Historia de Gema Pérez

Historia de Gema Pérez

He estado recorriendo México este último mes, y me gustaría contaros una anécdota. Ocurrió en la ciudad de Morelia, por la noche mientras paseaba vi

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Historia de Gema Pérez

He estado recorriendo México este último mes, y me gustaría contaros una anécdota. Ocurrió en la ciudad de Morelia, por la noche mientras paseaba vi una especie de tren-tranvía que recorría la ciudad por un módico precio y con una guia que explicaba las leyendas del lugar, así que ahí fui.

Refirió varias historias, a cada cual bajábamos en el lugar donde habia ocurrido.

Una de ellas, contaba que un taxista paró entrada la noche a una señora vestida de negro que le pidió que la llevara a una iglesia. El se negó ya que a esa hora estaban todas cerradas pero la viejita insistió tanto que por fin cedió y la esperó mientras rezaba en la puerta de la iglesia. Así una y otra vez recorriendo varias iglesias hasta que por fin le pidió que la llevara al panteón, a lo que el taxista se negó rotundamente por lo peligroso del lugar. Insistió, suplicó y el taxista cedió. Una vez en el lugar la viejita le dio una tarjeta indicándole que le pagarían todas las carreras que había hecho y que se quedaba allí.
Os lo imaginais no? El taxista se sintió estafado y marchó rápidamente pero al dia siguiente fue a la dirección de la tarjeta donde la hija de la señora, llorando, porque en la descripción conoció a su madre, le pagó cuanto le pidió. Su madre había muerto cinco años atrás. Esta historia, puede leerse aún en los periódicos de la hemeroteca, no recuerdo exactamente la fecha pero sucedió entre 1943 y 1945.
Dijo también que, aún ahora, algunas personas han oido llamar a su puerta, pero nadie abre porque creen que es la viejita que quiere compañía.

En ese punto nos preguntó de donde éramos y donde nos alojábamos, dijo que nuestro hotel era el más antiguo de la ciudad.
A las siete de la mañana del dia siguiente, durmiendo a pierna suelta, oí dos toques suaves en la puerta de la habitación, me desperté en el acto pero no me moví, mi compañero se despertó igualmente, con la misma desazón. Abrimos, no habia nadie, absolutamente nadie.

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