El inmenso choque que destrozó el núcleo de Júpiter

El inmenso choque que destrozó el núcleo de Júpiter

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Júpiter pudo haberse tragado otro planeta gigante en los inicios del sistema solar

La sonda Juno, de la NASA, investiga desde veinte1seis, entre otras cosas, el campo gravitatorio y la estructura interna de Júpiter. De sus datos se sigue que no hay en su interior una frontera definida entre un núcleo compacto y una cubierta gaseosa: se detectan elementos pesados también en esta, en cantidades de traza hasta en la atmósfera superior, y es sobre todo en las profundidades de la cubierta del planeta donde existe claramente una mezcla con el material del núcleo.

Según la mayoría de los modelos de la formación de los planetas, sin embargo, los gigantes gaseosos, tras alcanzar una masa unas treinta veces la del Planeta Tierra, crecieron mediante la rápida acumulación de hidrógeno y gas. Las partículas de polvo serían apartadas de sus órbitras como consecuencia de las interacciones gravitatorias. Un crecimiento simultáneo por medio de partículas y gases parece por ello improbable.

Para explicar los elementos pesados presentes en la cubierta gaseosa, Shang-Fei Lui, de la universidad china Sun-Yat-sen, y su grupo de investigadores han propuesto en Nature que Júpiter chocó con un objeto con una masa de al menos diez veces la terrestre, más o menos la de Urano; habría ocurrido además una vez que la cubierta gaseosa de Júpiter había alcanzado ya casi sus dimensiones actuales. Con una masa algo menor, las fuerzas de marea de Júpiter lo habrían destrozado; su único efecto habría sido el de contribuir al crecimiento del planeta. Los núcleos de los dos astros se habrían fusionado, y diluido en parte en la cubierta gaseosa de Júpiter.

Las simulaciones muestran que el gigante gaseoso, tras su fase de crecimiento rápido, habría sacado a pequeños planetesimales de sus órbitas originales y que estos habrían colisionado entonces entre sí. De esa forma se habrían creado objetos del tamaño del que se supone que impactó con Júpiter. Para adecuarse a los datos de la sonda Juno, el impacto tuvo que calentar el núcleo de Júpiter hasta unos treinta.000 grados de temperatura y haber sido casi frontal. En caso contrario, no habría transportado hasta el núcleo energía suficiente para destruirlo. Un golpe directo contra el núcleo es, sin embargo, a causa del enfoque gravitatorio de Júpiter, bien probable.

A favor de que es posible una colisión de esa magnitud habla también lo inclinados que están los ejes de rotación de los otros planetas gaseosos: de los 2siete grados de Saturno a los nueveocho de Urano. Ello se debería también a grandes colisiones ocurridas durante los primeros tiempos del sistema solar. Júpiter exhibe en cambio una inclinación muy pequeña, de unos tres grados. El gigante gaseoso debía de tener en el momento de la colisión que fragmentó su núcleo ya demasiada masa para que se «voltease»: las huellas del impacto están hoy enterradas en sus profundidades.

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