Comunicaciones con el Más Allá en el laboratorio

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Gustavo Porras es un neurocirujano argentino. Estuvo trabajando varios años en el Hospital de Amiens, en Francia, y en la actualidad se encuentra ejerciendo su profesión en un hospital de Buenos Aires. Pero aparte de dedicarse a la medicina, también es un gran aficionado a la historia de las ciencias antiguas, y ha realizado estudios de filosofía oriental y occidental. Recientemente ha publicado un libro titulado Neurociencias y espiritualidad. El otro cerebro. Las cuestiones que este científico se pregunta son enormemente interesantes. ¿Hay otro cerebro más allá del mundo físico material? ¿Hay vida después de la muerte biológica del cerebro? ¿Existe una mente cósmica? Porras intenta tender puentes entre ciencia y espiritualidad, tarea nada fácil. Una de las cuestiones que más le fascinan, como le ocurre a mucha gente, es la supuesta habilidad de ciertas personas para predecir el futuro con increíble detalle. Porras está convencido de que este poder psíquico existe, basándose en los relatos de personas que lo han experimentado. Pero, ¿cómo explicar algo así desde el punto de vista neurocientífico? Su hipótesis alude al cerebro humano como intermediario entre el hombre psíquico- espiritual y el hombre físico, es decir, como una especie de módem biológico: «De la misma manera que las ondas wifi son recibidas y transmitidas, el cerebro actúa como intermediario entre el plano físico y el espiritual. Nuestro cerebro es como una antena, una radio, un televisor, un módem wifi», nos explica. Biocentrismo: la muerte no existe Partiendo de la visión tripartita del cerebro –reptiliano, límbico y el neocórtex–, este último presente únicamente en el ser humano, los primates y los mamíferos superiores, Porras añade un cuarto integrante, un cerebro etéreo, el verdadero ser humano según sus propias palabras. Desde su punto de vista, este concepto podría explicar enigmas como la existencia de vida después de la muerte: «Yo parto de que la muerte no existe, es un concepto erróneo, occidental. Siempre hay vida. La vida se desarrolla en el plano material y se desarrolla en el plano espiritual. Me animaría a decir que las experiencias cercanas a la muerte se producen en el plano espiritual por mediación del cerebro etérico» Robert Lanza es uno de los científicos más destacados del mundo. Fue el primero en clonar ejemplares de una especie en extinción, a fin de demostrar que la transferencia nuclear podía revertir el proceso de envejecimiento, y en generar células madre empleando un método que no requiere que se destruya el embrión humano. Y al igual que Gustavo Porras, Lanza está convencido de que la muerte no existe, y lo dice desde una perspectiva que toma en cuenta la conciencia y la vida. Asegura que la vida y la conciencia son absolutamente fundamentales para la existencia el universo. Su teoría, llamada biocentrismo, defiende que lo que percibimos como realidad es un proceso que exige la participación de la conciencia. Así, nuestras percepciones exteriores e interiores están entrelazadas, son las dos caras de la misma moneda, no se pueden separar, puesto que el comportamiento de las partículas subatómicas está ligado a la presencia de un observador. Sin observador, solo existen, como mucho, en un estado indeterminado de ondas de probabilidad. Lanza continúa desgranando su teoría del biocentrismo explicando que, sin conciencia, la materia reside en un estado de probabilidad indeterminado. Por lo tanto, cualquier universo que pudiera haber precedido a la conciencia habría existido solo en un estado de probabilidad. El universo está perfectamente ajustado para que en él exista vida, lo cual tiene un verdadero sentido, ya que la vida crea al universo y no al contrario. El universo es sencillamente la lógica espaciotemporal completa del ser. Con respecto al tiempo, dice que no tiene existencia real fuera de la percepción sensorial animal, porque el tiempo en realidad es el proceso mediante el cual percibimos los cambios en el universo. Y el espacio, al igual que el tiempo, no es un objeto, sino otra forma de nuestro entendimiento animal y carece de realidad independiente. Julie Beischel, licenciada en ciencias ambientales, especializada en microbiología y doctora en farmacología y toxicología, microbiología, inmunología e inmunopatología, diseñó un método de quíntuple ciego para el estudio de la mediumnidad, denominado por ella «fenómeno de recepción anómala». Esta científica, directora del Windbridge Research Center de Arizona (EE. UU.), quería saber si la comunicación con ese aparente mundo de los espíritus que los médiums aseguran que existe, era real, y, lo más importante de todo, si la información proporcionada era acertada y verificable. Espíritus en el laboratorio Básicamente, utilizó tres métodos en la investigación científica sobre médiums: pruebas para verificar si los médiums estaban ofreciendo información veraz; el estudio de las experiencias de los médiums durante las comunicaciones con los espíritus; y la investigación aplicada, que estudia cómo la información puede beneficiar a la sociedad en general. Para ella, las condiciones ideales que un laboratorio debe reunir para el estudio de la mediumnidad son dos. En primer lugar, contar con un entorno de investigación que optimice el proceso mediúmnico tanto para el médium como para el hipotético desencarnado (fallecido). En segundo lugar, deben aplicarse métodos de investigación que maximicen la «ceguera» (método científico del ciego) del médium, el estadístico y el experimentador, con el fin de eliminar todas las explicaciones convencionales con respecto a la información y su carácter preciso y detallado. Por su parte, Beischel suele aplicar métodos de triple y quíntuple ciego en sus investigaciones, de forma que, en la cadena de procesos, ni siquiera los que interpretan los datos estadísticos conocen la naturaleza del estudio a fin de no contaminar los resultados con prejuicios y sesgos presentes en todos los individuos. La científica concluye que sus resultados «sugieren que ciertos médiums pueden recibir de forma anómala información detallada y precisa sobre individuos fallecidos. El diseño del estudio elimina efectivamente mecanismos convencionales y la telepatía como explicaciones de la recepción de esta información, pero los resultados no pueden separarse de las hipótesis alternativas paranormales, como la supervivencia de la conciencia (la existencia continuada, separada del cuerpo, de la conciencia o la personalidad de un individuo tras su muerte física) y la super-psi o super-percepción extrasensorial, es decir, la recuperación de información a través de un canal psíquico o un campo cuántico». Sigue el reportaje en el siguiente artículo

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