Dejar de consumir azúcar mejora tus defensas y tu salud en general

Actualmente la mayor parte del suministro mundial de azúcar proviene de la caña azucarera transgénica bajo absoluto control de Mo

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Actualmente la mayor parte del suministro mundial de azúcar proviene de la caña azucarera transgénica bajo absoluto control de Monsanto y otras corporaciones de la familia Rothschild. De ahí se extrae más de 70 por ciento del azúcar en el mundo. La caña está plantada en unos 15 millones de hectáreas en más de 100 países de la región tropical y subtropical. La segunda fuente más importante de azúcar es la remolacha, cultivada principalmente en el hemisferio norte, en 10 millones de hectáreas de por lo menos 50 países. Pero por supuesto, el gobierno y los empresarios corruptos de Argentina no podían quedarse afuera. Si bien el exceso de azúcar es terrible para el sistema inmunológico no solo consumís una cantidad antinatural de azúcar, sino también agrotóxicos de Monsanto, Dow, Syngenta, Dupont, y Amyris. Como lo anunció la sucursal de la BBC de Londres (Rothschild) en Argentina, diario La Nación: “Avanza la caña de azúcar transgénica en Argentina“. Este pasquín de propaganda corporativa amarillista y cuyo articulo fue pagado por Monsanto miente al decir que los costos pueden abaratarse con “un par de aplicaciones de glifosato” y festeja la inclusión de “nuevos principios activos”, es decir más químicos y cancerígenos para tu cuerpo. Lo primero e inmediato que hace el azúcar al entrar en el cuerpo es bajar las defensas de la persona. Luego, alimenta células cancerosas, desencadena aumento de peso, y promueve el envejecimiento prematuro. Los estudios científicos demuestran que el azúcar no sólo es el principal factor de la obesidad , sino también de otras enfermedades crónicas y letales. Según el Dr. Robert Lustig , “el azúcar es tóxico para el cuerpo, y actúa como lo hace cualquier veneno“. Poner fin al exceso de consumo de azúcar impacta profundamente y de manera beneficiosa sobre las tasas de enfermedades que actualmente significan millonarias ganancias a la industria farmacéutica. Es importante darse cuenta que cuando hablamos de “azúcar”, se incluyen todos los azúcares . Por lo tanto cuando estás evaluando tu consumo de azúcar, no te detengas en contar la cantidad de cucharadas de azúcar que añadiste a un alimento o bebida. También incluí los edulcorantes que se encuentran en diversos alimentos procesados, como el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF ) por ejemplo en la Coca Cola, el azúcar en chocolates, dulces y otros componentes en miles de comestibles. El azúcar eleva el ácido úrico , lo que disminuye el óxido nítrico, aumenta la angiotensina , y hace que las células del músculo liso se contraigan, aumentando así la presión arterial y dañando los riñones. El aumento de ácido úrico también produce inflamación crónica de bajo nivel, que tiene consecuencias a largo plazo para la salud. Por ejemplo,los vasos sanguíneos crónicamente inflamados inducen ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares; Asimismo , existe una gran cantidad de evidencia de que algunos tipos de cáncer son causados ​​por la inflamación crónica. Simplificando he aquí un testimonio que merece ser leído. Fuente: Eva O. Schaub / Everyday Health
“Mi familia dejó de comer azúcar por un año y esto fue lo que pasó” Erase una vez una época en la que yo era sana – o al menos pensaba que lo era. Naturalmente me faltaba la energía suficiente para terminar con el día, pero con todos los anuncios en la televisión promocionando bebidas energéticas para las masas cansadas de los Estados Unidos, siempre asumí que yo no era la única que sufría. Y, por supuesto, todo el mundo en mi familia temía las temporadas de resfriados y gripe, pero también pensé que al llegar enero, todas las personas desarrollan algún grado de enfermedad. Al menos eso es lo que pensaba hasta que empece a escuchar nueva informa  ción inquietante, sobre los efectos del azúcar. Según varios expertos, el azúcar es lo que está causando que muchos estadounidenses tengan sobrepeso y enfermedades. Cuanto más pensaba en ello, esta nueva información empezó a tener sentido para mí – un montón de sentido. Uno de cada siete estadounidenses tiene síndrome metabólico. Uno de cada tres estadounidenses es obeso. La tasa de diabetes se ha disparado y las enfermedades cardiovasculares son la causa de mortalidad número uno de Estados Unidos. Según esta teoría, todas estas enfermedades y muchas otras se pueden asociar con la presencia de este gran tóxico en nuestra dieta … el azúcar. Una idea brillante Tomé todo este conocimiento recién descubierto y formulé una idea. Quería ver cuan difícil sería para nuestra familia – mi marido, nuestras dos hijas (de 6 y 11) y yo – pasar todo un año sin consumir alimentos con azúcar añadido. Cortamos de nuestra dieta cualquier alimento con azúcar añadido, ya fuera azúcar de mesa, miel, melaza, jarabe de maple, agave o jugo de frutas. También se excluyó cualquier cosa hecha con edulcorantes o alcoholes de azúcar. A menos que la dulzura fuese original en el alimento (por ejemplo, una pieza de fruta), no lo comeríamos. Una vez que empezamos a buscar, encontramos el azúcar en los lugares más increíbles: tortillas, salchichas, caldo de pollo, ensaladas preparadas, fiambres, galletas, mayonesa, tocino, pan, e incluso en fórmula para bebés. ¿Por qué añadir toda esta azúcar? Para hacer estos artículos más agradables al paladar, preservar por más tiempo los alimentos, y abaratar la producción de alimentos empacados. Llámenme loca, pero evitar azúcares añadidos durante todo un año me parecía una gran aventura. Tenía curiosidad de lo que sucedería. Quería saber cuan difícil iba a ser y qué cosas interesantes podrían suceder. ¿Cómo iba a cambiar mi forma de cocinar y hacer compras? Después de haber realizado mi investigación estaba convencida que eliminar el azúcar nos haría todos más saludables. Lo que no esperaba fue cómo el hecho de no comer azúcar me hizo sentir mucho mejor de una manera muy real y tangible. Un año sin azúcar más tarde… Era sutil, pero perceptible: cuanto más tiempo pasaba sin comer azúcar añadido, me sentía mejor y con más energía. Y por aquello de las dudas, algo que sucedió confirmó la conexión entre dejar el azúcar añadido con sentirme mejor: el cumpleaños de mi marido. Durante nuestro año de NO azúcar, una de las reglas era que como familia, podríamos tener al mes, un postre con contenido de azúcar y si era el cumpleaños de alguno de los miembros de la familia, este lo podía elegir.Por ahí de Septiembre ya notamos nuestros paladares cambiados y poco a poco, empezamos a disfrutar menos de nuestro postre mensual. Pero cuando nos comimos el decadente pastel de varias capas con crema de banano que mi marido había solicitado para la celebración de su cumpleaños, yo sabía que algo nuevo estaba ocurriendo. No sólo no me gustó mi rebanada de pastel, ni siquiera la pude terminar. Tenía un sabor extremadamente dulzón para mi paladar ahora sensible, hizo que mis dientes dolieran, mi cabeza comenzó a latir con fuerza y mi corazón empezó a acelerarse… Me sentía muy mal. Estuve tumbada en el sofá con la cabeza apunto de estallar, por una hora antes de empezar a recuperarme.“Caray”, pensé “El azúcar siempre me hizo sentir mal, pero debido a que estaba en todas partes, nunca me di cuenta”. Después que nuestro año sin azúcar añadido terminó, conté las ausencias de mis hijos en la escuela y las comparé con años anteriores. La diferencia fue dramática. Mi hija mayor, Greta, pasó de 15 ausencias en el año anterior, a sólo dos. Hoy en día, habiendo pasado ese año, la forma en que comemos es muy diferente. Apreciamos el azúcar en cantidades drásticamente más pequeñas, lo evitamos en los alimentos diarios (en el que no debería estar en primer lugar), y guardamos el postre para momentos muy particulares. Mi cuerpo parece estar dándome las gracias por ello. No me preocupo por quedarme sin energía. Y cuando aparece la temporada de gripe, ya no siento la necesidad de esconderme con mis hijas debajo de la cama. Si nos enfermamos sabemos que nuestros organismos están mejor equipados para luchar, nos enfermamos menos y nos recuperamos más rápidamente. Para mi sorpresa, después de nuestro año sin azúcar, todos nos sentimos más sanos y fuertes. Y eso no es nada despreciable.

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