CINCO PRUEBAS ARQUEOLÓGICAS DE QUE LOS GIGANTES EXISTIERON

CINCO PRUEBAS ARQUEOLÓGICAS DE QUE LOS GIGANTES EXISTIERONLos nativos de las islas del Pacífico conservan desde tiempos remotos una rica tradición sob

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CINCO PRUEBAS ARQUEOLÓGICAS DE QUE LOS GIGANTES EXISTIERON

Los nativos de las islas del Pacífico conservan desde tiempos remotos una rica tradición sobre la existencia de gigantes en sus tierras.

GIGANTES EN EL PACÍFICO

La mitología es tozuda e insiste en que tales seres convivieron con los seres humanos «normales» en un pasado indefinido. En este sentido, resulta asombroso observar cómo en el Pacífico, una zona del planeta que es básicamente una enorme extensión de agua con poca tierra firme en forma de islas, existe una amplísima y colorista tradición mitológica sobre los gigantes, que –por si fuera poco– parece estar vinculada a restos arqueológicos relacionados con estos seres, lo cual incomoda –y mucho– a la comunidad científica.

Entre la abundante mitología del Pacífico encontramos diversos relatos que ofrecen detalles sobre seres de una enorme envergadura, identificándolos específicamente con tribus o personajes concretos

Según ha constatado el investigador noruego Terje Dahl. Por ejemplo, en las Islas Cook existía una leyenda acerca de un gigante llamado Moke, que era presuntamente el más grande del Pacífico Sur. Alcanzaba los veinte metros de altura y vivía en la isla de Mangaia. También en Rarotonga, la isla principal del mismo archipiélago, moraba otro gigante de nombre Teu, con una estatura de unos diez metros. A su vez, en el pequeño atolón deNukulaelae se tiene el recuerdo de otro coloso llamado Tevalu, que raptaba niños y se los comía.

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EL GRAN DILUVIO

Si nos trasladamos a Nueva Zelanda, los maoríes afirman que la isla estuvo habitada por gigantes antes y después de que ellos mismos pisaran esas tierras. Hablan de varios con nombres conocidos, como por ejemplo Matu, que vivía junto a lago Wakatipu (tipua significa «gigante») y que medía aproximadamente 2,70 metros.

En la vecina Australia, las leyendas de los aborígenes mencionan que estos seres ciclópeos ya campaban a sus anchas por ese territorio antes de que ellos lo poblaran.

Estos nativos todavía recuerdan la existencia de una época mítica primigenia o Dreamtime(«Tiempo de los sueños»), cuando una raza ancestral de gigantes dio forma al continente y lo llenó de vida vegetal y animal. Incluso en la actualidad, los aborígenes aún mencionan la existencia de una raza de gigantes llamados Jogungs, que son el doble de altos que los humanos y habitaban la región de Nueva Gales del Sur.

En cuanto al destino final de estos colosos, algunas tradiciones apuntan a un brusco fin de su existencia. Así, las leyendas locales de Samoa apuntan a que en tiempos lejanos unos gigantes llamados Hiti moraban en la isla, pero desaparecieron tras una gran inundación o cataclismo, lo cual nos remite a diversas tradiciones de otros puntos del planeta que coinciden en este mismo escenario catastrófico.

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LOS MISTERIOSOS MOÁIS

Sin embargo, algunos de los titanes podrían haber sobrevivido al desastre. Por ejemplo, las tradiciones de Isla de Pascua aluden a unos pobladores venidos del oeste (el Pacífico) y del este (Sudamérica). Tales individuos eran los supervivientes de una gran catástrofe natural y su altura oscilaría entre 2,30 y 2,60 metros.

Aún existe una gran controversia sobre el origen de los primeros habitantes de la isla de Pascua, así como acerca de la identidad racial de los distintos tipos representados en los moáis.

Como ya hemos apuntado, más allá de las mitologías, existe entre los indígenas la convicción de que estos seres ciclópeos fueron reales, que habitaron las islas desde una época remotísima hasta hace no demasiados siglos y que presentaban cierta condición divina o semidivina. Precisamente de aquí surge otro interesante elemento de estudio, pues los viejos relatos sugieren que los gigantes se cruzaron con los humanos y dieron lugar a las castas dirigentes de muchos pueblos o tribus, que de este modo tendrían ciertas características muy destacadas propias de esa genética ajena, bien diferentes del resto de la población.

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RASTROS GENÉTICOS DE SERES ENORMES

Existe en el Pacífico una tradición de reyes-dioses, a veces representados en estatuas, que exteriorizan algunos típicos rasgos de raza blanca, aparte de ser de gran altura (hasta unos 2,50 metros).

Dejando a un lado los famosos moáis de Isla de Pascua, son de destacar las estatuas halladas en las islas Marquesas y en Tahití.

El famoso explorador noruego Thor Heyerdahlpreguntó a un jefe de la isla de Fatu-Hiva sobre el origen de estas representaciones, y éste le contestó que dichos dioses –de piel blanca– habían venido de una lejana tierra en el este. Por otro lado, algunas de dichas estatuas muestran claramente que estos seres tenían seis dedos en manos y pies, una característica que se ha asociado a los gigantes no sólo a partir de relatos mitológicos, sino incluso de pruebas arqueológicas, sobre todo en Norteamérica.

Pero, más allá de estatuas y leyendas, en épocas históricas tenemos referencias claras a reyes o jefes de enorme estatura, a menudo con un aspecto anatómico similar a la raza blanca, y con la piel clara y el pelo rubio o rojizo, siendo todos estos rasgos anteriores a la llegada de los primeros exploradores europeos. Incluso actualmente parecen quedar ciertas trazas de esa fisonomía en algunas islas. Por ejemplo, Tupou IV, uno de los últimos reyes de la isla de Tonga, fallecido en 1996, medía unos dos metros, y su propia madre, la reina Salote, era apenas diez centímetros más baja. En efecto, toda la familia real de Tonga es de una estatura imponente. En cuanto al origen de estas características, se dice que estos monarcas enlazan su linaje con unos míticos dioses que vivieron en Tonga hace muchos siglos. De hecho, existe una clara endogamia en el clan real para preservar esos genes divinos. Lo que resulta significativo es que todas estas tradiciones apuntan a que la supuesta convivencia entre humanos y gigantes duró miles de años y se alargó hasta hace muy pocos siglos, con la desaparición de las últimas razas de colosos. Por ejemplo, los maoríes aún recuerdan la existencia de una tribu local llamada Te Kahui Tipua, en realidad una comunidad de gigantes de enorme talla que desapareció hace muy pocos siglos. Más adelante, comprobaremos que el registro arqueológico podría darnos alguna pista sobre este fascinante asunto…

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HUESOS DESCOMUNALES

Para culminar el apartado de pruebas, hemos de referirnos por fin al hallazgo de posibles restos físicos de gigantes (momias, esqueletos y huesos sueltos), a partir de noticias e informes que se remontan al siglo XIX. Así, tenemos constancia de que en 1875, en Nueva Zelanda, un periódico local informaba del sensacional descubrimiento de un esqueleto de unos ocho metros de longitud, hallado a poco más de dos de profundidad enSaltwater Creek, cerca la localidad de Timaru. Como se ha citado anteriormente, esto coincide con las tradiciones nativas maoríes, según las cuales una raza de gigantes conocida como Te Kahui Tipua habitó en las cercanías de Timaru hasta el siglo XVIII. Asimismo, corren ciertos rumores sobre hallazgos de huesos de gigantes entre las ruinas y en los bosques adyacentes de Nan Madol (Pohnpei), pero no hay ningún dato fiable al respecto.

Aparte de esto, se sabe que en 1907 Victor Berg, el gobernador alemán de la isla, mandó abrir una tumba de antiguos reyes locales, y los esqueletos hallados medían entre dos y tres metros de altura.

También hay noticias de que en Rotuma, Islas Fiyi, se halló durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) un hueso de pantorrilla de un metro de longitud, por lo que debía corresponder a un individuo de unos 4,5 metros de altura. Además, existe el rumor de que en las operaciones de búsqueda de refugios ocupados por soldados japoneses, se encontraron diversas cuevas repletas de huesos de gigantes. No menos impactante es lo que dice haber localizado Rex Gilroy en Bathurst (Australia): nada menos que un enorme diente molar humano fosilizado de unos 67 mm, lo que correspondería a un ser de unos 7,6 metros. Y, finalmente, ya en un terreno más bien conspirativo, cabe citar que, según el investigador Martin Doutré, hace no muchos años en Nueva Zelanda se encontraron huesos de gigantes en unas excavaciones, pero el equipo arqueológico que halló estos restos fue obligado por las autoridades militares a enterrarlos y la arqueóloga al cargo fue despedida


Source: Mundooculto.es

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