Garabandal: ¿se cumplirá la profecía?

Garabandal: ¿se cumplirá la profecía? A principios de los sesenta, la Virgen se apareció a cuatro niñas en San Sebastián de Garabandal, y les anun

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Garabandal: ¿se cumplirá la profecía?

A principios de los sesenta, la Virgen se apareció a cuatro niñas en San Sebastián de Garabandal, y les anunció que en esa pequeña aldea cántabra se produciría un milagro capaz de cambiar el curso de la humanidad. Más de cincuenta años después, en la localidad continúan sucediendo una serie de hechos extraños, y miles de personas están convencidas de que el milagro profetizado por la santísima tendrá lugar en breve.
Carlos G. Tutor y Olga Canals

Entre 1961 y 1965, cuatro niñas de San Sebastián de Garabandal, un pequeño pueblo de Cantabria, aseguraron ver al arcángel san Miguel y a la Virgen, que se presentaba bajo la advocación de Nuestra Señora del Monte Carmelo. En la época, estas apariciones provocaron un gran revuelo mediático, así que miles de personas se acercaron al lugar para presenciar los éxtasis de las videntes. El mensaje de la Virgen fue tajante: el mundo no iba por buen camino, por lo que recibiría un aviso visible por todos y, después, obraría un gran milagro, que se podría ver desde Garabandal y sus alrededores. Si tras esto no se producía un cambio en la humanidad, llegaría el castigo. Conchita González, la mayor de las cuatro niñas, fue la única a la que la Virgen habría revelado la fecha exacta del milagro, y la encargada de anunciarlo con ocho días de antelación. Medio siglo después, los proféticos anuncios de la Santísima continúan sin cumplirse. Pero, ¿qué ha sido de Garabandal?

EL SOL «SE MUEVE»
Lejos de convertirse en un centro de peregrinación masivo como Fátima o Lourdes, esta pequeña aldea de montaña sigue siendo un lugar tranquilo y relativamente aislado, aunque todavía hoy algunas personas aseguran que han vivido insólitas experiencias en esta bella localidad cántabra. Una de las más llamativas es la que pudo vivir Rui Costa. Este portugués de 34 años conoció la historia de Garabandal a través de algunos libros y decidió realizar una peregrinación los días 4 y 5 de abril de 2008, en compañía de su mujer, su padre y una amiga.

Después de asistir a misa, los cuatro subieron a Los Pinos, una zona arbolada situada en una colina a las afueras del pueblo, donde tuvieron lugar muchos de los éxtasis de las niñas-videntes y enclave en el que «permanecerá una señal permanente del milagro», según las palabras pronunciadas por la Virgen a través de las pequeñas. Una vez arriba,

Rui recuerda que pudieron ver cómo «el Sol brillaba, se movía de un lado para otro y destellaba intensamente».

Este extraño fenómeno, que duró más de quince minutos, pudo ser contemplado también por sus acompañantes y un hombre que se hallaba en el lugar. Curiosamente, el «astro rey» no les dañó los ojos, a pesar de que lo miraron sin apartar la vista durante bastante tiempo. «Dentro del Sol se veía un círculo; era algo como gelatina y no paraba de moverse –nos explica Rui–. Primero lo vimos quieto en lo alto, luego se levantó y se desplazó a izquierda y derecha, como el péndulo de un reloj. En un momento dado, comenzó a destellar, fue muy lindo, y después emitió varios flashes de colores: rojo, amarillo, verde…». Debido a la extrañeza del suceso, en un primer momento concluyeron que no podía ser el Sol, aunque al final se persuadieron de que había sido así, convenciéndose también de que habían presenciado un hecho sobrenatural.

Por si fuera poco, Costa captó el «avistamiento» con la función de vídeo de su cámara de fotos durante unos dos minutos. En la grabación puede verse el Sol (o al menos eso es lo que parece) a punto de ocultarse tras las montañas, emitiendo algunos destellos.

Luego parece detenerse y vuelve a centellear de nuevo. Desde un punto de vista racional, el vídeo podría explicarse debido a una aberración de la óptica de la cámara, al incidirle luz directa, pero tanto Rui como Cristina, su mujer, aseguran que «lo que se ve en la grabación es mucho menos espectacular que lo que observamos allí, porque el Sol se movió hacia los lados y en su interior distinguíamos claramente un círculo».

NUMEROSOS TESTIGOS
De vuelta en Portugal, decidieron organizar una nueva peregrinación a Garabandal para agosto de 2008, esta vez con más gente. Aunque no contaron a nadie lo que habían vivido en su anterior viaje, sorprendentemente la historia se repitió…

Cuando subieron a la zona de Los Pinos, de nuevo vieron cómo el Sol se movía. Fueron quince las personas que presenciaron esta peculiar danza. «Algunos no daban crédito a lo que estábamos viendo», nos explica la esposa de Rui Costa. En esta ocasión, grabaron el fenóme no durante unos veinte minutos, hasta que se agotó la batería. Amalia Mazón, propietaria de La Posada Amalia, donde se hospedaba el grupo, recuerda que, cuando bajaron por la calleja(así se le llama al camino que conduce al pinar), estaban exaltados, emocionados y algunos incluso llorando. Fue entonces cuando Rui Costa quiso enseñarle la grabación, pero comprobó decepcionado que, a pesar de que la cámara había funcionado de manera normal, no grabó absolutamente nada de lo que vieron.

Pero el anterior no ha sido el único testimonio extraño que hemos podido recopilar en la pequeña localidad. Tom y Susan Melillo, un matrimonio residente en Florida (EE UU), supieron de la existencia de Garabandal de una forma sorprendente. Un amigo les había invitado a una comida, pero, cuando llegaron al restaurante, el camarero les informó de que ésta se había pospuesto cuarenta y cinco minutos. Mientras esperaban, llegó otra invitada y se sentó con ellos. Se pusieron a hablar de un viaje que Tom y Susan tenían previsto realizar a España pocas semanas después, y la mujer les dijo que debían conocer Garabandal. A la hora prevista llegó el resto de comensales. El matrimonio perdió de vista a la «extraña» por un momento y, a pesar de que les había dicho que estaba invitada a la misma comida que ellos, no volvieron a verla nunca más. No obstante, buscaron información sobre Garabandal y decidieron acercarse al lugar durante su viaje a España, que realizaron a finales de 2008.

El primer hecho extraño los sorprendió incluso antes de que pisaran el mágico enclave. Nos lo explica el propio Tom Melillo: «Tomamos el último tramo de carretera; una señal indicaba que quedaban cinco kilómetros para llegar. La vía era estrecha, estaba llena de curvas y llovía mucho, por lo que íbamos muy despacio. Cuando ya debía quedar menos de un kilómetro, después de tomar una curva, vimos un globo de luz en el cielo. Los dos exclamamos a la vez: ‘¿Qué es eso?’. Detuve el coche y tomé algunas fotografías. Tuvimos miedo de permanecer durante más tiempo parados en mitad de la carretera, así que arrancamos, pero sin perder de vista ‘aquello’. Parecía que la luz voladora alumbraba el tramo de carretera por el que pasábamos. Justo cuando llegamos al pueblo, se desvaneció». En las fotografías se distingue con toda claridad un resplandor blanquecino en el cielo. «Son unas imágenes increíbles; no tenemos palabras», añade Susan.

EXPERIENCIA ESPIRITUAL
Cuando entraron en Garabandal seguía lloviendo, pero aún así decidieron dirigirse a Los Pinos. Rezaron el Rosario mientras subían por la calleja y estuvieron un buen rato en el lugar, sin que en ningún momento parara de caer agua. Después, bajaron de nuevo al pueblo y entraron en una de las posadas para comer algo. Entonces repararon en un hecho sorprendente: tanto el pelo como las ropas de ambos estaban ¡completamente secos!

Por último, Tom protagonizó otra experiencia de índole más espiritual en la iglesia del pueblo: «Cuando me arrodillé frente a la imagen de la Virgen, desapareció todo lo que había a mi alrededor. De repente, vi la cara de Jesús superpuesta a la de Nuestra Señora. Fue solo un instante, pues se desvaneció de inmediato, aunque reapareció de nuevo. Confuso, llamé a Susan. Me dijo que ella no veía nada extraño, pero que yo había estado mucho rato arrodillado, simplemente mirando a la Virgen, abstraído. Es la primera vez que cuento esto. No sé qué pensar ni qué creer».

ESPERANDO EL MILAGRO
Durante nuestras «incursiones» en Garabandal, comprobamos que los vecinos están convencidos de que los hechos ocurridos en los años 60 no tienen una explicación lógica, independientemente de que fuesen provocados por la Virgen u otra clase de «entidad». En este sentido, Laura, vecina de la cercana población de Puentenansa, recuerda una historia que no tuvo lugar ante las multitudes que acudían a Garabandal, sino en un ambiente mucho más íntimo.

Al parecer, una de sus primas se había casado en la época de las apariciones, y decidieron celebrar el convite en el establecimiento que regentaban los padres de Mari Loli Mazón, una de las niñas videntes. La novia pretendía llevar un escapulario al cuello, pero como estaba muy viejo, ese día lo sustituyó por una joya. En un momento de la celebración, Mari Loli entró en trance, tomó a la novia de la mano, la llevó a su casa y la condujo a una de las habitaciones, donde abrió el cajón en el que se encontraba el escapulario de la sorprendida contrayente, pues era imposible que la niña supiese que la joven lo guardaba allí. Finalmente y haciendo caso a Mari Loli, la novia se puso el escapulario y ambas regresaron a la fiesta.

Actualmente, ninguna de las videntes vive en Garabandal. Todas se casaron durante la década de los setenta, tuvieron hijos e intentaron llevar, en la medida de lo posible, una vida normal. Mari Cruz González es la única de las cuatro que reside en España, en la localidad de Avilés (Asturias). En su momento, ésta confesó en público que se habían inventado la historia, aunque luego se retractó en varias ocasiones, afirmando que sus palabras se habían malinterpretado. Mari Cruz viaja a menudo a Garabandal, pues posee una casa en la localidad, al igual que otra de las videntes, Jacinta González. Ésta contrajo matrimonio con un norteamericano y, en la actualidad, reside en Pasadena (Los Angeles). De todos modos, al menos una vez al año viaja al pueblo, donde suele pasar los meses de verano.

María Dolores Mazón también acabó residiendo en EE UU, concretamente en la localidad de Plaistow (Masachusetts), pero falleció en 2009, a los 59 años, tras una larga enfermedad. Conchita González, sin duda la vidente más conocida de las cuatro, reside en Nueva York, desde donde coordina la organización Garabandal Center. La última vez que pisó el pueblo fue en agosto de 2000, cuando falleció su hermano Serafín, residente en Garabandal. Posee una residencia en Fátima, centro mariano desde el que comunicará el milagro que esperan todos sus seguidores. La fecha de dicho anuncio continúa siendo el secreto mejor guardado de las apariciones. Conchita sólo ha revelado que tendrá lugar un jueves de marzo a mayo y entre los días 6 y 16, coincidiendo con la festividad de un santo mártir vinculado con la Eucaristía y con un gran acontecimiento que afectará a la Iglesia. Será a las ocho y media de la noche, durará diez minutos o un cuarto de hora y dejará una señal permanente en Los Pinos de Garabandal. Los incrédulos recuperarán la fe y los enfermos que estén presentes se curarán.  

Basándose en los datos ofrecidos por Conchita González, muchos están convencidos de que el milagro ocurrirá pronto, pues la vidente ha declarado que la Virgen le reveló que solo quedaban «cuatro papas» antes de la llegada de la «última hora», y uno gobernará la Iglesia durante poco tiempo. Estos cuatro pontífices podrían ser Pablo VI, Juan Pablo I (tal vez éste fuera «el breve»), Juan Pablo II y Benedicto XVI. No obstante todo lo anterior, Conchita puntualizó que la Santísima se habría referido al fin de una era concreta, no al apocalipsis o fin de los tiempos tal y como los entendemos. En cualquier caso, y sean o no acertadas las conjeturas que se han formulado, lo cierto es que miles de personas de todo el mundo están convencidas de que el milagro anunciado llegará pronto. ¿Estamos ante al nacimiento de un nuevo movimiento apocalíptico? El tiempo, sin duda, ofrecerá la respuesta que muchos esperan.

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