Los rostros de Bélmez

Los rostros de Bélmez

Los rostros de Bélmez   Para muchos es un milagro y desde hace 47 años ha sido objeto de estudio por parte de toda clase de experto

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Los rostros de Bélmez

 

Para muchos es un milagro y desde hace 47 años ha sido objeto de estudio por parte de toda clase de expertos en lo parapsicológico. Para otros solo se trata de un vil timo por parte de los miembros de la familia Pereira – Gómez. Pero el hecho es que se trata de uno de los misterios sin resolver más controvertidos y mediáticos de España. Independientemente de lo atractivo que puede resultar dicho fenómeno en términos sociológicos, las Caras de Bélmez han mantenido su fuerza a lo largo de estos años debido, a ciertas premisas que se han dado como válidas.
Todo inició en España en el año 1971, específicamente en la casa número 5 de la Calle Real del pequeño pueblo Bélmez de la Moraleda, de la provincia de Jaén, en Andalucía. En ese lugar, la casa familiar Pereira – Gómez, apareció el lunes 23 de agosto, una mancha curiosa, tal vez una combinación de las manchas de humedad y grasa del lugar, que origino la formación de un rostro humano de manera espontánea en el piso de concreto de la cocina de María Gómez Cámara. Era un rostro masculino, con la boca y los ojos abiertos y unos largos trazos oscuros a modo de bigote. Ésta mujer, en lugar de estar aterrada, como cuenta la historia oficial, estaba encantada con la simpática mancha que asemejaba a una cara, hasta el punto de invitar a sus vecinas para que fueran a verla. Fue la primera de las casi 1000 caras que fueron apareciendo con el pasar de los años.
El esposo de María, Juan Pereira y su hijo, Miguel, descontentos con el revuelo de la situación y de tener gente constantemente en su cocina, destruyeron la imagen con un pico, rasparon la superficie del suelo y la volvieron a alisar con concreto con ayuda del albañil Sebastián Fuentes León. Sin embargo, luego de  tres días, una nueva cara se formó en el mismo lugar del suelo. El Gobernador Civil de Bélmez fue informado de esto y prohibió la destrucción de la nueva cara. En cambio, el piso de concreto fue cortado y tomado para estudio. La nueva cara humana fue conocida bajo el nombre de «La Pava». Se dijo que se trataba de un milagro y que el rostro se trataba de la faz de Cristo. Días después surgieron nuevos rostros que se añadieron al inicial, tanto en la cocina como en el pasillo de la casa. Las caras aparecían y desaparecían, se desplazaban o se transformaban en otros rostros, en un continuo movimiento.
María bautizó a todas las caras; «El Pelado», porque parecía un hombre calvo. «El Fraile», por su parecido con Fray Leopoldo de Alpandeire. La mencionada «La Pava» y una que desapareció, pero que se conservo en fotografías llamada «La Familia», porque se podía ver la cara de un padre, de una madre, y de sus dos hijos; un niño y una niña. Algunos aseguran que incluso el rostro del general Francisco Franco, dictador de España durante varias décadas, también apareció entre las caras de Bélmez.
En febrero de 1972, llegó al lugar Germán de Argumosa, un parapsicólogo comisionado por el Gobernador Civil para averiguar lo que había detrás del misterio de las caras. Él era conocido por que llevaba meses intentando introducir en España la técnica de la psicofonía, supuestas voces de ultratumba grabadas en cintas magnetofónicas. Se sabe que aplicó esta técnica con las caras y grabó una psicofonía, que nunca fue publicada. En dicha cinta grabada, él aseguro que «fantasmas» lo llamaban por su nombre y le decían: «Germán, descubre que hay, levanta el cemento, pica el patio», refiriéndose a la existencia de un antiguo cementerio medieval árabe del siglo XIII, ubicado debajo de la casa, constatado luego de haberse realizado unas excavaciones de una profundidad de casi tres metros, como parte de un estudio geológico, donde aparecieron los restos de huesos humanos.
Pronto, la casa de María fue conocida por los turistas y curiosos como «La Casa de las Caras»y en la Pascua de 1972, cientos de personas acudieron a la casa para ver las caras, entre ellos varios parapsicólogos. Varios opinaron que «La Pava» fue pintada con cromo, zinc y plomo por alguien con dotes pictóricos y de inmediato se señaló a Jesús Rodríguez de la Torre, un joven pintor, que actualmente reside en Alemania. Se pensaba que María, le indicó a Jesús Rodríguez que la hiciera para gastar una broma a su hijo Miguel y así vengarse por haber estropeado la simpática cara que era la admiración de todo el pueblo.
Dicho timo también estaba involucrado con el beneficio económico que le había sacado la familia a toda la situación. Hay quienes defienden que la familia no ganó dinero con las Caras de Bélmez, pero tras realizar una estimación del reporte económico de ingresos, entre la entrada que se cobraba a los curiosos y turistas, sumando además la venta de fotografías a 15 pesetas, la familia pudo obtener en los últimos meses de 1971 y en los primeros de 1972 alrededor de medio millón de pesetas, equivalente a 3.000 euros.
Teniendo en cuenta que un trabajador promedio de las varias industrias de carbón que funcionaban en Bélmez en aquel tiempo ,cobraba 3.500 pesetas al mes, igual a 22 euros, las ganancias no fueron en absoluto insignificantes. Los ingresos también llegaba por medio de la radio y la televisión, que de vez en cuando, los periodistas y reporteros se acercaban a la casa de la familia. Al parecer, por cada entrevista que se grababa en el lugar, se cobraba 3.600 euros.
El experto en parapsicología, Hans Bender, catalogó el misterioso fenómeno como teleplastia, una manifestación mediante la cual imágenes, formas y rostros humanos se imprimían de manera inexplicable sobre suelos, techos, paredes y otras superficies. Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones parapsicológicas (SEIP) opinaba que esas pigmentaciones eran residuos de ectoplasma de espectros en el sitio.
Algunos afirmaban que estas formaciones obedecían a los deseos inconscientes de los seres humanos, mientras que otros creían que se trataba de evidencias físicas de personas que habían muerto y que buscaban pedir a los vivos algún tipo de ayuda o favor.
Debido a esa creencia y luego de que el fenómeno pasó su tiempo de gloria, las Caras de Bélmez volvieron a ser noticia, esta vez de la mano de Ricard Bru, quien aseguraba haber descubierto que las caras representaban familiares fallecidos de María durante la Guerra Civil. El parecido entre «La Pava» y el Guardia Civil Miguel Chamorro, cuñado de María Gómez Cámara fallecido en 1936, por envenenamiento por comer bayas, era similar.
Algunos escépticos aseguraran que las caras de Bélmez habían sido pintadas con nitrato y cloruro de plata, un método muy usado en fotografía y empleado ya en los años 40′ por activistas antifranquistas. Se llegaron a realizar varios análisis que descartaron la presencia de estas sustancias, aunque algunos aseguraron que ese examen no tenía valor por cuanto se desconocía cuáles habían sido el proceso para recoger las muestras. como disolvente de hormigón, ácido clorhídrico y nitratos de plata.
También se llevó a cabo un estudio químico exhaustivo con una mezcla de hollín y vinagre, un compuesto que se puede encontrar en cualquier farmacia al pedir un producto alemán para eliminar las manchas de concreto. Era posible, con una casi perfecta técnica, que podría realizarse una alteración con estos compuesto con cemento artificial, hecho de piedra caliza, arcilla y yeso. Llegando algunos a la conclusión de que cualquiera podía hacer rostros en un suelo de cemento con agua, aceite y vinagre, o simplemente con ácido muriático.
Al parecer, el parecido entre «La Pava» y el Guardia Civil Miguel Chamorro, fue una acción trucada ya que la foto del miembro de la benemérita, se le incrustó unos mostachos y se le dobló la boca en una inverosímil mueca. En el año 1975, se determino en la Universidad Politécnica de Valencia, que el contorno de «El Pelado», era una microdepresión creada por la huella de un zapato del año 1939, al pisar sobre un cemento no totalmente fraguado.
María Gómez Cámara falleció en 2004 a la edad de 85 años, fecha en la cual, permanece cerrada la casa pero que eventualmente abre sus puertas para que sea visitada por los turistas. Según Miguel Pereira, hijo de María, actual propietario de la casa, busca mantener limpia la memoria de su madre, rechazando categóricamente cualquier acusación de fraude y explica que desde que su madre murió, las caras apenas parecen.
Para aquél entonces, 17 caras nuevas aparecieron, tanto masculinas como femeninas, y de hacerlo, lo hacían con poca fuerza. Pero son rostros de perfil o rostros desde cuyos ojos emerge otra cara de diferentes formas, tamaños y expresiones. Miguel asegura que su familia jamás cobró la entrada.
«La gente venía y sigue viniendo y las caras se les enseñan, se le explicaba la historia. Pocos saben que esta casa requiere un mantenimiento, la pintura, el pago del impuesto municipal. Sólo nos da para eso. Nadie se ha hecho rico con las caras. Nadie de mi familia, claro está, porque los periodistas sí que han rentabilizado bastante esta historia.»
Bélmez pasó de ser un pueblecito olvidado a ocupar grandes titulares de prensa, abarrotarse de curiosos atraídos por aquel misterio y es un lugar de turismo en tiempos modernos. En febrero de 2013, el Ayuntamiento de Bélmez inauguró en el edificio de la antigua escuela un flamante «Centro de Interpretación de las Caras», financiado con dinero de la Unión Europea. Actualmente, las opiniones siguen divididas sobre si las caras de Bélmez fueron un gran fraude o una muestra física de fantasmas. Que cada quien saque sus propias conclusiones.
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