Las 5 leyendas aztecas más increíbles


El pueblo azteca ha sido un pueblo increíble que sigue cautivando a muchas personas. Las leyendas siempre han sido una de las principales fuentes de las que poder aprender su cultura. Aquí están las 5 leyendas aztecas más increíbles:

LA LEYENDA DE HUITZILOPOCHTLI Y LA CREACIÓN

Cuenta la leyenda que Huitzilopochtli nació revestido con ropaje de guerra.: un escudo, sus dardos y su lanzadardos de color azul. Sobre su cabeza llevaba un plumaje con orejeras. En su pié izquierdo tenía una sandalia adornada también con plumas. Sus muslos y sus brazos estaban pintados de color azul.

Este raro acontecimiento ocurrió, debido a que la madre de Huitzilopochtli, La diosa Coatlicue, que había tenido ya una hija llamada Coyolxauhqui y a otros cuatrocientos hijos que se convirtieron en estrellas, llamados surianos, volvió a quedar embarazada cuando la tocó una bola de plumas que cayó desde el cielo.

Coyolxauhqui y sus cuatrocientos hermanos consideraron este hecho como un agravio y decidieron entre todos matar a su propia madre.

Cuando la diosa Coatlicue se enteró de los macabros planes de sus hijos se sintió muy triste y vivía presa del miedo, esperando su muerte a cada instante, pero Huitzilopochtli, la tranquilizó hablándole desde su vientre y ella se calmó.

Los surianos se prepararon para matar a su madre como si fueran a una guerra, pero uno de ellos, llamado Quauitlicac, sintió pena por su querida madre y le contó al bebé por nacer, Huitzilopochtli, la traición que estaban preparando sus hermanos.

Cuando tenían todo preparado para aniquilar a su madre, nació Huitzipochtli, revestido para guerrear. Ahí mismo, hirió gravemente a su hermana Coatlicue, luego le cortó la cabeza y la arrojó hasta el cielo, transformándose en la luna. más tarde persiguió a los surianos y a los que no lograron escapar, los mató y los convirtió en estrellas.

Huitzipochtli, les quitó las armas y las vestiduras y se las puso él encima, más tarde se convirtieron en sus distintivos.

 

EL HIJO DE MAGUEY

Cuenta una vieja historia que una linda doncella llamada Xóchitl, llevó de regalo al rey Tecpancaltzin una jícara de miel prieta de maguey. El monarca se enamoró de la doncella y, con engaños, se quedó con ella en su palacio. De aquella unión nació un hijo: Meconetzin, es decir “Hijo del maguey”.

El niño creció y todos se quedaron resentidos y recelosos ante su extraño aspecto porque tenía el pelo chino y se le levantaba en la cabeza en forma de tiara. Además, los toltecas recordaban la profecía de Huemán, un sabio sacerdote que vivió 300 años y predijo: “La monarquía tolteca tendrá un fin, y llegará cuando suba al trono un rey de pelo crespo en forma de tiara y cuando la naturaleza aborte monstruos, como conejos con cuernos de venado y colibríes con espolones de gallo”.

¡Tenían razón los toltecas para estar preocupados!

Los años pasaron, el niño se convirtió en rey y adoptó el nombre de Topiltzin. Comenzó a reinar con cordura y se ganó el amor de sus vasallos, pero repentinamente se volvió orgulloso, insoportable y tirano.

Un día, el rey paseaba por sus jardines cuando sus monteros mataron un extraño animal: un conejo con cuernos de venado.

La noticia se regó por la ciudad y todos se asustaron porque recordaron la profecía. Poco tiempo después hubo lluvias, huracanes, inundaciones, plagas de sapos, sequías, heladas.

El temor aumentaba, la población moría por tantas desgracias y para colmo los reyes de Xalisco invadieron el territorio tolteca. En la batalla murieron el viejo Tecpancaltzin y Xóchitl, quienes combatían en primera fila; Topiltzin, el hijo del maguey no supo morir con gloria y huyó escondiéndose en una cueva de donde no volvió jamás.

Así se cumplió la profecía y el imperio tolteca se extinguió.

 

TZUTZUMA EL ENCANTADOR

Los primeros reyes mexicanos introdujeron el agua de Chapultepec a la ciudad de México por medio de un conducto que iba sobre el lago, pero la población creció y el agua fue insuficiente. Cerca de Churubusco, en Acuecuexco, brotaba un manantial de agua abundante y buena, el emperador Ahuítzotl tuvo el presentimiento de aprovecharla y le rogó al señor de Coyoacán que le diera permiso para hacer una toma en la fuente.

Aquel señor se llamaba Tzutzuma, era tributario de Tenochtitlán, accedió a dar agua, pero explicó que esa agua se podría enfurecer, derramar y esto inundaría Tenochtitlán.

Esta respuesta enojó a Tzutzuma pues no consentía que nadie le hiciera observaciones.

-¡Vayan a Coyoacán y arranquen la vida a ese insolente que se atreve a hacerme advertencias en lugar de obedecer! exclamó en un acceso de cólera.

Esta orden iba dirigida a tres de sus mejores servidores quienes se apresuraron a cumplirla.

Cuando Tzutzuma supo que lo buscaban unos soldados supo que estaba perdido, pero le dijo a su criado que le dijera a los tres jefes que podían pasar a verlo. Cuando los tres jefes entraron se encontraron con un águila colosal que estaba posada en el respaldo del sillón, salieron muy enojados, pero el criado aseguró que su señor estaba en la sala. Volvieron a entrar y se encontraron con un tigre corpulento que mostraba sus grandes colmillos.

Los capitanes retrocedieron espantados y salieron corriendo, pálidos de susto. Al llegar a México le dijeron al rey -¡Señor! el cacique de Coyoacán se ha vuelto águila y después tigre.

Ahuítzol se maravilló con el relato y ordenó que el doble de soldados fuera a cumplir con la sentencia.

Al llegar con Tzutzuma se encontraron con una serpiente.

-¡Matenla! -ordenaron los jefes a sus soldados.

Pero antes de que pudieran cumplir la orden, la serpiente saltó sobre ellos, arrojando por las fauces abiertas llamaradas de lumbre. Los soldados temblaron y huyeron aterrorizados.

Ahuítzotl mandó un pregonero a Coyoacán a que diera el siguiente mensaje:

“¡Habitantes de Coyoacán! el poderoso emperador Ahuítzotl, manda decir que apresen a su señor Tzutzuma y lo entreguen sin dilación. Y les advierte que, en caso de desobediencia, se les tendrá por rebeldes y arrasará sus ciudades pasando por el cuchillo a todos los habitantes.”

Todos quedaron aterrados, Tzutzuma, como buen señor de su pueblo, se presentó voluntariamente a los mexicanos y les dijo:

-Aquí estoy, me pongo en sus manos, pero no olviden decir a su señor que si introduce en México el agua de Acuecuexco, yo le profetizo que antes de muchos días la ciudad será anegada y destruida.

Los soldados mataron a Tzutzuma ahogándolo, y su profecía se cumplió al pie de la letra. A los cuarenta días de introducida el agua a México, se inundó la ciudad y el emperador se vio en la necesidad de romper las cañerías del acueducto.

 

EL SOL Y LA LUNA

El primer Sol, el Sol del Tigre, nació en 955 a.c. Pero al final de un largo período de 676 años, el Sol y los hombres fueron devorados por los tigres.

El segundo Sol era el del viento. Él fue llevado por el viento y todos los que vivían sobre la tierra, y quienes se colgaban de los árboles para resistir a la tempestad se transformaron en monos.

Vino a continuación el tercer Sol, el sol de la Lluvia. Una lluvia de fuego se abatió sobre la tierra, y los hombres se transformaron en pavos.

El cuarto Sol, el sol de Agua, fue destruido por las inundaciones. Todos los que vivían en esta época se transformaron en peces.

El agua recubrió todo durante 52 años.

Pensativos, los dioses se reunieron en Teotihuacan:
- Quién se va a encargar ahora de traer la aurora sobre la tierra?
El Señor de los Caracoles, célebre por su fuerza y su belleza, hizo un paso adelante:
- Yo seré el sol, dijo él.
- Alguien más?
Silencio.
Todos miraron al Pequeño Dios Sifilítico, el más feo y desafortunado de los dioses, y decidieron:
- Tú.

El Señor de los Caracoles y el Pequeño Dios Sifilítico se retiraron a las montañas, que hoy son las pirámides del Sol y de la Luna. Allá, en ayunas, meditaron.
Luego los dioses formaron un inmensa hoguera, contemplaron el fuego y los llamaron.

El Pequeño Dios Sifilítico tomó impulso y se tiró a las llamas. Resurgió enseguida después y se elevó, incandescente, en el cielo.

El Señor de los Caracoles miró la hoguera ardiente, el seño fruncido. Avanzó, retrocedió, se detuvo, dio varias vueltas. Como no se decidía, exasperados, los dioses lo empujaron. Pero antes de que se elevara en el cielo, los dioses, furiosos, lo abofetearon y le pegaron en la cara con un conejo, tanto que le retiraron su resplandor.
Fue así que el arrogante Señor de los Caracoles se volvió la Luna. Las manchas de la Luna son las cicatrices de su castigo.

Pero el Sol resplandeciente no se movía.
El gavilán de obsidiana voló hacia el Pequeño Dios Sifilítico y le preguntó:
- Por qué no te mueves?
Y respondió, él, el menospreciado, el purulento, el jorobado, el cojo:
- Porque yo quiero la sangre y el reino.

Este quinto Sol, el Sol del Movimiento, iluminó a los toltecas e iluminó a los aztecas. Tenía garras y se alimentaba de corazones humanos.

 

LOS HIUCHOLES Y EL MAIZ

Hace mucho tiempo, no se conocía el fuego, y los hombres debían comer sus alimentos crudos. Los huicholes estaban cansados de comer cosas que no les gustaban.
Querían alguna cosa que pudieran comer todos los días, pero de maneras diferentes.

Un joven huichol oyó hablar del maíz y de sus famosos mets, unas tortillas, los chilaquiles y la sopa de tortilla que se preparaba con este cereal.
Pero el maíz se encontraba muy lejos, al otro costado de la montaña. Eso no lo desalentó y se puso en marcha.

Al cabo de poco tiempo vio una hilera de hormigas y como él sabía que ciertas de ellas eran las guardianas del maíz, las siguió.

Pero cuando el joven se durmió, las hormigas, sin ningún problema, se devoraron todas sus vestimentas, dejándolo sólo con su arco y sus flechas.
Sin ropas y hambriento el huichol se puso a lamentar. Fue entonces que un pájaro se posó sobre un árbol próximo. El joven apuntó su arco sobre él, pero el pájaro le regañó y le dijo que ella era la Madre del maíz. Lo invitó a seguirla hasta la Casa del Maíz donde ella lo autorizaría a tomar todo lo que él buscaba.

En la Casa de Maíz se encontraban cinco bellas doncellas, las hijas de la Madre del Maíz: Mazorca Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla, Mazorca Roja y Mazorca Negra.

Mazorca Azul lo encantó con su belleza y su dulzura. Se casaron y volvieron a la villa Huichol. Como él no tenía aún casa, durmieron un tiempo en un lugar dedicado a los dioses. Después, como por encantamiento, la casa de los recién casados se llenaba cada día de espigas que la decoraban como flores. Las gentes venían de todas partes porque Mazorca Azul les ofrecía espigas a manos llenas.

La bella esposa enseñó a su marido a sembrar el maíz y a cuidar los cultivos. Enterándose qué delicias ofrecía este nuevo alimento, los animales intentaron robarle. Mazorca Azul enseñó a las gentes a colocar fuego alrededor de los cultivos para espantar a las bestias en busca de espigas tiernas.

Los Ancianos cuentan que Mazorca Azul, después de haber enseñado todo lo que ella sabía, se molió ella misma y es de esta forma que los hombres conocieron el excelente atole, una bebida caliente que se prepara con granos de maíz.

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LA LEYENDA DE HUITZILOPOCHTLI Y LA CREACIÓN

Cuenta la leyenda que Huitzilopochtli nació revestido con ropaje de guerra.: un escudo, sus dardos y su lanzadardos de color azul. Sobre su cabeza llevaba un plumaje con orejeras. En su pié izquierdo tenía una sandalia adornada también con plumas. Sus muslos y sus brazos estaban pintados de color azul.

Este raro acontecimiento ocurrió, debido a que la madre de Huitzilopochtli, La diosa Coatlicue, que había tenido ya una hija llamada Coyolxauhqui y a otros cuatrocientos hijos que se convirtieron en estrellas, llamados surianos, volvió a quedar embarazada cuando la tocó una bola de plumas que cayó desde el cielo.

Coyolxauhqui y sus cuatrocientos hermanos consideraron este hecho como un agravio y decidieron entre todos matar a su propia madre.

Cuando la diosa Coatlicue se enteró de los macabros planes de sus hijos se sintió muy triste y vivía presa del miedo, esperando su muerte a cada instante, pero Huitzilopochtli, la tranquilizó hablándole desde su vientre y ella se calmó.

Los surianos se prepararon para matar a su madre como si fueran a una guerra, pero uno de ellos, llamado Quauitlicac, sintió pena por su querida madre y le contó al bebé por nacer, Huitzilopochtli, la traición que estaban preparando sus hermanos.

Cuando tenían todo preparado para aniquilar a su madre, nació Huitzipochtli, revestido para guerrear. Ahí mismo, hirió gravemente a su hermana Coatlicue, luego le cortó la cabeza y la arrojó hasta el cielo, transformándose en la luna. más tarde persiguió a los surianos y a los que no lograron escapar, los mató y los convirtió en estrellas.

Huitzipochtli, les quitó las armas y las vestiduras y se las puso él encima, más tarde se convirtieron en sus distintivos.

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EL HIJO DE MAGUEY

Cuenta una vieja historia que una linda doncella llamada Xóchitl, llevó de regalo al rey Tecpancaltzin una jícara de miel prieta de maguey. El monarca se enamoró de la doncella y, con engaños, se quedó con ella en su palacio. De aquella unión nació un hijo: Meconetzin, es decir “Hijo del maguey”.

El niño creció y todos se quedaron resentidos y recelosos ante su extraño aspecto porque tenía el pelo chino y se le levantaba en la cabeza en forma de tiara. Además, los toltecas recordaban la profecía de Huemán, un sabio sacerdote que vivió 300 años y predijo: “La monarquía tolteca tendrá un fin, y llegará cuando suba al trono un rey de pelo crespo en forma de tiara y cuando la naturaleza aborte monstruos, como conejos con cuernos de venado y colibríes con espolones de gallo”.

¡Tenían razón los toltecas para estar preocupados!

Los años pasaron, el niño se convirtió en rey y adoptó el nombre de Topiltzin. Comenzó a reinar con cordura y se ganó el amor de sus vasallos, pero repentinamente se volvió orgulloso, insoportable y tirano.

Un día, el rey paseaba por sus jardines cuando sus monteros mataron un extraño animal: un conejo con cuernos de venado.

La noticia se regó por la ciudad y todos se asustaron porque recordaron la profecía. Poco tiempo después hubo lluvias, huracanes, inundaciones, plagas de sapos, sequías, heladas.

El temor aumentaba, la población moría por tantas desgracias y para colmo los reyes de Xalisco invadieron el territorio tolteca. En la batalla murieron el viejo Tecpancaltzin y Xóchitl, quienes combatían en primera fila; Topiltzin, el hijo del maguey no supo morir con gloria y huyó escondiéndose en una cueva de donde no volvió jamás.

Así se cumplió la profecía y el imperio tolteca se extinguió.

 

TZUTZUMA EL ENCANTADOR

Los primeros reyes mexicanos introdujeron el agua de Chapultepec a la ciudad de México por medio de un conducto que iba sobre el lago, pero la población creció y el agua fue insuficiente. Cerca de Churubusco, en Acuecuexco, brotaba un manantial de agua abundante y buena, el emperador Ahuítzotl tuvo el presentimiento de aprovecharla y le rogó al señor de Coyoacán que le diera permiso para hacer una toma en la fuente.

Aquel señor se llamaba Tzutzuma, era tributario de Tenochtitlán, accedió a dar agua, pero explicó que esa agua se podría enfurecer, derramar y esto inundaría Tenochtitlán.

Esta respuesta enojó a Tzutzuma pues no consentía que nadie le hiciera observaciones.

-¡Vayan a Coyoacán y arranquen la vida a ese insolente que se atreve a hacerme advertencias en lugar de obedecer! exclamó en un acceso de cólera.

Esta orden iba dirigida a tres de sus mejores servidores quienes se apresuraron a cumplirla.

Cuando Tzutzuma supo que lo buscaban unos soldados supo que estaba perdido, pero le dijo a su criado que le dijera a los tres jefes que podían pasar a verlo. Cuando los tres jefes entraron se encontraron con un águila colosal que estaba posada en el respaldo del sillón, salieron muy enojados, pero el criado aseguró que su señor estaba en la sala. Volvieron a entrar y se encontraron con un tigre corpulento que mostraba sus grandes colmillos.

Los capitanes retrocedieron espantados y salieron corriendo, pálidos de susto. Al llegar a México le dijeron al rey -¡Señor! el cacique de Coyoacán se ha vuelto águila y después tigre.

Ahuítzol se maravilló con el relato y ordenó que el doble de soldados fuera a cumplir con la sentencia.

Al llegar con Tzutzuma se encontraron con una serpiente.

-¡Matenla! -ordenaron los jefes a sus soldados.

Pero antes de que pudieran cumplir la orden, la serpiente saltó sobre ellos, arrojando por las fauces abiertas llamaradas de lumbre. Los soldados temblaron y huyeron aterrorizados.

Ahuítzotl mandó un pregonero a Coyoacán a que diera el siguiente mensaje:

“¡Habitantes de Coyoacán! el poderoso emperador Ahuítzotl, manda decir que apresen a su señor Tzutzuma y lo entreguen sin dilación. Y les advierte que, en caso de desobediencia, se les tendrá por rebeldes y arrasará sus ciudades pasando por el cuchillo a todos los habitantes.”

Todos quedaron aterrados, Tzutzuma, como buen señor de su pueblo, se presentó voluntariamente a los mexicanos y les dijo:

-Aquí estoy, me pongo en sus manos, pero no olviden decir a su señor que si introduce en México el agua de Acuecuexco, yo le profetizo que antes de muchos días la ciudad será anegada y destruida.

Los soldados mataron a Tzutzuma ahogándolo, y su profecía se cumplió al pie de la letra. A los cuarenta días de introducida el agua a México, se inundó la ciudad y el emperador se vio en la necesidad de romper las cañerías del acueducto.

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EL SOL Y LA LUNA

El primer Sol, el Sol del Tigre, nació en 955 a.c. Pero al final de un largo período de 676 años, el Sol y los hombres fueron devorados por los tigres.

El segundo Sol era el del viento. Él fue llevado por el viento y todos los que vivían sobre la tierra, y quienes se colgaban de los árboles para resistir a la tempestad se transformaron en monos.

Vino a continuación el tercer Sol, el sol de la Lluvia. Una lluvia de fuego se abatió sobre la tierra, y los hombres se transformaron en pavos.

El cuarto Sol, el sol de Agua, fue destruido por las inundaciones. Todos los que vivían en esta época se transformaron en peces.

El agua recubrió todo durante 52 años.

Pensativos, los dioses se reunieron en Teotihuacan:
– Quién se va a encargar ahora de traer la aurora sobre la tierra?
El Señor de los Caracoles, célebre por su fuerza y su belleza, hizo un paso adelante:
– Yo seré el sol, dijo él.
– Alguien más?
Silencio.
Todos miraron al Pequeño Dios Sifilítico, el más feo y desafortunado de los dioses, y decidieron:
– Tú.

El Señor de los Caracoles y el Pequeño Dios Sifilítico se retiraron a las montañas, que hoy son las pirámides del Sol y de la Luna. Allá, en ayunas, meditaron.
Luego los dioses formaron un inmensa hoguera, contemplaron el fuego y los llamaron.

El Pequeño Dios Sifilítico tomó impulso y se tiró a las llamas. Resurgió enseguida después y se elevó, incandescente, en el cielo.

El Señor de los Caracoles miró la hoguera ardiente, el seño fruncido. Avanzó, retrocedió, se detuvo, dio varias vueltas. Como no se decidía, exasperados, los dioses lo empujaron. Pero antes de que se elevara en el cielo, los dioses, furiosos, lo abofetearon y le pegaron en la cara con un conejo, tanto que le retiraron su resplandor.
Fue así que el arrogante Señor de los Caracoles se volvió la Luna. Las manchas de la Luna son las cicatrices de su castigo.

Pero el Sol resplandeciente no se movía.
El gavilán de obsidiana voló hacia el Pequeño Dios Sifilítico y le preguntó:
– Por qué no te mueves?
Y respondió, él, el menospreciado, el purulento, el jorobado, el cojo:
– Porque yo quiero la sangre y el reino.

Este quinto Sol, el Sol del Movimiento, iluminó a los toltecas e iluminó a los aztecas. Tenía garras y se alimentaba de corazones humanos.

 

LOS HIUCHOLES Y EL MAIZ

Hace mucho tiempo, no se conocía el fuego, y los hombres debían comer sus alimentos crudos. Los huicholes estaban cansados de comer cosas que no les gustaban.
Querían alguna cosa que pudieran comer todos los días, pero de maneras diferentes.

Un joven huichol oyó hablar del maíz y de sus famosos mets, unas tortillas, los chilaquiles y la sopa de tortilla que se preparaba con este cereal.
Pero el maíz se encontraba muy lejos, al otro costado de la montaña. Eso no lo desalentó y se puso en marcha.

Al cabo de poco tiempo vio una hilera de hormigas y como él sabía que ciertas de ellas eran las guardianas del maíz, las siguió.

Pero cuando el joven se durmió, las hormigas, sin ningún problema, se devoraron todas sus vestimentas, dejándolo sólo con su arco y sus flechas.
Sin ropas y hambriento el huichol se puso a lamentar. Fue entonces que un pájaro se posó sobre un árbol próximo. El joven apuntó su arco sobre él, pero el pájaro le regañó y le dijo que ella era la Madre del maíz. Lo invitó a seguirla hasta la Casa del Maíz donde ella lo autorizaría a tomar todo lo que él buscaba.

En la Casa de Maíz se encontraban cinco bellas doncellas, las hijas de la Madre del Maíz: Mazorca Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla, Mazorca Roja y Mazorca Negra.

Mazorca Azul lo encantó con su belleza y su dulzura. Se casaron y volvieron a la villa Huichol. Como él no tenía aún casa, durmieron un tiempo en un lugar dedicado a los dioses. Después, como por encantamiento, la casa de los recién casados se llenaba cada día de espigas que la decoraban como flores. Las gentes venían de todas partes porque Mazorca Azul les ofrecía espigas a manos llenas.

La bella esposa enseñó a su marido a sembrar el maíz y a cuidar los cultivos. Enterándose qué delicias ofrecía este nuevo alimento, los animales intentaron robarle. Mazorca Azul enseñó a las gentes a colocar fuego alrededor de los cultivos para espantar a las bestias en busca de espigas tiernas.

Los Ancianos cuentan que Mazorca Azul, después de haber enseñado todo lo que ella sabía, se molió ella misma y es de esta forma que los hombres conocieron el excelente atole, una bebida caliente que se prepara con granos de maíz.

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