Restos imposibles

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Restos imposibles Como ya os adelanté en otro artículo anterior, hoy hablaremos de restos arqueológicos increíbles, imposibles y realmente muy in

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Como ya os adelanté en otro artículo anterior, hoy hablaremos de restos arqueológicos increíbles, imposibles y realmente muy incómodos para la ciencia dogmática. No os hablaré de supercherías o restos de dudosa procedencia, si no de restos de autenticidad contrastada, analizados de forma científica por instituciones de prestigio y que incluso algunos de ellos están expuestos. Son hallazgos silenciados porque cuestionan la raíz del conocimiento científico actual, que destrozan por completo las teorías de la evolución humana y que reescriben nuestra historia como especie. ¿Por qué se silencian? Hay una razón de peso fundamental: si se admiten habría que tirar a la basura la teoría de la evolución tal y como se concibe hoy en día, el axioma sobre el cual se ha desarrollado toda la ciencia, el mayor de sus pilares.
En este punto no puedo ser cobarde y no dar mi punto de vista al respecto por muchas burlas, incomprensión y desprecios que pueda recibir por ello. Analizando los hechos y con los conocimientos que mi formación científica me han proporcionado y el no menos importante sentido común, no puedo si no que rechazar de plano la teoría de la evolución tal y como está planteada. Sin duda existe evolución, es un hecho evidente, lo que tras años de reflexión descarto por completo es la idea de que una especie evolucione hacia otra, para que me entendáis: que los peces se conviertan en reptiles o un humano se convierta en un escarabajo por muchos millones de años que pasen. Eso para mí no tiene sentido alguno desde un punto de vista racional y científico. Creo en la evolución de la especie no en la evolución entre especies, la cual no es posible si se analizan los conocimientos científicos de los que disponemos sin dogmatismos, sin intervención inteligente. Los restos de los que os hablaré apuntan en esta dirección respecto a los humanos, evidencias de no evolución entre especies hay a centenares, sí, como leéis, pero de ello hablaremos la semana que viene, hoy os expondré las pruebas.
La calavera de Freiberg

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Este resto humano fue hallado en 1842 en una explotación minera cerca de la ciudad alemana de Freiberg. Los operarios se quedaron extrañados al encontrar dichos restos en el lignito que excavaban. Es importante recalcar que la calavera no estaba depositada sino incrustada en la roca, por lo que debió estar depositada allí antes de su formación, la cual se calcula entre… ¡15 y 50 millones de años! Por desgracia los restos están muy deteriorados y no se ha podido extraer ADN, aunque admitiésemos que no se trata de un humano propiamente dicho, sino de un homínido hemos de entender que los restos más antiguos datan de tan solo unos 2 millones de años. Toda la cronología queda destrozada y si se tratase de un resto humano fulminaría por completo la teoría evolutiva del ancestro común con el mono. La calavera está actualmente conservada en el museo de la Academia Minera de Freiberg. Este resto, junto con otros Ooparts (Objetos fuera de lugar y del tiempo) de los cuales hablaremos y también encontrados en el interior de  minas, dinamitan todo lo que sabemos de nuestra historia.

Los cráneos de Paracas

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Pocos habréis oído hablar de estos restos arqueológicos  que constan de 35 cráneos y que en la actualidad se encuentran expuestos en el Museo de Historia de Paracas, Perú. Los restos se asocian a la denominada cultura de Paracas, una civilización precolombina avanzada situada al sur del país andino y descubierta por el arqueólogo Julio C. Tello, quien en 1920 descubrió un cementerio que albergaba 300 de estas extrañas calaveras alargadas de unos 3.000 años de antigüedad.

En principio no tendríamos por qué extrañarnos por su deformidad. Todos conocemos los rituales que la realeza de las civilizaciones precolombinas americanas, realizaban el alargamiento craneal como modo de distinguirse del resto de su pueblo, erigiéndose así como las élites predominantes, al parecerse a lo que ellos entendían que era la fisonomía de sus Dioses.

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Pero los problemas surgieron al realizar los primeros análisis oseométricos a estos cráneos cuya autenticidad es incuestionable. Una deformación por compresión con vendas, aunque se realice a un bebe, no altera en modo alguno sus características: Peso, volumen, densidad… Estos restos sin embargo, presentaban alteraciones de difícil explicación y encaje en un Sapiens-Sapiens. Por ejemplo, su capacidad craneal es un 25% superior y su peso un 60% superior a los de un cráneo «convencional». Ninguna deformación intencionada provocaría semejantes cambios.

Quizás sea una enfermedad extraña, una especie de hidrocefalia – me podréis argumentar algunos con mucho sentido, es lo primero que yo mismo pensé. Pero las «rarezas» de estos restos no terminan aquí. Todos hemos visto una calavera humana, ya sea real, de muestra, en fotos, en películas o series… aparte de su forma, lo más característico de nuestro cráneo es que en verdad son 6 huesos: el frontal, el occipital, dos parietales y dos temporales, todos definidos y separados por unas uniones muy marcadas denominadas suturas craneales. En este punto es importante recalcar que cualquier cráneo humano, de cualquier época tiene esta composición, siempre. Bien, en los cráneos de Paracas solo existe un hueso parietal, no dos. Pero una imagen vale más que mil palabras ¿no?

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Es curioso como nadie les hizo caso a estos maravillosos restos. Con demasiada facilidad a lo que no encaja se lo desprecia y aparta para que no molesten, no sea que unos insignificantes restos nos bajen de nuestro pedestal fabricado de arrogancia y orgullo de ya conocerlo todo sobre nuestros orígenes. En verdad no conocemos nada.

Hasta 2014 nadie se planteó el poder realizar una prueba de ADN de estos restos, pero por fin, Juan Navarro, director del museo de Paracas, accedió. Se tomaron muestras de piel, pelo y dientes de los cadáveres y se enviaron a Estados Unidos para su estudio genético anónimo. Los primeros resultados, dados a conocer por el subdirector del museo: Brien Foerster,  parecen demostrar que en el ADN Mitocondrial existen una serie de mutaciones desconocidas en la actualidad en cualquier humano, primate o animal conocido insertado en la mayor base de datos genética: GenBank. No se parecen a nada de lo que actualmente conocemos.

Como sabéis, secuenciar el código genético completo de un ser vivo lleva años de trabajo. Los primeros resultados aún no son concluyentes pero si muy significativos, el hombre de Paracas pertenece con toda seguridad a una especie humana muy diferente a la Sapiens, Neandertal o Denisoviana. Y lo más increíble de todo es que no son los únicos restos que demuestran que existieron diversas especies humanas.

Star child

Restos imposiblesAntes de que las calaveras de Paracas saltaran a la fama, al menos en el mundo de la conspiración, existía una calavera que ha sido aún más controvertida si cabe. Se la conoce como «Star child» (el niño de las estrellas) y de sus restos solo se conserva el cráneo. La morfología de este resto es muy diferente a los de Paracas, aunque ambos casos comparten un hecho en común: el ostracismo al que fueron sometidos.

Restos imposiblesAl Star Child, descubierto en los años 30 en México junto a un esqueleto femenino sin anomalía alguna, se le asigna una antigüedad de unos 900 años. A pesar de su evidente diferencia morfológica, la composición del cráneo, al contrario que los de Paracas, era compatible con la de un ser humano. Es cierto que deforme pero al fin y al cabo humano. O eso es lo que parecía en un principio…

Los estudios rigurosos sobre este inusual resto óseo se iniciaron en 1999 y se hicieron públicos en el denominado Star Child Project, donde tenéis acceso a todas las pruebas realizadas: desde las imágenes de rayos X, las pruebas morfológicas o los resultados parciales del estudio genético, todas ellas avaladas por científicos y laboratorios de primer orden como la British Columbia University of Canada. Los estudios demostraron que esos restos eran inusuales. Una vez más su capacidad craneal era superior a la nuestra, al igual que el grosor y densidad ósea…

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Lo que más impactó a los científicos en esos estudios preliminares,  fue el descubrimiento de la existencia de unas hebras o filamentos que recorrían el interior de los huesos y que parecían ser las responsables de su extraordinaria resistencia y dureza, desconocidas en un cráneo humano. Pero el gran terremoto llegó con los primeros resultados del ADN.

Se logró secuenciar uno de los genes: el FOXP2, el cual es exactamente idéntico (no difiriendo en ninguna posición de la cadena de ADN) para todos los humanos y gorilas, con quienes compartimos el mismo gen. Los chimpancés también disponen del FOXP2, pero en su caso con una diferencia de una base en la secuencia genética, bien, el Star Child arrojó 56 diferencias… el resto del estudio del ADN arrojó el mismo resultado: Desconocido. Star Child dispone de ADN que en parte se parece al humano actual y en parte es completamente diferente al de cualquier otra especie registrada en la enorme base de datos GenBank.

En ambos casos los teóricos de la conspiración y amantes de lo oculto, afirman que estos restos son la prueba palpable de la hibridación con alienígenas. Yo no me atrevo a ir tan lejos, aunque a estas alturas no me atrevería a poner la mano en el fuego… Sin duda podemos afirmar que tanto el hombre de Paracas como el Star Child son dos nuevas especies humanas que a diferencia de los Neandertales, el hombre de flores y los denisovianos, convivieron con nosotros durante la historia de la humanidad y no en la prehistoria.

Bien, dos especies más, ¿y qué? – diréis los que descartéis el origen extraterrestre. Es sencillo, estos descubrimientos ponen en jaque a la teoría de la evolución. Debéis saber que la evolución se basa, según Darwin, en el cambio pausado del ADN a lo largo de millones de años. La existencia comprobada de no menos de 6 especies humanas diferentes en un periodo tan corto de tiempo como es biológicamente unas pocas decenas de miles de años, destroza la teoría evolutiva. Más aun si consideramos las dos últimas especies humanas: Paracas y Star Child, sus diferencias genéticas son tan abismales respecto a las nuestras aún siendo humanos que implicaría, si existió evolución darwiniana, que el origen del ser humano no se remonta a tan solo 200.000 años, si no como mínimo a un par de decenas de millones. En ese caso la teoría del ancestro común con el mono caería como un Castillo de naipes en el aire.

Hay muchas preguntas que deben ser respondidas y todas las respuestas nos llevarán a reescribir nuestros orígenes. Es inimaginable pensar que hayan podido existir de forma paralela dos especies diferentes y a la vez tan parecidas que hayan alcanzado el milagro de la inteligencia humana o que en los últimos 20.000 años haya surgido una raza humana genéticamente tan diferente como la de Paracas, simplemente no es posible.

Yo, a día de hoy y con los datos que tenemos, solo contemplo la opción de que el hombre actual sea descendiente de esos otros hombres de Paracas o que ambos, hace millones de años compartiéramos un ancestro común. Pues no contemplo la opción de que seamos dos especies distintas. En cualquier caso la evolución entendida como transformación de una especie en otra no se sostendría. Solo se podría hablar de evolución de la especie, pues siendo diferentes, es evidente que todos somos, aunque de razas diferentes, humanos.

Otras preguntas se abrirán al responder éstas en un sentido u otro ¿Ha habido otra humanidad anterior a la nuestra? Si los hombres caminaban por la tierra en épocas tan remotas, quizás no tan lejanas a la de los dinosaurios… ¿Han existido civilizaciones anteriores a las que conocemos y sus vestigios se perdieron con el paso de millones de años? Hay restos y objetos que quizás nos ayuden a poner un poco de luz en este galimatías que son las eternas preguntas de ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Y de las que poco o nada sabemos. Son los denominados Ooparts.

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