La hora cero 

La hora cero 

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La hora cero
10.481 – 10.468 a. de C.

La milenaria obra épica india Mahabharata cuenta cómo los dioses y los titanes pelearon entre sí por el gobierno de la Tierra. Según Platón, el legendario imperio de la Atlántida alcanzó su apogeo en este período. El científico germano-boliviano Posnansky cree en la existencia de un enorme imperio en la región de la ciudad boliviana en ruinas Tiahuanaco.

 

Según los historiadores y los etnólogos, las principales divisiones raciales del Homo sapiens de la última glaciación tuvieron lugar hacia el año 13.000 a. de C.: mongoloides en Asia, negroides en África, caucasoides en Europa. En el continente europeo, los principales asentamientos se encuentran en las regiones costeras. Los hallazgos arqueológicos en la región de Altamira y en la Amazonia confirman por vez primera la existencia de seres humanos en el continente sudamericano.

La partida de los Maestros Antiguos 

La historia de mi pueblo, escrita en la Crónica de Akakor, se acerca a su final. Dicen los sacerdotes que el tiempo pronto concluirá, que solamente nos restan unos pocos meses. Entonces se habrá cumplido el destino de los Ugha Mongulala. Y cuando contemplo la desesperación y la miseria de mi pueblo, no puedo por menos que creer en estas profecías. Los Blancos Bárbaros están penetrando cada vez más profundamente en nuestro territorio. Vienen desde el Este y desde el Oeste, como el fuego movido por un viento violento, y extienden sobre el país un manto de oscuridad para tomar posesión de él.

 

Pero si los Blancos Bárbaros reflexionaran, llegarían a comprender que no podemos tomar nada que no nos pertenezca. Entonces comprenderían que los Dioses nos dieron a todos una gran mansión para compartirla y disfrutarla. Pero los Blancos Bárbaros lo desean todo para sí, para sí solos. Sus corazones no se conmueven ni siquiera cuando realizan los actos más terribles. Así que nosotros como indios no podemos hacer otra cosa sino retirarnos y esperar el regreso de nuestrosMaestros Antiguos, tal y como está escrito en la crónica, con buenas palabras, con lenguaje claro:

El día que los Dioses abandonaron la Tierra llamaron a Ina. Dejaron su legado con el más fiel de sus servidores:

 

«Ina, nos marchamos a casa. Te hemos enseñado la sabiduría y te hemos dado buen consejo. Retornamos a casa. Nuestro trabajo está cumplido. Nuestros días están completos. Consérvanos en tu memoria y no nos olvides. Porque somos hermanos de la misma sangre y tenemos el mismo padre. Regresaremos cuando estés amenazado. Mas ahora toma a las Tribus Escogidas y condúcelas al interior de las residencias subterráneas para protegerlas de la catástrofe que se avecina».

Estas fueron sus palabras. Así es cómo hablaron cuando dijeron adiós. E Ina contempló cómo sus naves los llevaron al cielo con fuego y con estrépito. Desaparecieron sobre las montañas de Akakor. Solamente Ina contempló su partida. Pero los Dioses nos dejaron su conocimiento y su sabiduría. Fueron venerados como sagrados. Fueron un signo para los Padres Antiguos. E Inaconvocó a consejo a los Ancianos del Pueblo y les habló sobre la última instrucción de los Dioses. Y ordenó un nuevo reconocimiento del tiempo para conmemorar la partida de los Maestros Antiguos. Ésta es la historia escrita de los Servidores Escogidos, la Crónica de Akakor.

En la hora cero (10.481 a. de C. según el calendario de losBlancos Bárbaros) los Dioses dejaron la Tierra. Su partida señala un nuevo capítulo en la historia de mi pueblo. Pero en ese momento ni siquiera Ina, su más fiel servidor y el primer príncipe de los Ugha Mongulala, conocía los terribles acontecimientos que iban a suceder. El Pueblo Escogido estaba afligido por la partida de los Maestros Antiguos y abrumado por el desaliento.

Únicamente la imagen de los Dioses permaneció en los corazones de los Servidores Escogidos. Con ojos ardientes miraron hacia el cielo, pero las naves doradas no regresaron. Los cielos estaban vacíos, sin brisa, sin sonido alguno. El cielo siguió vacío.

El lenguaje de los Dioses

En el lenguaje de los Blancos Bárbaros, Ugha significa «aliado», «juntado»; Mongu significa «escogido», «elegido»; y Lala significa «tribus». Los Ugha Mongulala son las Tribus Escogidas Aliadas. Una nueva era comenzada para ellos tras la partida de los Maestros Antiguos. Nunca más los Dioses superiores gobernarían su imperio, cuyas fronteras se hallaban entre si a muchas lunas de distancia. Ahora los Ugha Mongulala gobernaban entre los dos océanos: a lo largo del Gran Río. en las colinas bajas del Norte y en las lejanas llanuras del Sur.

 

Los dos millones que constituían las Tribus Escogidas gobernaban sobre un imperio de 362 millones de personas, ya que a lo largo de los siglos los Maestros Antiguos habían sometido a otras tribus. Los Ugha Mongulala gobernaban sobre veintiséis ciudades, sobre poderosas fortificaciones fronterizas y sobre las residencias subterráneas de los Dioses. Únicamente tres complejos religiosos — Salazere, Manoa y Tiahuanaco— quedaron fuera de su jurisdicción por instrucciones explícitas de los Padres Antiguos. Ina, el primer príncipe de los Ugha Mongulala. se veía frente a enormes tareas.

Sé solamente unos pocos detalles sobre el período que siguió a la partida de los Maestros Antiguos. La primera Gran Catástrofe cae como una losa sobre los acontecimientos de los trece primeros años de la historia de mi pueblo. Según los sacerdotes, Ina gobernó sobre el más grandioso imperio que jamás haya existido sobre la Tierra. Estaba dirigido por los Ugha Mongulala. quienes hacían que las leyes se cumplieran. Sus guerreros protegían las fronteras de las incursiones de las tribus salvajes. 360 millones de aliados les debían fidelidad, pero tras la primera Gran Catástrofe se rebelaron contra el gobierno de los Ugha Mongulala, rechazaron el legado de los Dioses y olvidaron rápidamente su idioma y su escritura. Se convirtieron en degenerados.

El quechua, que es como los Blancos Bárbaros denominan nuestro idioma, se compone de buenas y sencillas palabras que son suficientes para describir todos los misterios de la Naturaleza. Ni siquiera los incas conocen la escritura de los Dioses. Existen 1.400 símbolos, que producen significados diferentes según su secuencia. Los signos más importantes son el de la vida y el de la muerte, representados por el pan y por el agua.

 

Todas las anotaciones de la crónica comienzan y terminan con estos símbolos. Tras la llegada de los soldados alemanes en el año 1942, según el calendario de los Blancos Bárbaros, los sacerdotes comenzaron a registrar los acontecimientos también en el idioma de las Tribus Aliadas. El idioma, el servicio a la comunidad, la veneración de lo antiguo y el respeto al príncipe son las cosas más importantes documentadas desde los años anteriores a la primera Gran Catástrofe.

 

Suponen la evidencia de que en los 10.000 años de su historia mi pueblo se ha guiado por un único objetivo: preservar el legado de los Maestros Antiguos.


Signos ominosos en el cielo

Había signos extraños en el cielo. El crepúsculo cubría la superficie de la Tierra. El sol brillaba todavía, mas una bruma grisácea, grande y poderosa, comenzaba a oscurecer la luz del día. Signos extraños se mostraban en el cielo. Las estrellas parecían piedras perezosas. Sobre las colinas se cernía una niebla venenosa. Los árboles desprendían un fuego maloliente. Un sol rojo y un sendero negro se cruzaban entre sí. Negro, rojo, las cuatro esquinas de la Tierra estaban rojas.

La primera Gran Catástrofe cambió la vida de mi pueblo y el aspecto del mundo. Nadie puede imaginarse qué es lo que entonces, trece años después de la partida de los Maestros Antiguos, ocurrió. La catástrofe fue enorme, y nuestra crónica la describe con terror.

Los Senadores Escogidos estaban llenos de espanto y de terror. Ya no veían ni el Sol, ni la Luna, ni las estrellas. La confusión y la oscuridad estallaban por doquier. Imágenes extrañas pasaban por sobre sus cabezas. La resina goteaba desde el cielo y, en el crepúsculo, los hombres caminaban desesperados en busca de comida. Mataron a sus propios hermanos. Olvidaron el testamento de los Dioses. La era de la sangre había comenzado.

¿Qué ocurrió en aquel momento cuando los Dioses nos abandonaron? ¿Quién fue el responsable de la catástrofe que arrojó a mi pueblo a las tinieblas durante 6.000 años? Una vez más, nuestros sacerdotes pueden interpretar los devastadores acontecimientos. Ellos dicen que en el período anterior a la hora cero existía otra nación de dioses que era hostil a nuestros Maestros Antiguos. Según las imágenes del Gran Templo del Sol en Akakor. las extrañas criaturas parecían hombres. Tenían mucho pelo y eran de piel rojiza.

 

Como los hombres, tenían cinco dedos en las manos y cinco en los pies; mas de sus espaldas crecían cabezas de serpientes, de tigres, de halcones y de otros animales. Dicen nuestros sacerdotes que estos dioses también gobernaban sobre un enorme imperio y que poseían asimismo conocimientos que los convertían en superiores a los hombres e iguales a nuestros Maestros Antiguos.

 

Las dos razas de dioses, que están representadas en las imágenes del Gran Templo del Sol en Akakor, comenzaron a disputar. Quemaron el mundo con calor solar y trataron de arrebatarse el poder la una a la otra. Sin embargo, y por primera vez, la providencia de los Dioses salvó a los Ugha Mongulala. Recordando las últimas palabras de nuestros Maestros Antiguos anunciando la catástrofe, Ina ordenó la retirada hacia las residencias subterráneas.

Los ancianos del pueblo se reunieron. Obedecieron la orden de Ina.

«¿Cómo podremos protegernos? Los signos están llenos de amenaza», dijeron. «Sigamos la orden de los Dioses y trasladémonos a los refugios subterráneos. ¿Es que no son suficientes nuestras ideas para toda una nación? Nadie debe faltar, ni una sola persona.»

Así fue cómo hablaron y así decidieron. Y la multitud se reunió. Cruzaron las aguas, descendieron por las cañadas y las atravesaron. Llegaron hasta la meta final, allí donde se cruzan los cuatro caminos en las residencias de los Maestros Antiguos, protegidas en el interior de las montañas.

Esto es lo que cuenta la Crónica de Akakor. Y así fue cómo se cumplieron las órdenes de Ina. Con confianza en la promesa de los Maestros Antiguos, el pueblo de los Ugha Mongulala se trasladó a Akakor inferior para protegerse contra la inminente catástrofe. Aquí permanecieron hasta que la Tierra se hubo acallado, al igual que hace un pájaro cuando se oculta detrás de una roca para protegerse de la tormenta que se acerca. Los Ugha Mongulala se salvaron de la catástrofe porque confiaron en los Padres Antiguos.


La primera Gran Catástrofe 

El año 13 (10.468 a. de C., según el calendario de los Blancos Bárbaros) es un año trágico en la historia de mi pueblo. Una vez que se hubo retirado a las residencias subterráneas, la Tierra fue visitada por la mayor catástrofe de la que la memoria guarda recuerdo. Superó incluso a la segunda Gran Catástrofe, 6.000 años después, cuando las aguas del Gran Río afluyeron corriente arriba. La primera Gran Catástrofe destruyó el imperio de nuestros Maestros Antiguos y trajo la muerte a millones de personas.

Este es el relato de cómo perecieron los hombres.

 

¿ Qué es lo que le ocurrió a la Tierra? ¿ Quién la hizo temblar? ¿Quién hizo bailar a las estrellas? ¿Quién hizo salir a ¡as aguas de las rocas?

 

Numerosas fueron las calamidades que visitaron al hombre; varias las pruebas a las que estuvo sujeto. Hacía un frío terrible, y un viento helado soplaba sobre la Tierra; hacía un calor terrible, y las personas se quemaban con su propio aliento. Los hombres y los animales huían sobrecogidos por el pánico. Corrían desesperados de un lado a otro. Intentaban subir a los árboles, pero los árboles los rechazaban; intentaban llegar a las cavernas, pero ¡as cavernas se desplomaban y los sepultaban.

 

Lo que estaba abajo se puso arriba, y lo que estaba arriba se hundió en las profundidades. El sonido y la furia de los Dioses parecían no tener fin. Incluso los refugios subterráneos comenzaron a temblar.

Borrador automático

La primera mención sobre la forma del continente antes de laprimera Gran Catástrofe fue hecha después de la partida de los Maestros Antiguos. En aquel tiempo difería considerablemente de su forma actual. Era mucho más frío y la lluvia caía regularmente. Podían distinguirse con claridad los periodos de sequía y los de lluvia. Todavía no existían los grandes bosques. El Gran Río era más pequeño y afluía hacia los dos océanos. Los afluentes lo’ unían con el lago gigante en el que los Dioses habían erigido el complejo religioso de Tiahuanaco sobre la costa del Sur.

La primera Gran Catástrofe dio a la superficie de la Tierra un aspecto diferente. El curso de los ríos quedó alterado, y la altura de las montañas y la fuerza del sol cambiaron. Hubo continentes que quedaron inundados. Las aguas del Gran Lago retrocedieron hacia los océanos. El Gran Río fue desplazado por una nueva alineación montañosa y afluía ahora rápidamente hacia el Este. En sus orillas nacieron y crecieron enormes bosques. Un calor húmedo se extendió sobre las regiones orientales del imperio. En el Oeste, donde habían surgido unas gigantescas montañas, las personas se congelaron con el frío cerrado de las elevadas altitudes. La Gran Catástrofe provocó unas devastaciones terribles, tal y como había sido anunciado por nuestros Maestros Antiguos.

Y lo mismo ocurrirá en la futura catástrofe que nuestros sacerdotes han calculado por el curso de las estrellas. Porque la historia de los hombres sigue unos caminos predeterminados: todo se repite, todo regresa en torno a un circulo que dura 6.000 años. Nuestros Maestros Antiguos nos enseñaron esta ley. Nuevamente, 6.000 años han transcurrido desde la última Gran Catástrofe, y 6.000 años desde que nuestros Maestros Antiguos nos abandonaron por segunda vez. Una vez más, signos ominosos aparecen en el cielo. Los animales huyen perseguidos por el pánico. Han estallado las guerras.

 

Las leyes se desprecian o se cumplen con desgana. Mientras los Blancos Bárbaros, llenos de pura arrogancia, destruyen las relaciones entre la Naturaleza y el hombre, el destino se acerca a su conclusión. Los Ugha Mongulala saben que el final está próximo. Lo saben y lo esperan con resignación. Porque ellos creen en el legado de sus Maestros Antiguos. Con la imagen de los Dioses en sus corazones, siguen sus pasos.

 

Siguen a aquellos que son de la misma carne y tienen el mismo padre. 

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