Parásitos energéticos

Opacidades, larvas y otras entidades astrales  Vivimos en un plano concreto interpenetrado por otros planos; quienes son muy sensitivos han te

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Opacidades, larvas y otras entidades astrales 
Vivimos en un plano concreto interpenetrado por otros planos; quienes son muy sensitivos han tenido la oportunidad de captar ciertas formas de energía que no son propias de este plano, pero que coexisten simultáneamente en ambos, este y el bajo astral. Estas formas de energía son generadas por nuestro plano; sentimientos y acciones que llevamos a cabo día a día les van dando forma, esto puede ser en nuestro propio hogar, como en otros. Intercambiamos todo el tiempo con estas formas energéticas, puesto que, además de generarlas en casa, las traemos de otras partes. Son formas de energía sin sentimientos y con una vida muy diferente a la que conocemos; podría decirse que habitan en la primera y segunda dimensión, adheridas a paredes, techos, pisos, muebles y ropa. Suelen estar en los rincones, a ras del piso o de los techos. Por esa razón, se adhieren como papel engomado a nuestro calzado, haciendo que sea muy sencillo transportarlas de un ambiente a otro. Todos los sentimientos y actos humanos intensos les van dando forma; todos, tanto los positivos como los negativos. Mientras más fuerte sea una intención, un deseo, un sentimiento, más contribuimos a crearlas o alimentarlas. Emociones muy fuertes, como la rabia, el odio, la envidia, el resentimiento, las obsesiones, una pena profunda y persistente y aún el gozo desenfrenado, como también ciertos actos violentos (agresiones verbales, gritos, peleas, violencia verbal y física) las forman y continúan aportándoles alimento para que crezcan. Aquellas cuya polaridad es negativa no cambian la polaridad ante eventos positivos, ni mueren si se suspenden los actos o emociones que las originaron. En estos casos, en los que la entidad se siente hambrienta y no consigue el sustento para mantener su vida, buscará un huésped para adherirse y alimentarse. Las opacidades son seres muy tenues, quienes tienen oportunidad de verlos los perciben como una delgada y sutil forma, similar al humo y en la misma tonalidad. Si el alimento es bueno, esta opacidad se transformará en una larva o ser larval, de aspecto mayor y mucho más definido. Por lo general, toman la forma cilíndrica y larga, como una serpiente hecha de sombra. Son capaces de atravesar objetos sólidos, puesto que viven entre planos y estos no son impedimentos para ellas. No son seres ni buenos ni malos, su objetivo no es dañarnos pero si logran adherirse a alguno de nuestros centros energéticos, realmente nos causan mucho daño, ocasionando una larga cadena de síntomas que terminan siempre manifestándose en el plano físico. El cuerpo se debilita y se hace más propenso a infecciones y enfermedades. Muchos resfriados, gripes, bronquitis y catarros, como también algunas enfermedades de la piel, alergias y dolores musculares y de cabeza se asocian, desde lo esotérico, a la parasitación por este tipo de formas sutiles. Vuelvo a recalcar, tanto formadas por emociones intensas positivas como negativas. Pero aún cuando no somos parasitados por alguno de estos seres, su simple presencia en nuestro hogar hace que nos sintamos mal; decaídos, algo depresivos, con miedos, tristeza; influyen en la formación de pesadillas y temores nocturnos, especialmente de los niños pequeños. El ambiente de la casase siente enrarecido, pesado, hay un sentimiento constante de malestar que “flota en el aire” y no podemos determinar su causa. Las entidades son un tema aparte. Se ha clasificado más de un tipo, entre ellas se encuentran los llamados “seres sombra” o “gente de las sombras”.Tienen movilidad similar a la de los humanos, y son muchas veces percibidos por el ojo humano, generalmente con la visión periférica, aunque los niños los ven claramente y algunas personas también. Podemos decir que la mayoría son decididamente hostiles y buscan tomar energía vital de los seres humanos (en raros casos lo hacen de las mascotas domésticas). Algunas de estas entidades, si bien poseen movilidad, permanecen en sitios claves, otras son deambuladoras. Cuando se adhieren al campo áurico de una persona causan terribles daños, ya que se alimentan de sus centros energéticos, causando obsesiones, alucinaciones, tendencia de repetir los estados que las han creado; la persona huésped se torna violenta, impaciente, su personalidad cambia de manera constante, no puede concentrarse, manifiesta pérdida de memoria y su modo de relación con los demás cambia, se angustia, se deprime, se torna inexplicablemente ansiosa. Sufre constantes enfermedades y malestares, desde las más leves como la fiebre y calambres, pasando por la psoriasis y según algunos autores, patologías oncológicas. La entidad llevará a la persona a la muerte si no se hace algo para quitarla. Muchas veces se confunde a estas entidades con fantasmas, y la verdad, es realmente difícil determinar cuándo se trata de formas fantasmales, es decir, correspondientes a una persona fallecida, y cuándo a entidades creadas en basea sufrimiento y emociones violentas. Hay quienes dicen que ambas son exactamente lo mismo, los fantasmas no serían otra cosa que un gran cúmulo de dolor por el fallecimiento de una persona, que con el transcurso del tiempo fue tomando forma y adquiriendo ciertas habilidades, llegando a convertirse en una entidad independiente, que se alimenta de restos energéticos y del miedo de las personas. Como ejemplo, mencionan que el fantasma se vuelve más visible cuando más gente cree en él, con lo cual, sin duda, se está alimentando. En la mitología árabe encontramos los djinns, una clase de seres oscuros y malvados, que hostigan y lastiman a la gente. Se los asocia con los seres sombra, entidades que han logrado un grado de independencia muy grande, con atributos como la inteligencia y que se alimentan directamente del miedo de las personas, puesto que las vibraciones del miedo consumen una gran cantidad de energía vital. Entre estas entidades, aparece con relativa frecuencia la llamada “Sombrerero”. Es un personaje fantasmagórico, poco definido, aunque en su silueta se reconoce algo parecido a un sombrero de copa. Se dedica a asustar a los niños, principalmente, y algunos testigos informan haberle visto ojos rojos o amarillos, aunque la mayoría concuerda en que es solamente una forma oscura, en la que apenas pueden apreciarse atisbos de rasgos. Sin embargo, hay personas que informan haber sido realmente atacados por estas entidades, a las que se siente sólidas al tacto, y que les ocasionaron lesiones en forma de rasguños o arañazos. En lo personal tengo el recuerdo vívido de una ocasión en la que mi hijo, entonces de 4 años, me llamó a los gritos desde su cuarto. Aterrorizado, me contó que estaba despierto, jugando en su cama, cuando apareció una figura que comenzó a acercarse a él; instintivamente se ovilló en la cama y comenzó a llorar de pánico, mientras me llamaba. El ser, al que él identificó como un payaso oscuro, con un sombrero, desapareció en cuanto escuchó mi voz. Si bien el Sombrerero asusta a los niños, otras entidades se ocupan de hacerles pasar un mal rato a los adultos, aunque hay algunas que no parecieran dedicarse a causar terror. De todos modos, tendemos a asustarnos por el simple hecho de verlas presentes. Mucha gente las ve de pasada, y al volver a dirigir la mirada hacia donde supuestamente estaba el ser, ya ha desaparecido. Ninguna de ellas puede catalogarse como benéfica. Los síntomas de que en nuestro hogar existe alguna de estas entidades suelen ser olores desagradables repentinos, visión de sombras que no pertenecen a nadie y se mueven, objetos que se caen o rompen en habitaciones vacías (o donde no se pueda demostrar la incidencia de otro causante, como el viento), ruidos extraños, voces claramente audibles, comida que se pudre con demasiada rapidez, presencia de insectos, como moscas y cucarachas en cantidades sorprendentes, sombras fugaces en los espejos (suelen ocultarse ahí), ropa que huele mal al ser sacada del armario o ropero, objetos que se extravían sin causa aparente, manchas de humedad que no responden a cañerías rotas y en lugares donde es imposible que aparezcan (se dice que son portales dimensionales), plantas que se secan en interiores, aparatos eléctricos que se encienden o apagan solos, o que sufren de interferencias inexplicables, luces que parpadean de modo constante… Por lo general, estos síntomas no se presentan de manera simultánea ni en su totalidad; quienes poseen buena sensibilidad tienen, a veces, sensación de ser observados o, al acercarse a determinado lugar, sentir incomodidad o cierto recelo. Estas son sensaciones comunes, por sí solas no indican nada, pero es bueno tomarlas en cuenta. Hay maneras de evitar que estas entidades se desarrollen y proliferen: – Evitar las expresiones violentas o intensas denuestros estados anímicos: discusiones, gritos, peleas, llantos, una pena largamente sostenida, estados de angustia y sufrimiento, etc. – Mantener una buena higiene personal, con baños diarios y limpieza cuidadosa del cabello. – Mantener la casa limpia, sobre todo en los rincones y tras los muebles grandes y pesados. – Realizar una limpieza del ambiente y renovación de las energías, al menos una vez cada 15 días, o cuando se sienta malestar o cualquier signo de que el ambiente se ha enrarecido. Esta limpieza puede hacerse quemando ruda, salvia y romero con una pizquita de azufre en polvo (cuidado con esto, porque el azufre es MUY tóxico, deben dejarse puertas y ventanas abiertas mientras se hace, y usar protección como barbijo o pañuelo en la boca… la limpieza sin azufre es igualmente efectiva); también se pueden quemar otras hierbas conjuntamente, como laurel y cedro.
– Evitar lugares donde puedan “transferirse” este tipo de parásitos, como aglomeraciones humanas, cárceles, colectivos urbanos, cementerios, salas de velatorios, etc. Las energías que podemos traer de algunos de esos sitios son, definitivamente, muy degradadas.
– Si no podemos evitarlos, al volver colocar toda la ropa usada al sol, por 2 horas como mínimo, y pasar una barrita de azufre por la suela de los zapatos. Rociar el cabello y la piel que estuvo descubierta con una solución de agua con limón, al 5%. Es buena idea tener siempre una botellita con esta preparación a mano.
– No arrojar los abrigos sobre la cama, esto es algo que hacemos frecuentemente cuando volvemos de la calle.
– No recostarnos en la cama con los zapatos puestos, idealmente deberíamos dejarlos lejos de la cama… incluso afuera.
– Encender sahumerios y quemar aceites aromáticos cuando tenemos visitas o cuando estas se marchan. 

 

from otra realidad

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