Enigmas sin respuesta: el humanoide de la isla Blount

Enigmas sin respuesta: el humanoide de la isla Blount

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Enigmas sin respuesta: el humanoide de la isla Blount

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Mapa del área.

En el norte del estado de Florida, EE.UU. existe una base militar denominada Blount Island, ocupada por el Mando de Preposicionamiento de Buques (Maritime Prepositioning Ships) de los célebres Marines. La isla es plenamente visible desde los puentes que cruzan el rio St. John por miles de conductores que transitan la Interestatal 295 todos los días. La instalación militar goza de unos envidiables metros de atracaderos convirtiéndola en una de las instalaciones de importación y exportación más significativas en la costa Atlántica. Sin embargo, fue en este sitio perfectamente normal desde la perspectiva bélica y civil que se produjo un encuentro cercano del que ya no se habla: el extraterrestre de la isla Blount.

En 1975, la fallecida escritora B. Ann Slate (cuyas obras hemos tenido el gusto de traducir para nuestros lectores en Arcana Mundi) tuvo la oportunidad de entrevistar al testigo principal del alucinante encuentro – el señor Norman Chastain, de 60 años de edad en aquel momento, electricista de profesión pero deportista nato que gustaba de navegar su yate de motor desde su hogar en Jacksonville hasta la desembocadura del St. Johns. En aquel momento, como hoy, la isla Blount era un complejo comercial con planta generadora y grandes torres de transmisión eléctrica, habiendo recibido cierta atención en los medios noticiosos por la pugna de los ambientalistas por evitar la construcción de una planta nuclear en los predios.

Enigmas sin respuesta: el humanoide de la isla Blount

Chastain sentía una devoción especial por la pesca, en particular la del róbalo, que en aquel entonces se obtenía con facilidad en aquellas aguas. Soltando anclas a 50 pies de la costa de la isla, el pescador se dispuso a gozar del silencio de la noche, iluminado por las luces de la dársena portuaria y las tenues estrellas. A eso de las tres de la madrugada, Chastain pudo ver unas luces anaranjadas y azules parpadeando sobre el fuerte Caroline, los restos de un intento de colonización de esas tierras por los franceses en el siglo XVI. El objeto era casi tan silencioso como la misma noche de invierno tropical, suspendido sobre la vertical del fuerte y cambiando de colores, mientras que el pescador se preguntaba si podía tratarse de algún helicóptero militar o de la policía.

El objeto se encargaría de disipar sus dudas. Comenzó a moverse hacia el yate de Chastain, revelando la circunferencia de su forma, rematada por un domo. El electricista ferroviario estimó que tenía un diámetro de setenta y cinco pies, un grosor de ocho pies, y que estaba rodeado de luces brillantes. Quedaba claro que no era un aparato de este mundo, y se aproximaba con rapidez.

Mas extrañado por la situación que temeroso, el hombre pensó que el objeto desconocido había sentido cierta atracción por las luces de su propio yate, que parpadeaban de color verde a rojo para marcar su posición en el agua, así que las apagó tan pronto como pudo. Se sorprendió al ver que la nave voladora hizo lo mismo, apagando sus propias luces antes de retirarse en la dirección de la que había llegado. Era normal que se sintiera aliviado al haber evitado semejante situación, pero el corazón le dio un vuelco cuando descubrió que en aquel intervalo, la corriente había cambiado de rumbo, empujando su yate hacia aguas poco profundas, dejándolo varado.

Maldiciendo, Chastain saltó al agua, haciendo lo posible por llegar a la costa arenosa de la isla Blount para encontrar un pedazo de madera para usar como palanca y sacar su nave del apuro. Asistido por una linterna, el desventurado pescador logró esquivar los numerosos socavones en la costa, consiguiendo hacerse con un trozo de madera de metro y medio de largo, ideal para la labor que le aguardaba. El gran peso del objeto le hizo tomar varios descansos. Durante el último de estos, Chastain apuntó su linterna contra el yate para comprobar que seguía varado en la arena, y fue entonces que verdaderamente comenzó su odisea.

Una figura claramente no humana se hallaba entre la maleza.

El electricista describiría al «ser extraterrestre» (según él) como una figura de cinco pies de alto, brazos pequeños, cabeza grande con orejas puntiagudas y una barbilla angulosa. La criatura llevaba puesto un traje enterizo de color plateado oscuro que brillaba a la luz de la linterna, pero que le hizo recordar, en cierto modo, «a la ropa interior masculina que se usaba antiguamente en el invierno».

El pescador y la extraña figura se miraron mutuamente hasta que el ser levantó su mano izquierda, en la que llevaba un dispositivo plano de tres pulgadas de ancho. El objeto emitió un destello cegador, y Chastain sintió como una extraña parálisis se apoderaba de sus miembros, descendiendo desde su cuello al tronco y las extremidades. Luchando contra el efecto analgésico, el pescador trató de gritar, pensando que alguien podría socorrerle, pero sus cuerdas vocales no se lo permitían. Como si la situación no fuera de por sí apremiante, un olor nauseabundo y desconocido comenzaba a emanar de su vestimenta, tal vez el residuo del destello del «arma» usado por el extraño humanoide.

Chastain acabó tirado en la maleza, incapaz de moverse. El hombre elevó plegarias al cielo, temiendo lo que el ser desconocido (‘diablesco‘, en su propias palabras) estuviese tramando.

La parálisis producida por el destello comenzó a disminuir con el paso de las horas. Al despuntar el alba, Chastain pudo gatear un poco, alejándose de dónde se había varado su yate. Para el mediodía, le fue posible incorporarse y caminar. La marea ya había entrado y le fue posible ver el yate flotando, con sus puertas abiertas pero sin tripulantes. Nadó hacia él, posteriormente abordándolo y haciendo lo posible por quitarse el hedor que había invadido su vestimenta, y que posteriormente descartaría antes de regresar a su hogar, donde su esposa le aguardaba con impaciencia. El pescador no se atrevió a contarle a su mujer lo que había sucedido la noche anterior, inventando una mentira blanca en la que culpaba una nausea repentina por su tardanza.

El hombre no tardó en concertar una cita con su médico, temeroso de que la extraña parálisis pudiese tener secuelas. Pero el galeno certificó su buen estado de salud, y Chastain regresó de nuevo a su hogar. En fechas posteriores volvería la isla Blount, buscando evidencia del insólito y aterrador evento: el gran trozo de madera que pretendía utilizar como palanca seguía ahí, pero no había evidencia del extraño ser ni residuos del nefasto olor causado por el haz de luz.

Su descanso nocturno, sin embargo, se vería invadido por extrañas experiencias oníricas en otra realidad o mundo poblado de seres extraños, flores gigantes y fábricas que producían naves con forma de platillo.

En febrero de 1972, el electricista ferroviario estaba durmiendo durante una de las tormentas eléctricas que son tan frecuentes en la Florida. Se despertó repentinamente debido a un destello de luz y un trueno ensordecedor, ¡acompañados por el repugnante olor que había percibido tras su experiencia en la isla Blount! Chastain no dudó en alcanzar su revólver, temeroso de que el maligno ser que le atacó aquella noche hubiese dado con su paradero. No podía quitarse el hedor de las narices, y estuvo en vela el resto de la noche, preparándose para otro encuentro con lo desconocido.

Enigmas sin respuesta: el humanoide de la isla Blount
El hongo Lysurus mokusin.

La tormenta se dispersó al amanecer y el hombre se dispuso a salir de la casa, abriendo la puerta por la que entraba aquella peste. Por un momento fugaz, Chastain pensó que había perdido el juicio: entre la maleza que crecía libremente en el traspatio habían surgido nuevos cultivos de la noche a la mañana…vegetales que aproximaban la forma física de la criatura en la isla Blount, emitiendo la misma hediondez. Así las describió B. Ann Slate: «Era como una escena del cine de horror. Las plantas asemejaban las distorsiones faciales de la criatura en la isla, con bocas abiertas, grandes cuencas oculares, y una sustancia blanquecina brillante donde estarían los ojos. Tres de las «cabezas» de tres a cinco pulgadas parecían estar plenamente desarrolladas, mientras que las más pequeñas se asemejaban a bebés recién nacidos con los ojos cerrados».

Estremecido, Chastain miró al cielo, esperando ver un OVNI, pero solo pudo ver un nítido cielo azul.

Trató de buscar algún vecino que le sirviese de testigo al espeluznante hallazgo, pero no hubo nadie. Posteriormente, su esposa saldría al patio para ver el extraño cultivo, afirmando que «parecía algo de otro planeta».

Chastain agarró una pala y comenzó a excavar, sacando la más grande de las horrendas cabezas para llevarla a la redacción del periódico Jacksonville Journal. Los periodistas no pudieron creer lo que estaban viendo, y llegaron a experimentar la misma nausea que había embargado al pescador aquella noche en Blount. La cabeza también fue vista por los colegas de Chastain en Seaboard Coastline Railroad, que también se maravillaron al verlas. Cualquier intento de llevarlas a autoridades clínicas se vio frustrado por el repentino «marchitamiento» del vegetal, quedando convertido en bolas esponjosas de color rosado, según el testigo inicial.
A estas alturas no resulta posible saber si el rotativo publicó alguna noticia o foto del caso, puesto el Jacksonville Journal dejó de publicarse en 1976 (habiendo lanzado su primera edición en 1922). El Seaboard Coastline Railroad desapareció en 1983.

Una agencia no identificada parece haber tomado muestras tanto en el traspatio de Chastain como en la isla Blount. La muestra del traspatio contenía suficientes esporas como para intentar hacerlas germinar, pero no se sabe si esto sucedió.

La respuesta «lógica» a los misteriosos vegetales es que se trataban del hongo conocido en inglés como stinkhorn (Lysurus mokusin), cubierto de una especie de cieno de olor sumamente desagradable. Estos hongos de la familia phallacea también se conocen por tener forma de falo, emitiendo un «hedor a carroña» que atrae moscas. ¿Misterio resuelto? La escritora Slate sugiere una posibilidad muy interesante, basándose en la teoría del biólogo Leslie Paleg (1929-2012) de la universidad de Australia, quien afirmaba que era posible influenciar el crecimiento de las plantas con rayos láser. El destello de luz producido por el supuesto alienígena, ¿habría sido capaz de influenciar el desarrollo repentino de estas especies, imprimiéndoles su estampa? ¿Pero cómo?

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