Antigua Ingeniería Hidráulica Andina ¿Obra de una humanidad anterior?


La presencia de tecnología antigua desconocida parece ser común en la Tierra. Actualmente se desconoce la civilización que produjo tales maravillas de la ingeniería hidráulica prehistórica; En los Andes, las cosas parecen haber llegado a una etapa importante. En general, la mayoría de los estudiosos sudamericanos expresan su incredulidad ante ciertos monumentos arquitectónicos que contradicen todo lo conocido y ya no tienen referencias significativas para ellos.

Tipón, el templo del Agua

Tipón, el templo del Agua. 

Dejando a un lado los rumores legendarios, es difícil entender qué herramientas se utilizaron después de la finalización de estos extraordinarios edificios debido a la falta de inscripciones iluminadas y de herramientas que ayuden a revelar los métodos utilizados.

Resulta que el elemento agua era muy importante en ese oscuro período andino. Estos maestros instructores siempre han tenido que trabajar duro en la hidráulica para dar forma a paisajes que no son propicios para el desarrollo de la vida humana.

Tipón ¿Antiguo laboratorio agrícola, y adoratorio de agua? Enigma sobresaliente del Cusco

Tipón ¿Antiguo laboratorio agrícola, y adoratorio de agua? Enigma sobresaliente del Cusco. 

En Perú, donde muchas de estas máquinas de piedra todavía están en funcionamiento, los estudiosos señalan a los incas como los verdaderos creadores, aunque hay cierto desacuerdo. Invito a los lectores a profundizar conmigo en uno de los misterios más interesantes.

Tipón. ¿Antiguo Jardín Prehistórico?

Al adentrarnos en la búsqueda de información sobre Tipón, los registros históricos nos presentan el sitio como un “asentamiento autónomo amurallado, que sirvió como complejo palaciego para la nobleza inca”.

Este complejo, encaramado en una elevada colina a 25 kilómetros del Cusco, según las antiguas crónicas, exhibía “aposentos reales, canales, plazas, así como acueductos de agua, convirtiendo una montaña remota en una maravilla de la ingeniería”. Sin embargo, la controversia surge en torno a su significado, ya que algunos epigrafistas sostienen que Tipón deriva de un antiguo término quechua, Timpuj, con el significado de “estar hirviendo”.

Entre las murallas y aposentos reales, Tipón se revela como más que un simple asentamiento, desafiando nuestra comprensión convencional. Este enclave, enclavado en lo alto de los Andes, se erige como una amalgama de historia, ingeniería y posibles significados culturales, formando un caleidoscopio fascinante de la riqueza de la herencia incaica.

La increíble fuente sagrada de Tipón, que sigue deslumbrando por su impecable ingeniería hidráulica

La increíble fuente sagrada de Tipón, que sigue deslumbrando por su impecable ingeniería hidráulica. 

Para algunos historiadores, la mención de Tipón evoca al “Palacio Real de Yáhuar Huácac (el que llora sangre)”, séptimo gobernante del reino de Cuzco, quien se refugió en Tipón tras sufrir una importante derrota en el siglo XIV. Sin embargo, al abordar estos datos, surge el primer desafío: la edificación de Tipón tiene sus raíces en tiempos prehistóricos, datándose su cronología entre 4.000 y 6.000 a.C. Una leyenda sugiere su conexión con los “antiguos jardines reales de Viracocha”, la suprema deidad inca.

Además de su antigüedad enigmática, Tipón parece haber funcionado como un “laboratorio agrícola”, aprovechando los diversos microclimas circundantes. Cristóbal de Molina, cronista español, plantea la posibilidad de que Tipón fuera un sitio de peregrinaje místico para sacerdotes incas, quienes veneraban el lugar como adoratorio para rituales religiosos y observaciones astronómicas.

No obstante, la joya que suscita admiración en Tipón es una hermosa fuente, aún en funcionamiento, que da pie a especulaciones diversas. Cuatro vertientes fluyen a la misma velocidad, y se especula que esta división podría representar los cuatro suyos, aludiendo también a los cuatro hermanos Ayar, fundadores del incanato. En el tejido de mitos, historia y misterio, Tipón se erige como un testamento fascinante de la ingeniería y la espiritualidad de tiempos inmemorables.

Fotografía de los jardines en Tipón, Cusco, Perú. Archivo personal, Luis Sanchez 

En las páginas del libro “Tipon: Water Engineering Masterpiece of the Inca Empire” (Obra Maestra de la Ingeniería Hidráulica del Imperio Inca), sus autores, todos ingenieros civiles graduados, comparten sus descubrimientos tras explorar los intrincados caminos de piedra y escaleras. Su relato se centra en una asombrosa fuente principal y un espejo de primavera, donde el agua brota desde el subsuelo, alimentando una micro represa incaica.

Wright, uno de los autores, explica cómo el agua, cuidadosamente mantenida en el espejo de agua, fluye sobre terrazas y se bifurca antes de caer delicadamente sobre una monumental mesa de piedra monolítica, creando un velo que envuelve las paredes incas de un reservorio más abajo.

El real funcionamiento de Tipón permanece envuelto en misterio, y surge la interrogante sobre si los incas fueron los verdaderos constructores, ya que se intuye una antigüedad mayor. Aunque los arquitectos e ingenieros de Tipón demostraron un profundo conocimiento medioambiental para aprovechar los recursos sin perturbar el entorno, la atribución directa a los incas plantea desafíos y debates sobre su antigüedad real. La incertidumbre persiste, añadiendo capas de misterio a esta obra maestra de ingeniería que desafía nuestras percepciones de la historia incaica.

Acueductos Precolombinos de Nasca ¿Antigua Tecnología Persa?

El Ingenio de Nasca, más allá de ser custodio de las famosas líneas grabadas, tema que exploramos recientemente, alberga en su esencia otro enigma igualmente inquietante. Y, por qué no decirlo, para muchos estudiosos, existe un vínculo intrigante entre ambos misterios. Estoy hablando de los antiguos acueductos precolombinos que yacen en su seno.

Estos ingeniosos sistemas acuíferos, desplegados en las entrañas de Nasca, revelan una habilidad ancestral para la gestión del agua. A medida que exploramos estos antiguos conductos, surge la pregunta: ¿acaso estos acueductos y las enigmáticas líneas tienen una conexión más profunda de lo que se aprecia a simple vista?

Los acueductos precolombinos no solo sirven como testimonio de la ingeniería avanzada de sus constructores, sino que también se perfilan como un eslabón clave para entender la compleja red de conocimientos que floreció en esta región antigua. Cada túnel y canal subterráneo se convierte en un hilo de la historia, tejiendo un tapiz que desafía nuestra comprensión de la civilización Nasca. Un misterio dentro de otro, el Ingenio de Nasca sigue revelándose como un testigo silente de la destreza y la ingeniosidad de quienes habitaron esta tierra mucho antes de nosotros.

Puquios, ingeniería hidráulica en Nasca

Puquios, ingeniería hidráulica en Nasca. 

En los albores de las investigaciones en la década del treinta, estas obras, inicialmente atribuidas a la influencia incaica, ahora enfrentan un escrutinio en constante evolución, similar al caso previamente mencionado. Diversas construcciones subterráneas salen a relucir en el paisaje, destacando estanques y puquios, destinados a almacenar agua para el riego de tierras circundantes.

Estos depósitos se nutren de zanjas a cielo abierto que, al dirigirse aguas arriba, se convierten en canales subterráneos mediante la técnica de la ‘galería filtrante’. A menudo, estos accesos cuentan con pozos de ventilación, apodados por los locales como auténticos ‘ojos’.

La arquitectura hídrica, como la de Tipón vinculada a los incas, se presume motivada por la necesidad de superar las adversas condiciones ambientales que desafiaban el progreso civilizador. Aunque atribuidos a los Nascas, estos antiguos acueductos revelan una conexión intrigante con los qanat orientales, también conocidos como foggara, formados por túneles, pozos y canales de larga distancia. Su historia se remonta a tres milenios, atribuyéndose sus orígenes a los asirios, según relata Henry Goblot en 1979, al mencionar las crónicas de la octava campaña del Rey Asirio Sargón II en el 714 a.C contra el reino de Urartu. Un tejido complejo de conocimientos ancestrales que despierta la curiosidad sobre la ingeniería y la adaptación humana a lo largo de los siglos.

El Qasabeh Qanat. Gonbad, Irán. Edificado hace milenios el complejo hidráulico data del tiempo de la dinastía asiria, s.500 a.c. Increíble obra de ingeniería ancestral, rodeada de enorme misterio

El Qasabeh Qanat. Gonbad, Irán. Construido hace milenios durante la dinastía asiria, en el siglo V a.C., el complejo hidráulico se erige como una proeza ingenieril que desafía el tiempo. Esta obra ancestral de asombrosa magnitud permanece envuelta en un velo de misterio, un recordatorio perdurable de las habilidades y conocimientos de una civilización que ha dejado su huella a lo largo de los siglos. 

La enigmática clave asiria, al igual que su contraparte andina, se ve envuelta en incertidumbres acerca de sus “artesanos maestros”. Focalicemos nuestra atención en El Qasabeh Qanat, un impresionante acueducto subterráneo ubicado en Gonabad, Irán. Este prodigio cuenta con corredores subterráneos que se extienden casi 33 kilómetros, y pozos que descienden hasta 300 metros de profundidad.

Aunque se atribuye a Ciro II, el fundador del Imperio Persa (Dinastía Aqueménida), alrededor del 500 a.C., existen murmullos locales que sugieren que El Qasabeh Qanat podría ser aún más antiguo. Como si esta obra respondiera a una humanidad diferente, anterior a cualquier conocimiento establecido. Este dilema resuena de manera similar en los Andes con ciertas construcciones, alimentando debates y teorías controvertidas sobre el pasado.

Explorar estos puntos es adentrarse en la frontera de lo desconocido, donde la antigüedad de estas creaciones desafía las narrativas históricas convencionales, dejándonos con un misterio persistente que despierta la curiosidad sobre civilizaciones olvidadas y sus prodigios arquitectónicos.

Alfredo Gamarra retratado en Sacsahuamán, Cusco. Defensor de antiguas humanidades en el pasado del Perú. 

Alfredo Gamarra – Revisionismo Andino

En 2016 tuve la oportunidad de ver una entrevista con el académico holandés Jan Pieter de Jong, centrada en la obra de Alfredo Gamarra (1903-1999). Sorprendentemente, el fallecido autor peruano sigue siendo un tanto desconocido en el circuito de misterio andino, aunque su obra ha ganado cierta relevancia en los últimos años y actualmente es continuada por su hijo Jesús Gamarra. Tanto el padre como el hijo centraron sus investigaciones en Cusco, Perú, y la investigación a la que ahora me referiré revela el extraño y controvertido misterio del gran misterio que afecta a los científicos de todo el mundo.

El inquietante trabajo de Alfredo Gamarra, acerca del pasado del Perú ¿Babilonia estuvo en Cusco? 

Alfredo Gamarra nos sumerge en la profundidad de su tesis, desafiando la aceptación convencional al proclamar que el continente americano guarda una antigüedad mucho mayor de la reconocida, quizás siendo la cuna inicial de la humanidad y sus primeros pasos culturales.

En un susurro apenas audible, Gamarra sostiene que los incas erigieron sobre vestigios preexistentes, construyendo sobre los cimientos de una civilización más antigua. Sus afirmaciones se centran en las construcciones más simples, atribuidas a los incas mediante el uso de pequeñas piedras, marcas de martillo y cincel, o incluso ladrillos de adobe.

Sin embargo, las estructuras más elaboradas, que deslumbran con tecnología avanzada, no podrían ser atribuidas a esta civilización. Gamarra refuerza su tesis al invocar la cosmogonía de los Tres Mundos: Hanan Pacha, Uran Pacha (Kay Pacha), y Uku Pacha.

En el Hanan Pacha, un mundo celestial o paraíso terrestre, las condiciones planetarias eran radicalmente distintas, con menor gravedad, presión atmosférica y formas de vida exuberantes. Este período de los gigantes, rodeado de condiciones especiales y un entorno menos opresivo, podría haber propiciado un desarrollo cerebral avanzado, donde la materialización del pensamiento y la comunicación telepática sustituyeron a la escritura y al lenguaje escrito, que surgieron mucho después. La narrativa de Gamarra teje un tapiz intrigante de una humanidad antigua y olvidada en el tiempo.

Alfredo Gamarra evoca la existencia de una cosmogonía llamada la de Tres Mundos: Hanan Pacha, Uran Pacha, y Uku Pacha. 

En el misterioso Hanan Pacha, donde la regeneración celular fluye como un río lento del tiempo, se forjan construcciones ciclópeas en roca viva, modelada con la facilidad de plastilina en manos habilidosas. Es un paraíso terrenal antiguo, un edén bíblico perdido en las brumas de la memoria.

En el Uran Pacha, tras el colapso del Hanan, el mundo terrestre se transforma en un paisaje de vitrificación, donde las estructuras trapezoidales y poligonales emergen con bordes pulidos, testigos silenciosos de un cambio molecular cósmico.

En el ciclo de los incas o Ukum Pacha, las construcciones adoptan una simplicidad, empleando martillo y cincel en un contraste con la grandiosidad del pasado. Un esbozo del tiempo, una promesa de desarrollo futuro.

La controversia se desata al conectar el Cusco con la antigua Babilonia y la Torre de Babel, hallando sus huellas en Sacsahuamán. La polémica sirve como telón de fondo de la historia, tejida por Alfredo Gamarra con hilos de intriga.

En Tipón, un complejo con tintes paradisíacos y una fuente hídrica enigmática, vislumbramos una posible conexión con la visión de Gamarra sobre el edén bíblico en el corazón mismo del Cusco. La antigüedad se entrelaza con la naturaleza, y el misterio persiste en cada rincón de esta narrativa.

Autor MundoOculto.es 

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