Cambio climático: el auténtico Apocalipsis que nos espera

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Cambio climático: el auténtico Apocalipsis que nos espera

Es sabido que está de moda negar evidencias científicas. Da visibilidad, caché y hasta un punto rebelde. Pero, ¿es realmente un ejercicio de pensamiento crítico o una necedad irracional? El calentamiento global ha tenido una larga historia de desacreditación por la presión en el periodismo de los lobbies empresariales y el mundo político. ¿Por qué? Porque es rentable desacreditar las señales de alarma que los científicos están lanzando; hay que cambiar un orden planetario y eso cuesta y es incómodo. Al principio se negó el cambio climático, luego se ridiculizó y, cuando no se pudo ocultar más, se negó que fuese causado por el hombre.

En la red de redes se pueden encontrar miles de blogs con posturas encontradas sobre este tema, con argumentos más o menos falaces y originales para tratar de romper la correlación entre aumento de temperatura y concentración de CO2, es decir, la base del origen antropogénico del cambio climático. Sin embargo, hay un punto que los negacionistas nunca tocan o sobre el que pasan de puntillas: la velocidad del cambio. 

No hay duda: somos los culpables

El calentamiento global es causado por el hombre y es vertiginoso en términos geológicos. En un planeta sin actividad humana la temperatura registra fluctuaciones, pero no con la velocidad con la que se ha registrado el aumento de temperaturas desde el inicio del siglo XX. En cuanto al aumento del CO2, otro tanto. Desde 1970 el dióxido de carbono en la atmósfera ha aumentado un 24%, pasando de 316 ppm en el año 2009 a 392 ppm en 2011. Un aumento nunca antes visto en la naturaleza.

Están colapsando no son solo las cadenas tróficas del mar, sino todo el conjunto, la biosfera en su totalidad

La merma de la producción agrícola no puede ser dejada de lado, ante el argumento de que existe el mar como fuente de alimento. Primero, porque los océanos ya sufren grandes problemas de sobrepesca y agotamiento de bancos de peces. Es por ello que se declaran paros biológicos en la captura de especies. Sin embargo, también el mar es afectado por el cambio climático: la acidificación de los océanos es una consecuencia directa de calentamiento global. El papel de los océanos en el cambio climático es muy importante. Tal y como explica el investigador del Centro de Estudios sobre el Océano, Ulf Riebesell, un 25% de las emisiones de CO2 son absorbidas por el mar, así, cuanto más dióxido de carbono absorban los océanos, más se acidifican. De forma opuesta, cuanto más se acidifican, menos CO2 se absorbe acelerando el cambio climático. A su vez, la acidificación mata la fauna marina, porque se calcifican los corales, crustáceos y moluscos, el plancton, etcétera. Estas especies son la base alimentaria de otros peces mayores, con lo cual todo el sistema ecológico marino puede desmoronarse y colapsar.

En realidad, lo que está colapsando no son solo las cadenas tróficas del mar, sino la biosfera en su totalidad, es decir, la base alimenticia de la humanidad. Y esto está pasando no solo frente a la indiferencia de las poblaciones y los gobiernos, sino que incluso se está fomentando el negacionismo sobre tan alarmante asunto.

Cuestión de años

Los científicos están tratando de alertar acerca de las consecuencias de la subida del mar. Según la comunidad científica, se debería planificar una retirada preventiva de las costas. Es un problema relativamente sencillo si se hace con tiempo, pero los políticos no actúan sobre nada que no sea percibido como un problema a corto plazo. Se calcula, en el peor escenario posible, que la temperatura podría subir de 2,5 a 3 metros para 2100, al menos si continúa la situación actual.

Veremos procesos de desertización y carencia de agua

En la costa, a menos de 10 metros de altura sobre el nivel del mar, vive el 11% de la población mundial. Quedan 80 años para este cambio, y aunque lento y progresivo, exige planes de relocalización y construcción. La pérdida de superficie no es, ni mucho menos, el mayor problema que causará la migración climática. Las frecuentes sequías, la desertización y el abandono de zonas demasiado calientes para vivir, generarán grandes mareas humanas que, como ya se está viendo actualmente, serán un importante foco de problemas y fricciones. 

La desertización, además, es un problema acuciante. Va acompañado de la carestía de agua y afecta a la capacidad de producción de alimentos. La deforestación, la sobreexplotación de acuíferos, la erosión del suelo, etc. Existen grandes zonas amenazadas por estos problemas, sin que existan planes de cooperación o mitigación. Se calcula que una desertización moderada reduce la producción agrícola entre el 10% y el 25%. Y una desertización severa la reduce entre el 25% y el 50%, umbral que, si se supera, puede ser catastrófico para nuestros cultivos. Actualmente podemos encontrar amenazadas zonas como la propia España, Madagascar, África, Italia, Argentina, Túnez…

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