Mike de Hierro: el hombre que simplemente no moría

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Michael Malloy

Michael Malloy fue un célebre personaje en la historia popular de los Estados Unidos. Pero al contrario que muchas otras celebridades de este país, Mike no era millonario, ni particularmente atractivo, ni poseía talentos para la música o la actuación. De hecho, era un personaje más bien poco memorable y no habría pasado la historia de no ser porque un grupo de “amigos” intentó asesinarlo. Y falló.

Una y otra y otra vez.

Malos tiempos

Todo comenzó cuando un hombre llamado Francis Paqua fue contratado por Tony Marino para trabajar en su bar, en el Bronx en Nueva York. Corría el año de 1932 y el negocio no iba bien… bueno, de hecho nada iba bien, pues la Gran Depresión había enviado la economía del país a un abismo que parecía no tener final. Marino, exhausto, se sentó una tarde con Paqua y con Daniel Kriesberg (otro de sus empleados) y les comentó que la situación era mala y el negocio podría cerrar.

Paqua, pensativo, volteó la mirada y se encontró con un Malloy absolutamente inebriado. Y comenzó a idear un plan.

Póliza de vida

El plan era simple: Marino convencería a Malloy, un alcohólico empedernido, de comprar una póliza de vida a su nombre. A cambio de ello le abriría una nueva cuenta en su bar, algo que el hombre seguro aceptaría. Tras esto, únicamente habría que sentarse a esperar que Malloy bebiera hasta matarse (algo que dada su adicción no debería durar mucho).

Marino no estaba convencido, pero Paqua, interesado en el negocio, comenzó a presionarlo. Aseguró que ya lo había hecho antes y que no presentaba ningún riesgo. Además, agregó que “el hombre se ve muy enfermo. No durará mucho más, en cualquier caso. Tanto licor le está haciendo daño”

Y con esto, Marino aceptó y comenzó el plan que llevaría a Malloy a la fama.

Paqua se encargó del papeleo. Se alió con un tal Nicolas Mellory, y falsificaron papeles que indicaban que Malloy era trabajador de una floristería (por supuesto, nadie le da una póliza a un indigente alcohólico). Tras 5 meses el hombre había logrado contratar la friolera de 3 pólizas con un valor combinado de $3.576 (alrededor de 50 mil dólares a precios actuales) y el plan estaba listo para continuar.

Los conspiradores

El Hombre de Hierro

Al día siguiente de la compra de la póliza, cómo no, Malloy entró al bar a estrenar su flamante nueva cuenta. Pidió trago tras trago tras trago al punto que el brazo de Marino se cansó de sostener la botella. Tras varias horas simplemente se levantó, les dio las gracias por su amabilidad y salió por la puerta.

Y volvió a las 24 horas.

Tras tres días Marino comenzó a perder la paciencia y propuso que alguien simplemente le disparara. Pero la cosa no era tan simple, y en lugar de ello optaron por darle metanol (alcohol extraído de la madera), el cual puede causar ceguera e incluso la muerte si su concentración es muy alta.

Al principio simplemente lo mezclaban con las bebidas. Dos días después, al ver que nada sucedía, se lo comenzaron a dar puro. Y aún así, nada sucedió: el hombre se quedó dormido, roncó un rato y despertó como si nada.

A estas alturas la situación era crítica: el grupo no sólo tenía que pagar el alcohol que bebía Malloy, sino que además tenía que pagar las pólizas que habían contratado. La situación no daba para esperas, por lo que tuvieron que pensar en una solución más rápida para el “problemita” que ellos mismos se habían buscado.

Intentos de asesinato

Hasta el momento el plan era simplemente dejar que Malloy bebiera hasta morirse, pero a partir de este momento comenzaron a pensar en una forma activa de matarlo.

La primera idea de Paqua fue envenenarlo con ostras pasadas. Una vez más, Malloy comió sus ostras y siguió como si nada.

Siguió el plan de las sardinas pasadas. Y una vez más el hombre no sufrió daño alguno (al menos, de manera visible). Esta vez, el sánduche no solo tenía comida podrida sino trozos de metal cortante que de alguna manera pasaron sin hacer daño por el sistema digestivo de Malloy.

Paqua ya había realizado esta treta en el pasado, y en aquella ocasión había emborrachado a su víctima y la había dejado en el frío de la noche para que muriera congelada. Hicieron exactamente el mismo truco (aprovechando el frío del invierno neoyorquino), pero además lo dejaron sin camisa y le echaron varias botellas de agua encima antes de partir. Esperaban, con toda lógica, que muriera esa noche.

Pero una vez más Malloy apareció al día siguiente en el bar, quejándose del frío.

Luego de ello optaron por atropellarlo. Lograron hacerlo (e incluso le pasaron por encima luego de que quedó exánime en el suelo) pero la aparición de otro vehículo hizo que se asustaran y abandonaran la escena del crimen. El cuerpo desapareció… y apareció tres días después en el bar, pidiendo una bebida.

Y bueno, como a la décima es la vencida, al final el grupo pudo matarlo envenenándolo con gas. Habían pasado 9 meses desde la compra de la póliza y los conspiradores estaban desesperados, pero en últimas habían triunfado… ¿o no?

Los conspiradores enfrentando a la Justicia

Pues resulta que no. La primera póliza les fue paga de manera inmediata, pero las siguientes dos comenzaron a sospechar y pidieron revisar el cuerpo. Como el hombre había sido enterrado (algo que no es protocolario si hay una póliza) se abrió una investigación y la conspiración fue descubierta.

Los conspiradores, todos, fueron condenados a la silla eléctrica, donde murieron en el primer intento.

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