Una mujer de la oscuridad

Share Este es un relato que nos platicaba papá hace muchos años, cuando yo todavía era un niño y en la cena, nos quedábamos en la sobremesa a platica

LA MUJER DE BLANCO
La Aterradora “Mujer De La Niebla”
La mujer de blanco en la calle Archer.

Este es un relato que nos platicaba papá hace muchos años, cuando yo todavía era un niño y en la cena, nos quedábamos en la sobremesa a platicar de todo un poco. El relato comienza más o menos allá por el año de 1955, cuando el tren era el principal medio de locomoción entre los pueblos y rancherías del norte de la República Mexicana.

Mi familia vivía en el cabecera municipal de Venado, un municipio de San Luís Potosí. A eso de la media noche llegaba el último tren proveniente de Monterrey, Nuevo León, y afuera de la estación aguardaba un modesto camión que la raza llamaba coloquialmente “La Agonía”.

Las desvencijadas láminas oxidadas muy apenas podían con su dificil encomienda de llevar a los pasajeros desde ahí hasta la cabecera municipal en un trayecto de algunos 15 “agónicos” kilómetros.

Llegaba hasta la plaza principal, ubicada sobre la calle Hidalgo, y de ahí la gente tomaba diferentes rumbos hasta sus casas o terrenos.

Un comandante llamado Ramón Castañón, diariamente se encargaba de vigilar el orden en las solitarias calles y a los pasajeros que llegaban al pueblo.

Los conocía casi a todos, pero en cuanto veía a alguien sospechoso lo abordaba para preguntar su asunto y hacia dónde iba.

Sin embargo, una noche observó a una sugestiva mujer que bajaba del camión, no logró ver su cara, pues llevaba un rebozo en la cabeza, pero si descubrió un sinuoso cuerpo que se dibujaba entre las delicadas telas de su largo vestido. Se fue contoneando entre las empedradas calles bañadas por la plateada luz de la luna llena, mientras el comandante la observaba hipnotizado. Jamás la había visto en Venado, así que decidió seguirla para descubrir hacia dónde se dirigía.

Primero tomó la calle Hidalgo y continuó hacia el norte, al costado del Jardín Hidalgo y cuando iba llegando a la esquina, casi frente al los arco que van al Ojo de Agua, empezó a bajar hacia el camino que sigue el arroyo rumbo a la calle Independencia.

Pero en el momento que descendía, el comandante le dio alcance y tomándola del brazo (donde la mujer llevaba un morral), le dijo: ¡señorita! ¿a dónde va? En ese instante la mujer no dijo nada, pero retirando su brazo dejó en manos del comandante el morral, acto seguido, levantó la cabeza y con sus manos retiró el rebozo.

¡Era una mujer con cara de caballo! El policía quedó intrincado, un grito se ahogó en su pecho y con las manos crispadas cayó al suelo con un rictus de terror en el rostro.

Luego, la enigmática mujer se perdió sigilosamente entre las sombras nocturnas, mientras don Ramón se levantaba del suelo penosamente, para luego correr despavorido hasta la comandancia.

Cuentan que llegó más pálido que un sirio, diciendo incoherencias, y como cosa curiosa, llevaba una red en su mano. De ahí se lo llevaron a su casa, estuvo muy malo, no lograba recuperarse totalmente del susto aquél. Con el tiempo tuvo el valor de abrir la misterioso morral que aquella noche alcanzó a tomar del terrorífico ser, y más se asustó el pobre cuando descubrió que dentro había hierbas raras y brebajes extraños.

Entonces no le quedó la menor duda de que aquella mujer que interceptó en el arroyo, sin duda era una bruja que andaba haciendo sus malignos trabajos. Desgraciadamente, unos meses después falleció el pobre comandante, todos decían que su desceso lo había causado esa tremenda visión.

Desde entonces, ya nadie volvió a ver a la extraña mujer por esos rumbos; bueno…, hasta ahora.

Historias y Leyendas

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