¿Sabías que TU ROPA la HACEN NIÑAS ESCLAVAS? El corte inglés,Mango…  

¿Sabías que TU ROPA la HACEN NIÑAS ESCLAVAS? El corte inglés,Mango…  

Salarios de 1,3 euros diarios por 68 horas de trabajo a la semana, sin contrato, en un ambiente insalubre, sin derechos básicos como la prestaci&

David Rockefeller recibe su sexto corazón en 38 años
Los 2550 minerales raros que hacen único al planeta Tierra
David Rockefeller recibe su sexto corazón en 38 años.

Salarios de 1,3 euros diarios por 68 horas de trabajo a la semana, sin contrato, en un ambiente insalubre, sin derechos básicos como la prestación en caso de enfermedad o la afiliación sindical, en régimen de privación de libertad… Esesigue siendo el lóbrego escenario laboral al que se enfrentan cotidianamentedecenas de miles de niñas y adolescentes, muchas de ellas de apenas 15 años, en el estado indio de Tamil Nadu, al sudeste del coloso asiático. Todas esas jóvenes, que representan el 60% de los más de 400.000 trabajadores del sector, son empleadas en condiciones que rozan la esclavitud por megafactorías textiles que suministran sus productos a las grandes firmas de moda internacionales, entre ellas las españolas Zara y Bershka (Inditex), El Corte Inglés, Cortefiel y Carrefour España.

No son las únicas. Gigantes como Primark, Calvin Klein, Benetton, Walmart,Mothercare, H&M, C&A o Timberland, entre otras, también obtienen pingües beneficios de la presunta red de trabajo esclavo que tiene su epicentro en las vastas factorías textiles del sur de la India, cuya producción, que no se detiene ninguno de los 365 días del año, llega alas tiendas de ropa más conocidas en todos los rincones del planeta.

 

Así lo revela un nuevo y exhaustivo informe del prestigioso Centre for Research on Multinational Corporations –una organización independiente holandesa sin ánimo de lucro que escruta los estándares éticos de las grandes multinacionales–, que destapa, una vez más, la explotación vinculada al comercio textil.


Pinche para leer el informe.

El informe, titulado Flawed fabrics(Tejidos defectuosos) y fechado el pasado mes de octubre, vuelve a sacar los colores a algunos de los principales gigantes mundiales de la moda por beneficiarse de las “graves violaciones de los derechos humanos y laborales” de decenas de miles de niñas y adolescentes indias que son “atraídas mediante engaños y falsas promesas” a las casi 1.600 factorías textiles que inundan Tamil Nadu –uno de los mayores centros mundiales de fabricación y distribución de prendas de vestir–, donde trabajan en “condiciones espantosas que equivalen a trabajos forzados”.

Algunas de las firmas más conocidas mundialmente se han caído de la lista negra, entre ellas Tommy Hilfiger o Marks&Spencer, que sí aparecían en el informe anterior, de 2011, tituladoCaptured by cotton (Atrapadas en el algodón). En aquel documentado estudio, elaborado en colaboración con el India Committee of the Netherlands –una ONG holandesa impulsora de la campaña Clean Clothes (Ropas Limpias)–, se relataba el proceso de reclutamiento laboral de decenas de miles de jóvenes indias de entre 14 y 20 años, la mayoría de ellas perteneciente a la casta de los Dalit, la más baja del país, considerada impuray dedicada a tareas marginales con míseros salarios.

El nuevo informe del Centre for Research on Multinational Corporations es el resultado de una exhaustiva investigación de tres años que incluye entrevistas sobre el terreno a 151 trabajadoras a cambio de anonimato. Una de las cinco megafactorías estudiadas, la Super Spinning Mills Ltd., suministra toneladas de hilo de algodón producido en condiciones de semiesclavitud a varias compañíascon sede en la vecina Bangladesh, entre ellas Cotton Club, propiedad de Mondol Group, y Fariha Knit Tex, perteneciente al Grupo Asrotex. Estas últimas son dos de los principales proveedores de Zara y Bershka –del gigante Inditex–, El Corte Inglés, Cortefiel y Carrefour España.


Una dependienta coloca un maniquí en una tienda de ropa de Arteixo, La Coruña. Reuters)

El estudio lamenta la “alarmante falta de transparencia” tanto de los productores de Tamil Nadu como de las firmas intermediarias y las compradoras finales, y enfatiza que estas últimas “apenas proporcionan información acerca de sus proveedores, lo que hace muy difícil exigir responsabilidades” a las compañías occidentales sobre las “violaciones” cometidas en sus “cadenas de suministro”. Los autores del informe consideran que la responsabilidad de las grandes firmas de moda “se extiende más allá de sus proveedores de primer nivel, hasta los segundos y terceros niveles”, incluyendo las macrofactorías de Tamil Nadu.

Un portavoz de Inditex aseguró a El Confidencial que “no existe la relación mencionada en el informe de ninguno de nuestros proveedores con Super Spinning Mills. Inditex obligó hace ya tiempo a Cotton Club, la compañía de Bangladesh responsable, según el informe, de contratar con Super Spinning Mills, a interrumpir inmediatamente cualquier relacióncon esta compañía india”. Sin embargo, la propia web de Mondol Group, propietaria de Cotton Club,cuestiona esa versión. En ella se informa de que, entre sus principales clientes, figuran Zara y Bershka (Inditex), además de Cortefiel y El Corte Inglés.

Por su parte, fuentes de El Corte Inglés señalaron que esta empresa “trabaja activamente para fomentar y garantizar el cumplimiento de losderechos humanos y laborales en las empresas proveedoras. Para ello contamos con códigos de conducta obligatorios que se enmarcan en las convenciones fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Nuestro sistema de homologación de proveedores incluye auditorías sociales realizadas al amparo del sistema BSCI (Business Social Compliance Iniciative) que toma como referencia las citadas convenciones de la OIT”.

Un portavoz de Cortefiel señaló que la compañía “rechaza cualquier forma de trabajo que sea contraria a los derechos humanos”, y aseguró, sin mayores precisiones, que “la verificación externa de nuestros proveedores es la mejor del mundo”. Carrefour España, por su parte, rehusó ofrecer su versión.

El informe detalla cómo los “reclutadores” de las macrofactorías textiles de Tamil Nadu se trasladan alas áreas más pobres y deprimidas de ese Estado indio “para convencer a los padres de que envíen a sus hijas” a esos centros de trabajo esclavo “con promesas de un buen salario, hospedaje confortable, tres comidas al día y oportunidades de escolarización, así como una paga extra al cabo de tres años de trabajo” para costear su dote y contraer matrimonio. Pero, una vez reclutadas, la realidad que se encuentran es “espantosa”.

Pero la REBELIÓN ya ha comenzado.

“¿Hemos nacido para ser mujeres o costureras?”. Yamuna, que hace más de 20 años que trabaja en la industria textil de Bangalore, en la India, se hace esta pregunta. Hace poco decidió dejar de perder el tiempo pidiendo mejoras laborales sus jefes.

Ella y otras trabajadoras del taller de confección Goldenseam se dieron cuenta de que sólo existía un modo de que los patrones dejaran de explotarlas: enfrentarse directamente con ellos, perderles el miedo. “Los propietarios de las fábricas son cinco o diez… ¿pero cuántas somos nosotras? Miles y miles”.

Las costureras indias están iniciando una revolución. Yamuna y otras activistas han creado el Garment Labour Union, un sindicato textil íntegramente femeninoque está consiguiendo cada vez más adhesiones en el estado de Tamil Nadu, donde se concentra la mayor parte de fábricas con trabajadoras procedentes de zonas rurales. Es allí donde grandes multinacionales desembarcaron para ahorrar en costes de producción y aumentar sus beneficios.

¿Y cómo conocemos a Yamuna? Hace escasos meses, un grupo de jóvenes catalanes fueron testigos de una huelga en la fábrica Goldenseam: 162 mujeres se sentaron en la entrada de la fábrica y se negaron a trabajar hasta que no se llegase a un acuerdo de mejora de las condiciones. Allí estaba Yamuna y otras activistas que han decidido declarar la guerra a sus patrones: “Ellos ganan mucho dinero y a nosotras no nos dan ningún valor. Eso es doloroso”.

Los hombres se escondían, las mujeres gritaban, el miedo cambiaba de bando. Enric Escofet, Marc Soler, Eduard Valls y Cèlia Vila, todos ellos miembros de la pequeña productora audiovisual NoDustFilms, entendieron que estaban presenciando algo importante. Esto es lo que vieron.

NoDustFilms consiguió en Verkami 6.630 euros, más dinero del que había pedido, para producir Las Costuras de la Piel, un documental sobre la rebelión de las costureras de Bangalore cuyo preestreno será el próximo 6 de febrero en los cines Maldà de Barcelona. Cèlia Vila cuenta que descubrieron unas condiciones infrahumanas: “La raíz de todos sus problemas es la alta producción que se les impone. Se ven obligadas a cumplirjornadas laborales de 60 horas semanales y a hacer horas extra sabiendo que no las van a cobrar. Los ratos de descanso son muy breves, no pueden permitirse más de media hora para comer y tres minutos para tomar el té”.

Las costureras trabajan en habitaciones sin luz ni ventilación, el calor hace que los productos químicos generen sensación de ahogo y hasta enfermedades como la tuberculosis. Además de la fatiga y la ansiedad por alcanzar la producción exigida, los supervisores, que acostumbran a ser hombres, las maltratan física y psicológicamente: “Nos riñen, insultan, nos amenazan con echarnos. Si protestamos, nos castigan a estar horas de pie”, les contó una de ellas.

Muchas dejan sus hogares engañadas con falsas expectativas. Los empresarios se aprovechan de la docilidad con la que la mayoría de ellas han sido educadas: “La condición social de la mujer en la India es de completa sumisión y fidelidad, primero a sus padres y después a su marido. Son más fáciles de explotar y muy pocas se atreven a denunciar las condiciones en las que trabajan”, explica Escofet.

¿Es esto vivir? Las relaciones humanas están regidas por el dinero. Los ricos tienen el poder y los pobres estamos mal vistos

Además, pertenecer a un sindicato es ilegal en muchas fábricas del sector de la confección. Los llamados comités de ayuda están formados por trabajadoras concretas, sin formación política ni legal, elegidas para no generar problemas: “Las mujeres que se quejan o reivindican un trato mejor son humilladas públicamente, reciben castigos físicos y hasta rebajas de sueldo”.

“En ocasiones, los supervisores llegan a llamar a la policía para que retenga a las trabajadoras y sufran la vergüenza y el desprecio de ser detenidas sin ningún motivo”. También son habituales las listas negras: cualquier mujer rebelde corre el peligro de no ser contratada nunca más por ninguna otra fábrica de la Bangalore. Muchas aún sufren las consecuencias psíquicas de las amenazas.  

Mujeres deslocalizadas

“¿Es esto vivir? Las relaciones humanas están regidas por el dinero.Los ricos tienen el poder y los pobres estamos mal vistos”. Así resume Yamuna el funcionamiento de la economía globalizada. Desde que 248 personas murieron al derrumbarse un taller de Bangladesh en abril de 2013, los consumidores occidentales son más conscientes de la procedencia de las prendas baratas que visten.

Los gigantes de este sector entendieron hace tiempo que localizar la producción en países como India, Bangladesh, China o Indonesiaaumenta sus beneficios de forma exponencial. Por cada trabajador dispuesto a cobrar una miseria, se facturan miles de euros más.

En el caso de la India, en 2004 se firmó un acuerdo, el Multi Fibre Agreement, que da plena libertad a los empresarios: “Este acuerdo ha propiciado que los países productores entren en competencia directa entre ellos y cambien sus estrategias para poder ofrecer precios aún más bajos a las multinacionales para quedarse con los encargos. Lo que aún convierte las condiciones en más miserables”.

“Basta a todo”

Más del 50% de los indios considera que la violencia contra las mujeres forma partede una familia feliz. Hace escasos días, el parlamentario Sakshi Maharaj dijo que todas las hindús “deben producir al menos 4 hijos”.

En el último año, las violaciones grupales y los asaltos sexuales se han convertido en noticia y ya se habla de que la India tiene un problema especialmente grave en este campo. Sin embargo, cada vez hay más denuncias: según la policía de Nueva Delhi, en 2014 las demandas por delitos contra las mujer han aumentado un 18% y de violaciones un 31%.

Parece evidente que cada vez más mujeres indias se enfrentan a los hombres, ya sean sus maridos o sus capataces. La mayor parte de las protagonistas de Las Costuras de la Pielhan sido también víctimas de violencia sexista: “Sufren una triple discriminación: social, económica y de género”, cuenta Vila.

Su situación no es solo consecuencia de las precarias condiciones laborales: “La sociedad siempre las ha tratado mal. Muchas reconocen que han padecido malos tratos y agresiones sexuales por parte de sus maridos. En general, los hombres las consideran indignas de confianza y libertad”.

Sería precipitado hablar de revolución obrera en los talleres textiles de Asia. Sin embargo, la unión femenina está aumentando y empieza a tener sus efectos en forma de grupos de autodefensa, asociaciones y sindicatos.

De repente, las mujeres son sujetos políticos influyentes y se han vuelto peligrosas: “Gracias a ellas se están implementando medidas para limitar los abusos y reforzar el papel de los sindicatos dentro de las fábricas”. No obstante, el camino hacia la dignidad apenas acaba de empezar y no van a ponérselo fácil.

La planta de la fábrica Goldenseam, donde se inició la huelga, ha sido clausurada.

Cada vez más mujeres indias se enfrentan a los hombres, ya sean desconocidos, sus jefes o sus maridos.

Misterios y Conspiraciones

Content Protection by DMCA.com

COMMENTS

DMCA.com Protection Status