Sudor salado en mitad del océano. La niebla empieza a caer y comienza a difuminarse el nombre de una de las goletas. Ellen Austin, pone. La otra, aparentemente más antigua, no tiene identificación alguna. Los marineros se santiguan. 

Algo está a punto de pasar.

ELLEN AUSTIN
El 20 de diciembre de 1880 una goleta de tres mástiles que lleva por nombre Ellen Austinparte desde Londres en dirección a Nueva York. Era un gran barco, con 210 pies de largo y casi dos toneladas de peso, capaz de transportar en cada travesía entre Europa y América una carga que podía estimarse en más de dos millones y medio de libras, principalmente en algodón y telas inglesas, aunque no era infrecuente que aprovechase para transportar a algunos pasajeros. Una más, con todo, de las embarcaciones que en aquellos años surcaban el Atlántico de Gran Bretaña a la costa oriental de los Estados Unidos en una ruta comercial extremadamente intensa, un viaje que podía durar unos tres meses. Pero aquel iba a ser especial. El último para la Ellen Austin.

Al frente de la goleta estaba el capitán Baker, que había llegado al mando de la embarcación después de que la misma fuera objeto de varios episodios polémicos que no habían dejado en demasiado buen lugar a sus anteriores encargados. Así que la Ellen Austinera, por así decirlo, una figura popular, aunque no por su imagen favorable precisamente. Algunas semanas después de salir de Londres, en una zona situada ligeramente al norte del Mar de los Sargazos, la Ellen Austinvisualiza otra goleta, también de tres mástiles, que sigue un curso errático. Resulta imposible identificar al barco, porque el nombre parece haber sido arrancado del casco. Baker decide variar su rumbo para acercarse e intenta hacer señales para comunicarse. Nada, pasan hasta dos días sin respuesta. Aquella misteriosa embarcación parece estar abandonada en mitad del océano. Así que Baker no se lo piensa, y decide abordarla.

Pese a los gritos de los marineros de la Ellen Austin, nadie responde desde la goleta misteriosa. Aún más extraño, el barco parece en perfecto estado, con todo su mobiliario en orden y la carga –madera fina, sobre todo caoba y cedro– intacta. No existían vías de agua ni desperfecto alguno en el casco, únicamente la placa del nombre había sido arrancada. Eso sí, no se hallaron enseres personales ni instrumentos de navegación, y el aspecto que daba el conjunto era de abandono desde hacía bastante tiempo.

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