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Descubierta herrería vikinga en Norteamérica mediante imágenes vía satélite

Descubierta herrería vikinga en Norteamérica mediante imágenes vía satélite

Según National Geographic, los expertos son “prudentemente optimistas” respecto al descubrimiento de una herrería en la que se trabajaban los metale

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Descubierta herrería vikinga en Norteamérica mediante imágenes vía satélite

Según National Geographic, los expertos son “prudentemente optimistas” respecto al descubrimiento de una herrería en la que se trabajaban los metales hace aproximadamente 1.000 años en Terranova, al nordeste de Canadá, y que podría ser un asentamiento vikingo. El yacimiento, situado en Point Rosee, es el segundo en el que  se han hallado pruebas sólidas de asentamientos vikingos en el Nuevo Mundo. El primero, en L’Anse aux Meadows , también en Terranova pero cientos de millas al norte de Point Rosée, fue descubierto en 1960.

Como podemos leer en el artículo de National Geographic que anuncia el descubrimiento, la herrería de Point Rosee está rodeada por los restos de un muro rectangular de turba. De hecho, la propia herrería no es más que una gran piedra con una hendidura a cuyo alrededor hay otras piedras de menor tamaño.

Pero en torno a esta gran roca los arqueólogos han encontrado más de doce kilos de escorias (subproducto del tostado del hierro, paso previo al fundido y a la forja en la manufactura de este metal). Los herreros secaban y calentaban al fuego el mineral para que no estallara en el momento de golpearlo durante la forja.

Los expertos no creen que los nativos de esta región trabajaran el hierro en el siglo XI, aunque sí que es cierto que antes de que los europeos llegaran al Nuevo Mundo ya se conocía la forja del hierro en América. De hecho, el asentamiento vikingo de Point Rosee es el emplazamiento más meridional y occidental en el que se han hallado pruebas de forja del hierro en América antes de la llegada de Cristóbal Colón.

Cabe destacar también el método que se ha seguido para realizar el descubrimiento. La “arqueóloga del espacio” y colaboradora de National Geographic Sarah Parcak, trabajando con un presupuesto de un millón de dólares USA conseguido al ganar un premio TED ( Tecnología, Entretenimiento, Diseño ), ha utilizado imágenes vía satélite para detectar indicios de actividad humana en esta zona.

La arqueóloga estudia habitualmente imágenes de satélite de Egipto en busca de signos de antigua presencia humana, pero recientemente ha expandido sus horizontes. En Point Rosee, Parcak observó una leve variación en la vegetación, de forma rectangular, posiblemente como consecuencia de la realización de alguna construcción. Las investigaciones in situ revelaron posteriormente los muros de turba y la herrería. El asentamiento contiene hierro de pantano, depósitos naturales de este metal que habrían resultado muy atractivos para los vikingos. Presenta también otras características que podrían haber sido interesantes para los antiguos exploradores nórdicos.

Las costas meridionales de la península de Point Rosee albergan además grandes rocas sumergidas, lo que habría permitido a los vikingos fondear o anclar sus embarcaciones en aguas poco profundas.

Como podemos leer en National Geographic, también hay en la zona buenas tierras de labranza, pesca abundante y numerosas especies para cazar. Otros recursos que podrían haber resultado atractivos para los vikingos son la turba como material de construcción y el sílex para fabricar herramientas de piedra.

Parcak ha declarado a   The Washington Post que por el momento “nada garantiza con absoluta certeza que se trate de un asentamiento nórdico.” También ha añadido que “este yacimiento requerirá años de excavaciones exhaustivas, y va a ser polémico. Plantea muchas más preguntas de las que responde. Pero eso es lo que se supone que ocurre con todo nuevo descubrimiento.”

En el artículo de National Geographic podemos leer también que el recurso más valioso del lugar era el hierro, que se formaba al arrastrar los ríos este metal desde las montañas hasta los humedales, donde las bacterias filtraban el hierro contenido en el agua y lo transformaban en mineral de hierro, en un proceso denominado biolixiviación.

Como alternativa a la explotación minera, los vikingos obtenían habitualmente su hierro de las turberas, y necesitaban una gran cantidad de este metal para los clavos que empleaban en la construcción de sus barcos, que surcaban mares y océanos en aquella época. Un drakkar nórdico necesitó para su reconstrucción 7.000 clavos (400 kilos de hierro), cuya obtención habría requerido que un herrero calentara y fundiera hasta 30 toneladas de mineral de hierro en bruto.

Según los arqueólogos, no es probable que la construcción hallada en Point Rosee sea de origen nativo, y tampoco que fuera obra de los pescadores y balleneros vascos que llegaron a Terranova en el siglo XVI. Tal y como ha declarado el arqueólogo y experto en vikingos Doug Bolender a National Geographic, el único pueblo que podría haber extraído y trabajado el hierro de pantano de esta región es el vikingo.
Bolender explica que existen documentos escritos que confirman la presencia vikinga en Norteamérica:

“Las sagas sugieren un corto período de actividad y un muy breve y fracasado intento de colonización. L’Anse aux Meadows se ajusta bastante bien al relato, pero es solo un asentamiento. Point Rosee podría reforzar esta teoría o cambiarla por completo si su datación es diferente de la de L’Anse aux Meadows. Podríamos encontrarnos con un período de actividad nórdica en el Nuevo Mundo mucho más largo. Un yacimiento como el de Point Rosee tiene el potencial de revelarnos cómo fue la primera oleada de colonización nórdica no solo en Terranova, sino también en el resto del Atlántico Norte.”

Como podemos leer en National Geographic, L’Anse aux Meadows demostró que las sagas no son enteramente ficticias. Las sagas y las nuevas pruebas físicas obtenidas recientemente demuestran que los nórdicos probablemente se aventuraran en dirección oeste partiendo de Europa y de sus asentamientos de Groenlandia.

Entre otras pruebas de la presencia vikinga en el Nuevo Mundo tenemos una moneda de cobre y otros objetos del siglo XI hallados en el estado norteamericano de Maine. Los expertos han especulado si estas piezas podrían haber sido obtenidas por los nativos americanos al comerciar con las gentes del norte.

El largometraje documental de Sarah Parcak Vikings Unearthed (“Desenterrando a los vikingos”) será emitido en la televisión pública de los Estados Unidos a partir de la semana próxima.

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