La primera aparición mariana fotografiada y filmada ocurrió, sorprendentemente, en Egipto en 1968

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La primera aparición mariana fotografiada y filmada ocurrió, sorprendentemente, en Egipto en 1968

Las apariciones marianas, es decir, las manifestaciones públicas de la Virgen María, han formado parte del credo católico desde hace casi dos milenios. Pese a la cantidad de testimonios, este tipo de fenómeno ha sido históricamente esquivo para su plasmación gráfica, salvo en artes plásticas… hasta que 1968 se hicieron unas cuantas fotografías de uno en un sitio tan sorprendente como El Cairo: la aparición de Nuestra Señora de Zeitoun.

La primera mariofanía documentada tuvo lugar en el año 40 d.C., cuando una tradición medieval dice que el apóstol Santiago vio a la Virgen del Pilar en lo que hoy es la ciudad española de Zaragoza. Desde entonces hay noticias de muchas más, algunas de ellas de fama internacional como la de la Virgen de Guadalupe en México, la de Fátima en Portugal o la de Lourdes en Francia, por citar las más señaladas y reconocidas por la Iglesia.

La Virgen del Pilar, talla gótica del siglo XV/Imagen: Carlos Teixidor Cadenas en Wikimedia Commons

Porque, en general y pese a lo que se piensa, la Iglesia suele mostrarse inicialmente escéptica y reticente a aceptar la veracidad de esos episodios, sometiéndolos a la correspondiente investigación. Fruto de ésta será su posicionamiento final, con aprobación si considera convincente el caso o rechazo si lo juzga una impostura patente. La mayoría de las veces le da la consideración de revelación privada y opta por una solución de compromiso al dejar libertad a sus fieles para que crean en ello o no.

Por supuesto, son muchas las voces que denuncian las apariciones marianas como resultado de alucinaciones colectivas o de una sublimación extrema de la devoción popular, cuando no del fruto de manipulaciones interesadas – casi siempre se funda un santuario con todo lo que implica de negocio-. El hecho de que los videntes siempre sean personas de muy humilde condición, de fe muy simple, más el manto de secretismo con que suelen ser envueltas, acentúa la desconfianza.

El barrio de Zeitoun, en El Cairo/Imagen: Google Maps

Hay que tener en cuenta todos estos condicionantes y factores al analizar lo ocurrido en 1968 en un suburbio de El Cairo llamado Zeitoun. Habrá quien se extrañe de un escenario tan insólito, ya que Egipto es mayoritariamente musulmán, pero no hay que olvidar que conserva una comunidad cristiana, la copta, cuyos miembros suponen entre un diez y un veinte por ciento de la población. Se dividen entre ortodoxos y católicos, aunque también hay una Iglesia Evangélica Presbiteriana Copta, pero no nos interesa aquí porque los protestantes rechazan las mariofanías al centrar su fe exclusivamente en Cristo.

Los coptos conservaron su religión cuando el país se convirtió masivamente al islam, pese a lo cual hablan árabe y sólo usan su lengua -una variante del antiguo demótico combinada con el alfabeto griego- en el culto religioso, que sigue la tradición litúrgica alejandrina. Sin embargo, eso no les ha evitado la marginación, residiendo en barrios propios y dedicándose a los peores trabajos como el de los zabbaleen (basureros). Ahora bien, no todos los coptos son pobres y la historia de Nuestra Señora de Zeitoun empieza precisamente de la mano uno de los que gozaban de mayor acomodo en el primer cuarto del siglo XX.

Corría el año 1920 cuando Tawfiq Jalil Ibrahim, un rico propietario copto, tuvo un sueño en el que se la aparecía la Virgen María pidiéndole que, en lugar del edificio que planeaba construir en el citado barrio de Zeitoun, levantara una iglesia. A cambio, ella honraría el lugar de forma singular: con una aparición cinco décadas después. Tawfiq atendió el ruego y contrató al arquitecto italiano Leomingelli para el proyecto, que tomó forma inspirándose en la iglesia de Santa Sofía, la de Estambul, en la intersección entre la calle Touman Bey y la avenida Jalil.

Encuentro entre Nasser y obispos coptos en 1965/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Dedicada a Santa María, obviamente, y consagrada en junio de 1925 por el obispo Anba Atanasio, es un pequeño templo de color ocre asentado sobre un terreno que en otros tiempos era un olivar (de hecho, zeitoun significa aceituna en árabe); pero no uno cualquiera sino el que emplearon Jesús y sus padres para descansar durante su huida a Egipto. Al menos eso es lo que cuenta una tradición copta, si bien la iglesia de San Sergio, también cairota (está en pleno barrio copto), reclama para sí ese honor.

Todo esto no hubiera tenido mayor trascendencia de no ser porque en la noche del 24 de baramhat de 1684, fecha del calendario copto equivalente a nuestro 2 de abril de 1968, sucedió lo que ha dado fama al sitio. Un mecánico de la empresa de autobuses públicos llamado Mohamed Farouk Atwa estaba trabajando en el garaje que había frente a la iglesia cuando vio a una mujer arrodillada junto a la cruz que corona la cúpula central. Según otra versión, el primero en verla fue el vigilante de seguridad, Abdel Aziz Ali.

La iglesia de Nuestra Señora de Zeitoun/Imagen: Pinterest

En cualquier caso, pensaron que se trataba de una suicida y avisaron a la policía. Sin embargo, aquella silueta, vestida de blanco, parecía irradiar luminosidad incluso al moverse y empezó a rumorearse que se trataba de la Virgen, a pesar de que muchos de los presentes eran musulmanes. Y es que en poco tiempo se había formado una multitud de curiosos que los agentes trataron de dispersar al concluir que sólo se trataba del reflejo de la luz de las farolas. Su esfuerzo resultó inútil y únicamente la súbita desaparición de la misteriosa silueta al cabo de un par de minutos puso punto final al suceso.

Pero en realidad era un punto y seguido. Al cabo de siete días se repitió la aparición y siguió haciéndolo con regularidad, incluso varias veces por semana, durante los meses y años siguientes; ocasionalmente se manifestaba con el Niño Jesús en sus brazos, o en compañía de San José y de un Jesús preadolescente. Casi siempre iba acompañada de otros efectos luminosos (destellos desde las cinco cúpulas, estrellas cayendo hacia las mismas) o de otra naturaleza (caso de palomas brillantes volando alrededor de la figura, olor a incienso y nubes con forma humana). Las calles se abarrotaban cada noche, como si de un espectáculo se tratara.

El papa Cirilo VI, cabeza de la Iglesia Copta, nombró una comisión para investigar los hechos; al contrario de lo que suele hacer la Iglesia Católica, no incluía científicos sino exclusivamente sacerdotes, entre ellos los obispos Samuel, Atanasio y Gregorio, este último al mando. Samuel declararía que «la Virgen María apareció con un cuerpo luminoso completo, como si fuera una estatua radiante y fosforescente» y que movía «las manos en señal de bendición»; Atanasio afirmó haber asistido al espectáculo «ocho o nueve veces».

Otra célebre foto tomada en Zeitoun/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El 28 de abril, un delegado de Roma acudió también a contemplar el fenómeno por orden de Pablo VI, a quien avisó una congregación de monjas de El Cairo; no obstante, dejó el asunto en manos de su homólogo copto quien, como consecuencia de las pesquisas, confirmó oficialmente las mariofanías el 4 de mayo. Cabe decir que para entonces eran decenas de miles las personas que aseguraban haber visto personalmente el milagro. Una de ellas, alguien tan insólito como el mismísimo Nasser, presidente del país, pero también muchos periodistas y fotógrafos.

De hecho, el gran elemento distintivo frente a otros casos fue que, por primera vez, se documentaba fotográfica y televisivamente una aparición mariana. Las imágenes, eso sí, resultan bastante confusas y no aclaran gran cosa. En las de vídeo únicamente se aprecian grandes fuentes de luz en cada cúpula, mientras que las fotos son ambiguas, borrosas y bastante grotescas; en algunas parecen apreciarse siluetas de palomas; en otras una figura con rostro humano demasiado familar.

Familiar porque se parece sospechosamente a la de la Medalla Milgarosa de la Inmaculada Concepción que hizo famosa Santa Catalina Labouré, una monja francesa que en el siglo XIX tuvo una visión en la que la Virgen le pidió que plasmase su imagen en ese formato oval. En el anverso presenta su figura de cuerpo entero pisando una serpiente sobre un globo y emanando rayos de sus manos; en el reverso, una cruz superpuesta encima de una M, con el Sagrado Corazón y el Inmaculado Corazón de María debajo, todo ello rodeado por doce estrellas.

Izquierda: las luminarias que se suelen identificar con palomas. Derecha: en tamaño aumentado/Imagen: zeitun-eg.org

Eso pasó en 1830 y sirvió para dar un impulso al proceso de convertir en dogma la Inmaculada Concepción, pues hasta entonces no lo era y estaba muy discutido (lo terminó haciendo Pío IX veinticuatro años más tarde). Entretanto, las medallas se hicieron muy populares, incluso en Egipto, donde se encargaron de difundirlas las misiones católicas. Así que se trata de una iconografía muy conocida entre los cristianos del país; al menos, por aquel entonces.

Y no era un contexto fácil. En 1968 se respiraba cierto desánimo por la derrota del año anterior en la Guerra de los Seis Días, en la que los egipcios perdieron frente a los israelíes parte de su territorio (la Franja de Gaza y la Península del Sinaí); un desastre que muchos achacaron a la pérdida de valores espirituales tradicionales (Nasser se había embarcado en una política de revolución modernizadora laicista que se conoce como socialismo árabe). Algunos estudiosos consideran ese panorama como un influjo a tener en cuenta a la hora de dar expliación a la manifestación de Nuestra Señora de Zeitoun y sus presuntos milagros.

Porque se documentaron milagros, fundamentalmente curaciones de enfermos graves o desahuciados, sordos, mudos (entre ellos Mohamed Farouk Atwa, que según otra versión era obrero de la construcción y salvó un dedo gangrenado), pero también de características todavía más fantásticas, como un cuadro de la Virgen que parecía cobrar vida propia en el aire o la aparición de la Virgen a una noruega de Oslo anunciándole lo que iba a pasar en El Cairo. Una comisión nombrada ad hoc se encarga de registrar los casos. En todo esto se parece a otras apariciones marianas, aunque se diferencia en que aquí no hay peregrinaciones, al tratarse de un país musulmán.

La Medalla Milagrosa impulsada por Santa Catalina Labouré/Imagen: Xhienne en Wikimedia Commons

Aparte de la necesidad de los coptos de sacudirse de encima la marginación social que sufrían, la predisposición a ver lo que se quiere, frecuente en las personas muy devotas, es la explicación apuntada por los sociólogos. En ese sentido, la antropóloga estadounidense Cynthia Nelson, que visitó la iglesia varias veces para asistir en persona a la mariofanía, regresó sin atisbar más que unas luces intermitentes. No tuvo más oportunidades, pues en 1971 cesaron las apariciones.

Para entonces, Cirilo VI había declarado festivo el 24 de de barmahat (2 de abril) y el nuevo Papa copto, Shenouda III, mandó erigir otro templo bajo la advocación de Nuestra Señora de Zeitoun (ambién se ha construido un hospital homónimo al lado). Por cierto, la vecina iglesia de Nuestra Señora de Warraq también acogió su propia presunta mariofanía en 2009, con bastante menos repercusión y aún más dudas.

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