JACK EL DESTRIPADOR (Los Sospechosos I: La Teoria Real)

JACK EL DESTRIPADOR (Los Sospechosos I: La Teoria Real)

JACK EL DESTRIPADOR (Los Sospechosos I: La Teoria Real) El número de sospechosos de haber sido Jack el Destripador es inacabable. A

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JACK EL DESTRIPADOR (Los Sospechosos I: La Teoria Real)
El número de sospechosos de haber sido Jack el Destripador es inacabable. A día de hoy hay casi una treintena de posibles candidatos, cada uno con su teoría propia, defendido o denostado por diferentes estudiosos del tema. Los hay para todos los gustos: desde los que señalan que el Destripador era ni más ni menos que Lewis Carroll, el célebre autor de “Alicia en el País de las Maravillas”, hasta quienes aseguran que el asesino era en realidad una mujer (apodada “Jill la Destripadora”), teoría que fue expuesta nada menos que por el propio inspector Frederick Abberline, el responsable de las investigaciones en la época.
Sin embargo, hay tres sospechosos que destacan sobre el resto, bien por popularidad o por acercarse peligrosamente al perfil del asesino: la tríada formada por el doctor William Gull, el cochero John Netley y el pintor Walter Sickert (o los asesinos de la Teoría Real), James Maybrick y M.J.Druitt. En ellos vamos a centrar nuestra atención.

LA TEORÍA REAL
De las innumerables teorías que han pasado por las cabezas de aquellos que intentan averiguar quién fue Jack, sin duda las más fascinantes son las que envuelven a la mismísima Familia Real Británica. 
Tienen de todo: nobles pervertidos, amores imposibles, conspiraciones… y masones, claro, que no podían faltar. De las dos vertientes conocidas veremos la que envuelve a sir William Gull, médico personal de la reina Victoria, y a varios altos cargos del gobierno, en una de las teorías conspiratorias mejor pergreñadas y más alucinantes de la Historia. 
Y no es una teoría moderna, precisamente; de hecho, nació en la misma época de los crímenes, pero claro, Afganistán no es un lugar muy agradable para que te deporten sólo por sacar el tema (como dijo Carlos Canales en uno de los monográficos de “La Rosa de los Vientos” dedicado a Jack; frase certera donde las haya…), así que se quedó en un rumor durmiente durante décadas.
El frasco de las esencias conspiranoicas lo destapó, en 1976, el periodista británico Stephen Knight con su libro “Jack the Ripper: The Final Solution”. En él se planteaba lo que se ha dado en llamar “la Teoría Real” (que tiene otra vertiente, también muy de la época pero infinitamente menos interesante, en la que el Duque de Clarence es el asesino en persona), que es tan puñeteramente enrevesada que hay que ir muy despacio para no perderse.
La teoría planteada por Knight es la siguiente: el príncipe Eddy, es decir, Albert Victor Christian Edward, duque de Clarence, nieto de la reina Victoria y segundo en la línea sucesoria al trono del Imperio Británico, tomaba lecciones de pintura con el prestigioso pintor impresionista Walter Sickert. Éste le habría presentado a una dependienta y modelo ocasional llamada Annie Crook, y el príncipe se habría enamorado de ella, iniciando una relación que daría como fruto una niña llamada Alice. Por supuesto, esto habría llegado a oídos de la muy pacata reina Victoria, quien puso el grito en el cielo: ¡la heredera al trono del Imperio era hija de una plebeya, y además (horror de los horrores) católica!
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Príncipe Albert Victor Christian Edward          El doctor William Gull

Decidida a deshacerse de tan incómoda molestia (y porque ya se habría empezado a negociar el compromiso de Eddy con la princesa Mary de Teck), la reina encargó al primer ministro de la época, Lord Salisbury, que arreglara el entuerto. Éste solicitó al médico real, sir William Gull, que declarara mentalmente incapacitada a la esposa del príncipe (puesto que éste se habría casado con Annie al saberla embarazada), y la joven fue internada en el siniestro manicomio de Bedlam (un detalle muy del gusto gótico victoriano). La pequeña Alice fue enviada a vivir a Francia con su niñera, una amiga de Annie llamada Mary Jane Kelly.
Un par de años después, Mary Kelly habría reaparecido en escena, empobrecida y abocada a la prostitución, y, junto a tres compañeras más, también prostitutas, habría decidido chantajear a la Corona, amenazándoles con sacar a la luz el escándalo de Alice si no les pagaban una fuerte suma de dinero. Obviamente, la Corona dijo que no, y en cambio decidieron urdir un plan que eliminara de raíz el problema. 
Pues ahí empieza la “Operación Jack el Destripador”: según Knight, se habría encargado al Dr.Gull (masón) que eliminara a las prostitutas, mutilándolas para que pareciera la obra de un sádico. El escritor sostiene que habrían tres personas implicadas en los asesinatos: el propio Dr.Gull (que las mataba y realizaba las mutilaciones), su cochero, John Netley (que trasladaba a Gull de un lugar a otro en busca de las víctimas), y el mismísimo Walter Sickert, cómplice primero, y traidor después, de su amigo el Duque de Clarence (quien, siendo buen conocedor del East End, sería quien las atraía a la trampa).

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John Netley                                                         Walter Sickert

La teoría de Knight, sin embargo, tiene una serie de fallos por exceso que la hacen caer sin remisión. Primera: aunque nunca se pudo probar fehacientemente, el Duque de Clarence era con casi toda probabilidad homosexual, viéndose envuelto, apenas un año después de los crímenes del Destripador, en el “escándalo de Cleveland Street”, en el que varios hombres pertenecientes a la alta nobleza británica fueron descubiertos utilizando los servicios de un burdel homosexual de lujo en Cleveland Street, en el exclusivo barrio de Fitzrovia; entre ellos estaba el príncipe Albert Víctor, lo que supuso un tremendo esfuerzo por parte de la Corona para mantener al príncipe alejado del escándalo. 
Aunque nunca han habido pruebas definitivas de ello, la mayoría de los biógrafos del Duque de Clarence coinciden en afirmar que éste era “posiblemente bisexual, más probablemente homosexual”. Difícil, pues, que se enamorara de una mujer y montase semejante cacao al tener hijos con ella.
Pero vamos a ser benévolos con Eddy. Vamos a suponer que Annie Crook fue lo bastante hábil como para seducir al príncipe y tener una hija con él. El “sádico” doctor Gull tenía en 1888 la friolera de 72 años de edad, y estaba muy enfermo (de hecho, estaba retirado de la profesión activa desde hacía un año, y moriría menos de año y medio después de los crímenes del Destripador), así que difícilmente se pudo pasar las gélidas noches del otoño londinense paseando por las calles en busca de cuatro prostitutas a las que exterminar. Lo que nos lleva al segundo error de bulto: la teoría de Knight justifica las muertes de Nichols, Chapman, Eddowes y Kelly. Pero ¿qué pasa con Elizabeth Stride? Si hemos de creer lo que Knight nos cuenta, Liz habría sido un lamentable error, una confusión que habría llevado a la muerte a una persona inocente que nada tenía que ver con el complot. Vamos que, para ser una superconspiración imperial/masónica, hubiera sido bastante chapucera.
Y nos vamos al agujero más absurdo e incomprensible de cuantos tiene la teoría: si las cartas enviadas por el Destripador son auténticas (y, al menos en el caso de la carta “Desde el infierno”, hay serias posibilidades de que así sea), ¿qué sentido tiene? Si lo que querían desde las altas esferas era ocultar discretamente el desliz del príncipe, ¿por qué presumir de sus actos ante la prensa y el público? Sinceramente, no parece algo muy inteligente por parte de los malvados masones de las conspiraciones.
Es por todo ello que la Teoría Real, a pesar de su innegable atractivo (a todos nos gusta pensar que la nobleza son todos un hatajo de malnacidos capaces de cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder, y el que diga lo contrario miente), ha de ser descartada sin miramientos. Y de verdad que me sabe mal, porque, como dijo una vez Donald Rumbelow (que es la persona viva que más sabe sobre el Destripador, sin lugar a dudas): “Es tan buena que es una lástima que sea mentira”.

La Teoría Real en la ficción
Obviamente, la Teoría Real es la que más ficción ha generado, dado que es la que más potencial dramático tiene. De las muchas historias que se han trazado a su alrededor hay que destacar dos: una película y una novela gráfica.
La película, “Asesinato por decreto”, fue rodada apenas tres años después de la publicación del libro de Knight. Para justificar el descubrimiento del complot, el director, Bob Clark, se saca de la manga al mismísimo Sherlock Holmes (brillantemente interpretado por Christopher Plummer), quien, contactado por los asustados habitantes de Whitechapel, acaba descubriendo la conspiración, y la vergüenza de la Familia Real, pero es obligado a guardar silencio. Es una película francamente entretenida, con un dúo protagonista simplemente extraordinario (junto a Plummer brilla un excelente James Mason dando vida a un siempre irónico Watson. Antológica es su afirmación, frente a un perplejo Holmes, de que éste es “el príncipe de los detectives”“¿Y quién es el rey?”, pregunta Holmes; “Lestrade”, afirma Watson, jocoso y con muy mala idea -Lestrade es el rival directo de Holmes-), aunque acusa el paso de los años y parece más antigua que, por ejemplo, “El Exorcista”, que es de seis años antes. Aun así, resulta simpática y bastante ilustrativa de las teorías de Knight.

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Poster original de «Asesinato por decreto»
La obra maestra absoluta sobre la Teoría Real es, sin embargo, una novela gráfica. Obra magna del cómic, perfecto ejemplo del genio creativo de su autor, “From Hell”, pues a ella me refiero, es una de las innumerables obras maestras paridas por el grandioso Alan Moore, esta vez en colaboración con el dibujante Eddie Campbell. Se trata de una obra de un detallismo puntilloso, con imágenes extremadamente recargadas y barrocas, que consigue hacernos visualizar, con precisión maníaca, la época victoriana, tanto en sus ambientes más decadentemente opulentos, como en los más horriblemente miserables y brutales.
Como la gran mayoría de las creaciones de Moore, “From Hell” es una obra sencillamente apabullante, que requiere del lector un esfuerzo sensorial y comprensivo mucho más elevado de lo habitual en las obras de evasión, demostrando unos conocimientos psicológicos, visuales e históricos francamente impresionantes, y probando, como después volvería a hacer con “The League of Extraordinary Gentlemen”, el aprecio de Moore (que, a fin de cuentas, es inglés) por la época victoriana.

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Portada de «From Hell», de Alan Moore y Eddie Campbell
Punto y aparte es la adaptación del cómic que dirigieron los hermanos Hughes en 2001, con Johnny Depp como protagonista. Independientemente del hecho de que siempre es interesante ver en pantalla al protagonista de“Enemigos Públicos”, la película es bastante mala, incapaz de plasmar las complejidades del original (mal endémico en las adaptaciones de las obras de Alan Moore al cine). Aunque lo peor son, sin duda alguna, la horrible Heather Graham (¿alguien se cree que las prostitutas del Londres victoriano tenían esa pinta? ¿Y por qué sigue haciendo películas esta señorita, con un rango de expresiones más limitado que el de Keanu Reeves con sobredosis de botox, y cuyo único mérito conocido es haber pasado por las camas de medio Hollywood, de James Woods al difunto Heath Ledger?), y un no menos horrible Ian Holm, cuyos niveles de desquiciamiento y sobreactuación van subiendo conforme avanza la película. Decididamente, Alan Moore ha tenido una suerte pésima con las adaptaciones que le han hecho al cine (siendo la mejor, con mucho, la irregular “V de Vendetta”); no me extraña que se cabreara y decidiera retirar su nombre de los créditos de “Watchmen”. Al gato ya lo han escaldado demasiadas veces.

Fuente: http://mundooculto.es/1lCY3YC

from otra realidad http://mundooculto.es/1lCY3YF

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