Avi Loeb: «la raza humana no sobrevivirá más allá que unos escasos siglos»

Avi Loeb: «la raza humana no sobrevivirá más allá que unos escasos siglos»

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El respetado astrónomo de la Universidad de Harvard conocido sus ideas encima del fin de la sociedad. Resaltando que nos quedan escasos siglos, pero que incluso poseemos la probabilidad de evitarlo.

Avi Loeb ha escrito un ensayo para el medio Scientific American, refiriéndose al inminente colapso de la raza humana en el interior de escasos siglos.

Las estadísticas nos manifiestan que es más posible que los individuos estén en algún sitio en torno de la parte media de su vida. Lo mismo podría suceder con la casta humana.

Avi Loeb. Crédito: Shawn G. Henry / Universidad de Harvard.

Mi consejo para los investigadores jóvenes que buscan un objetivo en su investigación es que se involucren en un asunto que sea notable para la sociedad, como moderar el cambio climático, racionalizar el desarrollo de vacunas, satisfacer nuestras necesidades energéticas o alimentarias, establecer una base sostenible en el cosmos o localizar antigüedades tecnológicas de culturas extraterrestres. En términos generales, la sociedad financia la ciencia y los investigadores deben corresponder prestando atención a los intereses del público.

El reto social más vital es extender la longevidad de la sociedad. En una conferencia actual a ex alumnos de Harvard, me preguntaron cuánto tiempo espero que sobreviva nuestra civilización tecnológica. Mi contestación se fundamentó en el hecho de que normalmente nos encontramos en la parte media de nuestras vidas, como se argumentó originalmente por Richard Gott. La posibilidad de ser un bebé el primer día mas tarde del nacimiento es decenas de miles de veces menor que la de ser un adulto. Es igualmente improbable que viva escasamente cien años mas tarde del inicio de nuestra era tecnológica si esta fase va a durar millones de años en el futuro. En el suceso más posible de que estemos siendo declarantes de la edad adulta de nuestra vida tecnológica, es posible que sobrevivamos varios siglos, pero no mucho más. Posteriormente de manifestar públicamente este veredicto estadístico, me di cuenta del horrible pronóstico que incluye. Pero, ¿es inevitable nuestro destino estadístico?

Existe un rayo de luz al acecho en el fondo. Incluye la probabilidad de que poseamos libre albedrío y podamos contestar al deterioro de las circunstancias fomentando un futuro más largo que unos escasos siglos. Una política pública sensata podría mitigar el peligro de catástrofes tecnológicas asociadas con el cambio climático, pandemias autoinfligidas o guerras.

No está claro si nuestros culpables políticos verdaderamente responderán a los desafíos que poseemos por delante y nos salvarán del veredicto estadístico anterior. Los seres humanos no son buenos para realizar frente a riesgos que jamás anteriormente habían enfrentado, como lo ejemplifica la política del cambio climático.

Esto nos devuelve a la visión fatalista. El modelo estándar de la física supone que todos estamos hechos de partículas elementales sin constituyentes adicionales. Como tales equipos compuestos, no poseemos libertad a un nivel básico, porque todas las partículas y sus interacciones siguen las leyes de la física. Dada esa perspectiva, lo que interpretamos como «libre albedrío» sencillamente encapsula las incertidumbres asociadas con el complejo montón de circunstancias que repercuten las acciones humanas. Estas incertidumbres son sustanciales en la escala de un individuo, pero se promedian cuando se trata de una muestra grande. Los seres humanos y sus complejas interacciones evaden un sentido de previsibilidad a nivel personal, pero quizás el destino de nuestra civilización en su montón esté determinado por nuestro pasado en un inevitable sentido estadístico.

El pronóstico de cuánto tiempo nos queda en nuestro futuro tecnológico podría seguirse de información estadística encima del destino de culturas como la nuestra que nos precedieron y vivieron bajo restricciones físicas semejantes. La mayor parte de los astros se formaron miles de millones de años anteriormente que el Sol y pueden haber fomentado culturas tecnológicas en sus mundos habitables que ya perecieron. Si tuviéramos datos históricos sobre la vida útil de un vasto número de ellos, podríamos haber calculado la posibilidad de que nuestra civilización sobreviva durante distintas períodos de tiempo. El enfoque sería parecido a calibrar la posibilidad de desintegración de un átomo radiactivo en función del comportamiento documentado de bastantes diferentes átomos del mismo tipo. En comienzo, podríamos recoger datos vinculados participando en arqueología espacial y búsqueda en el firmamento de antigüedades de culturas tecnológicas muertas. Esto supondría que el destino de nuestra civilización está dictado por las restricciones físicas.

Pero una vez que se enfrenta a la distribución de posibilidad de supervivencia, el alma humano puede optar por desafiar todas las probabilidades y comportarse como un valor atípico estadístico. Como ejemplo, nuestras posibilidades de supervivencia podrían mejorar si algunas personas optan por alejarse de la Tierra. Hoy en dia, todos nuestros huevos se encuentran en una canasta. Aventurarse en el cosmos ofrece la ventaja de conservar nuestra civilización de un desastre de un único mundo. Si bien la Tierra sirve como un hogar cómodo en este instante, en última instancia nos veremos obligados a reubicarnos debido a que el Sol evaporará toda el agua líquida de la superficie de nuestro mundo en mil millones de años. El establecimiento de diversos comunidades de humanos en diferentes planetas se asemejaría a la duplicación de la Biblia por porción de Gutenberg, imprenta en torno de 1455, que evitó la pérdida de contenido precioso por medio de una apocalipsis de un único punto.

Desde luego, inclusive un viaje de corta separación desde la Tierra a Marte plantea relevantes riesgos para la salud a causa de los rayos cósmicos, las partículas solares energéticas, la radiación ultravioleta, la carencia de una atmósfera respirable y la baja gravedad. Superar los desafíos de asentarnos en Marte además mejorará nuestra capacidad para identificar mundos terraformados en torno de diferentes estrellas según nuestra propia experiencia. A pesar de esta visión, ser consciente de los desafíos en la Tierra podría disuadir a la sociedad de adoptar una perspectiva audaz sobre los viajes espaciales. Se puede argumentar que poseemos suficientes contratiempos en casa y preguntar: «¿Por qué perder tiempo y dinero valiosos en empresas espaciales que no están dedicadas a nuestras necesidades más urgentes aquí mismo en el mundo Tierra?».

Anteriormente de rendirnos a esta premisa, debemos identificar que prestar atención estrictamente a los objetivos mundanos no nos proporcionará el montón de capacidades más amplio necesario para adaptarnos a las circunstancias cambiantes a largo plazo. Un enfoque restringido en los irritantes temporales se asemejaría a obsesiones históricas que acabaron siendo irrelevantes, como «¿Cómo podemos suprimir los crecientes volúmenes de estiércol de caballo de las calles de la metrópoli? Anteriormente de que se inventara el automóvil» o «¿Cómo se construye una gigantesca red física de líneas telefónicas fijas? Anteriormente de que se inventara el teléfono móvil».

Es cierto que debemos centrar nuestra atención inmediata en los contratiempos locales, pero además necesitamos inspiración que eleve nuestra perspectiva a una escala mayor y abra modernos horizontes. Reducir nuestro campo de visión nos lleva a enfrentamientos porque amplifica nuestras diferencias y recursos limitados. Sin embargo, una perspectiva más amplia fomenta la cooperación en contestación a los desafíos globales. Y no hay nada mejor para tal perspectiva que la ciencia, el «juego de suma infinita» que puede extender la vida útil de la sociedad. Como indicó Oscar Wilde: «Estamos todos en la cuneta, pero varios estamos mirando los astros».

Esperamos que más de nosotros miremos hacia arriba. La inspiración conseguida de ese punto de vista podría llevarnos mucho más allá del pronóstico estadístico que impulsa la alternativa fatalista.

Creador: Avi Loeb


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