Universo 25, el experimento que demostró el proceso del fin de un mundo

Universo 25, el experimento que demostró el proceso del fin de un mundo

OSNIs y submarinos soviéticos: “sucesos en ficheros desclasificados”
Xibalbá, el «Enigmatico Inframundo Maya»
El bosque más antiguo conocido del planeta no era como se pensaba, revela investigación

 

* La población de ratones creció explosivamente, pero llegada a un lugar sus integrantes cambiaron drásticamente sus prácticas de convivencia, varios se dejaron morir y diferentes se mataron entre ellos.

* Esta es la desastrosa historia del “Cosmos 25″

Comida y agua para todos, sin depredadores, clima controlado, limpieza y superioridad genética. El paraíso: ¡pero no funcionó!

En 1972, el conductista de animales John Calhoun edificó un paraíso de ratones con bellos construcciones y comida sin limites. Introdujo ocho ratones a los habitantes. Dos años después, los ratones habían creado su propio apocalipsis.

 

El cosmos 25 era una caja gigante diseñada para ser una utopía de roedores. El inconveniente era que esta utopía no poseía un creador benevolente. John B. Calhoun había diseñado bastantes entornos de ratones antes de llegar al 25, y no esperaba ver una historia feliz.

Fraccionado en “plazas principales” y después subdividido en niveles, con rampas subiendo a “apartamentos”, el sitio se veía genial, y continuamente se mantenía abastecido con comida, pero sus residentes estaban condenados desde el comienzo.

 

 

Fase A: días 1 al 104

Los primeros 104 días fueron de cierta alteración en un reciente entorno y con modernos compañeros, pero una vez familiarizados, empezaron a procrear.

Fase B: días 105 al 315

Esta es una fase de rápido crecimiento en un entorno ideal. Cada 55 días la población se duplicaba. Para el día 315, había más de 600 ratones en el hábitat organizados en 14 grupos sociales con un macho dominante y roles sociales bien definidos para cada uno de los individuos.

Fase C: días 316 al 560

A partir de los 615 individuos la tasa de crecimiento se redujo y la población pasó a duplicarse cada 145 días. Empezaba a faltar el cosmos, dado que más de 300 machos rivalizaban por conquistar y preservar la region para poder reproducirse.

Ante el estrés de tener que defender la posición continuamente, bastantes machos dejaron los territorios y perdieron el atrayente por porción de las hembras, bajando la tasa de reproducción.

Las hembras fértiles, por su parte, trataron de ocupar el rol abandonado de los machos para defender los nidos. Esta agresividad se trasladó a las nuevas camadas de ratones: el lapso de lactancia se redujo y múltiples crías fueron abandonadas o atacadas y devoradas por sus propias madres. La sociedad se encontraba empezando a colapsar.

 

 

La agresividad aumentó y se generalizó. Los machos más débiles quedaron acorralados en el centro del hábitat lejos de los recursos. Estos machos se rindieron a la desidia con una inactividad casi total, pero ocasionalmente, y sin mediar nada, parecían montar en cólera y atacaban en masa a diferentes ratones. Calhoun llamó a este grupo la Cloaca del comportamiento.

Para el día 520, la población arribó a 2.200 ratones que vivían en un planeta anárquico, violento y casi sin sexo.

A partir del día 560, ya no había más crecimiento: morían más ratones de los que nacían.

Fase D: días 561 al 1471

En esta fase, la violencia entre grupos —y en el interior de ellos— es normal y hay canibalismo de crías con gran cantidad frecuencia.

Un grupo de machos se atrincheró en una zona protegida y se dedicaron en exclusiva al atencion extremo del cuerpo, acicalando su pelaje todo el día, mostrando una total desidia, sin entrar en peleas y sin enseñar el más mínimo interés por la hembra. Calhoun los bautizó como “los guapos” porque no poseían heridas ni cicatrices.

 

 

La mayor parte de las hembras que nacen ya no se quedan embarazadas ni poseen comportamientos maternales y escasas crías de las nacidas llegan a la edad adulta. Con este escenario, el día 600 vino al mundo el último ratón que se transformó en adulto.

El día 920, la tasa de nacimiento es cero. En este instante, la edad media del pueblo es de 776 días, 200 días más que la edad que marca la menopausia en los ratones.

El día 1471 finaliza el experimento. Quedan vivos 27 ratones: 23 hembras y 4 machos. El más adolescente de todos, poseía 987 días edad, el similar a 90 años de vida humana.

Colapso en la abundancia

Lo más llamativo del experimento es que los ratones tuvieron en todo instante recursos de sobra, inclusive en el clímax de máxima población nunca les faltaron agua, comida o zonas de nidificación.

La superpoblación eliminó la estructura social y mental de los ratones, inclusive con abundancia de recursos.

El propio Calhoun manifestó que en verdad el colapso se provocó cuando los ratones dejaron de comportarse como ratones, en algo que él llamó “la primera muerte”.

Aunque varios ratones del Cosmos 25 fueron extraídos y colocados en modernos ambientes sanos, su conducta ya no cambió. Y cuando se introdujeron ratones modernos y normales en edad de procrear en el Cosmos 25, no mostraron conductas reproductivas.

 

 

Extrapolar la conducta de los ratones a los humanos es cuando menos complicado y arriesgado dada nuestra mucho mayor complejidad. sin embargo, hay semejanzas que son evidentes y que, como poco, invitan a la reflexión.

En la actualidad, el experimento continua siendo terrorífico, pero la naturaleza del temor ha cambiado. Un ensayo actual indicó que el Cosmos 25 no se encontraba, si se miraba en su montón, muy abarrotado. Los corrales, o “apartamentos” al final de cada pasillo, poseían únicamente una entrada y salida, haciéndolos fáciles de cuidar.

Esto dejó a los machos territoriales más agresivos limitar el número de ratones en ese corral, superpoblando al resto del planeta, aislando a los escasos “bellos” que vivían allí de la sociedad normal. En vez de un inconveniente de población, se podría argumentar que Cosmos 25 poseía un inconveniente de distribución justa.

El hecho continua siendo que poseía un inconveniente, y uno que condujo eventual a su destrucción. Si este comportamiento es compartido por ratones y humanos, ¿podemos huir del destino del Cosmos 25?

¿Te gustó este artículo?

Descarga nuestra app para Android y no te perderás ninguno.

COMMENTS