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Entre Silfos Y Brujos: OVNIs sobre Francia en el Siglo IX

Entre Silfos Y Brujos: OVNIs sobre Francia en el Siglo IX

Parafraseando la frase del Principito —Lo esencial es invisible a los ojos— y sabiendo que se trata de lo que vemos con el corazón dejando, de lado el

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Parafraseando la frase del Principito —Lo esencial es invisible a los ojos— y sabiendo que se trata de lo que vemos con el corazón dejando, de lado el propio razonamiento y apatía propia de el mundo adulto y de una sociedad tecnológica dominada por la rutina y por lo que rezan los medios, lejos —en este siglo XXI— de la capacidad de pensar por nosotros mismos. Este informe se dirige a romper algunos moldes y tabúes de la actual ovnilogía y fenómenos afines a ésta. Ante todo dejo a tu criterio el creer en estos misterios, liberándote de clasificaciones para embebernos de la fantasía y magia ya perdida hace siglos.

Jacques Vallée

Los campesinos Franceses creían que existía en las nubes una ciudad llamada Magonia donde vivían unos brujos, los tempestarios, quienes enviarían tormentas para arruinar cosechas después que LOS SILFOS —espíritus del aire— se manifestaran en el cielo. El célebre ufólogo Francés; Jaques Vallée propuso en 1969 que “los seres de los OVNIS de hoy son idénticas a las manifestaciones que se describían en siglos pasados”. En su libro “Dimensions” (1989) Vallée escribió:Magonia constituye una suerte de universo paralelo que coexiste con el nuestro…” y veo clara en este escrito la idea de ovnis, seres elementales y fenómenos psíquicos reunidos en una visión unificadora de los misterios.

Dimensions “Un libro de casos de contacto alienígena”

En la edad media los fenómenos anómalos celestes eran tan habituales que reyes como Carlomagno (Carlos el grande, Rey de los Francos-768/814 y emperador de los  romanos -800/814 ) tuvieron que dictar leyes condenando a los seres que provocaban estos inusuales y terroríficos prodigios aéreos.

En esa época los cabalistas denominaban a esos intrusos como Silfos, aunque el pueblo en general los llamaba brujos, quienes vendrían a envenenar los cultivos. Los teólogos los denominaban demonios. Tal era la pulseada de conceptos entre los que practicaban las ciencias herméticas tan recurrentes de esas tierras; aunque si prevaleció el odio del pueblo contra esas entidades por creerse que llegaban para destruir la prosperidad de sus familias. Cientos fueron los encuentros con las primeras oleadas de avistamientos en esa época, encontraremos muchas leyendas y testimonios en la literatura medieval:

Conde de Gabalis

En el libro “El conde de Gabalis” siglo XVII (de contenido hermético) su autor D,Villar nos cuenta que un famoso cabalista llamado Zedequías  (Siglo IX)  se propuso dar a conocer al mundo los CUATRO ELEMENTOS que eran habitados por seres diferentes a nosotros. Ante el descreimiento de la gente pidió a LOS ESPIRITUS DEL AIRE que se manifestaran en los cielos para que todos los vieran y así aconteció: “los Silfos llegaron en sus navíos aéreos” y todo el país pudo divisarlos, también los describieron formando grandes filas y marchando sobre las nubes vestidos con mucha pompa y ostentación ante el asombro de los pobladores, que aún así pensaban que eran enviados por el reino enemigo. Creencia que pasó por Carlomagno y luego a Luis “el piadoso”. Estos emperadores impusieron penas a los brujos que controlaban los cielos y al ver el odio equivocado de la gente, “los Silfos” secuestraron personas para demostrarles una actitud pacífica y un origen proveniente de una “civilización muy avanzada”. También, que eran capaces de lograr cosas asombrosas que para el humano de esa época eran incomprensibles. Más tarde los devolvían a salvo para que cuenten al resto de la gente como eran los extraños visitantes.

Vemos en este relato la similitud con el fenómeno de las abducciones y aquellos que dicen haber visitado otros mundos. Lamentablemente, a la mayoría de los secuestrados por los Silfos no les creían y eran torturados y quemados vivos por órdenes del emperador.

Silfos o seres del aire.

Otra anécdota cuenta que un día regresaron tres hombres y una mujer enviados por estos “seres del aire”. Al verlos, la multitud enardecida les acusó de magos enviados por Grimualdo, el Duque de Benebérto -enemigo de Carlomagno- para destruir sus cosechas. En la corte, estas cuatro personas declararon ante el Obispo que no eran enemigos sino que unos prodigiosos hombres los habían elevado por los aires para llevarlos, a bordo de sus naves,  a un país maravilloso habitado por seres hermosos que hacían cosas extraordinarias y que solo querían darse a conocer ante el pueblo. El obispo de Lión (Abogardo) dijo que era imposible que aquellos hombres hubieran descendido del cielo, que eran solo supersticiones que deberían olvidar. Tuvieron suerte estos testigos de lo desconocido (Saint Agobard. M. L’Abbe P. Chevallard . Lyon ). En el mismo libro leemos el testimonio de la única mujer entre los cuatro testigo, misma que se hizo muy popular entre las damas de la corte al narrarles las maravillas que los Silfos hicieron con su pueblo y de los verdaderos “romances entre éstos y las humanas”. Los relatos dicen que incluso hubo “contacto carnal” y que el mundo ideal llegaría al emparejar con ellos para que nazcan genios y héroes como en el pasado. No me cuesta relacionar, en estas circunstancias, el insólito caso del Brasileño Antonio Villas Boas quien aseguraba haber sido abducido reiteradamente y sometido sexualmente por una hembra alienígena en octubre de 1957, en Ponta Porá, Brasil.

Bien podrían ser los misteriosos Silfos de la época medieval los visitantes de nuestra época. Siempre pensé que el fenómeno había transmutado a través de los siglos y al encontrar más acontecimientos en la historia antigua reafirmo el concepto. Parece que los avistamientos según lugar, época y situación del testigo mantienen esos arquetipos que están enraizados en nuestra inconsciente colectivo. Así vemos el abanico de posibilidades en todos los hechos ocurridos en el pasado y el presente para tratar de determinar si somos visitados por extraterrestres o si somos contactados por los seres elementales de —quizás— una dimensión paralela.

Magonia

ELEMENTALES Y MUNDOS MÁGICOS

Recuerdo, mientras escribo estas líneas, el testimonio de una amiga del misterio de España —cuyo nombre mantengo en reserva— a la cual una tarde le aparecieron luces brillantes en su habitación (tipo Orbes). Una de ellas descendió tocándole el ombligo para luego desaparecer. Se sorprendió al ver que tenía una leve quemadura en su ombligo y piensa que a causa de esa luz se sanó de golpe de una afección bronquial… ¿Que serían esas diminutas luces que la visitaron? Sin ser nada espectacular vemos como en lo cotidiano extraños seres o entes parecen ayudarnos de manera imperceptible. Seguro algún ufólogo de varias credenciales pensará: “¿ Que son estas pavadas de mundos mágicos. duendes y hadas que me está hablando Diego?” Le contestaré con estos ejemplos :

Paracelso: La naturaleza de las cosas

Eduard Brasey en el libro “Hadas y Elfos – El universo Feérico 1” nos cuenta sobre las manifestaciones aéreas en el año 840 en el reinado de Luis “el piadoso”. Veían verdaderos ejércitos sobre las nubes y la gente —ante esta oleada— suponía que llegaría el fin del mundo; algo no tan distante de nuestra misma era histórica. Pero cuando nombro “Seres Elementales” me refiero a Ninfas, Silfos, Pigmeos y Salamandras. Las primeras menciones en la antigüedad las encontramos de mano de Paracelso (1493-1541), en su obra alquímica del siglo XVI, este autor vinculó los cuatro tipos principales con los cuatro elementos de la tradición griega: Elementos de fuego (Salamandras), del aire (Silfos), del agua (Ninfos) y de la tierra (Pigmeos). Estos últimos descritos en tradiciones aún mas antiguas como “pueblo de seres diminutos”. Todas las ideas de Paracelso fueron más tarde publicadas en 1566.

“Los elementales no son espíritus, no pertenecen a ese mundo, ni a nuestro mundo material, son seres a medio camino entre los dos mundos”… cómo me explicaría Julia Pons Montoro, experta en seres Feéricos, escritora, autora de la saga “Memorias del otro lado”. Esta joven apasionada de la mitología me aclaró varias dudas sobre estos seres, a la cual le estoy muy agradecido. Al parecer son seres duales —tan buenos como malos— con un comportamiento muy parecido al nuestro. Vibran a gran velocidad pudiéndo trasladarse de un lugar a otro en un instante, son como niños que no distinguen el bien del mal, por eso peligran al ser usados por humanos que implementan la magia negra para atraparlos y usarlos con malas intenciones. Viven más tiempo que nosotros y al morir desaparecen para siempre. Al contrario de los humanos (que tendríamos un alma inmortal), ellos carecen de alma. Aunque… si uno de estos seres se casa con un humano y se une a él gana un alma inmortal. De ahí la gran atracción que tienen con nosotros desde tiempos inmemorables. Como dice la leyenda: “si el elemental abandona a su pareja humana y se marcha con otro de su especie, el humano obtendrá su inmortalidad”. Se cuenta que para unirse a la sociedad secreta de los Rosacruces, los aspirantes hacían un voto de castidad con la esperanza futura de casarse con un “elemental”. Esto “purificaría” la visión humana cuestión de ser capaces de observar innumerables seres mágicos.

Rosacruces

Paracelso nos hablaba de tres naturalezas a saber: La naturaleza de Adán que sería material, palpable y objetiva (como la nuestra), en la cual nos es imposible atravesar un muro, la siguiente que es sutil, impalpable e invisible (espíritus) y el tercer tipo que es una mezcla de ambas (Seres Elementales). Estos comen, se reproducen y tienen cuerpos como nosotros, se enferman y pueden morir pero son muy “sutiles”. Casi nunca se dejan ver y cada uno de ellos vive en su elemento como los peces en el Agua: los Gnomos o pigmeos viven en las rocas y las atraviesan como nosotros atravesamos el aire; cuando más denso es el elemento aún más sutiles son los seres que habitan en él y viceversa.

Por estas coincidencias de la antigüedad con los Ovnis y contactados podemos decir que Magonia habita sobre o entre nuestro mundo como un universo mágico y paralelo como el citado por Jacques Vallée. Tal vez los visitantes de otros mundos no necesariamente vengan de las Pléyades sino de ciudades mágicas intraterrenas o dimensiones que no percibimos por nuestra gran densidad, al menos hasta que nos volvamos más espirituales y seamos como niños: “Y en verdad digo que si no se convierten y se hacen como niños no entrarán al Reino de los cielos- Mateo 18-3”

Tampoco dejo pasar por alto, amigo lector, la eficacia de nuestro cerebro para ser el productor que monta un espectáculo que funciona automáticamente ante un hecho inesperado. Dentro de este escenario se producen sueños y visiones. Muchas veces pensamos que es real aún lo que imaginamos estando lúcidos (cuando todo puede asociarse a experiencias pasadas) y al final nos vemos parados entre lo que es real y lo irreal, dos mundos a veces inseparables. Pero ¿que dice mi mente ante una huella extraña en el campo donde supuestamente aterrizó un ovni, o que efecto se produce ante un avistamiento que sabemos que no es avión, ni ave, ni globo, ni nada parecido? La imaginación puede burlarnos pero aún así sabemos —luego de mucho andar en el campo de los misterios y enigmas— que ellos, los Silfos, los orbes, los ovnis, los fantasmas, las hadas… han caminado con nosotros a través de los siglos y tal vez antes de que habitáramos La Tierra.

Misterios y Conspiraciones

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