Un error de ADN condena a las vacas sin cuernos editadas genéticamente

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En los carteles que anunciaban la próxima revolución de la edición genética, y que estaban por en todas partes, estaban estos animales. Los pósteres anunciaban que con solo añadir unas pocas letras de ADN al genoma del ganado lechero, una start-up de EE. UU. había dado con forma de asegurarse de que nunca le crecieran sus problemáticos cuernos.

Para Recombinetics, la compañía de edición genética de St. Paul (EE. UU.) que creó el ganado sin cuernos, los animales eran el ejemplo de una nueva, mejor y más rápida era de ganadería molecular. “Este mismo resultado podría lograrse criando los animales en una granja. Se trata de cría de precisión”, declaró en 2017 el entonces CEO de la compañía, Tammy Lee Stanoch.

Pero no fue así

Los científicos de la Administración de Medicamentos y Alimentos de EE. UU. (FDA, por sus siglas en inglés) que analizaron de cerca la secuencia del genoma de uno de los animales editados, un toro llamado Buri, descubrieron que su genoma contenía un fragmento de ADN bacteriano que incluía un gen que creaba resistencia a los antibióticos.

La inserción “involuntaria” de ADN de una especie diferente tuvo lugar durante el proceso de edición genética, afirma el Gobierno. La compañía no lo había detectado. Promocionaba sus animales como 100 % bovinos y atacó a la FDA por exigir que fueran regulados.

El CEO de Acceligen, Tad Sontesgard, una filial de Recombinetics, propietaria de los animales, afirma: “No lo esperábamos, y no fue intencionado”. Y señala que “deberían haber hecho” una verificación más completa.

Este error es un contratiempo para Recombinetics, cuyos pioneros prototipos de animales editados genéticamente incluyen ganado resistente al calor y cerdos que nunca llegan a la pubertad. También supone un golpe contra los esfuerzos para que la edición genética se vuelva rutinaria en la reproducción animal.

Durante todo el tiempo, Recombinetics se había opuesto abiertamente a la supervisión de la FDA, que considera a los animales editados genéticamente como si fueran nuevos fármacos que necesitan exhaustivas pruebas y aprobación. La empresa incluso presionó a la Administración Trump para que impidiera la supervisión de la FDA, bajo el argumento de que estaba frenando una revolución en la ganadería.

Pero la edición genética aún no es tan predecible ni fiable como aseguran sus defensores. El procedimiento, pensado para hacer cambios precisos en el ADN, puede introducir modificaciones inesperadas e importantes sin que nadie las note. En un artículo que publicado en julio, los científicos de la FDA, dirigidos por los investigadores Alexis Norris y Heather Lombardi, afirmaron: “A medida que la tecnología de edición genética evoluciona, también lo hace nuestra comprensión de las alteraciones involuntarias que eso produce”. En su opinión, los errores de edición genética “no se informan” y son un “punto ciego” para los científicos.

El riesgo de las modificaciones fortuitas no solo amenaza a los animales de ganado. Ya hay personas probando tratamientos de edición genética para curar enfermedades raras, y es posible que estos pacientes terminen con mutaciones genéticas no planeadas. Estas modificaciones accidentales suponen una de las mayores preocupaciones en los experimentos para editar genéticamente a bebés antes de que nazcan, como ocurrió por primera vez en China el año pasado.

Los científicos independientes aún no han tenido la oportunidad de confirmar si las gemelas chinas CRISPR también presentan cambios involuntarios en su ADN. Este año, la Organización Mundial de la Salud dijo que cualquier futuro intento de crear humanos editados genéticamente será considerado “irresponsable”, en parte, debido a la incertidumbre técnica.

Bovinos famosos

Para crear sus vacas sin cuernos, Recombinetics empezó a trabajar en las células cutáneas de toros Holstein. Y ahí es donde entran en acción los genes bacterianos. En el trabajo realizado en 2013, la compañía empleó plásmidos para transmitir las instrucciones de ADN a la célula. Estos plásmidos son un tipo de minicromosoma circular presente en las bacterias.

Los plásmidos (pensados para sobrevivir temporalmente) llevaban instrucciones de ADN tanto para la herramienta de edición genética (conocida como TALENs) como para el cambio genético de “eliminación de cuernos” presente en otras razas, y que implica el intercambio de unas 200 letras genéticas. Más tarde, las células cutáneas editadas fueron clonadas para crear dos nuevos animales, Buri y Spotigy. Ambos ejemplares eran copias de los toros originales, pero sin cuernos.

Ambos animales, nacidos en 2015, no tardaron en hacerse famosos. Mientras Spotigy fue sacrificado para analizar sus tejidos, Buri vivió lo suficiente como para engendrar a unos 17 descendientes. Actualmente su prole está repartida entre instalaciones de la Universidad de California en Davis (UC Davis, en EE. UU.), y una granja en Australia. Una vaca sin cuernos, hija de Buri, posó para la portada de Wired en abril.

En declaraciones a Bloomberg en 2017, un ejecutivo de Recombinetics afirmó: “Sabemos exactamente dónde debe ir el gen, y lo colocamos en su ubicación exacta. Tenemos todos los datos científicos que aseguran que no hay efectos no deseados”.

Comer animales modificados

La compañía nunca buscó una aprobación formal para el ganado sin cuernos en Estados Unidos, en parte porque no estaba de acuerdo con la regulación. Sin embargo, su colaboradora en la UC Davis, la científica veterinaria Alison Van Eenennaam, creó un expediente sobre estos animales en la FDA el año pasado, para intercambiar información con la agencia.

Según Sontesgard, Van Eenennaam decidió pedir la opinión de la FDA sobre si algunos de los animales editados genéticamente podrían acabar en un matadero, donde se convertirían en filetes y hamburguesas. Para Sontesgard, la apuesta de la veterinaria de ganar una “exención de alimentos” fue un intento de evaluar la opinión de la FDA. El responsable detalla: “Alison tenía curiosidad por saber si los animales serían aprobados como alimento. Dije: ‘Está bien, puedes intentarlo’. Si hubieran dicho que sí, habría sido genial, y si hubieran dicho que no, tendrían que encontrar un razonamiento lógico. Simplemente no quería que los animales se desperdiciaran porque realmente no tienen nada de malo”. En su opinión, son “seguros para comer con o sin plásmido”.

Van Eenennaam pensaba en los factores económicos. Cuesta 60 centavos de dólar (55 céntimos de euro) por libra (450 gramos) incinerar animales de investigación, cerca de un euro por cada kilo, un coste que le parecía excesivo para su programa universitario. Le parecía mejor venderlos como hamburguesas.

Sin embargo, el pasado marzo, un bioinformático de la FDA que estaba analizando los genomas del toro, encontró que el plásmido se había integrado en el genoma de Buri de alguna manera. Los funcionarios de la agencia organizaron ese mes una conferencia telefónica para dar la mala noticia, recuerda Van Eenennaam. Los animales contenían genes bacterianos y se definían como los organismos modificados genéticamente (OMG).

Van Eenennaam recuerda: “Nos sorprendió, pero cuando se obtiene una nueva información, se sigue adelante. Eso es lo que hace la ciencia”. La científica afirma que era de esperar que la mitad de la descendencia de Buri también hubiera heredado los genes con la bacteria.

Puede resultar complicado explicar por qué la compañía y la UC Davis no vieron los genes bacterianos. Sin embargo, para estudiar el ADN, los investigadores primero tienen que decidir qué partes aislar o verificar, y, en efecto, suelen analizarlas mediante un proceso lleno de suposiciones y sesgos, detallan los científicos de la FDA.

No está claro si el ADN bacteriano representa un gran riesgo. Es poco probable que afecte a la vaca o la persona que se la coma. La preocupación reside en que el gen de la resistencia a los antibióticos sea absorbido por cualquiera de las miles de millones de bacterias presentes en el intestino o en el cuerpo de una vaca. El microbiólogo retirado de la Universidad de Leeds (Reino Unido) John Heritage no cree probable que el gen se desarrolle aún más, pero su presencia en una vaca podría crear oportunidades impredecibles para que se propague.

El descubrimiento de que algunos de los animales sin cuernos tienen ADN no deseado de otra especie ha sellado su destino. Ahora es imposible que alguien obtenga una aprobación regulatoria para ellos. Sontesgard confirmó que los reguladores de Brasil rechazaron una petición revisada de Recombinetics relacionada con estos animales.

Van Eenennaam detalla: “Es ADN nuevo, eso es justo lo que le hace entrar en el debate sobre los OMG. Desde una perspectiva de seguridad alimentaria, no me preocupa, pero a nivel regulatorio, bueno, ni siquiera lo intentaríamos. Es un producto que no puede avanzar”. Asegura que, desde el descubrimiento de la FDA, la UC Davis ha incinerado a tres de los cinco machos que vivían en sus granjas. La vaca que posó para la portada de Wired está preñada, así que se salvará por el momento.

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