El Ángel de la Muerte de Guadalupe

El Ángel de la Muerte de Guadalupe

Es el día 16 de enero de 2004 y nos ubicamos en la localidad de Guadalupe, Nuevo León, México. En aquella fecha un oficial de policía experimentó acon

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Es el día 16 de enero de 2004 y nos ubicamos en la localidad de Guadalupe, Nuevo León, México. En aquella fecha un oficial de policía experimentó acontecimientos paranormales de los que jamás llegó a recuperarse. El oficial desarrollaba sus labores de patrullaje con perfecta normalidad hasta aproximadamente las 3 de la mañana, cuando lo inexplicable se volvió real y el horror comenzó.

En la colonia Valles de la Silla, era otro día normal de patrullaje para el oficial Leonardo Samaniego. Un ciudadano no identificado había solicitado la presencia de la policía en esa región alejada de la ciudad alegando haber escuchado ruidos extraños en la parte exterior de su vivienda. Samaniego pensó que se trataba de jóvenes que estaban bebiendo o usando drogas, quizá un vagabundo hurgando entre la basura. De cualquier forma, no tenía razones para preocuparse pues el área era bastante tranquila y no tenía historial de violencia.

Samaniego respondió rápidamente y siguió con su tarea. Inmediatamente se dio cuenta que el lugar estaba solo y completamente a oscuras, varias lámparas del alumbrado público estaban apagadas. La calle estaba en penumbras y la visibilidad del oficial estaba limitada al alcance de los faros en la patrulla.

 

El encuentro con el demonio.

Mientras retornaba para bajar por la misma calle una segunda vez, una figura saltó desde las sombras de un gran árbol justo sobre una de las banquetas y empezó a avanzar hacia la patrulla. Samaniego no pudo identificar la figura e instintivamente pisó el freno. Dada la hora y oscuridad, las luces estaban altas y el oficial se encontró frente a frente con una sombra que le impedía el paso. La horrible naturaleza de esta situación repentinamente se hizo muy clara.

Durante algunos instantes Samaniego quedó congelado y no pudo hacer otra cosa que mirar de frente el absoluto terror en aquel escuálido ser de ojos negros y movimientos erráticos. No era nada de este mundo, aquelloparecía el demonio o una bruja. Aquel punto muerto del encuentro evolucionó cuando la criatura saltó extendiendo unas enormes alas negras desde su espalda.

El demonio alado aterrizó sobre el capo de la patrulla, se desplazó a la parte superior y empezó a golpear con las manos y garras el techo. Los puños de este ser golpeaban el parabrisas con violencia. Completamente aterrado, Samaniego pisó el acelerador a fondo. El vehículo bajó por aquella calle a toda velocidad con este ser aferrado al techo. El oficial intentó frenar bruscamente para derribarlo pero, en la desesperación, no calculó la extensión de la calle y terminó impactándose contra un muro.

 

Momentos de terror.

El oficial no tuvo tiempo de recuperarse del golpe cuando aquella cosa nuevamente intentaba alcanzarlo, sus garras arañaban los cristales y sus puños golpeaban con fuerza sobre la carrocería. En determinado momento casi se desmaya, pero antes de desvanecerse alcanzó a tomar su arma de cargo, una pistola 38, y la descargó por completo. Mientras se desmayaba, alcanzó a escuchar una sirena a la distancia, fue lo último que sus sentidos le permitieron captar, eso y el sonido de unas enormes alas alejándose.

Samaniego fue auxiliado por un colega atraído por la conmoción. El ser ya se había ido y el oficial que prestó los primeros auxilios descubrió que Samaniego había sufrido una pequeña conmoción. Mientras pedía ayuda por radio, el oficial no podía dejar de observar el cielo de aquella noche.

 

Marca permanente.

5 años después, en el mes de mayo de 2009,Ken Gerhard, un reconocido criptozoólogo con sede en San Antonio, viajó a México después de haberse enterado de la historia de Samaniego. Tras mucha insistencia, finalmente logró acordar una entrevista. Rápidamente Gerhard se dio cuenta de lo traumático que había resultado aquel episodio para el policía. Incluso después de todo ese tiempo, aún tartamudeaba cuando narraba lo sucedido.

“En diversos momentos era posible darse cuenta que reaccionaba con incomodidad cuando intentaba recordar los acontecimientos que cambiaron su vida para siempre. Durante la entrevista, Leonardo confesó que aún tenía pesadillas con el encuentro y que ocasionalmente se despertaba entre gritos de pánico y cubierto de sudor”.

Gerhard también indagó entre los superiores del oficial y sus colegas, además entrevistó a su familia y amigos. Para cada una de estas personas el oficial, dos veces condecorado, era un profesional, así como una persona respetada y querida por todos. En sus cuatro años de servicio, hasta aquella fatídica noche, había recibido excelentes notas.

Todos afirmaron que no había motivos para que Leonardo Samaniego inventara aquella espeluznante historia. Y por más extraño que fuera, era difícil contradecir algunos de los hechos.

 

Las evidencias del encuentro.

Primero estaba la patrulla policial. El automóvil presentaba daños que consistían con la versión del oficial. Golpes en la parte trasera y diversos orificios de bala. Además, el techo estaba sumido, como si algo pesado se hubiera posado sobre él. La carrocería también presentaba marcas de arañazos, marcas en la pintura que aparentemente fueron producidas por algo afilado.

Además, el oficial Gustavo Martínez, que ayudó a Samaniego, encontró extrañas huellas en el suelo que parecían de pies descalzos. Ante la advertencia del oficial herido, Martínez se puso alerta mientras le prestaba los primeros auxilios.

“Estaba desmayado, se despertaba y desvanecía a cada instante, y cuando volvía en sí me decía que tuviera cuidado con la cosa que volaba”, le relató Martínez a Gerhard. “Realmente creo que vio algo y esa cosa intentó matarlo. No sé que era… y quizá nunca lo sepamos. Pero creo que había algo allí. No sé si era un demonio, pero conozco a Leonardo lo suficiente como para decir que un hombre no pudo haberlo aterrado de aquella forma”.

Martínez no llegó a ver al demonio volador, cuando llegó al lugar, atraído por los disparos, ya habían pasado algunos minutos. Probablemente la cosa, de existir, ya había sido ahuyentaba por los disparos.

A Samaniego lo llevaron a un hospital para tratar lo de la contusión. Al principio se mostró reacio a relatar lo que le había sucedido y no fue sino hasta una semana después, por el consejo de su esposa, que decidió revelar lo que había atacado la patrulla. En aquella época, las pesadillas le quitaban el sueño y no podía dormir en paz, despertando por aquella visión demoniaca noche tras noche.

 

El caso de la “Bruja de Guadalupe”.

El caso de Samaniego llegó a la prensa y la opinión pública se ensañó con él, periodistas y reporteros armaron un revuelo sobre el caso al que titularon “La bruja de Guadalupe”.

Desde aquel acontecimiento, en la Colonia Valles de la Silla se reportaron otros avistamientos de algún ser extraño volando el lugar. La mayoría parecía ser de personas que sólo buscaban un poco de atención, pero uno de los vecinos ofreció un testimonio muy interesante, recogido por Gerhard durante la investigación de la historia. El testigo, que prefirió el anonimato, reveló que él llamó a la policía la noche de los hechos. También contó que otros lugareños habían visto al demonio, pero prefirieron mantenerse callados por temor a que los ridiculizaran.

“El ser volaba muy bajo y caminaba sobre los tejados haciendo ruido. Yo lo vi y llamé a la policía de forma anónima pues sabía que nadie me creería si explicaba lo que estaba viendo. Cuando vi el dibujo de la cosa en el periódico, hecho con un retrato hablado, la reconocí de inmediato”, relató.

 

La fotografía del Demonio Volador.

Sin embargo, aquella entrevista reveló una sorpresa inesperada. El vecino había logrado fotografiar al demonio volador la noche anterior al incidente del patrullero. Dijo que nunca había mostrado la fotografía, ni siquiera a los periódicos pues no quería llamar la atención o crear algún tipo de repercusión en el caso.

Describió las circunstancias en que logró captar la imagen con su teléfono celular:

“Ya había escuchado el sonido de las alas y de las lámparas en los postes siendo quebradas. Me quedé esperando en la ventana toda la noche hasta que finalmente, alrededor de las 4 de la madrugada, bajó a la calle. Era muy delgado, con cuernos y alas en su espalda. Se movía con agilidad sacudiendo aquellas alas enormes, como si fuera un murciélago gigante. Pero parecía un hombre, y cuando se paró en la calle fue posible ver que era como un ser humano con brazos y piernas”.

Una copia de la imagen fue entregada a solicitud de Ken Gerhard, con la condición de que el nombre del testigo nunca fuera revelado.

Los casos de esta clase son muy difíciles de resolver e incluso de catalogar. Su conclusión depende esencialmente de la fuente que revela los hechos y de la credulidad de los que escuchan. La escasa cantidad de evidencia, los arañones en la patrulla y la fotografía oscurecida, desafortunadamente no demuestran mucho. Para los escépticos, la historia es fácilmente desestimada como un delirio o una mera invención del policía. Lo cierto es que casos parecidos abundan por el mundo, como la leyenda de OwlMan y el elmonstruo de Flatwoods.

Leonardo Samaniego dejó de ser patrullero, lo transfirieron a labores en oficina y dos años después abandonó la corporación.


Source: Mundooculto.es

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