Los sucesos del embalse de Benagéber

Los sucesos del embalse de Benagéber

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(Dedicado a mi hermano de espíritu David Sousa, con quien pasé largos momentos hablando y dando forma a los fenómenos insólitos y forjamos unos lazos que han durado desde los tiempos de ensueño, hasta hoy ….)

Entre las muchas facetas propias del fenómeno OVNI tenemos la derivada de la magnitud del problema, de la casuística. Los sucesos OVNI, en particular los aterrizajes, no son hechos aislados. Cuando se registran en una zona concreta, van acompañados de varios hechos inexplicables, por repetidas observaciones de objetos y fenómenos no identificados de diferente forma, comportamiento e impacto en el observador, que se concentran durante un breve tiempo en un área muy limitada, denominando esta situación en términos ufológicos como un flap. Si el fenómeno aterrizaje, que parece caracterizar, en esta representación absurda, el clímax de la situación, llega a los medios de comunicación, a los curiosos o a los investigadores que se desplazan al lugar de las extrañas observaciones, el fenómeno se ha ido y sólo queda la impresión en los asombrados testigos.

Algunas de estas zonas, por razones que no conocemos, han sido revisitadas por el fenómeno, intrigando a los investigadores, que se preguntan el por qué de tan curiosa predilección: ¿se debe a que en la zona existen más investigadores que manejan un mayor número de informaciones? ¿hay razones de índole geofísicas? ¿acaso los habitantes de la zona poseen algún rasgo notable para que despierte el interés de una hipotética civilización extraterrestre? ?¿son razones demográficas, como indicaría Jacques Vallée? según el investigador de origen galo que publicaría sus principales hipótesis en el libro titulado Pasaporte a Magonia y conocidas como las Leyes de Valléela presencia del fenómeno OVNI es inversamente proporcional a la densidad de población, esto es, a menor número de habitantes mayor número de avistamientos.

El embalse de Benagéber

Vista del embalse con el muro de la presa o espaldón al fondo y el aliviadero a la izquierda

El embalse de Benagéber, se encuentra situado en el río Turia, en el municipio del mismo nombre, en la provincia de Valencia, Comunidad Valenciana, España.

El proyecto de embalse fue iniciativa de José Marqués, ingeniero de caminos natural de Liria, interesado en la regulación de los caudales del Turia y en la derivación de sobrantes para crear una zona de riego en el llano de Casinos-Llíria. Fue incluido en el Plan de Obras Hidráulicas de 1912. En 1931 la Dirección General de Obras Hidráulicas aprobó su construcción y el proyecto fue encargado a Fausto Elío y Torres. Diversas discrepancias entre la dirección general y el ingeniero de caminos motivaron el encargo de un nuevo proyecto a Carlos Dicenta, finalmente aprobado. Durante la Segunda República fue bautizado como «embalse de Blasco Ibáñez». Las obras fueron inauguradas en 1933 por Niceto Alcalá-ZamoraManuel Azaña e Indalecio Prieto. La construcción concluyó en el año 1955, rebautizándose como «embalse del Generalísimo». El actual embalse de Benagéber ocupa 722 ha, con una capacidad máxima de 228 hm³. Tiene una presa de gravedad y un aliviadero tipo morning-glory y de él parte el canal Campos del Turia, que abastece una importante zona regable entre los términos de Casinos y Bétera.

La construcción del pantano provocó el abandono del pueblo de Benagéber, cuyos habitantes tuvieron que desplazarse a un nuevo núcleo construido a pocos kilómetros del embalse, que conserva el nombre de Benagéber, y a otros dos edificados más cercanos a Valencia, San Antonio de Benagéber San Isidro de Benagéber.

El pantano pertenece a la Confederación Hidrográfica del Júcar y es utilizado para diversas actividades recreativas, existiendo una reserva natural de animales en una de sus penínsulas con una extensión de 365 ha, la reserva de Valdeserrillas.

Los sucesos 

Los cuatro casos se observaron entorno al pantano de Benagéber, que antaño se denominaba pantano del Generalísimo, donde encontramos un paraje solitario y agreste; dos de ellos pertenecían a los años 1964 y 1973, respectivamente, otro de mayo de 1974 y el último de octubre de 1974.

  • Primer incidente

La fecha  no se conoce con exactitud, finales del verano o principios del otoño de 1973. El lugar, la carretera que bordea el embalse (carretera local CV-390) que se dirige a TuéjarLuis Giménez conducía una furgoneta “Renault”, acompañado por el hermano de su novia, Juan Cifuentes, que por aquel entonces estudiaba quinto curso de bachillerato. Iban en dirección al pantano, hacia el kilómetro 3 vieron una luz rojiza, cuya superficie tendría un metro cuadrado, de forma tetraédrica, con facetas “como un diamante”. Estaba posada en un montículo a unos 20 m. de distancia. De repente, la luz se apagó. Lo extraños es que un kilómetro más abajo vieron un coche aparcado, Juan precisó que era un “Seat 127” de color amarillo, aunque no fueron vistos sus ocupantes.

  • Segundo incidente

El siguiente caso pertenece a la época más crítica de observaciones en la zona del pantano. Luis Giménez Illueca, era un joven de 28 años, matarife de profesión, su nivel de estudios quedó limitado al quinto curso de bachillerato, durante cinco años fue marinero y prestó el servicio militar en la Armada. Sus padres, eran propietarios de un bar en las cercanías del pantano, a donde solía ir todos los fines de semana. Con frecuencia le acompañaba Juan Nebrera Otero, novio de su hermana, soldador de profesión, de 22 años de edad por aquel entonces, a quien dejaba de vez en cuando en Tuéjar de regreso a Valencia.

Lugar aproximado del kilómetro 6 donde Luis Giménez Illueca detuvo la furgoneta “Renault”

La observación se produjo sobre las 10:00 de la noche del domingo 19 de mayo de 1974. Ambos regresaban a Valencia en la misma furgoneta del caso anterior que era conducida por Luis. Marchaban por esa misma carretera, la que conduce a Tuéjar. Al salir de un túnel próximo al embalse, en donde comienza la subida al puerto de Mataparda, vieron algo parecido a “relámpagos” al otro lado del puerto. Al principio pensaron en la cercanía de una tormenta, pero se percataron que el cielo nocturno estaba limpio de nubes y estrellado. Poco después de rebasar el puerto, un collado de 850 m. de altitud sobre el nivel del mar, distinguieron, a su izquierda, seis o siete destellos muy “seguidos”. Continuaron un trecho y detuvieron el vehículo en el kilómetro 6, a la altura de un camino que conduce a un observatorio forestal. Allí pudieron observar que a la altura del kilómetro 8, a media ladera entre la carretera y la cumbre, una “cosa colorada” que estaba moviéndose lentamente a nivel del suelo y que despedía una potente luz intermitente, “era una luz, una especie de foco o reflector, que se movía con una luz roja detrás”.

Segundo de los objetos visto en las inmediaciones del pantano el 19 de mayo de 1974

La forma del objeto que portaba la luz no pudo distinguirse, la luz intermitente recordaba de una ambulancia pero mucho más grande y más intensa; sus destellos iluminaban 10 o 12 m. de carretera y eran de color anaranjado, “de color rojizo tirando a blanco”. Los dos jóvenes se confesaron entre ellos que tenían miedo, que lo sentían, pese a lo cual decidieron continuar su camino y averiguar qué era aquello. Cuando Luis se disponía a arrancar la furgoneta, cosa que no llegó hacer, surgió desde detrás de un monte situado a su izquierda, un objeto de forma discoidal con dos salientes en forma de cúpula, uno superior, más grande y pronunciado y otro inferior. El objeto estaría a unos 300 m. de distancia y calcularon su diámetro del tamaño “de un camión”, era de color rojizo y de bordes mal definidos. El OVNI, ascendió silenciosamente 25 o 30 m., permaneció estático durante unos segundos y descendió vertiginosamente, volviendo a quedar oculto por el monte. De mientras, el primer objeto continuaba su movimiento, a una velocidad que asemejaron al caminar de una persona, recorriendo a ras de suelo la ladera del monte para posteriormente desaparecer volando en dirección Norte. En ese momento, Luis, arranca la furgoneta y continúan camino hacia Tuéjar. Cinco minutos después de iniciar la marcha siguieron viendo los raros “destellos” del principio, pero al llegar a esta población ya no se divisaba nada anormal.

Antiguo puesto abandonado de la Guardia Civil en las inmediaciones del pantano

A la semana siguiente Luis, Juan y una dotación de la Guardia Civil del puesto del pantano, recorrieron la zona sin que fuese hallado rastro alguno de huellas o señales.

  • Tercer incidente

Antigua Casa Forestal en las inmediaciones del embalse, en la zona denominada Pico Franco

Serían las 00:15 horas del 13 de octubre de 1974. Hubo cuatro testigos, el principal, un francés que por aquel entonces contaba 24 años, ingeniero de montes, licenciado en letras y teniente de complemento del Ejército del Aire francés (piloto de caza a reacción con más de 2.500 horas de vuelo). Iba con una amigo, Juan, y les acompañaban dos amigas de veintiún años. El joven piloto conducía un automóvil, marca “Citroën 64” por una pista en dirección a la Casa Forestal, cuando vieron en la lejanía unos “relámpagos” que se asemejaban a los que preceden a las tormentas de verano, de color azul blanquecino.

Cuando estaban en las cercanías de la Casa Forestal, en una cota de 610 m., vieron entre ellos y la casa, a unos 200 m. de distancia, un objeto luminoso, perfectamente esférico, cuyo diámetro sería de unos 10 m. (mayor que un camión), suspendido a unos 3 m. del camino. Su color, azul y blanco, y su luminosidad, permanecieron invariables a lo largo de toda la observación.

El joven piloto francés, detuvo el coche e intentó dar la vuelta, pero el sitio era angosto y no había espacio suficiente para la maniobra. Puso las luces de cruce y unos 20 s. después, la esfera luminosa desapareció por completo de su vista, “como si se hubiese apagado de repente”.

Durante el tiempo que duró la observación, el joven piloto puso la luz larga y no fue reflejada por la esfera luminosa. Pocos segundos después de que el objeto desapareciera, volvió a alumbrar el camino con la luz larga, y al no ver nada anormal continuaron con la excursión, a pesar de que las dos chicas estaban muy asustadas, casi histéricas. Al día siguiente, impulsado por la curiosidad, volvió al lugar donde apareció el fenómeno pero no halló ningún vestigio que pudiera relacionarse con la observación de la noche anterior. En el transcurso de la observación no se escuchó ningún ruido, ni se produjeron anormalidades en el motor del vehículo, ni fallos en los faros. La radio no estaba encendida.

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