Proyectos secretos en la Alemania nazi. Naves aeroespaciales.

En los años Veinte y Treinta, la Verein für Raumschftfahrte (asociación para los viajes espaciales), vio crecer en su seno a los hombre

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En los años Veinte y Treinta, la Verein für Raumschftfahrte (asociación para los viajes espaciales), vio crecer en su seno a los hombre que por primera vez consideraron el vuelo espacial como instrumento bélico, que durante la Segunda Guerra Mundial construyeron los primeros misiles estratégicos y que, a finales de los años Sesenta, mandaron al hombre a la luna.

Mientras que se puede considerar dudosa la voluntad de desarrollar cohetes para uso bélico de Wernher Freiherr Von Braun, según algunas fuentes implicado a su pesar en el desarrollo de los misiles de represalia, si que puede decirse que uno de los autores reconocidos del programa espacial nazi fue el ingeniero austriaco Eugen Sänger, quien estaba a cargo del Luftfahrfoschungsanstalt Braunschweig de la Luftwaffe. El fué el principal artífice del desarrollo del bombardero «antipódico» conocido como RaBo (acrónimo del término alemán -bombardero cohete- Raketen Bomber), que habría podido llevar al hombre al espacio con fines bélicos.

Un modelo para el tunel de viento del LFA «Silbervogel»

Junto al RaBo, se desarrollaron paralelamente, por otros ingenieros, un A-4 (V2) intercontinental de dos etapas y una improbable estación espacial.

Pioneros del Vuelo Espacial.

En 1929 se estrenaba en los cines alemanes la película de Fritz Lang «Frau im Mond», que inspiró a muchos de los apasionados y pioneros de la ciencia misilística de la época.
En el mismo año, el 30 de Septiembre, Fritz Von Opel hacía volar un planeador cohete, que superó la velocidad de 160 km/h. Al año siguiente, en Berlín, se declaró operativo el Raketenflugplatz, el primer polígono para pruebas relativas a la propulsión cohete. También se publicaron estudios sobre el vuelo espacial y el ejército alemán comenzó a interesarse en la tecnología de los misiles.
Entre los primeros cohetes se recuerda al A-2, que lanzado desde la isla de Borkum, en el Mar del Norte, alcanzó una altitud de más de 1.500 metros.
El primer programa espacial alemán que barajaba la posibilidad de un vuelo espacial tripulado fue financiado de forma privada y se inició en 1933, cuando el cohete «Magdeburg», patrocinado por la Banca de la ciudad del mismo nombre, se lanzó con el propósito de probar la Hohlweltlehr, o «Teoría de la Tierra hueca» de Peter Bender.

Apoyado abiertamente por el partido nazi, Bender pensaba que la cosmología enunciada por Copérnico era errónea y sostenía que la raza humana vivía en el interior de una esfera hueca que contenía el Universo entero conocido. Un cohete lanzado hacia el cielo, debería por tanto, alcanzar las antípodas, siguiendo una trayectoria rectilínea.


Este diagrama (con los textos traducidos al inglés por la inteligencia aliada que examinó el estudio) muestra el perfil de la misión que realizaría el «aeroespaciplano» para alcanzar Nueva york, donde habría dejado caer una sóla bomba convencional de 3.000 kg.

Algunas pruebas, llevadas a cabo con cohetes a escala reducida, acabaron de un modo desastroso, lo que desalentó a los investigadores, haciendo naufragar el proyecto.
Junto a toda una serie de convicciones desarrolladas de forma autónoma o transformadas por diferentes culturas y sociedades, también la teoría de la Hohlweltlehr, que representó el pretexto para el inicio del desarrollo de ingenios espaciales tripulados, resultó muy apreciada por los nazis.

El Vuelo Orbital según Sänger.

Sänger no veía en el vuelo espacial un instrumento para subvertir la teoría de Copérnico; más bien trataba de hallar la forma de construir un bombardero capaz de golpear a gran distancia de su propia base, es decir, un bombardero para las «antípodas».


En 1932, Sänger constituyó en Viena un centro para la experimentación de motores de propelente líquido; otro de estos centros fue instalado en Traven (Alemania) en 1936 y durante la guerra se probaron allí cohetes en los que se midión una velocidad de los gases de escape superior a los 3.000 m/s

El «Pájaro de plata» (Silbervogel), como lo llamaba su equipo de proyectistas, era un programa extremadamente avanzado para su tiempo. Se trataba de un «aeroespacioplano» hipersónico, con una sola etapa orbital, que debería ser impulsado por motores cohete alimentados con una mezcla de petróleo y oxígeno líquido, capaz de volar a una velocidad próxima a Mach 10 (aunque hay quien dice que se hablaba de Mach 20,8), a altitudes variables comprendidas entre los 59 y los 300 km. Esta era una concepción futurible para 1933, que se anticipó en más de 30 años al concepto de «lanzadera» o «Shuttle».

En 1938, Eugen Sänger, que había desarrollado el RaBo con la colaboración de su esposa, Irene Bredt, ofreció su proyecto al Ministerio de Defensa austríaco. Su maqueta para el túnel de viento, desarrollada en la única instalación de ese género que existía en la Alemania de los años Treinta, se presentaba como un «aeroespacioplano» de alas muy delgadas, con sección de cono y un fuselaje plano -convexo- El proyecto incluía una cabina presurizada, tren de aterrizaje completamente retráctil, una bodega para bombas, con una modesta capacidad de carga bélica (no más de una o dos toneladas), aunque algunas fuentes hablan de 3.000 o 4.000 kg. y escudos térmicos eyectables para las ventanillas de la cabina; iba además equipado con motores capaces de proporcionar un notable empuje, aunque sobre su motorización existen algunas contradicciones. El desarrollo duró casi diez años, por lo que es lícito pensar que debieron barajarse varias hipótesis: los datos más precisos disponibles hablan de un motor cohete Sänger-Bredt de 145.700 kg durante 168 segundos.

El bombardero «antipódico» habría sido un híbrido entre un avión y un «Shuttle». En su misión típica, después del despegue, que se realizaría con un trineo a cohete deslizante sobre un monorail a una velocidad de 1.395 m/seg (5.022 km/h), el aeroespacioplano alcanzaría su altitud operativa, con una trayectoria casi balística. Tras apagar los motores antes de alcanzar una velocidad orbital, debería salir de la atmósfera para moverse sobre ella deslizándose como una piedra lanzada a la superficie de un estanque. Una vez realizada su misión de bombardeo, seguiría rodeando el globo hasta su base, para realizar el aterrizaje.

El «aeroespacioplano» de Sänger tuvo un desarrollo turbulento y nunca alcanzó una fase más avanzada que la de maqueta para pruebas en el túnel de viento.
Sänger y Bredt trabajaban en el complejo de desarrollo de Lofer (Austria), donde nacieron muchas de las armas «imposibles» de la Alemania nazi, tales como los cañones electromagnéticos, sónicos y de viento. En 1942 ambos tuvieron que interrumpir sus estudios, debido a que el Gobierno alemán decidió suspender la investigación para concentrase en el esfuerzo de guerra.
El siguiente desarrollo de Sänger Fue un interceptor impulsado por un estatorreactor (el Skoda-Kauba P14) tecnología sobre la que había realizado numerosos estudios. Luego, en 1944, al empeorar la situación en todos los frentes, recibió la orden de reanudar sus investigaciones sobre el bombardero «antipódico» en el marco del programa «Projekt Amerika», realizando una versión del RaBo dedicada nada menos que a Nueva York. Esta versión debía ser capaz de lanzar sobre Manhattan un proyectil balístico de una tonelada, que habría debido impactar con la velocidad de un meteorito.

Mientras Sänger trabajaba en su «aeroespacioplano» en Peenemünde se estaba desarrollando una versión intercontinental (también en configuración tripulada) del «arma de represalia» V2, igualmente concebida para atacar el territorio metropolitano de los EEUU.

Una V2 tripulada

El A-4, más conocido como V 2, era un misil balístico desarrollado para impactar cayendo al triple de la velocidad del sonido, sobre blancos situados hasta 320 km de su lugar de lanzamiento. En realidad, se trataba más bien de un superproyectil de artillería.
La realización del A4b. que comportaba la inclusión de unas alas, no logró aumentar la autonomía: en la práctica, al producirse la reentrada en la atmósfera, más densa, el misil iniciaría un planeo al que seguiría un picado de alto número de G que, aprovechando la alta velocidad, garantizaría la suficiente energía cinética para prolongar el vuelo. De todas maneras, al llegar a su objetivo a velocidad subsónica, el cohete sería vulnerable a las defensas adversarias, En la configuración así descrita, sus prestaciones permitirían que, a los 17 minutos de su lanzamiento, el A4 se encontrara a 600 km de su lugar de partida.
A partir de 1940, se puso en marcha en Peenemünde un intento de realizar un vehículo espacial que compitiese con el RaBo de Sänger mediante la utilización de la tecnología desarrollada para los misiles A4, en particular las investigaciones relativas a la instalación de alas y al vuelo planeado; dicho estudio fue llevado a cabo empleando para las pruebas componentes a escala reducida de dicho misil.

El proyecto A9/A10 tenía como objetivo la realización de un medio hipersónico semibalístico de dos etapas (denominadas A9 y A10) de las cuales la segunda etapa sería un módulo capaz de alcanzar blancos distantes hasta 5.000 o 5.500 km.
Para el desarrollo de la primera etapa A9, a partir del A4b, los ingenieros de Peenemünde acoplaron una cabina presurizada situada en la cabeza bélica de 1.000 kg, instalando así mismo un tren de aterrizaje, hipersustentadores, superficies aerodinámicas móviles y un turborreactor. el conjunto habría resultado ligeramente más grande y tendría un 30% más de empuje que la V2 estándar.
El módulo A10 era un gran «booster», que aumentaba las dimensiones del artefacto de un modo completamente desatinado.

El A9/A10 debía despegar verticalmente para que luego, tras la separación, el módulo A9 siguiese una trayectoria balística hacia el espacio, subiendo hasta los 337 km, para luego caer a tierra a unos 1.203 km de su base. A una altitud de 48 km y con una velocidad de 12.240 km/h (Mach 11,52), se iniciaría la fase del vuelo en la que se aprovechaba la presencia de las alas. El A9 se acercaría a su objetivo en un vuelo planeado de alto número de Mach y, transcurridos 45 minutos de la misión, lanzaría su bomba de una tonelada y pondría en marcha el turborreactor para iniciar el regreso a su base.
Según otras descripciones, el A9/A10 se habría concebido realmente para el reconocimiento estratégico, siendo avalada esta tesis por el hecho de que en los planos no figura ningún hueco apto para transportar una carga bélica. Otras fuentes opinan que el A9, con las lógicas limitaciones en su radio de acción, se habría pensado para utilizarlo también sin la ayuda del «booster».
A partir del 18 de Diciembre de 1941, a pocos días de la entrada en la guerra de los EEUU, se inició con mucha decisión el desarrollo de un sistema de bombardeo intercontinental basado en el proyecto A9/A10.

En esta nueva faceta, el misil de dos etapas llevaría al A9, dotado con unas alas muy modificadas y reducidas prácticamente a aletas, englobado en la parte superior del Al0, de manera que en el momento del lanzamiento tendría el aspecto de una V2 de grandes dimensiones.
El coheteA9/A10 habría tenido una altura de 25,6 m y un empuje inicial de casi 180.000 kg. Su desarrollo fue interrumpido entre finales de 1941 y principios de 1942 y luego reanudado a finales de 1944, junto con los trabajos de otras armas secretas cuyo fin era cambiar el curso de la guerra, ya prácticamente perdida. Al no poder disponer ya de las bases de lanzamiento de las V2 en Francia y los Países Bajos, se hizo necesario recurrir a misiles de más largo alcance.
Algunas V2, modificadas al estandar A4b, estaban disponibles a principios de 1945; el primer lanzamiento, realizado el 8 de Enero, fue un fracaso, mientras que en el siguiente, llevado a cabo el 25 del mismo mes, se vio al misil alzarse hasta alcanzar una altitud de 80 km a una velocidad de Mach 4; se trataba del primer misil hipersónico dirigido y con alas del mundo. El lanzamiento, no obstante, no tuvo un éxito completo, ya que
una de las alas cedió en la fase de vuelo planeado y no pudieron desarrollarse otros ejemplares de prueba.
Como ya hemos dicho, todo lo descrito es una razonable interpretación elaborada a partir de los nuevos testimonios existentes sobre esta materia, aunque existen también numerosas versiones relativas a desarrollos diferentes. Se habla, por ejemplo, de un A11 que habría sido un enorme «booster» que se uniría al conjunto A9/A10 (dando lugar a la composición A9/A10/A11), sobre el que existen datos contradictorios; habría podido ser tanto un misil estratégico de gran alcance como un vector capaz de poner una cierta carga en órbita. A propósito del A1 el mismo Von Braun, en su autobiografía: «no habíamos osado pasar del A10 más que con la imaginación, aunque teníamos ya «in mente» una etapa primaria, másgrande, que habría podido llamarse A11 y que tendría un reparto de masa ligeramente mejorado y propelentes más efectivos. Con él podríamos haber llevado al piloto del A9 a una órbita satélite permanente en torno a la Tierra

Proyectos posteriores.

Mark Wade, uno de los más conocidos investigadores de la Historia de la Astronaútica, cita una etapa adicional A12, con la cual el módulo final A9, en la configuración «Lifting Body» con alas de muy corta longitud, habría debido convertirse en un «mini Shutttle»
J. Miranda y P. Mercado hablan en su «Projekt America Dossier nº 6» de un A6 de reconocimiento estratégico, designación que según otros autores se habría atribuido a un A4 normal adaptado para su uso como propelente de larga duración. 
El EWM A-6, atribuido a Von Braun, es descrito como un A4 transformado en avión, con cabina en su parte delantera, tren de aterrizaje triciclo retráctil, ala en flecha, con un considerable diedro positivo y un estatorreactor instalado bajo la cola, tanto para aceleraciones de alta velocidad como para permitir un incremento de la autonomía entre 20 y 30 minutos.
Un vehículo que se corresponde con esta descripción es citado por el autor italiano Alberto Fenoglio, quien, sin embargo, lo denomina A9C y habla de un propulsor auxiliar BMW 018 (turborreactor axial y no estatorreacror); este A9C habría servido como aparato de entrenamiento de pilotos del A9.
Un prototipo del A6/ A9C habría estado casi terminado en 1945, aunque no pudo ser probado, debido a la indisponibilidad del propulsor, por lo que fue destruido para evitar su captura

Proyectos posteriores

Tanto el bombardero «antipódico” como el proyecto A9/A10 en sus varias configuraciones podrían probablemente haber sido construidos, incluso a pesar de tratarse, como hemos visto, de aparatos no exentos de problemas y probablemente muy peligrosos para sus pilotos.
El mas ambicioso e irrealizable de los proyectos nazis de actividad espacial con fines bélicos fue el de una estación orbital, que seria posteriormente equipada con un descomunal espejo prefabricado, puesto en órbita mediante una V2 de grandes dimensiones, que sería acoplado a la estación y utilizado para concentrar los rayos del sol contra objetivos tales como ciudades y campos petrolíferos. Los equipos de la estación orbital recibirían el suministro de energía eléctrica gracias a un sistema de «Boiler» de energía solar con el que se accionaria una dinamo. A propósito de esta idea, es difícil establecer hasta qué punto se realizó un estudio serio y en profundidad o si sólo se trató de una simple anticipación pseudo científica.


Conclusiones

Si consideramos ante todo la fiabilidad mecánica de los sistemas avanzados de armas alemanas del final de la guerra (pensemos en el Me 262, He 162, Natter etc…) debemos dudar que medios aéreos complejos e innovadores como el «Silbervogel» o el A9/A10 habrían sido benévolos por lo que respecta a la seguridad de sus pilotos. Por su parte, los ingenieros alemanes habían comprendido el problema del «stress» térmico relacionado con la reentrada en la atmósfera de un medio alado, pero las aleaciones utilizadas en aviones como el posterior X-15 o metales como el titanio no eran asequibles en aquella época y el acero inoxidable no resultaba especialmente apto para la realización de un escudo térmico.
Recordemos finalmente, que un proyecto de «aerespacioplano» monoetapa como el concebido por Sänger, resulta aun hoy un logro dificil de alcanzar. En todo caso, los proyectos del bombardero «antipódicó» y de la V2 intercontinental, aunque se hubiesen materializado, difícilmente hubieran podido influir decisivamente en el curso de la guerra como para justificar su alto coste y la complejidad de su desarrollo

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