La leyenda danesa del Anillo de Tove

La leyenda danesa del Anillo de Tove

  Leyendas de Dinamarca En la antigua  Dinamarca existió un rey de nombre Valdemar. En las viejas tradiciones se cuenta que este

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La leyenda danesa del Anillo de Tove

Leyendas de Dinamarca

En la antigua  Dinamarca existió un rey de nombre Valdemar. En las viejas tradiciones se cuenta que este Rey amaba profundamente a su hija, Tove. Su amor era tan profundo y tan infinito como las estrellas del cielo, y más de uno se quedaba admirado por tal devoción de un padre hacia su hija.

No obstante, hay una fuerza que muchas veces el amor ni logra vencer: la muerte. Y era esa muerte la que acechaba a la pequeña Tove. Pronto la parca vino a cobrar esa vida, y el monarca quedó devastado al punto que no quiso que enterraran a su hija sino que mandó a embalsamar y a ubicar su cuerpo en una gran sala del Hoff cerca de su habitación

Cada noche, el rey visitaba a su hija y se despedía como si ella siguiera viva. En la corte se comenzó a rumorar sobre la salud mental de Valdemar, no solo se sabía acerca de que a la pequeña no se la había dado una debida sepultura sino que el rey se empeñaba a llevarla con él a todas partes.

El verdadero amor es una ilusión

Finalmente, uno de los vasallos del rey descubrió la verdad, en uno de los dedos de Tove había engarzado un anillo que había sido regalo de la difunta reina. Gracias a esa joya Valdemar sentía un amor desmedido por su hija; de esa forma el vasallo aprovechando esa ventaja tomó el anillo y decidió usarlo él.

Al otro día, el rey sorprendido de que su hija no hubiera sido enterrada, ordenó grandes preparativos y una velación solemne, hubo una gran procesión y cortejo: “Lo que es de la tierra debe volver a la tierra, aunque mi alma se desgarre debo regresar a mi hija a donde pertenece”, pronunció el compungido rey.

La leyenda danesa del Anillo de Tove

Sin embargo, el comportamiento del rey cambio de una forma mucho más extraña: aquel vasallo que había hurtado la indumentaria de la pequeña se convirtió en el favorito del gobernante. Fue ensalzado con los mayores tributos y se puso bajo su disposición grandes propiedades y riquezas.

Los nobles se encontraban preocupados. ¿Qué pasaba por la cabeza de Valdemar para tratar al que una vez fue su sirviente con la dignidad que se dirigiría a un príncipe? Pero a pesar de que el que alguna vez fue lacayo se encontraba feliz con su situación, le pudo más su conciencia y una noche se aproximó al lago más cercano al castillo y arrojó ahí el anillo.

El amor del Rey cambió de destinatario: ahora el hermoso lago era el objeto de sus atenciones. Fue tal su fervor hacia el estanque que mandó a construir un gran salón rodeado de una sólida cerca que tenía comunicación con tierra por medio de un puente de cobre batido. Era tal su celo hacia aquél sitio que más de una vez exclamó: ‘‘Odín puede quedarse con su Valhala mientras yo continué en posesión de mi Castillo.”

Para el dios nórdico, no le fueron indiferentes aquellas palabras y con la gran cólera que caracteriza a los de su clase condenó al rey Valdemar a vagar en ese sitio durante la eternidad después de muerte. Y así fue: el rey danés no ha podido descansar, cazando siempre en las cercanías de aquél lago, esperando el día que pueda ir al Valhala.

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