La maldición del castillo de Glamis

La maldición del castillo de Glamis

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El castillo de Glamis se levanta en el valle de Streathmore, en el condado escocés de Tayside, y no resulta sorprendente que, una vez iniciada la visita por el recinto, el guía de turno pronto inicie un discurso en el que fantasmas, aparecidos, o historias plenas de tragedia se dan cita. No en vano el castillo se encuentra en el corazón de un triángulo ciertamente bíblico: las aldeas de Jericó, Zoar y Pandaram, en lo que los habitantes de la región entienden como una suerte de amuleto de protección de los malos influjos que destila la fortaleza. Porque están convencidos que siglos atrás Dios decidió castigar la soberbia y el exceso con el que los antiguos miembros de la casa de los condes de Streathmore dirigieron sus vidas. De este modo nació la leyenda delr «horor de Glamis», cuya maldición nos remonta a los tiempos del rey Malcolm II. Concretamente al año 1034, cuando el monarca fue asesinado por sus propios súbditos, y su sangre –hasta la última gota– se vertió sobre el suelo de madera de la que hoy es conocida como habitación del rey Malcolm. Y mientras observamos el imponente edificio, asegura la historiadora Iris Gallager que «han pasado muchos siglos desde que se produjo ese terrible crimen, pero lo más increíble es que la mancha de sangre aún sigue allí, en los aposentos reales, pese a que el entarimado ha sido cambiado en sucesivas ocasiones a lo largo de los siglos».

Sea como fuere la maldición aparece en el siglo XIV, con los primeros dueños de estas tierras y señores del condado de Streathmore, la familia Lyon. La tradición asegura que Sir John Lyon custodiaba en su anterior residencia, la mansión de Forteviot, un sagrado cáliz que jamás debía de abandonar el lugar, pues de lo contrario la maldición que guardaba se ceñiría sobre la familia. Éstos, que debieron de ver más confortable el antiguo castillo real que su mansión, no dudaron a la hora de cambiar de residencia, haciendo caso omiso de lo que dictaba la leyenda. Así, tiempo después, Sir John murió durante un duelo, dando pie a que la historia maldita de esta familia comenzara su caminar. Tiempo después, Janet Douglas, más conocida como Lady Glamis, fue condenada por ejercer la brujería a perecer en la hoguera y su familia despojada de títulos y tierras. Tiempo después la mujer fue absuelta de sus cargos, y aunque por ella poco era ya lo que se podía hacer, su hijo recuperó los honores perdidos. Desde entonces muchos testigos aseguran haber visto su espectro, al que conocen como «la dama de gris».

Ahora bien, si hubo un personaje peculiar en esta no menos singular historia ese fue Sir Patrick, tercer conde de Strathmore, a decir de los estudiosos el hombre que destapó «el horror» con sus actos. En el siglo XVII mantuvo encerrado en las habitaciones del viejo castillo a un hijo bastardo que mostraba deformidades irreversibles. Pero es que, y aquí posiblemente nos sumergimos en el terreno de la leyenda, para librar a su vástago de los sufrimientos decidió jugar una partida a las cartas con el mismísimo diablo. Si ganaba sanaría a su hijo, y si no lo hacía Satanás se quedaría con su alma. Y como ya se habrán imaginado, la tradición cuenta que perdió…

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