Se prueba el motor interestelar que nos llevará a otros mundos

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Un equipo de científicos del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins están probando si podrían aprovechar el calor del Sol para impulsar una nave espacial a los confines del sistema solar y tal vez más allá, al espacio interestelar.

Según el equipo que trabaja en la tecnología, la propulsión solar ya no es un sueño lejano, según informa Wired. El “simulador solar” de la universidad, un contenedor de envío reformado revestido con miles de LED, puede haber demostrado que no es tan descabellado como parece.

Jason Benjoski, científico de materiales del Laboratorio de Física Aplicada, dijo en una declaración:

“Lo que esto muestra es que la propulsión solar térmica no es solo una fantasía”.

Escapando del Sistema Solar

Estudiar lo que se encuentra más allá de la heliopausa, el límite más allá del cual los efectos del Sol se pueden sentir por más tiempo, es extremadamente difícil, en gran parte porque está increíblemente lejos. Las únicas dos naves espaciales artificiales que lo traspasaron, la Voyager 1 y 2, tuvieron que viajar durante casi medio siglo para echar un vistazo al espacio interestelar por primera vez.

Es por eso que la NASA está trabajando con científicos del Laboratorio de Física Aplicada para encontrar nuevas formas de propulsar naves espaciales a velocidades mucho más rápidas. La agencia anunció la asociación en octubre de 2019 alegando que dicha misión podría lanzarse tan pronto como en 2030.

Demasiado caliente

Representación de las sondas Voyager surcando en el espacio interestelar.

Ahí es donde entra la propulsión solar. En lugar de quemar fuentes de combustible, la nave espacial podría ser impulsada por un motor térmico solar que absorbe el hidrógeno del Sol, lo calienta y lo empuja hacia afuera desde una boquilla para generar empuje.

Más allá de los obvios desafíos de diseño de crear tal motor, un cohete termosolar tendría que acercarse increíblemente al Sol para ganar suficiente velocidad, en cualquier lugar entre 30.000 y 200.000 mph, según el informe de Wired, sin derretirse.

Solo unos pocos materiales conocidos por los científicos podrían soportar temperaturas tan altas y aún así poder canalizar hidrógeno, informa Wired. Benkoski, sin embargo, tiene esperanzas y le dijo a Wired que la impresión 3D de metal puede ser la clave para construir tal escudo térmico.

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