La leyenda del Mikilo

La leyenda del Mikilo

Este duende se caracteriza por ser muy poco sociable y esquivo. Es muy reconocido por su grito mugiente, como un lúgubre lamento nocturno. Muchos

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Este duende se caracteriza por ser muy poco sociable y esquivo. Es muy reconocido por su grito mugiente, como un lúgubre lamento nocturno. Muchos riojanos aseguran haberlo visto vagar por las calles de Chilecito, una localidad.

El mikilo asusta desde los tiempos de los daguitas a los infantes traviesos que se escapan de sus hogares a la hora de la siesta. Comentan que es un tramposo.

Muchos lugareños lo detallan como un animal diabólico que tiene medio cuerpo de hombre y el otro, de perro. Posee patas de gallo, manos significativamente gruesas y una larga cola hecha de plumas. No siempre agrede a los campesinos, a veces únicamente los espía.

Hombrecillo de poncho y sombrero negro llevar, este pequeño ser fue denunciado a la policía riojana por los apacibles habitantes de la también apacible Chilecito por andar posándose en las entradas de las casas de los lugareños y asustar a los paseantes.

Mikilo suele engañar con su particular confección física a las distraídas víctimas. Es que posee una mano de lana y la otra de hierro y ante la pregunta –que no da lugar a un no- sobre con cuál mano el ocasional atormentado quiere recibir un golpe.

Si le responden que con la de lana, pues bien, recibe un golpe durísimo; en tanto que si la víctima se decide por la de hierro, cosa que nunca sucede, obtiene un menor sacudón.

Sin embargo hay quienes dicen que no existe, que su presencia no es cierta, que, en fin, es sólo producto de la fantasía pueblerina, aunque logre generalmente el cometido para el que se lo invoca: que los más pequeños se decidan por dormir la siesta.

 Mikilo es una divinidad Diaguita que no sufrió los embates y la profanación europeizante de la conquista.

El Mikilo Diaguita pertenece a la familia de los dioses salvajes y sin templos construídos por la mano del hombre sin ofrendas de oro que despertaran la codicia y el fanatismo evangelizador de la conquista.

Mikilo cambia de aspecto y maleficio según la zona donde aparece.

En algunos lugares lo describen como un ser adulto pequeño, de conformación extraña, la mitad del cuerpo es una persona, pero tiene patas de gallo, la cara cubierta de pelos, malo y perverso y ataca tanto a los hombres como a las mujeres y suele pegar unos gritos que parecen ser el eco de las montañas.

Otros lo describen con el cuerpo belludo, rostro demoníaco usando ponchillo y sombrero aludo negro. Es burlista y maléfico, roba gallinas y ovejas y se divierte asustando a los pequeños desobedientes que andan por ahí, sin dormir la siesta.

Otros los describen con larga cola, la mitad del cuerpo como persona y la otra parte de perro, las manos como criatura humana y las patas de gallo y dicen que se arrastra por el suelo, sin dejar huella alguna.

Sin embargo, también hay quien lo describe como un duende malvado, con una mano de lana y otra de plomo, y si te lo encuentras por ahí, preguntará si quieres que te pague con la mano de lana o con la de plomo, seguramente tú elegirás la de lana y el te asestará un fuerte puñetazo con la de plomo. Esta versión se asemeja a la versión del duende del noroeste argentino. 

Es finalmente, un pequeño hombrecito de enormes ojos redondos y fosforescentes, al que le gusta dormir la siesta debajo de las higueras y victimizar a los niños a quienes roba, sin dejar rastro cuando bajo el calor arreciante de la siesta hace enrojecer la piel y la tierra polvorienta cubre los pies descalzos de los niños del lugar.

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