¿Ir o no ir al túnel de luz?

¿Ir o no ir al túnel de luz? ¿Que hay detrás de esa cortina? Detrás de las fachadas que percibimos, hay verdades que son contrarias a las reali

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¿Ir o no ir al túnel de luz?

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¿Que hay detrás de esa cortina?

Detrás de las fachadas que percibimos, hay verdades que son contrarias a las realidades percibidas. No es lo que pensamos que es. Hemos estado atrapados, hemos sido esclavizados durante miles de años, sin siquiera darnos cuenta. Estamos en un laberinto de ilusiones, con porteros a cada paso.

En algún momento, hace mucho tiempo en la prehistoria, demiurgos interdimensionales vinieron a la Tierra para saquearla. Esclavizaron a la humanidad y se proclamaron a sí mismos como Dios Todopoderoso, el creador.

 

Los gnósticos los llamaban los Arcontes. Son los

depredadores, que nos mantienen como su manada, al igual que nosotros mantenemos a los animales de granja. Somos su comida. Hemos estado bajo nuestro control durante miles de años.

Los mismos dioses a los que oramos buscando esperanza y salvación, son precisamente los culpables que se aprovechan de nosotros. Ellos son nuestros guardianes, y nos esclavizan, y sin embargo, nosotros estamos convencidos de que ellos son nuestro creador y salvador. Muchos de estos falsos reinos de luz se extienden sobre nuestro planeta, a través de las mentes programadas de las personas.

La reencarnación se ha convertido en algo más que una simple creencia.

La reencarnación es la base de múltiples filosofías, es mucho más que un simple dogma. Si algunas religiones basan sus dogmas en la ilusoria resurrección de la carne, la reencarnación es la piedra angular donde se sostiene la mayoría de las distintas corrientes y movimientos espirituales.

La teoría de la reencarnación aceptada por la mayoría, es la que acepta nuestra inmortalidad y que toma la vida como un cúmulo de experiencias, del tipo prueba-error, por las que ir puliendo esos errores, y pagando las consiguientes culpas, de una vida a otra.

Esto asume que nacemos con una culpa, la culpa que nosotros, con otro cuerpo, otra identidad, otra percepción, otras creencias y otras circunstancias, acumulamos. Tomaría la encarnación como un punto y seguido, en el que la memoria no se conserva, el recuerdo no permanece, pero si las cuentas pendientes.

Nacemos con una deuda que hipoteca nuestra nueva encarnación, lo que nos lleva a penar, por causas de las que no somos conscientes, que el niño de hoy, pague por los errores que otro cometió, no parece un sistema justo y equilibrado, el karma no parecería una obra de un Dios que es amor, si no todo lo contrario, pero claro, esto es una visión incompleta y sesgada, aun nos que da mucho por destapar.

Mas que un proceso evolutivo,

la reencarnación parece una planta de reciclado.

La reencarnación tal y como nos la enseñan, significa que entramos en una rueda perpetua, de encarnaciones, en distintos tiempos, pero en un mismo espacio, en este caso, este planeta.

Los que nos lleva a pensar, que la gran mayoría de nosotros, podríamos llevar cientos, si no miles, de encarnaciones.

En esas encarnaciones anteriores, no completamos las experiencias necesarias y tuvimos que repetir una y otra vez, como en un perpetuo día de la marmota, un permanente ciclo de vida y muerte sin sentido, en el que no abría modo de escapar en apariencia, y que para salir, tendrías que convertirte en un avatar, como lo fue Cristo, Buda o Khrisna.

Esto te deja una impresión bastante limitante, puesto que si en los últimos miles de años solo unos pocos han llegado al estado de comprensión suficiente como para salir de este Samsara, cuantos cientos de encarnaciones les queda a los mas de 7.000 millones de personas que habitan la Tierra.

Esto repetido así, una y otra vez, con pequeños variantes, pequeños matices que no alteran en modo alguno este básico esquema.

Podremos matar y que nos maten, robar y que nos roben, torturar y que nos torturen, podremos morir de niños, de jóvenes o de ancianos, podemos morir accidentalmente o suicidarnos, pero, si vivir es solo experimentar para evolucionar, que sentido tiene repetir esto, cientos y cientos de veces, encarnando distintos roles, siendo mujer o siendo hombre, alto, bajo, gordo o flaco, al final el esquema no varia, nacer, crecer, reproducirte y morir.

Unido a todo esto, un amplio catalogo de emociones y sentimientos, acompañando cada uno de esos repetitivos dramas.

¿De verdad es necesario repetir tanto todo esto?

¿Para que borrarnos la memoria?

Con esto, nadie jamás aprende nada de la experiencia y lo único que provoca es que se cometan una y otra vez los mismos errores, se paguen una y otra vez las mismas deudas y se arrastren las mismas culpas. Nadie puede aprender a través de la experiencia, si se le obliga a olvidar dicha experiencia.

Que sentido tendría si a un medico le borraran la memoria una vez terminara su carrera, que sentido tendría que un músico olvidara como tocar su instrumento, que sentido tendría que un pájaro olvide como volar o un pez como nadar, pues esto, es lo que postula la reencarnación y que tanto sentido tiene para muchos y ninguno para la lógica y el sentido común.

Existe la creencia que para que esta experiencia mal llamada vida, tenga sentido, debemos olvidar la divinidad que oculta nuestro ser, que si de verdad pudiéramos recordar nuestro origen divino, este juego no tendría sentido, bueno, en mi opinión este argumento no es mas que una argucia diabólica insostenible.

Una vez nos percatamos que la reencarnación tal y como esta estipulada en este planeta, es un sistema sintético o artificial, para mantenernos presos en este orbe, con un motivo o un fin poco claro aun, y que cosas como el karma, solo serian la consecuencia en un despropósito existencial. Morir, entrar en el mecanismo (trampa) reencarnatorio y nacer de nuevo.

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