Confirman la influencia humana en los desajustes estacionales

Confirman la influencia humana en los desajustes estacionales

Confirman la influencia humana en los desajustes estacionales Los inviernos más cortos y veranos más largos están relacionados con los gases de e

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Confirman la influencia humana en los desajustes estacionales

Los inviernos más cortos y veranos más largos están relacionados con los gases de efecto invernadero

 

 

El “latido” estacional se está volviendo más fuerte debido a las emisiones de gases efecto invernadero. Foto: Lawrence Livermore National Laboratory.

Un estudio que ha analizado 38 años de datos acumulados por satélites ha confirmado que la acción humana es la que está provocando los desajustes en las estaciones anuales.

Las estaciones son los periodos del año en los que las condiciones climáticas imperantes se mantienen en unos parámetros estables. Las estaciones son normalmente cuatro y duran tres meses: primavera, verano, otoño e invierno.

Las estaciones están sufriendo en las últimas décadas profundos cambios como consecuencia de la evolución del clima. El calentamiento global no sólo ha traído temperaturas más cálidas (según este estudio, la temperatura troposférica global ha subido una media anual de 0.7ºC desde 1979 hasta 2016), sino que también ha afectado a su distribución, provocando inviernos más cortos y veranos más largos, entre otros efectos.

El nuevo estudio ha podido determinar que la probabilidad de que los cambios observados en las estaciones se deban a procesos naturales y no a la actividad humana, es de 5 sobre un millón. Los resultados se publican en la revista Science.

Troposfera recalentada

Los investigadores se centraron especialmente en la troposfera, la parte de la atmósfera que se extiende desde la superficie terrestre hasta aproximadamente 16 kilómetros en los trópicos y hasta 13 kilómetros en los polos.

Esta investigación aporta la evidencia de que los veranos están calentando esta capa de la atmósfera, de cuyo espesor dependen las estaciones anuales. Este calentamiento, según los investigadores, no tiene ninguna explicación de origen natural y sólo se justifica por las concentraciones de gases de efecto invernadero generados por la actividad humana.

Por cada año de los 38 (de 1979 a 2016) de registros de satélites, Ben Santer y su equipo del Lawrence Livermore National Laboratory (USA) seleccionaron la temperatura mensual más baja (valle) y la más alta (pico) registrada en la troposfera durante ese periodo.  En los primeros años, el diferencial entre la temperatura más baja y más alta se fue acentuando, hasta acelerarse a finales de 2016.

Analizaron asimismo los cambios en la duración del ciclo estacional de la temperatura troposférica en diferentes lugares de la superficie de la Tierra. Este patrón proporcionó información sobre los contrastes de temperatura entre los meses más cálidos y más fríos del año.

Latido más fuerte

Lejos de los efectos moderadores de los océanos, las regiones de latitudes medias de los continentes del hemisferio norte tienen un gran ciclo estacional de temperatura atmosférica, con inviernos fríos y veranos calurosos. Sin embargo, los datos de temperatura de los satélites son consistentes con los modelos que proyectan que este “latido” estacional se está volviendo más fuerte con las emisiones humanas de dióxido de carbono.

Otras características comunes a las observaciones y simulaciones de modelos son pequeños cambios en el ciclo de temperatura estacional tropical y una disminución en la duración del ciclo estacional en la región antártica.

“Nuestros resultados sugieren que los estudios de atribución con el ciclo estacional cambiante proporcionan evidencia poderosa y novedosa de un efecto humano significativo sobre el clima de la Tierra”, dijo el científico principal y autor principal de LLNL, Benjamin Santer, en un comunicado.

El clima de la Tierra se ve afectado simultáneamente por diferentes factores externos e internos. Ejemplos de influencias externas son los cambios naturales en la producción de energía del Sol y los aumentos causados por la actividad humana en las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero.

Las influencias internas incluyen una amplia gama de ciclos naturales, como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS o ENSO), un patrón climático que consiste en la oscilación de los parámetros meteorológicos del Pacífico ecuatorial cada cierto número de años, o la Oscilación decenal del Pacífico (PDO), un patrón de temperatura en el Océano Pacífico que está aproximadamente 20-30 años en fase fría o en fase cálida

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