Tardarías 12 minutos en caer desde Verona Rupes, el acantilado más alto conocido del Sistema Solar

Tardarías 12 minutos en caer desde Verona Rupes, el acantilado más alto conocido del Sistema Solar

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De los cinco satélites principales del planeta Urano, Miranda es el más pequeño. También fue el último en ser descubierto, pues no se supo de su existencia hasta el 16 de febrero de 1948, cuando Gerard Kuiper lo encontró y le puso el nombre del personaje de La tempestad de Shakespeare, siguiendo la secuencia que había llevado a poner nombres shakespearianos a las otras cuatro lunas: Ariel, Umbriel, Titania y Oberón.

Sin embargo, para obtener las primeras imágenes relativamente nítidas de Miranda hubo que esperar unos 38 años más, hasta que la sonda Voyager 2 sobrevoló Urano en enero de 1986 realizando observaciones de sus lunas. En el caso de Miranda, durante el sobrevuelo solo se pudo estudiar su hemisferio sur, el que en ese momento apuntaba hacia el Sol. Lo que los astrónomos y científicos planetarios vieron en esas imágenes les llevó a calificar a Miranda como la luna más extraña del Sistema Solar.

La luna tiene un diámetro de tan solo 472 kilómetros, y su superficie está formada en su mayoría por hielo. Sin embargo posee una extraordinaria orografía, resultado de ser el cuerpo geológicamente más activo del Sistema Solar.

Montaje de Urano y sus 5 lunas mayores a partir de fotos de la Voyager 2. Miranda es la más pequeña | foto NASA/JPL en Wikimedia Commons

La superficie de Miranda está atravesada por grandes cañones que alcanzan varios kilómetros de profundidad, y regiones de terreno resquebrajado que indican la intensa actividad geológica del pasado. Algunos investigadores opinan que ello es debido a los efectos de marea producidos por el planeta Urano (la fuerza de marea es un efecto secundario de la fuerza de la gravedad que es responsable de la existencia de las mareas). Otros, que es el resultado de un impacto que partió la luna en trozos, que luego se volvieron a unir.

No se sabe con certeza como un cuerpo tan pequeño como Miranda pudo tener suficiente energía interna para producir los extremos rasgos geológicos que se observan en su superficie. Los partidarios de los efectos de marea sugieren que a medida que Miranda se acercaba a Urano, la fuerza de marea aumentaba, y a medida que se retiraba, esta disminuía, provocando una flexión que calentó el interior de la luna hasta una temperatura suficiente para desencadenar la fusión. Este período de flexión pudo haber durado 100 millones de años.

Miranda fotografiada por la Voyager 2 | foto Kevin Gill/NASA en Wikimedia Commons

Una de las características de la orografía de Miranda que fue descubierta por la Voyager 2 durante su sobrevuelo es un increíblemente alto acantilado que, en un primer momento, se estimó que tenía entre 5 y 10 kilómetros de altura, al igual que muchos de los cañones presentes en la superficie de la luna.

Nuevos estudios en 2016 establecieron que la altura total del acantilado es de 20 kilómetros, lo que lo convierte en el acantilado más alto conocido del Sistema Solar.

Está situado a 18ºS y 348ªE y su altura es diez veces mayor que la profundidad del Gran Cañon del Colorado, y casi dos veces y media la altitud del Everest. Además posee una pendiente de más de 45º.

El acantilado Verona Rupes, abajo a la derecha, fotografiado por la Voyager 2 | foto NASA en Wikimedia Commons

Se le llamó Verona Rupes, haciendo referencia a la ciudad donde vivieron los personajes de Shakespeare Romeo y Julieta (siguiendo con la costumbre de poner nombres de personajes shakespearianos), y añadiéndole el término latino rupes, que significa precisamente acantilado y se utiliza para referirse a escarpes en otros planetas y lunas.

Una vez más, para explicar la existencia de un acantilado tan descomunal los científicos recurren a la hipótesis de las fuerzas de marea. Cuando un cuerpo de tamaño suficientemente grande es alterado por la fuerza gravitatoria de otro cuerpo a cierta distancia, la diferencia en la magnitud de la fuerza de gravedad entre el extremo cercano y el lejano puede ser grande. Este hecho altera la forma del cuerpo sin cambiar su volumen.

Una idea de lo descomunal que es Verona Rupes nos la da el hecho de que, si un ser humano saltara desde lo alto, tardaría más de 12 minutos en caer y llegar al fondo del cañon. Ello sería debido, en parte, a la baja gravedad de Miranda. Pero aun así, la caída sería fatal, pues chocaría contra el suelo a una velocidad de más de 200 kilómetros por hora.

Vista de Verona Rupes en una foto de la Voyager 2 | foto NASA/JPL and Paul Schenk/Lunar and Planetary Institute, Houston

Si Verona Rupes estuviera en la Tierra y alguien saltara desde allí al vacío, alcanzaría la velocidad de 200 kilómetros por hora tras solo 6 segundos y 160 metros de caída libre. Y no tardaría más de minuto y medio en llegar al suelo.

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