África todavía conserva muchos misterios por descubrir. En la entrada anterior hablaba de uno de ellos, el Kongamato, pero ese no es el único ser de aspecto prehistórico que parece se oculta entre la frondosidad de la jungla inexplorada.

Sin mencionar al más famoso de todos, el “Mokele Mbembe”, de aspecto que recuerda a un brontosaurio según la mayoría de las descripciones y casi tan conocido como el no menos popular “Nessie” en Escocia, todavía podemos citar a algún otro como el que en esta ocasión es nuestro protagonista.

Me estoy refiriendo al “Emela-Ntouka”, cuyo nombre significa en la lengua lugareña nada menos que el matador o el asesino de elefantes.

Emela-NtoukaAparente tiene el tamaño de uno de estos proboscídeos, pero un color que tira más bien hacia tonos verdosos. Tiene patas cortas y macizas y como características distintivas principales están su cola que recuerda a la de los cocodrilos, sus fauces poseedoras de afilados dientes triangulares y sobre todo lo que más destaca es un afilado cuerno de marfil que llega a los dos metros de largo ubicado de manera similar al de un rinoceronte.

Es este cuerno al parecer su principal arma ya que lo utiliza para atacar a los elefantes y atravesarlos o a cualquier otro adversario que se le presente delante incluidos los humanos a los que también puede dar caza y devorar, lo que hace que sea muy temido por los pobladores de las regiones donde ha sido visto, especialmente por las tribus de pigmeos. Es también de uno de los dialectos bantúes de esos parajes, el Lingala, de donde procede el nombre de este ser.

Esa zona de distribución comprende zonas salvajes y remotas de África Ecuatorial, en particular siguiendo los terrenos pantanosos del curso del río Congo.

Es por tanto un animal de tipo anfibio que gusta estar cerca del agua y que suele más bien tener un comportamiento solitario, no habiendo sido observado en grupos o manadas. A pesar de su fama se dice que también puede alimentarse de vegetación pues en ocasiones ha sido visto pastando. Por contra se dice que lejos de ser tímido se comporta de manera agresiva con los intrusos.

Por sus características, se ha pensado que las observaciones conocidas pueden ser en realidad fallos de identificación en momentos concretos ante algún animal perfectamente conocido como un rinoceronte o un hipopótamo, aunque los habitantes de la región están seguros de que es un animal que no tiene nada que ver con estos últimos.

Emela-NtoukaEmela-NtoukaLos primeros testimonios llegados al mundo occidental sobre esta misteriosa criatura los aportó el escritor J. E. Hughes en su libro de 1933, “Eighteen Years in Bangeweulu Lake”, donde Hughes narra la cacería de un animal que pudiera ser el Emela-Ntouka, pero que no cita específicamente por ese nombre, a manos de una tribu de la ribera del lago, ubicado en la actual Zambia.

Sería en 1954 cuando en un artículo al parecer publicado en la revista científica “Mammalia”, Lucien Blancou a la sazón Jefe de Inspectores de la zona del Áfria Ecuatorial Francesa de aquella época, se refirió por primera vez al animal con el nombre de Emela-Ntouka, al escribir que se trataba de un feroz ser mayor que un búfalo y que ocasionalmente destripaba elefantes. También hablaba de que al parecer un ejemplar fue muerto veinte años atrás cerca de la población de Dongou perteneciente al antiguo Congo Belga, hoy República Democrática del Congo.

A ese artículo le proporcionó una mayor difusión en Europa el autor Bernard Heuvelmans al citarlo en su libro de 1959, “On the Track of Unknow Animals”.

Pero quizá las pistas que más difusión alcanzaron fueron los testimonios recogidos por la expedición que realizó por aquellos lugares en 1981 el famoso profesor Roy P. Mackal, afamado criptozoólogo que cité ya también en la anterior entrada de MISTERIO ANIMAL.

Él iba en realidad buscando nuevas trazas de la existencia del Mokele-Mbembe, pero cuando llegó por allí se dio cuenta con interés de que las historias que le relataban los diversos testigos locales que pudo entrevistar referían a un animal diferente tanto en aspecto como en comportamiento.

El profesor fue el primero que intentó cuadrar esas descripciones con algún animal prehistórico conocido, llegando a la conclusión de que el mejor candidato sería un Ceratópsido, posiblemente un Centrosaurio.

Emela-NtoukaEran estos unos reptiles emparentados con los más conocidos Triceratops y que podrían encajar con la mayoría de los datos recopilados sobre el Emela-Ntouka. Se piensa además que las características climáticas, de vegetación y de aislamiento de toda aquella remota zona, la convierten en un paraje único que pudiera haber permitido la supervivencia de alguna comunidad de animales descendientes de los que hubo en la época prehistórica.

Otras explicaciones como la planteada por otro criptozoólogo estadounidense, Loren Coleman, sugieren que más que un animal de alguna especie supuestamente extinguida, pudiera ser más bien alguna especie desconocida hasta ahora de una familia ya conocida, que es la de los rinocerontes.

Plantea así que evolucionando a partir de las exigencias de ese hábitat concreto pudiera haberse llegado a un tipo de rinoceronte diferente a sus primos, el negro y el blanco, de estilo de vida mayormente anfibio a semejanza de los hipopótamos. Hay que reconocer que esta teoría también podría encajar con la generalidad de los testimonios, en el sentido de que las características físicas de un rinoceronte sumadas a las de comportamiento de un hipopótamo, cuadran bastante con el Emela-Ntouka, exceptuando claro está un detalle bien observado como el de la gran cola, que por el contrario si poseía el Centrosaurio.

Al final lo único que aparece claro a estas alturas, como en otros casos similares, es que el misterio sigue ahí y que deberemos tener un poco más de paciencia para conseguir resolver la incógnita, si es que el río Congo es benévolo con nosotros y nos permite descifrarla