Llega el «fomo»: el miedo a no enterarse de todo lo que pasa en las redes sociales

Llega el «fomo»: el miedo a no enterarse de todo lo que pasa en las redes sociales

Llega el «fomo»: el miedo a no enterarse de todo lo que pasa en las redes sociales La capacidad de saberlo todo en todo momento y lugar tiene tambi

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Llega el «fomo»: el miedo a no enterarse de todo lo que pasa en las redes sociales
La capacidad de saberlo todo en todo momento y lugar tiene también un lado negativo

Llega el «fomo»: el miedo a no enterarse de todo lo que pasa en las redes sociales
Las personas con «fomo» creen que todo ocurre en las redes sociales
¿No ha asistido alguna vez una fiesta y ha saltado de la cama al día siguiente para ver en Facebook qué se perdió? ¿Ha llegado a casa de la oficina y ha consultado el correo para seguir trabajando? ¿Ha mirado la última conexión de algún amigo para saber si hablaba con alguien? Internet trajo debajo de la manga la inmediatez, la posibilidad de estar conectado y saber en segundos todo lo que ocurre a nuestro alrededor, tanto en la esfera personal como social.
Pero acceder al mundo con un solo «click» se ha convertido en un arma de doble filo dando lugar a fenómenos que afectan a todos, no solo a los nativos digitales que nacieron con internet debajo del brazo. Una de las «secuelas» de la inmediatez se llama «fomo» (del inglés, fear of missing out, miedo a perderse algo). Miedo a perder información, a quedarse fuera de un evento, a no saber lo que está pasando…el miedo, en definitiva, a la exclusión.

Angustia por no saber
«La red amplifica lo que ocurre en la vida real. Tenemos información sobre todo lo que deseamos. Por tanto, el tiempo que no estoy conectado ocurren cosas y de ahí viene el miedo a perder información. Sin embargo, tiene una graduación: puedo estar conectado para ver qué pasa con mi entorno hasta llegar a un malestar clínicamente significativo en el que la desconexión genera angustia y la abstinencia lleva a pequeñas ideas obsesivas», explica el psicólogo y profesor de la Universidad Cardenal Cisneros, Enrique García Huete. Para tener una noción del «enganche» o dependencia que puede generar la red, este experto compara el sonido del Whatsapp con el de las máquinas tragaperras. «El sonido es un estímulo, si me gusta jugar a las máquinas, el ruido me lo recuerda, si no miro el Whatssapp pero suena me pierdo algo».
Un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud: «Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual», asegura que un 82% de los adolescentes entre los 12 y 18 años considera que una de las mayores utilidades de internet es que permite «saber lo que ocurre». «Las redes no se utilizan para comunicarse sino para estar en contacto», explica Eusebio Megías, director técnico de la FAD y del Centro Reina Sofía. Megías señala que el miedo a estar fuera se hace patente en la adolescencia porque «en alguna medida no tienen mucha identidad al margen de la identidad grupal. La necesidad de estar en contacto con el grupo tenía antes de internet sus reglas, por ejemplo, juntarse en los parques. Ahora, se ha potenciado enormemente». El deseo de conectarse no solo la genera el individuo sino que «hay una presión grupal que construye la personalidad de los jóvenes».

«Desactualizado»
Pero el «fomo» va más allá de la red y tiene repercusiones en la concepción de lo que sucede fuera de ella. De hecho, el estudio señala que no solamente la conexión a las redes se produce porque «todo el mundo está ahí» y son necesarias para no quedarse fuera sino que, «fuera de ellas, parece que no ocurre nada, cuando menos nada interesante, nada que implique al grupo. Quien no “está” se quedará “fuera” (de las novedades, convocatorias, de lo que se dice, de lo que ocurre…), desactualizado».
Pero los expertos advierten de que este problema no es inherente a la juventud. La actividad en la red es un fenómeno que afecta a todos y el «fomo» también. «Hay una dinámica impuesta por el propio trabajo: hay gente que tiene el móvil encima todo el día. Llegas a casa, se supone que acabaste la jornada pero llegan mails, planes para el día siguiente y, si bien se ve como algo necesario, al final puede ser adictivo. Si no miro, me pierdo algo para mañana», asegura el psicólogo Huete. Sucede con directivos, periodistas, brokers que, por ejemplo, «cuando cierra la bolsa de Nueva York, abre Asia y cuando lo hace Asia abre Europa, 24 horas al día», ejemplifica.
¿Solución? «Potenciar otros ámbitos de la vida, evitar que te impida hacer otras cosas como cenar o ver a tus hijos. Y sobre todo, controlar el horario. Es mejor perder información a corto plazo pero mantener una vida estable”. Sin embargo, algunos expertos sugieren no demonizar las redes. «El fomo es fruto de nuestra sociedad individualista, que premia a los extrovertidos. Las redes son nuevas, hay que aprender a crear buenos hábitos», concluye el psicólogo Luis Muiño.

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