Arnau de Vilanova: el médico al que acusaban de crear homúnculos en el siglo XIII.

Arnau de Vilanova: el médico al que acusaban de crear homúnculos en el siglo XIII.

Arnau de Vilanova: el médico al que acusaban de crear homúnculos en el siglo XIII   Retrato de Arnau de Vilanova, médico ilustre que

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Borrador automáticoRetrato de Arnau de Vilanova, médico ilustre que fue acusado en siglos posteriores de llevar a cabo experimentos con vida artificial. Fuente: Public Domain.

La vida artificial es uno de esos grandes sueños y utopías de la humanidad, capaces de suscitar pasiones desenfrenadas y miedos atroces a partes iguales. La ciencia y la literatura se han hecho eco de este contraste, que no fue ajeno a los grandes pensadores del pasado. Como en el caso de Arnau de Vilanova, de quien se dice que fue una suerte de doctor Frankenstein aragonés.

Ingeniería genética, método CRISPR, inseminación artificial… Todos conceptos que a día de hoy son moneda común, pero que eran totalmente inimaginables para cualquier persona a mediados del siglo XX. La gran mayoría no es consciente del poder tan enorme que tienen prácticas como estas en el inconsciente colectivo. Siguen existiendo multitud de grupos y colectivos que abogan por la prohibición de estas actividades, pues entienden que es una suerte de desafío al curso natural de las cosas o al sentido mismo de la vida. No es un debate fácil de abordar, como los lectores ya sabrán si han leído artículos anteriores, pues aquí se entremezclan ideales, sensibilidad religiosa o la ética rígida de grandes instituciones que intentan mantener un arriesgado equilibrio entre el avance científico y la moral pura y dura.

Todas estas cuestiones pertenecen al siglo XXI, el de los avances constantes, pero también el de la información instantánea y el alejamiento masivo de las tradiciones. Los experimentos que tratan de preservar la vida, o de devolverla, son más que rumores. Cualquiera puede conocer detalles sobre ellos con una rápida búsqueda y algunos ‘clicks’ en el ordenador o el teléfono móvil. Pero en el pasado no era así. Los secretos se guardaban muy bien, y las habladurías campaban a sus anchas, tratando de adivinar lo que tal o cual persona ocultaba. De hecho, muchos hombres y mujeres valían mucho por lo que sabían, pero también por lo que callaban.

Era el caso de los alquimistas, esos investigadores medievales de las ciencias ocultas que querían hacer posible lo imposible. De entre sus trabajos, uno de los más arriesgados era la consecución de la vida artificial, la creación de un ser vivo. De algo así se acusó al protagonista de estos párrafos, un aragonés dedicado a la medicina y a labores de embajador para la corona aragonesa, cuyas extrañas teorías escatológicas le valieron para ser acusado de llevar a cabo experimentos alquímicos y, peor aun, de intentar crear un ser vivo, que en la época era poco menos que el peor pecado imaginable.

El alquimista que aprendía en trances proféticos

«El referir y contrariar los yerros cometidos por los biógrafos de Arnaldo sería prolijo y enfadoso». Ésto dijo Menéndez Pelayo sobre el médico en 1880, a sabiendas de que existen varias versiones sobre su origen. Unos le hacen francés, otros catalán e incluso alguno apunta a Valencia, pero el consenso ha establecido que su lugar de nacimiento ha de ubicarse en Zaragoza, concretamente en la localidad de Villanueva de Jiloca. Existe otra posibilidad que tiene bastante fuerza, y ha sido identificada por Josep Lladanosa Pujol, quien en su libro Els Carrers i Places de Lleida a través de la Història recoge la opción de que el médico procediese precisamente de Lérida, donde hubo en la época una familia de médicos y juristas de apellido Vilanova, algunos de los cuales trabajaron en el Studium Generale, la Universidad de la zona en aquellos años. Para apoyar esta hipótesis, existe una cita del propio Arnau que debe tenerse en consideración. En uno de sus tratados, De spurcitiis pseudo-religiosorum, se presenta así mismo como Arnau Ilerdensis, una pista bastante atractiva. Aunque, como ya ha quedado reflejado, sigue reconociéndose su procedencia aragonesa.

El año concreto también es algo desconocido, pero se estima que fue alrededor de 1240. De sí mismo dijo ser «homo sylvester, theoricus ignotus et practicus rusticanus, natus ex gleba ignobile et obscura (hombre silvestre, teórico ignoto y aldeano práctico, nacido en un terruño desconocido y oscuro)». Siendo un niño emigró hasta Valencia, donde comenzó sus estudios, pasando a vivir en Montpellier en 1260, donde estudió Medicina. Dos décadas después ya tenía el prestigio necesario para que su voz se tenga en cuenta en Aragón, en Francia e incluso en Roma, a pesar de no ser clérigo.

Su actividad política le llevó a afrontar asuntos de sumo interés en su época, como los proyectos de Cruzada o los procesos a los caballeros templarios. Su sincera amistad con Jaime II de Aaragón le garantizaron un lugar de privilegio en la corte, que aprovechó para estar en contacto con otras casas reales europeas, como la francesa o la de Sicilia. También polemizó, y mucho, contra ciertos sectores del clero con los que estaba en profundo desacuerdo. El médico de Reyes y Papas, como era conocido, sufría de visiones que le tenían convencido de que la llegada del Anticristo estaba cerca, asunto que le llevó a escribir no pocos tratados y a defenderse de ataques frontales por parte de los teólogos de la Sorbona o de los dominicos, por solo poner un par de ejemplos. Tuvo la suerte de tener amistades muy bien posicionadas, como el mencionado Jaime II o Clemente V, un Papa que era amigo de juventud de Vilanova.

Estamos ante toda una eminencia en medicina, un políglota de formación – pues conocía el griego, lenguas vulgares de Italia y Francia, el hebreo, el latín y el valenciano – que sin embargo tenía un gusto especial por las ciencias ocultas. De su labor en Montpellier y de su experiencia como médico real aragonés nacieron tratados médicos, que a su vez parecían reflejar sus labores alquímicas. Una etiqueta que vino probablemente de la mano de copistas del siglo XV que confundieron su saber médico y sus extrañas actitudes con prácticas esotéricas. A su mano se atribuyen veintisiete títulos, más otros cincuenta y uno que podrían haber sido escritos por él.

¿Dio vida a un homúnculo?

 

Borrador automáticoEl rabino Loew dando vida al golem, identificado en esta ilustración por tres letras del alfabeto hebreo: guimel, lamed, mem final (גלם). Ilustración de Mikoláš Aleš, 1899. Fuente: Public Domain

¿Por qué los cronistas posteriores atribuyeron la práctica alquímica a Arnau de Vilanova? Parece que la razón principal fue una tendencia no muy conocida de predicar sobre el Anticristo y la llegada del fin del mundo, además de por su tendencia a interpretar sueños. Algo que el propio Arnau confesó que comenzó hacia 1288.

«Pues mientras yacía en mi celda sobre el lecho, con dolor de cabeza y en los pies, de repente oí una voz que decía: levántate y escribe. Oído lo cual, creí que, estando acostado sobre la región del bazo,quizá ello me engañaba, y así me volví sobre la espalda… La citada voz volvió por tercera vez con más fuerza, y en el mismo instante en que oí la voz me pareció que en la tetilla izquierda recibía una herida fuertísima, como una lanza; y entonces me levanté espantado, y, sentándome en aquel lugar, puse la mano sobre la mamilla para ver si manaba sangre; y, mientras la tocaba, me pareció que un globo de fuego entraba en mi cabeza, y me sentí totalmente libre de dolor. Y, temiendo ser gravemente castigado, me acerqué deprisa al escritorio, tomé papel, tinta y pluma, y entonces se me ocurrió claramente y sin perturbación lo que escribí.»

De esta forma tan extraña, Arnau de Vilanova comenzó a rubricar una serie de escritos de los que nada de sabía. Sus episodios de trance se dilataron en el tiempo, siendo incluso encarcelado por ello once años después. O sea, en 1299. Fue en París, donde Arnau fue enviado por su amigo Jaime II en misión diplomática. Allí, sus captores intentaron que confesara la procedencia de su inspiración.

«Habiendo sido enviado por el rey de Aragón al rey de Francia, lo divulgué en París, en donde, la noche en que por ello me hicieron encarcelar los maestros parisienses, recibí mandato de divulgarlo; pues aquella noche, estando en la cárcel, oí varias veces una voz que me decía: siervo malo, ¿por qué escondiste el dinero de tu señor? Con todo eso, los que estaban conmigo en la cárcel no lo oyeron».

Ante estas palabras, expertos como Jesús Callejo se preguntan qué era lo que debía revelar Arnau. ¿Un avance alquímico? ¿O la creación de un homúnculo? Esta última sospecha acompañaría a la figura del médico en siglos posteriores, como demuestra su inclusión en La Historia General de España del jesuita Juan de Mariana, que vio la luz en 1601, y donde dice textualmente: «Intentó con simiente de hombre y otros simples… formar un cuerpo humano y aunque no se salió con ello, los llevó muy adelante». No fue el padre Mariana el único en levantar sospechas, eruditos como Athanasius Kircher también tenían esta historia por cierta. De hecho, Kircher contaba que el galeno «se vanagloriaba de haber creado un homunculus de los alquimistas».

¿Pero qué es exactamente un homúnculo? Al parecer, fue el insigne Paracelso quien hizo referencia por vez primera a este término en el siglo XVI, ya que asegura que obtuvo esta creación mientras indagaba sobre la piedra filosofal. Se trataría de una especie de doble humano de pequeño tamaño, asociado a los golems, que en la mitología judía son seres artificiales – hechos de barro o arcilla y portadores de vida gracias a un proceso misterioso – y de gran tamaño dedicados a labores rutinarias. En este caso, el homúnculo mediría unos treinta centímetros, y servía a su amo hasta que, pasado un tiempo, huía. O al menos en el supuesto caso de Paracelso.

 

Borrador automáticoParacelso  aseguraba haber creado vida artificial. ¿Se refería quizá al “hombre de metal”? Estaríamos, por tanto, ante una máquina, un ser metálico del que ya había algunos ejemplos en la literatura y la historia anterior. Fuente: Public Domain.

Para obtener una figura así, el creador debía poseer una bolsa de huesos, esperma, fragmentos de piel y pelo del animal al que el homúnculo pretendiera imitar. Todo ello debía ser enterrado y rodeado de estiércol procedente de un caballo durante cuarenta días, dando así tiempo a la creación de un embrión.

«Si el esperma dentro de un vaso herméticamente cerrado se entierra en estiércol de caballo durante unos cuarenta días y se magnetiza adecuadamente, empieza a vivir y a moverse. Después de este periodo, adquiere la forma y apariencia de un ser humano, pero será transparente y sin cuerpo. Si en ese momento se le alimenta artificialmente con el arcano de la sangre humana hasta que tenga unas cuarenta semanas, vivirá».

El folclore medieval no otorgaba inteligencia a estos seres, siendo solo útiles para realizar trabajos sencillos y físicos. Sin embargo, Paracelso deseaba ir más allá, llegando incluso a decir que emularía a Dios: «Seremos como dioses. Duplicaremos el mayor milagro de Dios, la creación del hombre».

Estamos hablando del siglo XVI, pero el protagonista de estos párrafos proviene del siglo XIII. ¿Ya se hablaba entonces de procesos similares? No hay testimonio de ello, al menos directamente, pero no se puede descartar que dentro del propio secretismo propio de la alquimia se insinuara que algo así era posible, y a buen seguro que la figura del golem sí que estaba presente en aquellos círculos tan misteriosos. De ahí a acusar a Arnau de Vilanova de la creación de vida artificial hay un gran salto. Su leyenda parece proceder, como ha quedado señalado, de sus escritos apocalípticos y escatológicos. Tras su muerte, acaecida en 1311 mientras viajaba a Génova en misión encomendada por Jaime II, varias de sus tesis fueron condenadas en el Arzobispado de Tarragona. Parte de su obra teológica fue quemada públicamente, recusada y censurada en procesos diversos. Como científico fue autor de experimentos peregrinos que le han convertido en pionero de varias áreas de la química. Fue el primero en aplicar terapias basadas en los minerales y las esencias de las plantas obtenidas en el laboratorio. Descubrió la destilación fraccionada y los efectos venenosos del monóxido de carbono, y gracias a las modificaciones que efectuó en la retorta, procuró la obtención de los ácidos fuertes productores de reacciones químicas básicas para el progreso de la ciencia. Esos experimentos, a veces incomprendidos por sus contemporáneos, le dieron una fama que derivó en falsas obras, tanto teológicas como físicomédicas, que le convirtieron en un reputado alquimista fabricante de oro. Estas fantasías biográficas obraron en menoscabo de su perfil moral, tergiversando la historia y sus ideas teológicas.

Sin embargo, los episodios de trance en los que escribía sí que parecen basarse en algo real, como él mismo confesó en su momento. Entonces, ¿ante quién estamos exactamente? El médico extraordinario, el embajador insigne, el locuaz orador, el alarmista profeta y el legendario alquimista. Todos tienen cabida en Arnau de Vilanova, una de las mentes maestras del medievo, y por desgracia un gran desconocido de la historia de España.

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