Leyendas de Irlanda: el Lamento de Deirdre

Leyendas, Personas sorprendentes

Una joven llamada Deirdre

Esta historia comienza un día de la fiesta dedicada al rey  Conchobar mac Nessa del Ulster, en la antigua Irlanda. Todos celebraban y bailaban, la comida y el alcohol se servían constantemente y la gente estaba realmente entusiasmada, era un digna fiesta de la corte de Conchobar , todo el mundo se encontraba allí desde el noble más importante hasta el artista más sencillo.

De esa forma  fue como Fedlimid mac Daill, un bardo encargado de transmitir las historias de su pueblo, se encontraba presente en la reunión junto con su bella esposa comiendo y gozando de los festejos mas en un momento en que las risas inundaban el salón un horrible grito rasgo el ambiente armonioso.

-¿De dónde provenía aquél sonido?- se preguntaron muchos  hasta que un sabio druida, Cathbad, dio un paso adelante y señaló  el origen del eufonía, la niña no nata que se encontraba en el vientre de la esposa del bardo y con voz ceremoniosa vaticino lo siguiente: “Será una de las mujeres más hermosas que se haya visto en el reino, su piel será brillante como la miel, su  cabello rojo como el fuego y sus ojos verdes grisáceos como las hoja de los árboles.”

Todos los presentes se embelesaron con dicha fortuna pero el anciano druida interrumpió los murmullos con otro discurso: “No obstante, su belleza está maldita. Reyes y señores nobles irán a la guerra por ella y los tres mejores guerreros de Ulster serán exiliados.”

Las opiniones no se hicieron esperar, la gran mayoría creía que lo mejor era dar muerte a la niña inmediatamente ella naciera mas el rey curioso por el futuro de aquella infanta, decidió que él se encargaría de ella y que le daría resguardo para que cuando finalmente tuviera 16 años la convertiría en su esposa.

El sueño de Deirdre y la muerte de los guerreros

La niña nació y la nombraron Deirdre, que en gaélico significa dolor. La ahora joven Deirdre pasó gran parte de su vida viviendo en una cabaña alejada en lo más profundo del bosque, creciendo bajo los cuidados de la nodriza  Leabharcham por encargo del rey. Curiosa y hábil para aprender, Deirdre creció feliz en aquel sitio, mas la sombra de su inminente matrimonio crecía cada vez más y su corazón se iba llenando de frustración.

Una tarde de invierno, mientras que Leabharcham preparaba la cena, Deirdre con voz melancólica pronunció lo siguiente: “Todos los esposos son viejos y gordos, porque hoy he soñado con un cuervo que picoteaba una manzana en el suelo cubierto nieve y es con alguien así con quien yo me casaré. Un joven con cabellos tan oscuros como la ala del cuervo, labios rojos como la manzana y piel blanca como la nieve.”

La nodriza miró con pena a su pupila y le dijo que lo mejor para que se quitara esas ideas de la cabeza era que diera un paseo por el bosque. Deirdre siguió el consejo y partió, mas cuál no sería su sorpresa cuando en medio de un claro vio a tres jóvenes cazadores, uno de los cuales lucía exactamente como la descripción de su sueño.

Naoise. Así se llamaba aquel joven, quien se enamoró a primera vista de Deirdre. Pero la pareja era consciente del designio del rey, y juntos tomaron la decisión de huir junto con los dos hermanos de Naoise: Ardan y Ainle. Así fue como el cuarteto de jóvenes viajaron al País del Alba, antigua Escocia.

Vivieron demasiados trajines: a donde quiera que fueran y pedían asilo se armaban disputas a causa de la belleza de Deirdre hasta que finalmente pararon en una isla desierta donde vivieron gratos momentos juntos. Empero, los tres hermanos se sentían melancólicos, extrañaban su patria y pedían a los cielos poder volver pronto a ella. Y como por obra del divino  un día llegó a  ellos un salvoconducto por parte del rey, quien les aseguraba que no había peligro en volver.

Deirdre no creyó aquella promesa – era una trampa – les advirtió a los hermanos pero ellos deseosos de volver no le hicieron caso y viajaron de regreso a su hogar. En su camino, se encontraron con Fergus mac Róich, un noble al que el rey había enviado para escoltarlos en su travesía.

Si bien,  todo parecía marchar bien en realidad era un plan bien maquinado por parte del humillado rey quien ansiaba poner sus brazos sobre la novia fugitiva, fue así como les tendió una trampa en un hostal donde se estaban hospedando. Conchobar  mandó a sus mejores hombres para capturarlos pero los hermanos pelearon con gran ahínco y vencieron. El gobernante ofuscado por la situación llamó a su druida para que atrapara al cuarteto por medio de hechizos.

Al principio todo marchaba bien, los jóvenes superaron cada una de las trampas, pero las cosas se pusieron complicadas y uno a uno los hermanos de Naoise fallecieron. Cuál no sería el desconsuelo de aquel joven al ver sus familiares morir, que al final, desmoralizado por la pena el también falleció.

Los soldados del rey, apresaron a Deirdre, a quien la encontraron llorando sobre el cadáver de Naoise. Conchobar contento con su victoria, encerró a la chica en una torre y ordenó que se hicieran preparativos para celebrar la boda al día siguiente.

Ya llegado el momento cuando fueron a buscar a Deirdre, la hallaron muerta  y le dieron sepultura cerca del bosque donde nació. Aunque el cadáver de la joven fue robado y sepultado cerca de Naoise y allí clavaron  dos pedazos de tejo cerca de sus tumbas, esos tejos crecieron y se convirtieron en dos árboles que se entrelazaron en el centro para convivir juntos por toda la eternidad.

Bibliografía:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Deirdre

Imágenes: 1 y 2: pinterest.com, 3: wikipedia.org

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Una joven llamada Deirdre

Esta historia comienza un día de la fiesta dedicada al rey  Conchobar mac Nessa del Ulster, en la antigua Irlanda. Todos celebraban y bailaban, la comida y el alcohol se servían constantemente y la gente estaba realmente entusiasmada, era un digna fiesta de la corte de Conchobar , todo el mundo se encontraba allí desde el noble más importante hasta el artista más sencillo.

De esa forma  fue como Fedlimid mac Daill, un bardo encargado de transmitir las historias de su pueblo, se encontraba presente en la reunión junto con su bella esposa comiendo y gozando de los festejos mas en un momento en que las risas inundaban el salón un horrible grito rasgo el ambiente armonioso.

-¿De dónde provenía aquél sonido?- se preguntaron muchos  hasta que un sabio druida, Cathbad, dio un paso adelante y señaló  el origen del eufonía, la niña no nata que se encontraba en el vientre de la esposa del bardo y con voz ceremoniosa vaticino lo siguiente: “Será una de las mujeres más hermosas que se haya visto en el reino, su piel será brillante como la miel, su  cabello rojo como el fuego y sus ojos verdes grisáceos como las hoja de los árboles.”

Todos los presentes se embelesaron con dicha fortuna pero el anciano druida interrumpió los murmullos con otro discurso: “No obstante, su belleza está maldita. Reyes y señores nobles irán a la guerra por ella y los tres mejores guerreros de Ulster serán exiliados.”

Las opiniones no se hicieron esperar, la gran mayoría creía que lo mejor era dar muerte a la niña inmediatamente ella naciera mas el rey curioso por el futuro de aquella infanta, decidió que él se encargaría de ella y que le daría resguardo para que cuando finalmente tuviera 16 años la convertiría en su esposa.

El sueño de Deirdre y la muerte de los guerreros

La niña nació y la nombraron Deirdre, que en gaélico significa dolor. La ahora joven Deirdre pasó gran parte de su vida viviendo en una cabaña alejada en lo más profundo del bosque, creciendo bajo los cuidados de la nodriza  Leabharcham por encargo del rey. Curiosa y hábil para aprender, Deirdre creció feliz en aquel sitio, mas la sombra de su inminente matrimonio crecía cada vez más y su corazón se iba llenando de frustración.

Una tarde de invierno, mientras que Leabharcham preparaba la cena, Deirdre con voz melancólica pronunció lo siguiente: “Todos los esposos son viejos y gordos, porque hoy he soñado con un cuervo que picoteaba una manzana en el suelo cubierto nieve y es con alguien así con quien yo me casaré. Un joven con cabellos tan oscuros como la ala del cuervo, labios rojos como la manzana y piel blanca como la nieve.”

La nodriza miró con pena a su pupila y le dijo que lo mejor para que se quitara esas ideas de la cabeza era que diera un paseo por el bosque. Deirdre siguió el consejo y partió, mas cuál no sería su sorpresa cuando en medio de un claro vio a tres jóvenes cazadores, uno de los cuales lucía exactamente como la descripción de su sueño.

Naoise. Así se llamaba aquel joven, quien se enamoró a primera vista de Deirdre. Pero la pareja era consciente del designio del rey, y juntos tomaron la decisión de huir junto con los dos hermanos de Naoise: Ardan y Ainle. Así fue como el cuarteto de jóvenes viajaron al País del Alba, antigua Escocia.

Vivieron demasiados trajines: a donde quiera que fueran y pedían asilo se armaban disputas a causa de la belleza de Deirdre hasta que finalmente pararon en una isla desierta donde vivieron gratos momentos juntos. Empero, los tres hermanos se sentían melancólicos, extrañaban su patria y pedían a los cielos poder volver pronto a ella. Y como por obra del divino  un día llegó a  ellos un salvoconducto por parte del rey, quien les aseguraba que no había peligro en volver.

Deirdre no creyó aquella promesa – era una trampa – les advirtió a los hermanos pero ellos deseosos de volver no le hicieron caso y viajaron de regreso a su hogar. En su camino, se encontraron con Fergus mac Róich, un noble al que el rey había enviado para escoltarlos en su travesía.

Si bien,  todo parecía marchar bien en realidad era un plan bien maquinado por parte del humillado rey quien ansiaba poner sus brazos sobre la novia fugitiva, fue así como les tendió una trampa en un hostal donde se estaban hospedando. Conchobar  mandó a sus mejores hombres para capturarlos pero los hermanos pelearon con gran ahínco y vencieron. El gobernante ofuscado por la situación llamó a su druida para que atrapara al cuarteto por medio de hechizos.

Al principio todo marchaba bien, los jóvenes superaron cada una de las trampas, pero las cosas se pusieron complicadas y uno a uno los hermanos de Naoise fallecieron. Cuál no sería el desconsuelo de aquel joven al ver sus familiares morir, que al final, desmoralizado por la pena el también falleció.

Los soldados del rey, apresaron a Deirdre, a quien la encontraron llorando sobre el cadáver de Naoise. Conchobar contento con su victoria, encerró a la chica en una torre y ordenó que se hicieran preparativos para celebrar la boda al día siguiente.

Ya llegado el momento cuando fueron a buscar a Deirdre, la hallaron muerta  y le dieron sepultura cerca del bosque donde nació. Aunque el cadáver de la joven fue robado y sepultado cerca de Naoise y allí clavaron  dos pedazos de tejo cerca de sus tumbas, esos tejos crecieron y se convirtieron en dos árboles que se entrelazaron en el centro para convivir juntos por toda la eternidad.

Bibliografía:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Deirdre

Imágenes: 1 y 2: pinterest.com, 3: wikipedia.org

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