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Steve Miller es meteorólogo de la Universidad Estatal de Colorado. Para este científico el misterio del Triángulo de las Bermudas tiene solución: «Se trata de un fenómeno inusual pero no imposible. Las nubes se suelen formar sobre el extremo occidental de Bermudas y alcanzan una extensión en poco tiempo de hasta 90 kilómetros de ancho, en cuyo interior los vientos pueden alcanzar velocidades de hasta 270 kilómetros por hora. Son auténticas “bombas de aire” que podrían ser la causa de los incidentes que aquí se producen». El equipo de investigación dirigido por Miller, incluso llegó a realizar mediciones mediante radar bajo estas extrañas nubes, y determinaron que en este punto «los vientos alcanzaban velocidades peligrosamente elevadas, creando olas de hasta 15 metros», suficientemente altas como para poner en serios problemas a un barco y a su tripulación. Uno de los miembros del equipo, el también meteorólogo Randy Cerveny, afirmó que dichas nubes poseen «formas hexagonales, compuestas de microburbujas, que generan ráfagas de aire que descienden del fondo de una nube y luego golpean el océano», arrasando con todo lo que encuentran a su paso.

Por su parte, el científico australiano Karl Kruszelnicki también ha querido poner su granito de arena a la hora de explicar este misterio, afirmando que «el misterio del Triángulo no es otro que algún error humano que unido a unas condiciones del clima especialmente duras provocan la catástrofe». Parece que el célebre científico no tiene en cuenta que la mayoría de las desapariciones se producen con unas condiciones climáticas absolutamente favorables.

Quizás la desaparición que convirtió en legendario este punto del planeta fue la ocurrida el 5 de diciembre de 1945. Ese día, cinco aviones Avenger TBM, estaban preparados en su base de Fort Lauderdale, Florida, para realizar un vuelo rutinario. A las dos de la tarde despegaron. La hoja de ruta prevista para esa jornada consistía en adentrarse en el Atlántico en dirección este, girar a norte y regresar. La operación estaba dirigida por el veterano teniente Charles C. Taylor. Junto a él despegaron catorce hombres, que estaban repartidos a razón de tres por aparato. Dos horas después, a las 15.45, algo ocurrió.

-Teniente Taylor: Torre de control, torre de control. ¡Esta es una emergencia! Nos hemos salido de la ruta. Parece que nos hemos salido… Parece que nos hemos perdido. No estamos seguros de nuestra posición. No avistamos tierra.

–Torre de Control: ¿Cuál es su posición?

–TT: No estamos seguros. Repetimos… no podemos ver tierra.

–TC: Tomen rumbo oeste… pronto verán tierra.

–TT: No sabemos hacia dónde está el oeste. Todo está mal. Es muy extraño. El mar está muy raro.

La comunicación cesó de manera tajante y durante minutos, salvo ruido, poco más se escuchó. Más tarde se logró restablecer el contacto, apreciándose vagamente las conversaciones de los pilotos, y después, salvo el ruido de los motores, poco más… El desconcierto se apoderó de los técnicos de la base. A eso de las cuatro, se volvió a escuchar a Taylor.

-TT: No estamos seguros de nuestra posición. No sabemos exactamente dónde estamos. Creo que a unos 360 kilómetros al noroeste de la base…

Nuevo corte de las comunicaciones.

-TT: El mar es muy extraño. Parece que estamos sobre aguas lechosas.

Minutos después se escucharon las últimas palabras de Taylor.

-TT: Estamos completamente perdidos. Y parece que…

Y se hizo el silencio.

Recomponiendo la ruta que habían llevado los Avengers, se inició el protocolo de rescate con un hidroavión Martin Mariner. El enorme aparato, tripulado por trece militares, no tardó en entrar en contacto con los pilotos «desaparecidos». El capitán de la nave transmitió un aviso: «Estamos volando hacia ustedes para guiarles. ¿Qué altitud tienen?».

Primero el silencio, y después…

-TT: ¡No nos sigan!.

El Martin Mariner continuó rastreando y comunicando con la base durante siete minutos más. Después, desapareció también. Fue el comienzo de una historia que, de momento, no parece tener final.

Las explicaciones de Charles Berlitz: En su libro El Triángulo de las Bermudas expone las siguientes hipótesis.

1.- Transgresiones de la ley natural.

2.- Existencia de agujeros por los que se pueden realizar viajes entre planos dimensionales distintos, llegando a lugares donde aviones y barcos pueden entrar y quedar atrapados –una especie de “bandas de Moebius”–.

3.- La intervención de entes intra o extraterrestres dotados de superior tecnología en actos de “toma de muestras para estudio”.

4.- Poderosas tecnologías descubiertas por civilizaciones ya desaparecidas –la Atlántida–, aún en funcionamiento en algún lugar de las profundidades abisales.

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